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(IAR-Noticias)
03-Oct-05
Información divulgada recientemente en México reveló que los carteles
internacionales de la droga ya no adiestran sicarios. Les resulta más barato
enviar jóvenes marginales a centros de entrenamiento del ejército, la policía y
las fuerzas especiales de distintos países.
Por Roberto Bardini
- (Bambú Press)
Los muchachos
egresan altamente capacitados y los costos de su formación corren por cuenta del
Estado, las Fuerzas Armadas y los contribuyentes.
En otras palabras: son profesionales
diplomados y no simples gatilleros reclutados en los barrios bajos. Según las
agencias de noticias, algunas de las corporaciones más conocidas que suministran
pistoleros especializados a los grupos narcos son las siguientes:
Kaibiles, de Guatemala - Cuerpo de combate creado en 1974. En marzo del año
siguiente, luego de una bestial borrachera con ron Zacapa Centenario, el
Ministro de Defensa ordenó que adoptaran el nombre de kaibil. Kaibil Balam fue
un príncipe maya que en 1525 resistió cuatro meses en desigual combate a los
soldados enviados por el conquistador español Pedro de Alvarado. Los kaibiles
actuales resisten un poco menos, ya que se descerebran rápidamente por el
consumo de los estupefacientes decomisados.
Su lema de combate es: “Si avanzo sígueme, si me detengo aprémiame, si retrocedo
mátame”. Lo de “aprémiame” en jerga kaibil significa “tortúrame”, por aquello de
“apremio ilegal”.
Quizá los comandantes kaibiles ignoren que fue Julio Antonio Mella, fundador del
Partido Comunista Cubano en 1925, el autor de la frase: “Si avanzo sígueme, si
me detengo empújame, si retrocedo mátame”. Si lo supieran, quizá ingresarían a
un centro de rehabilitación financiado por el futbolista Diego Armando Maradona
Los kaibiles ganaron triste fama durante la breve pero sangrienta dictadura del
general Efraín Ríos Montt (1982-1983). Arrasaban aldeas campesinas, incendiaban
cosechas, masacraban indígenas, violaban mujeres. Sin embargo, batían récords en
carreras de mil metros cuando se enfrentaban a insurgentes armados. Entonces su
lema de supervivencia era: “Si avanzo, deténme. Si me detengo, retrocede. Si
retrocedo, huye lo más rápido que puedas”.
En enero de 1989 se entrenaban en dos fincas de nombres sugestivos: El Infierno
y La Pólvora, en el municipio de Melchor de Mencos, región de El Petén,
limítrofe con Belice.
En dialecto maya, kaibil también significa “hombre estratega, el que tiene la
fuerza y la astucia de dos tigres”.
Hace pocos meses un reportero independiente descubrió que, en realidad, los
felinos tomados como modelos por los kaibiles trabajaban en el circo Barnum &
Bailey. Su dieta alimenticia era insólita: diariamente uno masticaba un kilo de
marihuana y el otro lamía medio kilo de cocaína. Los dos animales hacían unas
piruetas increíbles en la pista: más que tigres, parecían chimpancés voladores.
El problema era que muchas veces se quedaban tendidos en el suelo, inmóviles,
con la lengua afuera y la mirada extraviada. Hoy, sus pieles rayadas decoran los
centros de entrenamiento de El Infierno y La Pólvora.
Special Air Service (SAS), de Gran Bretaña - La propaganda afirma que estos
combatientes al servicio de Su Majestad “están entrenados para atravesar las
líneas enemigas por tierra, agua y aire en ambientes hostiles”. Por tierra,
caminan. Por agua, viajan en bote. Por aire, “vuelan” sin levantar los pies del
suelo gracias a la ingestión de raciones militares conocidas como Extasis-OGT (Organic
Gun Tomato).
El penúltimo combate en “ambiente hostil” fue el pasado 22 de julio en la
estación de metro de Stockwell, en Londres. Le metieron siete balazos en la
cabeza a un pacífico electricista brasileño llamado Jean Charles Menezes. “Es
que de espaldas parecía llamarse Hassan El Salami”, declaró un flemático vocero
del SAS mientras bebía té de la India.
La última batalla del SAS fue el 19 de septiembre en Basora, Irak. Se destacaron
por su heroísmo dos agentes disfrazados de árabes que iban en un vehículo civil
repleto de armas. Para mimetizarse mejor entre la población nativa, ingirieron
una buena cantidad de haschís. Sin embargo, los descubrieron porque no podían
parar de reírse a las carcajadas por cualquier idiotez: una mosca que volaba, un
coche mal estacionado, un cartel que anunciaba zurcidos invisibles.
Un funcionario del MI-6, el servicio secreto británico, filtró una primicia al
periódico The Guardian: el SAS cambiará de nombre en la próxima guerra que
estalle en cualquier lugar del mundo. Se llamará “deSAStre”.
