|
(IAR-Noticias)
16-Ag-05
Entrevista
a Ulises Estrada Lescaille, combatiente internacionalista y compañero del Che
Por
Néstor Kohan - La Haine
cuando
se lo ve venir caminando en forma desgarbada, parece un
jugador de básquet de la NBA. Flaco, alto, negro y
sonriente, Ulises Estrada derrocha modestia. A pesar de
haber jugado un papel fundamental en la lucha
antiimperialista en varios continentes del mundo (desde el
Congo y Guinea hasta Bolivia y el Chile de Salvador
Allende), este combatiente cubano internacionalista habla
de sus misiones secretas y clandestinas junto al Che y
otros revolucionarios como quien recuerda inocentes
anécdotas de una escuela o una oficina. En ningún momento
se pone “en pose”. Mantiene la modestia del Che y el bajo
perfil de los agentes de inteligencia a rajatabla.
Retirado ya de las actividades clandestinas en las que
invirtió los mejores años de su vida, durante los últimos
años Ulises Estrada ha dirigido la revista Tricontinental.
Actualmente ha terminado un volumen dedicado a Haydée
Tamara Bunke Bíder, la combatiente argentino-alemana que
cayó en Bolivia en 1967 junto a Guevara integrando el
Ejército de Liberación Nacional (ELN). El volumen se
titula Tania la guerrillera y la epopeya sudamericana del
Che [hay edición en inglés con el título Undercover in
Bolivia with Che. Australia, Ocean Press, 2005].
Anteriormente Ulises Estrada había trabajado y colaborado
—sin figurar por razones obvias— en el libro Tania, la
guerrillera inolvidable [La Habana, Instituto del Libro,
1970, hay varias ediciones. La primera constó de 300.000
ejemplares según figura en el volumen].
N.K.: ¿Cuándo conociste al Che Guevara?
U:E.: Conocí al comandante Ernesto Guevara a finales de
1961, cuando me desempeñaba como segundo jefe del
Departamento (MOE), del Viceministerio Técnico del
Interior (Inteligencia), dirigido por el comandante Manuel
Piñeiro Losada, conocido como "Barbarroja". Mis relaciones
con el Che fueron circunscriptas al apoyo al movimiento de
liberación nacional de América Latina. Posteriormente
participé con él en la lucha guerrillera en el Congo a la
cual me incorporé durante un tiempo luego de hacer un
recorrido de casi cinco meses en un barco [se trata del
barco “El Uvero”, el más grande la marina mercante cubana.
Nota de N.K.(1)] cumpliendo todos los compromisos que el
Che había hecho con los movimientos revolucionarios
africanos llevándoles armas, ropa, implementos agrícolas,
medicina. En fin... todo lo que necesitaban los
movimientos. El Che se los había prometido. Yo tuve la
responsabilidad de llevárselos. Al final de este viaje
crucé al Congo, me incorporé a la guerrilla, estuve en la
guerrilla del Congo más de un mes. La situación ya era muy
difícil. Todo vislumbraba que aquella guerra iba a
terminar por parte de los congoleses. Regresé a Cuba a
informar de la situación y a organizar el operativo que en
definitiva sacó a todos los cubanos del Congo. Después,
estando en Cuba, se me dio la orientación de viajar a
Tanzania, donde estaba el Che, con el doctor Luis García
Gutiérrez que iba a hacer el enmascaramiento del Che para
que pudiera viajar. Así lo hizo.
N.K.: ¿El enmascaramiento del Che se hizo en Tanzania?
U.E.: Sí, entonces regresé a Cuba con las fotos, Fidel
aprobó el enmascaramiento. De ahí salí clandestino con el
Che, con la misión del comandante en jefe [se trata de
Fidel Castro. N.K.] de defender la vida del Che con mi
propia vida, cosa que así hice. Viajamos desde Dar-es-Salaam
hasta Praga. Estuve con él allí, en Praga, más o menos dos
meses y luego regresé a Cuba porque en Praga yo era muy
“llamativo”. Nosotros vivíamos en un apartamento en la
azotea de un edificio. Tenía un solo cuarto, una cocina y
un baño. Allí nos distribuíamos las tareas. Un día yo
cocinaba y limpiaba, al otro día le tocaba al Che y él
cocinaba y limpiaba.
