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(IAR-Noticias) 19-Sept-05

¿Por qué EEUU dejó escapar a Bin Laden cuando lo tenía cercado en Tora
Bora en noviembre y parte de diciembre de 2001?
Por Manuel Castells -
La Nación, Chile
El 11 de Septiembre de 2001 cambió
nuestro mundo. Si eso quería Osama Bin Laden, lo consiguió. Si eso es lo que
quería alguien más, también lo consiguió. Y aunque se han vertido ríos de tinta,
talado bosques de papel y proyectado infinidad de píxeles que describen y
explican el atentado desde todos los ángulos, siguen surgiendo preguntas en
torno a éste y a lo que siguió. Preguntas aún sin respuestas.
Así, el 22 de agosto, una comisión investigadora sobre la CIA en Estados Unidos
entregó un informe secreto en el que se detallan múltiples fallos de
inteligencia que precedieron al atentado. Pese a la petición de las familias de
las víctimas, la CIA se niega a publicarlo, pero se sabe que recomienda
expedientes disciplinarios contra dirigentes de la CIA, incluyendo el ex
director George Tenet, el encargado de las operaciones clandestinas y el jefe de
contraterrorismo.
También en agosto dos oficiales de la inteligencia militar, el teniente coronel
Anthony Shaffer y el capitán de navío Scott Phillpot, miembros de una unidad
secreta, Able Danger, creada en 1999 para controlar Al Qaeda, revelaron que en
2000 habían identificado a Mohamed Atta y a otros tres suicidas del 11 de
septiembre como terroristas que ya se encontraban en EEUU y lo consignaron en un
documento. Trataron de avisar al FBI, pero los abogados del Pentágono lo
impidieron. El Pentágono niega todo y dice que el documento al que se refieren
no existe en sus archivos. Otros miembros de la unidad de inteligencia confirman
la identificación de Atta.
El diputado ultraconservador Curt Weldon, del comité de las Fuerzas Armadas del
Congreso, dice que él mismo entregó una copia de ese documento, justo después
del atentado a las Torres Gemelas, a Stephen Hadley, actual asesor de Seguridad
Nacional de Bush. Para aclarar el tema, el senador republicano Arlen Specter,
presidente de la comisión judicial del Senado, ha convocado a una sesión de
investigación para mañana.
Estas nuevas alegaciones se unen a los múltiples fallos de seguridad encontrados
por la comisión presidencial sobre el 11 de septiembre, así como a los libros,
artículos y reportajes que han aparecido desde entonces. Por ejemplo, Michael
Scheuer, encargado del seguimiento de Al Qaeda desde 1996, dimitió de la CIA y,
además de publicar un jugoso libro, insiste en que la administración Bush no dio
importancia a Al Qaeda hasta el ataque a Nueva York. El que fue director de
contraterrorismo en la Casa Blanca por dos administraciones, Richard Clarke, va
más allá. En su famoso libro “Contra todos los enemigos”, no sólo cuenta cómo el
día después del ataque Condoleezza Rice (entonces asesora de Seguridad Nacional)
y otros altos cargos ni siquiera sabían qué era Al Qaeda, sino que desde ese
mismo momento Bush dio instrucciones de centrarse en Irak, cuando eran
conscientes de que no tenía que ver con el atentado. Clarke revela que el asesor
presidencial de contraterrorismo que lo sustituyó a él, Randy Beers, presentó su
dimisión ante Bush poco después, porque la administración quería convencer a los
ciudadanos de que Irak era el culpable sabiendo que no era cierto. Y que esa
decisión estaba ligada a la estrategia diseñada por los republicanos para ganar
las elecciones de 2002, 2004 y más allá mediante una situación de guerra al
terrorismo, que incluiría a Irak y cualquier otra posibilidad. Clarke concuerda
con este análisis.
Tal vez así se entienda mejor lo más incomprensible: por qué EEUU dejó escapar a
Bin Laden cuando lo tenían cercado en Tora Bora en Afganistán entre noviembre y
principios de diciembre de 2001. Uno de los más intrépidos y lúcidos
corresponsales de guerra estadounidenses, Philip Smucker, y su colega afgano
Lutfullah Mashall cubrieron durante un año la guerra de Afganistán y en marzo de
2002 publicaron un reportaje devastador en el prestigioso “Christian Science
Monitor”, anticipándose a varios reportajes similares en “The Washington Post” y
“The New York Times”. Ahí se documenta cómo los norteamericanos dejaron la tarea
de encontrar a Bin Laden a tres señores de la guerra afganos, en conflicto entre
ellos, y nunca pensaron en sellar la vía de escape a Pakistán, a pesar de haber
identificado en transmisiones de radio la voz de Bin Laden en esa zona.
