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(IAR-Noticias)
18-Ag-05
AP
La activista israelí Susan Nathan, quien fue una ferviente defensora del
hogar nacional judío, ahora vive en una aldea árabe y defiende con el mismo
entusiasmo la causa palestina. En esta entrevista que le concedió al diario
irlandés Irish Times explica las razones de ese cambio radical.
Por Deaglan de Breadun
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El Corresponsal
La
más ajustada descripción de Susan Nathan viene de ella misma: "soy coherente
entre lo que digo y lo que hago." Ella es la única judía entre 25.000 árabes en
el pueblo israelí de Tamra (en el Norte) y ha hecho propia la causa de los
palestinos que decidieron permanecer dentro de las fronteras de Israel después
de que el estado fue creado, en 1948.
Aún sus críticos más severos no podrían decir que ella ha escogido un camino
sencillo. Muchos amigos e inclusive familiares se oponen a sus ideas -dice-,
pero ella está firme en su controvertida afirmación de que los palestinos en
Israel son víctimas de discriminación y maltrato al estilo del apartheid (el
régimen de segregación racial en Sudáfrica).
Acaba de escribir un libro para contar su historia y defender sus principios,
The Other Side of Israel: My Journey Across the Jewish-Arab Divide (El otro lado
de Israel: mi recorrido judío-árabe). El estilo de la escritura es directo y
simple: ella quiso evitar que el hombre común pudiera leerlo y decir que no lo
había entendido. Personalmente, Nathan también es directa. Para ella, el
problema es simple: judíos como ella tomaron la tierra de los palestinos, que
desde entonces han estado siendo oprimidos duramente y tratados como
ciudadadanos de segunda clase.
Ella llegó a esa conclusión cuando ya tenía 50 años, habiendo sido hasta
entonces una ardiente sionista de toda la vida. Le tomó un largo tiempo llegar a
esa conclusión, pero ahora no tiene vacilaciones.
Nathan dice que inicialmente a ella le lavaron el cerebro y la enamoraron de la
narrativa sionista. Muy pocas personas no judías entendieron el poder de la
propaganda sionista.
"Uno está educado para creer que está fuera de la sociedad, que será perseguido
por siempre y que Israel es su asilo seguro... Es como ser parte de un culto."
La reivindicación sionista de que Israel existe para la salvación de los judíos
en caso de otro Holocausto fue "un uso muy cínico de los miedos de la gente y
del Holocausto."
Ella es la hija de un médico de la calle Harley. Su padre, Samuel Levy, estudió
en Sudáfrica y en el Trinity College de Dublín a fines de los años 20 y
comienzos del 30. "Él se pasaba el viernes por la noche y todo el sábado con la
familia de Chaim Herzog [el futuro presidente de Israel, cuyo padre era el
rabino jefe de Irlanda]."
La familia llegó a Irlanda desde el Báltico. Huyendo de los pogroms antisemitas,
la familia escapó de Odessa por el Mar Negro. Los relatos familiares afirman que
ellos querían ir a Hamburgo, pero las naves estaban atestadas y entonces
decidieron tomar rumbo a Sudáfrica. "Y así es como escapamos del Holocausto."
Nacida en 1949, creció entre Sudáfrica e Inglaterra. Se casó, crió a una familia
y se divorció cuando tenía 50 años. Inicialmente ella era una partidaria
ferviente del estado de Israel. Habiendo trabajado como maestra y terapeuta de
portadores de HIV, Nathan decidió concretar su sueño sionista de toda la vida y
emigrar a Israel. "Pude hacerlo por la ley de Derecho de Retorno", dice. Bajo la
ley israelí, cualquiera con un abuelo judío puede emigrar a Israel y obtener la
ciudadanía.
"Fue un maravilloso regreso al hogar. Creía en los postulados sionistas.
Realmente creía que ésta era una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra.
Los palestinos no estaban en el mapa para mí." Ella obtuvo un "muy buen trabajo"
para enseñar inglés de negocios en Tel Aviv. Al poco tiempo de su llegada, a
fines del 2000, irrumpió la última Intifada. Ella vio "los logros maravillosos
de nuestras fuerzas" que fueron exaltados por la televisión israelí.