N.K.: ¿En Praga estaban ustedes dos solos?
U.E.: Sí, nosotros dos solos, apoyados por el compañero
José Luis Ojalvo, que era el compañero de la inteligencia
que dirigía nuestro trabajo en Praga, sobre todo en la
ayuda a los movimientos de liberación. Debo decir que en
el trabajo que yo realizaba en aquel momento en el
Departamento MOE (“M” era la sigla de inteligencia, y “OE”
era Operaciones Especiales), nosotros estábamos
exclusivamente dedicados a tareas de apoyo al movimiento
revolucionario. O sea que no hacíamos tareas de
inteligencia política sino tareas dedicadas al apoyo al
movimiento revolucionario.
Luego, al terminar esta misión con el Che... él me pidió
que regresara para Cuba porque el físico mío era muy
llamativo cuando salíamos tarde en la noche a comer en
restaurantes fuera de la ciudad de Praga y él pensaba que
por culpa mía podían descubrirnos. Regresé a Cuba y al
regresar organicé la DGI (Dirección General de
Inteligencia) de África, Asia y América latina. Le pusimos
como nombre Dirección 5 (cinco). Ahí nos dedicábamos al
trabajo con los movimientos revolucionarios africanos y
asiáticos. Participé en la guerrilla de Guinea portuguesa
y estuve con los palestinos en la guerrilla en los
márgenes del río Jordán en un pueblo que se llama Chunya
[no se oye bien el nombre]. Esa es la historia. Le pedí al
Che ir con él para Bolivia, yo en Praga ya sabía que él
iba para Bolivia...
N.K.: ¿Cuándo te enteraste que él iba para Bolivia?
U.E.: Allí, en Praga, por la visita de Papi, José María
Martínez Tamayo, que fue varias veces a Praga, de Praga a
Bolivia, de Bolivia a Praga, de Praga a La Habana a llevar
las informaciones a Cuba y a traerles las informaciones al
Che. El Che no me lo dijo, me lo dijo Papi. Yo le pedí al
Che irme con él a Bolivia y me contestó que mi experiencia
era en el trabajo clandestino, que yo no tenía experiencia
en la guerrilla, que yo le hacía más falta a Piñeiro
[Manuel Piñeiro Losada. N.K.] en el trabajo clandestino
que a él y que por lo tanto no lo acompañaría. Nunca más
volví a ver al Che.
N.K.: Vos mencionaste que estuviste con el Che en
Tanzania y luego en Praga. Cuando Guevara estaba en
Tanzania le escribe a Armando Hart Dávalos una carta donde
le relata que él estaba haciendo lecturas e
investigaciones teóricas. Luego, en Praga, escribe unos
cuadernos criticando el Manual de economía política de la
Academia de Ciencias de la URSS. ¿Vos estuviste con él
mientras el Che escribía estos materiales?
U.E.: El Che tenía muchas críticas a la Unión Soviética,
pero eran críticas basadas en elementos muy objetivos ya
que él consideraba que la Unión Soviética debía dar más en
la ayuda al movimiento revolucionario latinoamericano para
hacer la revolución. Más ayuda material, más ayuda
política, etc., etc. El Che pensaba que el marxismo es una
teoría que hay que llevarla a la práctica sobre todo en el
internacionalismo proletario. En su consideración, sobre
todo la Unión Soviética, no lo estaba cumpliendo.
N.K.: Cuando el Che hacía esos trabajos y redactaba
esas cartas y escritos, vos lo ayudaste?
U.E.: No, realmente yo no sabía qué estaba escribiendo él.
Él pasaba el tiempo escribiendo, jugando ajedrez solo. En
una ocasión me entusiasmó a jugar ajedrez con él. Yo era
muy mal jugador de ajedrez. Me dejó ganar. El Che era una
gente, una persona sencilla, como cualquiera de nosotros.
Entonces prácticamente él hizo trampa para que yo ganara.
