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(IAR-Noticias)
01-Oct-05
Condoleezza Rice se da una vuelta por Haití. Quiere bendecir las
elecciones convocadas para el próximo 20 de noviembre. Impartir instrucciones,
aportar sugerencias, dictar lecciones de democracia.

Por Pedro de la Hoz - Cuba
Debate
Su papel se ajusta plenamente al
guión que Washington ha escrito para garantizar la sujeción del futuro gobierno
haitiano a la norma democrática que Estados Unidos quiere imponer al mundo: un
ejercicio formal, representativo, que termina en las urnas y para nada toma en
cuenta los verdaderos intereses populares ni, por supuesto, la menor perspectiva
de solución para los acuciantes problemas que gravitan sobre una nación
desangrada.
La Rice sonríe y aconseja. Las agencias de prensa recogerán puntualmente sus
frases de cajón. Las fotografías mostrarán el beneplácito con que la acogerán
los personeros del gobierno interino y las grabadoras registrarán sus palabras
de apoyo a lo que llama “un proceso de reformas políticas y económicas”.
¿Se atreverá alguien a cuestionar la turbiedad fácilmente detectable en la trama
que antecede el ejercicio electoral? No hablemos ya del método expedito seguido
para privar a Aristide de su mandato a principios del 2004, víctima de ataques
de viejos duvalieristas, vándalos de nuevo cuño y la confabulación de Estados
Unidos, Canadá y Francia que aprovecharon los errores, los vacíos y el
descontrol político del partido gobernante sobre sus simpatizantes. Situémonos
en la propia saga electoral que ha entronizado la atomización política del país.
Pujarán por la silla presidencial nada menos que 32 candidatos.
El partido de Aristide, Familia Lavalas, no estará presente en la liza. Las
autoridades electorales prohibieron la inscripción del exmandatario entre los
candidatos.
Los correligionarios de este apelaron a la figura de Gerard Jean
Juste, un sacerdote conocido por defender el derecho de los pobres a una vida
más digna. Juste tampoco podrá comparecer. Se encuentra en prisión desde julio
pasado, acusado de haber asesinado a un periodista, pese que cuenta con
numerosos testigos que lo ubican el día de los sucesos fuera del país.
Sin embargo —increíble pero cierto— figura en la candidatura Guy Philippe. Se
trata del mismo hombre que jugó una carta determinante en el derrocamiento de
Aristide. Invadió la nación desde República Dominicana, capitaneó bandas armadas
en la revuelta de Gonaives y estaba a las puertas del palacio Presidencial en
los momentos en que se cocinaba la salida del jefe de Estado.
Para nadie es un secreto el papel de Estados Unidos en el encumbramiento de este
siniestro personaje.
Entre 1991 y 1994 recibió entrenamiento militar del país
norteño, En 1995 ocupó una plaza importante en la Policía haitiana, donde se
ganó fama por favorecer las ejecuciones extrajudiciales. En el 2000 tuvo que
huir luego de que lo sorprendieran en los preparativos de un golpe contra el
presidente Preval.
¿Se atreverá alguien a recordarle a la Rice la pretensión presidencial de
Philippe? ¿Le recordarán que en el padrón electoral apenas aparecen inscritos el
50 por ciento de los votantes potenciales? ¿Le pondrán al tanto de los brotes de
violencia que acompaña, sobre todo fuera de la capital, el manejo de las fuerzas
políticas antagónicas?
No solo es improbable sino imposible. La Rice viaja a Haití para hacer valer su
fórmula inamovible, descrita por Noam Chomsky cuando afirmó que “los EE.UU.
quieren es ‘estabilidad’, es decir, seguridad para las clases altas y las
grandes empresas extranjeras; si esto se puede alcanzar a través de mecanismos
formales democráticos, perfecto, si no, la ‘amenaza a la estabilidad’ que
represente un buen ejemplo debe ser destruida antes de que el virus infecte a
otros". |