Gurkhas, de Nepal - El país exporta alfombras, opio y mercenarios. Las divisas
que ingresan gracias a estos sanguinarios soldados de fortuna, delgados y de
baja estatura, superan a las ganancias del turismo.
Entrenados por los ingleses en el siglo XIX, lucharon en todas las guerras,
excepto en la de las galaxias. Se caracterizan por el famoso y mortífero machete
curvo denominado kukri, que usan indistintamente para degollar enemigos,
afeitarse, pelar papas y picar hongos alucinógenos antes de cada enfrentamiento
armado.
La inteligentísima modelo alemana Claudia Schiffer contrató a cinco ex gurkhas
para vigilar su casa de campo en Suffolk, al este de Inglaterra. Como no tienen
con quien pelear, los mercenarios cortan el césped con sus kukris, podan árboles
y decapitan gallinas que luego condimentan con curry. “Son más simpáticos y más
baratos que los engreídos mayordomos ingleses, que tienen veleidades
aristocráticas”, declaró la Schiffer al periódico The Sun, mientras acariciaba
la cabeza de un pequeño y sonriente gurkha que estaba de adorno en el jardín.
Drug Enforcement Administration (DEA), de Estados Unidos – En 1910, el
presidente William Taft lanzó una advertencia: “El abuso de la cocaína es, sin
duda, un hábito americano, el más amenazador de todos los vicios de drogas que
ya aparecieron por este país”. Las autoridades se tomaron su tiempo para buscar
una solución al grave problema: recién en 1973, por iniciativa del presidente
Richard Nixon se creó la DEA.
La sigla, según algunos expertos en el tema, significa en realidad Don’t Expect
Anything (“No esperen nada”). A fines de 1992, el entonces presidente William
Clinton solicitó a dos expertos del Departamento de Justicia un informe sobre
los pro y los contra de la corporación antidrogas. El resultado fue un informe
de 20 páginas que la definía como “corrupta, ineficaz y violenta”. La
divulgación del estudio causó un alud de solicitudes de ingreso de matones
deseosos de usar placa y pistola.
Gerard Harry Helmle, informante de la DEA durante 13 años, declaró el 24 de mayo
de 1992 al diario Houston Chronicle que un buen número de agentes es adicto a la
mariguana y la cocaína. Helmle, confidente de 1972 a 1985, afirmó: “He visto
policías tan intoxicados que en una noche perdían el arma y la credencial de
identificación”. La revelación desencadenó una avalancha de solicitudes de
ingreso de potenciales adictos.
En 1988 la reportera Elaine Shannon, de la revista Time, publicó el libro
Desperados, sobre la DEA. La periodista cita al senador republicano Alphonse
D’Amato, de Nueva York: “Tenemos un gobierno que descubrió fuego en su cabeza y
está intentando apagarlo con un martillo”. Parece que ese era el sistema
utilizado por el presidente George W. Bush cuando en su juventud consumía drogas
y sentía que le ardía el cerebro. O un órgano muy parecido al cerebro, de
pequeñas dimensiones y escasas ramificaciones, alojado en algún lugar del
cráneo.
Alcohol, Tabac and Firearms (ATF), de Estados Unidos – Posiblemente la
agrupación policial más antipática de todas. Persigue a los ciudadanos de
escasos recursos que comercializan alcohol de baja calidad, distribuyen cigarros
baratos y venden destartaladas armas de fuego usadas. Sus agentes, sin embargo,
miran hacia otro lado cuando se encuentran a políticos, empresarios y ricachones
que se emborrachan con whisky escocés añejado durante doce años, apestan con sus
habanos y pipas rellenas con tabaco de Richmond o Virginia, y se dedican a
exterminar animalitos con sus potentes rifles de caza mayor.
Los miembros de la ATF generalmente mueren de cirrosis o enfisema pulmonar.
Algunos no esperan este desenlace y, para hacer honor a su especial vocación de
servicio, se meten un heroico balazo en la cabeza.
Policía Bonaerense, de Argentina – Fuentes de Interpol aseguran que muchos de
los miembros de esta corporación eran los más requeridos por los carteles del
narcotráfico. Sin embargo, los capos de la droga dejaron de contratar sus
servicios en tiempos del presidente Carlos Saúl Menem y del gobernador de la
provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde.
Como se recordará, Menem se destacó como piloto de carreras, golfista, tenista,
bailarín folklórico y lector de Sócrates, mientras que Duhalde fue campeón
olímpico de natación, subcampeón suramericano en salto con garrocha e inventor
de la llamada “cajita feliz”. En esa época los policías siempre metían presos a
un par de vendedores sin importancia –para salir en las fotos y en los
noticieros de TV– y finalmente se quedaban con todo el negocio.
Se necesitaría un libro, más que un simple artículo periodístico, para referirse
a la llamada “conexión tricolor” bonaerense: agentes de uniforme azul que ganan
billetes verdes con la distribución de polvo blanco.
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