Yo me di cuenta. Yo no sabía ajedrez y él era muy buen
ajedrecista. Y cuando me invitó a la segunda partida le
dije que no, que yo no jugaba más con él. Le dije: “Ramón,
usted está haciendo trampa”. Allí, en Praga, durante los
primeros días, las discusiones eran porque yo le decía
“comandante” y él tenía dudas de que el apartamento donde
estábamos, que nos lo había dado la seguridad checa,
tuviera micrófonos ocultos y que descubrieran que era él
quien estaba oculto allí. Entonces me obligaba a decirle
“Ramón”, que era el nombre que él utilizaba. Cuando íbamos
a hablar algo más serio, salíamos a la azotea y hablábamos
en la azotea o en los restaurantes donde íbamos a comer.
El Che siempre estuvo convencido de que los checos nos
tenían colocados micrófonos.
N.K.: ¿Cómo se hizo el trato para que la inteligencia
checa les proporcionara ese departamento?
U.E.: Eso era un trato normal. Primero escogimos uno de
los departamentos más malos que nos daban los checos.
Había una serie de departamentos y casas que los checos
nos daban para alojar a los revolucionarios
latinoamericanos que iban y venían de Cuba y había algunos
que eran para los altos dirigentes del movimiento
revolucionario latinoamericano y otros que eran más
masivos, para los combatientes que venían a entrenarse a
Cuba. Y nosotros les pedimos, precisamente, uno de los
apartamentos más malos para que ellos en ningún momento
pudieran ni siquiera pensar que en ese apartamento estaba
un dirigente de la Revolución Cubana.
N.K.: Hay una novela de Abel Posse [Los Cuadernos de
Praga. Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1998] que
menciona por ahí que había un agente de la inteligencia
checa que lo seguía al Che. ¿Es cierto o es pura ficción?
U.E.: Este señor Posse no me merece ninguna confianza y
sinceramente dudo de sus intenciones. Creo que es
argentino, y en aquel momento era embajador argentino en
Perú. Una vez se apareció en Cuba, en mi casa, para que yo
le contara el supuesto romance de Tania [Tamara Bunke] y
Ernesto Guevara. Yo le expliqué que Tania y el Che nunca
se habían encontrado y nunca estuvieron juntos en Praga,
que Tania y el Che nunca habían tenido un romance, que
Tania sentía un alto respeto por el Che como dirigente
revolucionario y no como hombre desde el punto de vista
amoroso. En esta conversación en la cual este señor llegó
a mi casa, no sé cómo, yo vivo en un barrio alejado donde
las direcciones son difíciles de encontrar, él igual se
las arregló y se me apareció con un costoso regalo... Yo
interrumpí la discusión y le dije que no, que era todo
mentira lo que él estaba diciendo, que él no podía
escribirlo porque era falso. Y este señor me contestó que
eso era lo que “el público” quería conocer y que en
definitiva era una novela y que él iba a hacer una
novela... Cuando me dijo eso, lo invité a irse de mi casa.
Yo pienso que este señor no es capaz de respetar la
historia de los hombres y las mujeres que fueron capaces
de entregar nada menos que su vida en la lucha de
liberación de los pueblos de América Latina.
N.K.: Más allá de este autor argentino tan poco creíble
y con tan pocos escrúpulos... ¿la inteligencia checa
seguía los pasos del Che Guevara?
U.E.: ¡Eso es falso! La inteligencia checa jamás supo que
el Che estuvo en Praga. ¡Jamás! Incluso nosotros hablamos
de estas cosas ahora.... pero durante años, cuando
publicamos el primer libro Tania: la guerrillera
inolvidable hablamos de “un país de Europa”... Jamás
dijimos que fue Praga. Los checos nos entregaron un
pasaporte argentino falsificado por ellos que ni siquiera
tenía el nombre de Laura Gutiérrez Bauer. Eso lo hicieron
después los técnicos cubanos. Los checos nunca supieron de
quien se trataba, quien era el personaje, ni a qué país
iba. Nunca supieron nada de eso. Como en las acciones en
las que actuamos en coordinación con la inteligencia
soviética, nunca supieron de quien se trataba, a qué país
iba, ni qué misión iban a cumplir. Porque nosotros
trabajábamos en forma completamente independiente de la
inteligencia de los países socialistas que nos daban su
apoyo, pero no era un apoyo para un subordinado, sino que
era un apoyo real, sin saber realmente las misiones en las
que estábamos nosotros comprometidos en ese momento.