Smucker y Mashall recorrieron esa ruta y entrevistaron a aldeanos, recientemente
enriquecidos, que les contaron cómo ayudaron a escapar a Bin Laden entre el 28
de noviembre y el 12 de diciembre sin que nadie los molestara, mientras los
aviones bombardeaban las cuevas en donde buscaban el martirio unas docenas de
chechenos. Finalmente, algunos comandos norteamericanos participaron con los
afganos en una estéril búsqueda a partir del 13 de diciembre. Claramente: no era
una prioridad capturar a Bin Laden. ¿Por qué? Porque la prioridad era mantener
el miedo para poder invadir Irak. Lo que a su vez radicalizaría la militancia
islámica y mantendría la tensión. Como escribe Clarke (recuerden, ex jefe de
contraterrorismo de Bush): “Si Osama Bin Laden, escondido en su reducto de las
montañas, pudiera controlar la mente de George Bush, le repetiría: ‘Invade Irak,
tienes que invadir Irak’”.
En los últimos cuatro años no ha habido un nuevo atentado en EEUU aunque sí
varias detenciones relacionadas. Pero son todas como la que se ha hecho estos
días en Los Ángeles: un grupo de musulmanes estadounidenses que durante su
tiempo en la cárcel supuestamente planearon algo. Sin llegar a hacer nada. O
sea, grupos locales, como los de Madrid o Londres o los de Marruecos o Egipto.
Grupos que en algún momento pueden recibir enlaces de alguien que dice que es Al
Qaeda. Mientras que Bin Laden, Al Zauahiri y otros funcionan como referencia y
propaganda de los que actúan por su cuenta. Por eso, no es fácil desmantelar Al
Qaeda. Porque no existe como organización en estos momentos. Es un estado
mental, imágenes mediáticas y esporádicas conexiones con la rabia que hierve en
muchos lugares.
Mediante esta serie de acciones y reacciones, lo que ha cambiado es EEUU. Y con
él, el mundo. Las circunstancias que indujeron este cambio no están aclaradas.
Es posible que haya una increíble incompetencia en los servicios de inteligencia
y seguridad. ¿Pero por qué? No son más tontos que los demás. Un elemento de
respuesta puede estar en el recientísimo libro del periodista Joseph Trento,
especializado en la CIA, “Prelude to terror”. En él se detallan, por un lado,
diversas operaciones de gran calado político que ha lanzado la CIA por su cuenta
en las últimas décadas. Y, añadiría yo, la CIA es sólo un elemento de un sistema
más amplio, en el que también está la National Security Agency, la inteligencia
militar, el FBI y otros.
Por otro lado, Trento documenta la estrecha relación, ahora en las pantallas de
cine, entre la elite saudita (incluida la familia Bin Laden) y la familia Bush.
Relación que incluye desde hace tiempo los servicios de inteligencia (Bush padre
fue director de la CIA, Bin Laden era agente de la inteligencia saudita). De ahí
la dificultad para desentrañar la madeja hasta que el peligro se hizo evidente.
De ahí la famosa evacuación en masa de miembros de la oligarquía saudita en EEUU,
cortesía del Gobierno estadounidense, en las horas que siguieron al atentado al
World Trade Center. Alguien temió comprometerlos excesivamente, como ocurrió
después al descubrirse que la princesa esposa del embajador saudita había
ayudado económicamente a miembros de la red que elaboró el ataque. ¿Por qué
nunca se han investigado las redes financieras saudíes-estadounidenses a pesar
de la petición de las familias de las víctimas, dejando a los saudíes que
hicieran su propia auditoría? Demasiadas preguntas sin respuesta.
Ahora bien, lo más dañino para la verdad, una verdad de consecuencias
incalculables, sería reducirlas a una conspiración burda de los servicios de
inteligencia provocando el 11 de septiembre. Esa y otras teorías conspirativas
son un dislate. Pero ¿y si se tomó un riesgo calculado de dejar operar a
terroristas para descubrirlos en el último momento y se erró en el cálculo? ¿Y
si alguien vio la conveniencia de mantener el peligro de Bin Laden mientras se
reorganizaba el mundo, pensando que siempre habrá tiempo para liquidarlo? ¿Y si
alguien está ahora pensando que si Irak no se controla habría que explorar la
opción de extender la crisis a Irán en lugar de reproducir la retirada de
Vietnam bajo la presión ciudadana?
Es un hecho que la administración Bush ha mentido deliberadamente en varias
ocasiones graves. Y ha llevado a su país, y a otros, a la guerra a partir de
esas mentiras, en función de una estrategia que no es nacional sino
neoconservadora. Entonces, ¿por qué no preguntarse por las mentiras por conocer,
tal vez enterradas en las preguntas sin respuestas?
© La Vanguardia
(The New York Times Syndicate)
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