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(IAR-Noticias) 26-Sept-05
Dos años atrás, Arnold Schwarzenegger sorprendió al pueblo norteamericano
con una revelación sorpresiva: “Quiero ser gobernador de California”, dijo. Lo
hizo en el programa caricaturesco de Jay Leno, a horas de la noche y ante una
muchedumbre escandalosa que ya empezaba a profanar su victoria inminente.
Por Humberto Caspa(*) -
La Opinión, California
Recientemente el gobernador se volvió a destapar. A diferencia de hace dos años,
el nuevo destape fue a pleno día, en vísperas de otoño y ante unos seguidores
moribundos del sur de California que estaban más listos de empacarle sus maletas
a Hollywood que darle oportunidad de otros cuatro años.
Nunca como hoy el divorcio entre la gente californiana y Schwarzenegger ha sido
tan evidente. Su fuerza y su popularidad se desplomaron a causa de su demagogia
política.
Schwarzenegger entró al Capitolio de Sacramento como el huracán Katrina en New
Orleans, es decir, destruyendo todo. Inicialmente arremetió con lazos políticos
que habían creado las administraciones previas a su gobierno. Luego se hizo
pagar con 626 mil personas discapacitadas que recibían cuidados en centros de
convalecencia y con el programa de Healthy Families que provee seguro médico a
niños cuyas familias viven en condiciones infrahumanas. Quiso reducir —aunque
después se retractó— el presupuesto de estas instituciones de servicio.
Durante varios meses ya, Schwarzenegger ha provocado una guerra política sin
cuartel entre su gobierno y el sector de los empleados públicos (profesores,
empleados de mantenimiento, policías, bomberos, etc.). El resultado final de
este enfrentamiento ha sido, por un lado, el llamado a unas elecciones
especiales para este 8 de noviembre; y una población californiana cansada de
mucho “bla bla” y pocas acciones congruentes, por el otro.
De acuerdo al Instituto de Política Pública de California, en agosto de este
año, 54% de los electores de este estado desaprobaban el trabajo del gobierno de
Schwarzenegger. Y según una encuesta lograda recientemente por la agencia
televisiva de CBS News, 64% dice que el gobernador no está cumpliendo sus
funciones de acuerdo a los intereses de la población mayoritaria.
Asimismo, las propuestas que estarán a juicio de los votantes californianos este
noviembre, son tan impopulares como el mismo Schwarzenegger. El 61% de los
electores calificados se opone a la Proposición 76, misma que impone límites a
la capacidad de los gastos del estado.
Alrededor de la mitad de la gente se opone a la medida (Proposición 74) que pone
candados a la “tenencia” de los profesores en las universidades, los colegios
comunitarios y las escuelas secundarias. A primera vista, una enmienda de este
tipo permitiría mayor competitividad y evitaría el abuso aparente de profesores
de un puesto de por vida. Sin embargo, la “tenencia” ha sido un beneficio que ha
permitido a los profesores universitarios desarrollar sus investigaciones sin
miedo a revanchismos o venganzas. En pocas palabras, la tenencia ha amparado a
la libertad de expresión de los docentes.
Por otra parte, sólo la mitad de los encuestados se opone a una nueva forma de
división de los distritos (Proposición 76). La Proposición 75, que no fue
introducida por el gobernador, es la única que demuestra ser congruente y ha
tenido apoyo mayoritario de los votantes. De acuerdo a esta propuesta, los
líderes sindicales están obligados a informar a sus miembros antes de utilizar
los recursos de su organización en campañas políticas.
Finalmente, si hoy se llevaran a cabo las elecciones para gobernador, el regreso
de Schwarzenegger a la pantalla gigante de Hollywood es más inminente que nunca.
La popularidad que lo había llevado a la máxima tarima política en Sacramento se
ha desvanecido por la falta de congruencia con los ideales de la gente. Para
muchos, los 55 millones de dólares que probablemente cueste el desarrollo de las
elecciones especiales es un gasto insulso y que podía haber sido utilizado en
mejores instancias.
Los grupos empresariales seguramente le otorguen una “A” de calificación a
Schwarzenegger por su desempeño en el gobierno. Sin embargo, el gobernador
obtiene una “F” ante la población mayoritaria de California.
(*)Humberto Caspa es profesor de economía política en la Universidad del Estado de
California, San Marcos.
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