N.K.: ¿Cuándo vos decís “nosotros” te estás refiriendo
a la dirección de Piñeiro?
U.E.: Me estoy refiriendo a la dirección de inteligencia
de Cuba.
N.K.: ¿En qué consistió tu misión en Bolivia y cuándo
estuviste?
U.E.: Bueno, yo no estuve con el Che en Bolivia... Yo
estuve en Bolivia en el año 1963 preparando la guerrilla
de Jorge Ricardo Masseti para la Argentina y la guerrilla
del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Perú de
Héctor Béjar. En eso estuve allí con el capitán Orlando
Pantoja, entregándole las armas, recibiendo a los hombres,
ubicando a los hombres, hicimos todo un trabajo de apoyo a
la guerrilla peruana que se frustró, prácticamente, en su
primer combate.
N.K.: ¿Trabajaste también en Bolivia junto a Masseti?
U.E.: Junto a Masseti y junto a Béjar.
N.K.: ¿Conociste a Hermes Peña?
U.E.: ¡Sí, como no!... Hermes Peña fue uno de los cubanos
que cayó en una emboscada en la guerrilla de Masseti.
Prácticamente fueron masacrados. El Ejército los cercó.
Fueron masacrados. Masseti logró escapar con cinco o seis
compañeros de la guerrilla hacia la montaña y nunca
supimos de Masseti otra vez.
N.K.: ¿Eso impactó en el Che?
U.E.: Sí, fue un golpe muy duro para el Che puesto que el
Che se iba a incorporar a esa guerrilla cuando se asentara
en el territorio de Salta, en Argentina. Hicimos todo lo
posible, gastamos cantidad enorme de dinero para tratar de
encontrar a la guerrilla, de darle apoyo, y jamás volvimos
a saber de Masseti.
N.K.: ¿Trabajaste con Inti Peredo en esa época?
U.E.: Yo trabajé en el aparato clandestino de Bolivia
cuando comenzó el apoyo a estas dos guerrillas. Trabajé
con Inti Peredo y con Rodolfo Saldaña. Ellos fueron los
dos primeros apoyos que nos dio Mario Monge. Con Inti
Peredo compramos un taxi. Con ese taxi él movía al
comandante Abelardo Colomé Ibarra, Furri, ministro del
interior cubano, que fue el que llegó a Bolivia a dirigir
la operación de Masseti.
N.K.: ¿Conociste a Federico Méndez, del EGP argentino?
U.E.: Por supuesto que conocí a Méndez. También fue uno de
los guerrilleros argentinos que se incorporó a la
guerrilla de Masseti.
N.K.: ¿Cómo conociste a Tania?
U.E.: A Tania la conocí cuando a mí me mandaron a
investigar a tres argentinas. La propuesta del Che, para
un trabajo que yo no conocía cual era, fue Tania. Él la
había conocido en Alemania, después la había conocido en
Cuba en actividades de la colonia argentina, en
actividades de la Federación Mundial de Juventudes
Democráticas. Ella viajaba a Cuba y servía de traductora.
Al Che le pareció que servía para esta actividad. Nosotros
investigamos, en Cuba y en Argentina, a Tania, a Isabel
Larguía y a Lidia Guerberof que era una pianista
argentina, una gente de posiciones muy revolucionarias.
Por las condiciones de Tania, para esta actividad
decidimos proponerle al Che a la misma que él había
propuesto: Haydée Tamara Bunke Bider, nombre real de
Tania. Así se hizo. Primero se pensaba que Tamara fuera a
crear un aparato urbano de apoyo a la guerrilla argentina,
la encabezada por Masseti. Al fracasar la guerrilla
argentina el Che ya decidió que Tamara fuera quien
organizara el aparato de apoyo urbano que apoyaría la
guerrilla de Bolivia que él iba a dirigir.