"Yo realmente compartía ese entusiasmo", dice. Pero entonces cayó muy enferma y
tuvo que ser hospitalizada y esto la puso en contacto cotidiano con palestinos.
Ella empezó a preguntarse cuál era su lugar en esa sociedad. Se involucró con
una ONG palestino-israelí que trabaja con sectores desposeídos y se sumó a un
proyecto en Tamra. "Empecé a entender allí las enormes similitudes entre la
comunidad árabe-israelita y la comunidad negra durante los años del apartheid en
Sudáfrica".
No es que Israel haya adoptado medidas tales como establecer retretes separados
para árabes e israelíes a la manera en que existían en Sudáfrica para negros y
blancos. "En Israel es más sofisticado que esto, porque la segregación está
disimulada. Es muy importante para Israel ser visto como un país democrático,
occidental, aceptado por los Estados Unidos y Europa". Pero ella sostiene que
"la sociedad israelí en su situación actual realmente se asemeja a una media
democracia, una democracia sólo para los judíos."
La versión que da Nathan de ls historia de Israel no encontraría adeptos en los
círculos sionistas: "La mayor forma de discriminación proviene de la
confiscación y apropiación de tierra árabe. Todo el Estado de Israel está
construido en tierra palestina. Entre 480 y 500 pueblos fueron totalmente
destruidos durante la guerra de independencia israelí en 1948. Y esta
discriminación y desposeimiento siguen.
"Israel es el único país en el mundo donde uno puede ser un eterno refugiado,
donde uno puede estar presente pero ausente al mismo tiempo por la ley de
propiedad, privándose del derecho de retorno a su propiedad y su tierra, aunque
posea los documentos de esa propiedad y esa tierra, y no haya sido compensado.
Es espantoso.
"Una vez que yo vi las similitudes con Sudáfrica, decidí que no podía permanecer
callada". Nathan, entonces, resolvió ir a vivir entre los árabes de Israel y
"ayudar a activar el cambio."
Ella rechaza vigorosamente las acusaciones de antisemita o de profesar el
autoodio al judío. "Uno no se convierte en anti-británico si critica las
políticas del gobierno británico". Este tipo de acusaciones es "simplemente una
táctica política bastante sucia".
Pero ella sabe que debe pagar un precio por haber tomado esta posición. "Todo en
la vida lo tiene." Recordando una frase del desaparecido Edward Said, dice: Lo
que yo hago con mi vida es la política del compromiso." Con la percepción de que
pronto habrá otra Intifada, agrega: "Israel debería haber sido el lugar más
seguro en el mundo para los judíos... Ahora, irónicamente, ha resultado ser el
más peligroso." El "sueño personal" de Nathan es que Israel sea finalmente un
estado binacional.
Su simpatía para los palestinos es categórica y ella reprende con disgusto a un
miembro del público en Dublín que le preguntó sobre los derechos de homosexuales
y lesbianas en los Territorios Palestinos. La pregunta es "increíblemente
ofensiva", dijo, y descalificó la presunta "superioridad moral de Occidente."
"Hasta donde yo sé, usted no es musulmán, ni vive en el mundo musulmán. El mundo
árabe es absolutamente capaz de tratar estos temas en su propio tiempo y a su
manera."
Después, yo sostuve que mucha gente considera los derechos de los homosexuales
como derechos humanos universales. Por qué, entonces, un extranjero no puede
reivindicarlos. "Yo pienso que las personas de otras culturas no deben
interferir."
En cuanto a los atacantes suicidas, ella dice: "No loo perdono. No digo que
tengan razón. Pero creo que debemos preguntarnos por qué ocurre, por qué se da
este fenómeno". Cuando yo le repliqué que los irlandeses estuvieron oprimidos y
no apelaron a los atentados suicidas, ella respondió: "Sí, ¿pero usted tenía
todo el ejército en su contra? ¿Usted tenía aviones de combate bombardeando su
casa? ¿A usted le demolieron su casa con su familia adentro? ¿Usted sufrió 40
años de ocupación brutal para que luego le ofrecieran un proceso de paz
artificial? ¿A usted le pasaba esto?
La fuente: Irish Times (Irlanda). La traducción
del inglés pertenece a Sam More para elcorresponsal.com.
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