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(IAR-Noticias)
16-Ag-05
Con
la economía en franco retroceso a la centralización estatal tras la tímida
apertura de los años 90, el presidente de Cuba, Fidel Castro, celebró el sábado
su 79 cumpleaños sin muestras de bajar la guardia en su histórica y hoy
recrudecida disputa con Estados Unidos.
Por
Patricia Grogg - IPS
castro
desplegó en el primer semestre de este año una fuerte
ofensiva mediática para acusar a Estados Unidos de ser
refugio de terroristas por la presencia en ese país de
Luis Posada Carriles, imputado de querer asesinarlo, así
como para anunciar medidas económicas y financieras de
gran impacto social, en las cuales ratificó que no
vislumbra alternativa al socialismo para Cuba.
En ese contexto, el gobierno inició hace un par de años un
programa de retorno al Estado protagonista de la actividad
económica, interpretado por analistas como un retroceso y
cierre de la apertura que, aunque de marcada mesura, ayudó
a paliar la crisis desatada tras la desaparición hace 15
años del campo socialista europeo y de la Unión Soviética.
El Estado ”vuelve convertido en Ave Fénix, con alas de
largos vuelos”, señaló el presidente cubano a principios
de año ante economistas y académicos de unos 40 países que
lo escucharon hablar por casi seis horas en la clausura de
un congreso sobre globalización y desarrollo realizado en
La Habana.
Varias de las casi 30 comparecencias públicas transmitidas
por la radio y la televisión estatales estuvieron
centradas también en denunciar la presencia en Estados
Unidos del cubano Posada Carriles, para quien Castro no
admite otro calificativo que el de terrorista.
También aprovechó el caso para acusar al gobierno
estadounidense de George W. Bush, que ha recrudecido sus
hostilidades hacia La Habana, de llevar a cabo una
política de doble discurso en su lucha antiterrorista,
pues ”da cobijo a conocidos terroristas” como Posada
Carriles y el también cubano Orlando Bosh.
Posada Carriles, prófugo de la justicia venezolana por la
voladura en 1976 de un avión de la empresa Cubana de
Aviación cargado de pasajeros, fue acusado por el propio
Castro de preparar un atentado en su contra en 2000 en
Panamá, aprovechando su asistencia a la X Cumbre
Iberoamericana que se desarrolló en ese país.
El militante anticastrista fue arrestado y condenado a
prisión, aunque por cargos menores al de magnicidio, junto
a otros tres complotados, Gaspar Jiménez, Guillermo Novo y
Pedro Remón.
Pero en 2004 la entonces presidenta panameña, Mireya
Moscoso, les otorgó el perdón y dejó a los cuatro en
libertad. Ahora todos residen en Estados Unidos, aunque
aún está pendiente la situación legal en ese país de
Posada Carriles luego de que fuera arrestado y Venezuela
pidiera su extradición.
Según fuentes oficiales cubanas, suman unos 600 los
intentos de asesinato de Castro fraguados por la ”Agencia
Central de Inteligencia (CIA, estadounidense) y grupos
radicales del exilio cubano, en especial residentes en
Miami, a los que La Habana responsabiliza también de
numerosos ataques contra objetivos civiles de este país.
Con ese argumento, el gobierno de Castro justifica las
acciones de inteligencia en Estados Unidos, como las
realizadas por los cinco cubanos condenados en ese país en
primera instancia en 2001 a penas de 15 años de cárcel
hasta cadena perpetua, pero cuyo juicio fue anulado el
pasado martes por un tribunal de apelaciones.
Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero,
Fernando González y René González habían sido detenidos el
12 de septiembre de 1998 y acusados de conspirar para
cometer espionaje contra intereses estadounidenses de
defensa.
Los cubanos alegaron que su presencia en Estados Unidos
tenía el objetivo de infiltrarse en grupos criminales
anticastristas y evitar así que cometieran actos
terroristas contra su país.
Aunque hasta este viernes no se había pronunciado
personalmente sobre el tema, se da por descontado que la
decisión de los jueces Stanley Birch, Phyllis Kravitch y
James Oakes resultó todo un regalo de cumpleaños para
Castro, aplicado a fondo en una fuerte campaña de opinión
a favor de los presos.
El presidente Fidel Castro comenzó a descontar el sábado
los 365 días que lo separan de su 80 aniversario
contrariando el implacable paso del tiempo y numerosos
planes de atentado contra su vida.
Nacido el 13 de agosto de 1926, el gobernante se ha
burlado en más de una ocasión de la ineficacia de sus
enemigos, cuyas malas intenciones pudieron ser frustradas
por los servicios cubanos de seguridad, por simples
casualidades o temores de última hora del responsable de
llevar a cabo el magnicidio.
Tampoco parece dispuesto a dejarse vencer por el peso de
los años, ni inclinado a retirarse a sus cuarteles de
invierno. Por el contrario, desde hace varios meses
despliega una cargada agenda de trabajo orientada
fundamentalmente hacia los más graves problemas
nacionales.
Fidel ”no es como todos nosotros. Piensa que tiene todo el
tiempo del mundo por delante. Simplemente, la muerte no
está incluida en sus planes”, dijo hace unos años su gran
amigo, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en
entrevista a medios de su país y estadounidenses.
Desde la caída sufrida en octubre de 2004 y el
desvanecimiento que le impidió terminar uno de sus
discursos en junio de 2001, el estado de salud de Castro
es seguido con más atención que nunca tanto por amigos
como por sus adversarios políticos, que no son pocos.
”Estoy entero”, dijo la noche del accidente que le costó
la fractura de una rodilla y fisuras en el brazo
izquierdo. ”Estoy bien, no se preocupen”, fueron sus
primeras palabras, luego de recuperarse del desmayo que
causó conmoción nacional e internacionalmente.
Pocas semanas después de ese desvanecimiento encabezó una
marcha frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos,
con motivo del 48 aniversario del asalto al cuartel
Moncada, su primera acción armada, y el 13 de agosto
estaba en Venezuela celebrando su 75 cumpleaños con su
aliado más estrecho, Hugo Chávez.
El 26 de julio de 1953 el hoy hombre fuerte cubano intentó
infructuosamente asaltar el Cuartel Moncada en la oriental
ciudad de Santiago de Cuba. El revés militar le costó una
condena de 15 años de prisión, aunque gracias a una
amnistía sólo cumplió 22 meses y marchó al exilio en
México.
Regresó a Cuba en diciembre de 1956 al mando de 81
expedicionarios embarcados en el yate Granma y unos dos
años después, el primero de enero de 1959, Castro y sus
fuerzas rebeldes tomaron el poder. El 17 de abril de 1961
proclamó el carácter socialista de la revolución cubana.
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