N.K.: ¿Apoyo desde dónde?
U.E.: Desde Bolivia.
N.K.: ¿Alicia Eguren formó parte de ese movimiento?
U.E.: Alicia Eguren y John William Cooke fueron dos
personas maravillosas, muy vinculadas al Che, muy
revolucionarios. No te voy a decir que eran
marxistas-leninistas pero sí muy revolucionarios.
Trabajaron mucho con el Che en la organización del aparato
urbano en la Argentina, al cual incorporaron a muchos
jóvenes argentinos procedentes del peronismo.
N.K.: ¿A Mario Roberto Santucho lo conociste?
U.E.: Lo conocí después, no en esta época de la que
estamos hablando.
N.K..: Se hizo correr la leyenda, y por eso te lo
pregunto, de que Tania podría haber sido un agente de la
República Democrática Alemana (RDA). ¿Es posible eso?
U.E.: No, eso no es posible. Tania vino para Cuba por su
amor a la revolución cubana. Desde antes que triunfe la
revolución cubana, en la RDA Tania se dedicó, desde que
conoció a cubanos en un congreso de la Federación Mundial
de Juventudes Democráticas, y desde que conoció la lucha
que se desarrollaba en la guerrilla y que entre los
guerrilleros había un jefe argentino que era el Che
Guevara, Tania se dedicó a escribir en periódicos y a
hacer actos de solidaridad con Cuba. Etc., etc. Cuando
triunfó la revolución su idea era venir para Cuba. La idea
inicial de Tania era ir a pelear a la Argentina. Cuando
triunfó la revolución cubana ella decidió tratar por todos
los medios de venir a Cuba. Así lo logró, invitada por
Alicia Alonso cuyo ballet estaba en la RDA. Alicia la
invitó, ella vino para Cuba y aquí se incorporó a todas
las organizaciones revolucionarias cubanas y mantuvo una
actitud revolucionaria intachable que fue lo que hizo que
la escogiéramos. Nunca fue agente de los servicios de
inteligencia alemanes, nunca fue agente de la KGB rusa y
nunca fue agente de los servicios secretos cubanos. ¡Tania
fue una combatiente internacionalista latinoamericana!
N.K.: ¿Por qué eligió ese nombre de guerra? ¿Por la
guerrillera soviética?
U.E.: A todo el mundo se le ponía otro nombre. Sí, ella
escogió ese nombre en recuerdo de la guerrillera soviética
que había sido asesinada por el nazi-fascismo.
N.K.: ¿Vos estuviste en Bolivia entrenando a Tania?
U.E.: No, yo entrené a Tania en Cuba. En Praga ella fue a
preparar su leyenda. En la primera leyenda ella asumía el
nombre de Vittoria Pancini, una supuesta ítalo-germana.
Ella pasó dos meses viajando por Europa Occidental.
Realmente ella hablaba muy poco italiano. Nos dimos cuenta
que ella no podría cumplir con esa leyenda, entonces se le
hizo una leyenda como Laura Gutiérrez Bauer,
alemana-argentina. Esa leyenda también la practicó en
Europa. Viajó a Alemania occidental, estuvo cerca de la
casa de sus padres, a la cual no fue, hizo el sacrificio
de no mostrar su presencia a sus padres (quienes sabían
que estaba en un trabajo secreto pero no sabían cual era)
y esa fue la leyenda que se aceptó. La de Laura Gutiérrez
Bauer.
N.K.: ¿En Alemania occidental?
U.E.: Sí, en Alemania occidental. Sus padres vivían en
Alemania oriental, en la República Democrática Alemana
(RDA), en Berlín, pero ella estuvo en las dos Alemanias.
Tania adoptó entonces la leyenda de Laura Gutiérrez Bauer.
La cumplió en forma excelente, hasta que murió en la
guerrilla del Che.
N.K.: ¿Cuál era la misión de ella en Bolivia?
