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El gran dilema del presidente Lula

 
 

(IAR-Noticias)  15-Ag-05

Ya han pasado dos años y medio del gobierno del Presidente Lula da Silva y es posible hacer un primer balance de su administración. En este momento sectores dirigentes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) están envueltos en graves acusaciones de corrupción. No se trata de la corrupción clásica de la clase política que se enriquece a sí misma mediante el manejo de mecanismos del estado y de grandes empresas estatales.   

Por Leonardo Boff (*) - IPS

Esta corrupción no apunta a beneficiar personalmente a los políticos sino a acumular fondos para futuras campañas electorales y como se dice, a ocupar todo el aparato del Estado para perpetuar al PT en el poder al menos durante 20 años (se habla de mexicanización del Estado). Así se pretende inaugurar otro estilo de política y dar al Estado un rostro más social y volcado hacia los millones de desposeídos de la sociedad.

Los buenos fines no justifican los malos medios. La corrupción es siempre antiética y no se justifica jamás. En este contexto la oposición intenta involucrar la figura del Presidente sin todavía conseguirlo.

Aparte de esta crisis coyuntural, cabe una visión sumaria de lo que significa un gobierno de izquierda en Brasil. La llegada de Lula al poder coincide con la crisis del paradigma neoliberal. Lula hereda de su antecesor Fernando Henrique Cardoso una grave crisis económica, con un agotamiento casi total de las reservas monetarias y una amenaza real de inflación generalizada. Como decía Lula:”Yo heredé un Titanic que se hundía y mi primera tarea era la de blindarlo para evitar un caos económico y poder después realizar mi promesa electoral de republicanizar el poder con crecimiento sostenible, inclusión social y redistribución de la renta.”

Para realizar esta agenda audaz se concibe una etapa de transición. Este concepto es fundamental si queremos ser justos con el gobierno de Lula y entender el sentido de sus políticas económicas y sociales. Como en toda transición, hay una parte de continuidad y otra de innovación. La transición es ¿desde dónde, hacia dónde? Desde un Estado neoliberal, altamente concentrador y sin políticas públicas consistentes hacia un Estado republicano, es decir, un Estado que se propone conferir centralidad a lo social, crear la simetría entre derechos y deberes, incentivar en todo el país el ideal cívico de la ciudadanía activa y de una democracia participativa.

Para realizar este proyecto el gobierno Lula se impuso la siguiente estrategia: en el plano de la continuidad, mantener inalterado el proyecto macroeconómico neoliberal y hasta radicalizarlo con un superávit primario del presupuesto federal aun más alto que el precedente (4,75% del PIB); en el plano de la innovación, inaugurar una política social centrada en los proyectos Hambre Cero y Beca Familia.

Con la continuidad del proyecto macroeconómico el gobierno logró calmar los mercados y ganar los aplausos del FMI y del Banco Mundial, pudo controlar significativamente la inflación y garantizar la estabilidad monetaria. Con la innovación social benefició a cerca de 7 millones de familias, lo que corresponde a cerca de 30 millones de personas. Para estas multitudes que antes casi no comían y vivían en gran miseria, esta política pública significó una especie de entrada al paraíso terrenal posible.

¿Dónde está el problema fundamental de esta estrategia de transición de un Estado neoliberal hacia un Estado republicano? En la inmensa desproporción entre las partes. La parte leonina le corresponde al proyecto macroeconómico, que traspasa al sistema económico-financiero cerca de 10.000 millones de dólares mensuales en forma de pago por las tasas de interés, restando solamente mil millones para los proyectos sociales.

La cuestión que se plantea es: ¿con esta ingeniería político-social se puede hacer una transición que alcance la meta de republicanizar el Estado, crear un crecimiento sostenible con inclusión social y redistribución de la renta?

Día a día crece la convicción de que esta política económica es inadecuada para la política social. Llueven críticas y hay decepción en los movimientos sociales.

Lula es consciente de esta desproporción, se siente presionado y urgido a decidir. ¿Qué hará, pondrá el acento en el proyecto macroeconómico neoliberal o en el proyecto social popular? Si opta por el proyecto macroeconómico tendrá que sacrificar poderosamente el proyecto social. Y si opta por el proyecto social tendrá que cambiar substancialmente el proyecto macroeconómico.

Cada opción tendrá consecuencias no menos graves que la opuesta: o movilizaciones de millares y millares de personas de los movimientos sociales en las calles reclamando más políticas públicas, o presiones del mercado y del sistema económico-financiero capaz de producir una grave desestabilización económica.

En este momento es difícil saber la dirección que tomará Lula. Tal vez, dada la gravedad de la crisis política por causa de la corrupción que pone bajo sospecha a partes importantes de su partido, decida aproximarse más a su base de apoyo social y atienda sus reclamos de cambio en el área económica. Los próximos meses serán decisivos para el gobierno Lula incluso en la perspectiva de la reelección a fines del 2006 que el Presidente busca ardorosamente.

(*) Leonardo Boff, escritor y teólogo brasileño.

 

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