U.E.: Buscar información sobre muchas cosas: sobre el
Ejército, sobre la situación operativa en zonas rurales y
organizar un grupo operativo en La Paz. Lo organizó con
Loyola Guzmán y junto con Saldaña, otro compañero del
Partido Comunista Boliviano. Ese trabajo lo siguió hasta
que se tuvo que quedar en la guerrilla porque el Che se
convenció de que estaba “quemada”. Tania estuvo en la
guerrilla poco tiempo, unas dos o tres semanas. Estaba muy
enferma y el Che la envió para la retaguardia. Ella murió
junto con el grupo de retaguardia.
N.K.: ¿En qué consistió el entrenamiento de
inteligencia que vos le dabas?
U.E.: ¡Uh...! En muchas cosas..., muchas. Todas las artes
necesarias para burlar los órganos de inteligencia y
contrainteligencia del enemigo. Yo pienso —y lo digo en el
libro que estoy escribiendo, que se titula Tania la
guerrillera y la epopeya sudamericana del Che— que si los
revolucionarios latinoamericanos hubiesen tenido la
preparación que tuvo Tania hoy tendríamos vivos a muchos
jefes guerrilleros, a muchos jefes clandestinos, a muchos
revolucionarios latinoamericanos. Porque Tania se preparó
durante más de un año para combatir desde posiciones
clandestinas contra los aparatos enemigos.
N.K.: Vos dijiste que Tania también estuvo en Praga...
U.E.: Su preparación en Europa la hizo residiendo en
Praga. Su sede era Praga, de ahí salía para el resto de
Europa, regresaba a Praga, volvía a salir para el resto de
Europa, volvía a regresar. Estuvo seis meses en ese
entrenamiento.
N.K.: ¿Por qué se elegía Praga?
U.E.: Porque era uno de los lugares donde nosotros
teníamos mejores condiciones operativas. Teníamos mucha
ayuda de los checos. ¡No era Moscú, donde era más
complicado!
N.K.: ¿En Moscú había más control?
U.E.: Más control y además en Moscú no teníamos la
infraestructura que teníamos en Praga. En Praga teníamos
un grupo de apartamentos, un grupo de seguridad checo que
nos apoyaba. En fin... Praga era el lugar ideal, no para
Tania, pero sí para muchas operaciones que nosotros
hicimos operando desde allí.
N.K.: ¿La inteligencia de los checos apoyaba a la
inteligencia cubana en esas operaciones?
U.E.: Totalmente. Sin saber bien lo que era y en qué
consistía pero apoyaba totalmente. Es bueno reconocerlo.
N.K.: En alguna biografía sobre el Che se plantea que
Guevara tenía temor que los checos se enteraran de que él
estaba allí porque entonces se enteraría la CIA...
U.E.: Ya te lo dije. El Che era muy desconfiado. Pensaba
que en la habitación teníamos micrófonos. Él pensaba que
si los checos se enteraban de algo, los checos estaban
infiltrados y penetrados por la CIA y entonces se iba a
enterar la CIA. Eso era lo que pensaba el Che. Pero la
realidad objetiva es que la CIA nunca se enteró, que los
checos nunca se enteraron y que obtuvimos un gran apoyo de
los órganos de seguridad checos. No sólo en lo del Che y
en lo de Tania sino también en muchas otras operaciones
que nosotros hicimos con sede en Praga y que en algún
momento hablaremos de ellas.
N.K.: En la solidaridad internacionalista tuviste
muchos contactos y relaciones con revolucionarios de
América Latina y África. ¿Y de los Estados Unidos?
¿Tuviste contacto con las Panteras Negras de Estados
Unidos?
U.E.: Sí, también. Tuvimos estrecha relación con Stokely
Carmichael y con muchos de ellos, militantes y dirigentes
de las Panteras Negras. Sí, tuvimos relaciones, tratamos
de dar nuestro apoyo y nuestra ayuda en la medida de
nuestras modestas posibilidades. Nunca apoyamos acciones
terroristas. Jamás. Nuestro aparato de inteligencia jamás
apoyó hacer una acción terrorista. ¡Jamás! Las acciones
que nosotros apoyamos eran acciones de guerra
revolucionaria, no de terrorismo. Cuando Stokely
Carmichael era el hombre más buscado en Estados Unidos por
el FBI vino a La Habana y participó de la Primera
Conferencia Tricontinental. Después este compañero se fue
a Guinea para combatir con el ejército guerrillero de
Guinea Bissau, se casó con una compañera y se retiró de la
lucha.
N.K.: Vos trabajaste muchos años junto a Manuel Piñeiro
Losada, el célebre comandante Barbarroja. ¿Qué recuerdos
tenés de él?
U.E.: De Piñeiro tengo un gran recuerdo. ¡El recuerdo de
un gran maestro revolucionario! Yo trabajé con Fidel y
trabajé con el Che porque trabajé con Piñeiro. Es así.
Piñeiro era un hombre que, a quienes trabajábamos con él,
nos llevaba a las reuniones con Fidel, a las reuniones con
el Che. De la guerra revolucionaria (previa a 1959) yo no
conocí ni al Che ni a Fidel. Los conocí gracias a Piñeiro,
como también conocí a Raúl Castro, a Celia Sánchez. A los
principales cuadros que trabajábamos con él en las tareas
operativas Piñeiro nos daba la posibilidad de vincularnos
con la máxima dirección de nuestra revolución. Aprendí
mucho de él. Yo creo que Piñeiro fue mi gran maestro
revolucionario en los trajines de la lucha clandestina, en
la lucha operativa, en la lucha de liberación nacional y
social de los pueblos de América Latina y de África. Estoy
muy agradecido a Piñeiro. Si no fuera por él, yo no sería
hoy el revolucionario que creo ser.
N.K.: ¿De dónde aprendió Piñeiro las técnicas de
inteligencia?
U.E.: Las aprendió trabajando. ¡Todos nosotros las
aprendimos trabajando! ¡Nosotros no hicimos ni pasamos
escuelas en la Unión Soviética ni en ningún otro lado!
Nosotros aprendimos a enfrentar al enemigo, primero, con
los conocimientos que teníamos de Cuba en la lucha contra
Batista. Cómo actuaba la dictadura batistiana, cómo
actuaban sus órganos represivos, cómo actuaba el ejército
batistiano... Con toda esa experiencia, nosotros a su vez
la volcamos en la lucha de los pueblos por su liberación.
Todo parece indicar que nos salió bien pues por el trabajo
nuestro jamás fue detenido un revolucionario, nunca fue
asesinado un revolucionario. Los fracasos o reveses del
movimiento revolucionario en América Latina son propios
del movimiento latinoamericano. No son culpa de Cuba. Y
además, una segunda cosa que querría señalar: ¡Nunca
intentamos exportar la revolución! Sencillamente nos
limitamos a apoyar a aquellos revolucionarios que venían a
beber de la experiencia cubana y a buscar el apoyo de la
experiencia cubana a partir de la condición
internacionalista del compañero Fidel Castro que fue el
que nos enseñó realmente a ser internacionalistas.
N.K.: ¿En qué consiste ese proyecto internacionalista?
U.E.: ¡En hacer la revolución!
N.K.: ¿Dónde?
U.E.: ¡Dondequiera que se pueda hacer la revolución! ¡En
cualquier parte del mundo! En cualquier parte donde se den
“tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de
victoria” como decía el Che. “En cualquier parte del mundo
donde nos sorprenda la muerte luchando, bienvenida sea”.
Esa no era la consigna del Che, únicamente. Es la consigna
de todos nosotros, quienes estamos dispuestos a poner en
juego nuestra vida en cualquier parte del mundo donde el
movimiento revolucionario reclame el concurso de nuestros
modestos esfuerzos. Así hemos tratado de llevarlo a la
práctica a lo largo de toda nuestra vida.
NOTAS:
(1) Sobre el papel de Ulises Estrada en África (y sobre
todo el internacionalismo de la revolución cubana) puede
consultarse el inigualable y apasionante estudio del
investigador de origen italiano Piero Gleijeses:
Misiones en conflicto. La Habana, Washington y África.
1959-1976. La Habana, Ciencias Sociales, 2002. pp.106,
133 y ss. Un libro imprescindible que vale la pena
conseguir.
|