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(IAR-Noticias)
03-Oct-05
El espectáculo que nos está mostrando estas semanas el Imperio no es, que
se diga, muy edificante. Estábamos acostumbrados -sobre todo últimamente-, a
oír, más que ver, cosas espeluznantes en torno a la guerra en Irak y Afganistán.
Por Eugenio Pordomingo * -
Adital
Recordábamos la
aventura bélica en Vietnam, con aquellas horribles escenas de niños abrasados
por gases químicos y los verdes campos de la campiña vietnamita "fumigados" con
venenos de todo tipo y marca.
Todo eso se nos quedó grabado en la
retina, como una foto fija, impregnada de dolor y rabia, en la que no estaba
ausente la huida vergonzosa de Saigón , cuando las tropas norvietnamitas tomaron
la capital, sin excluir el acto simbólico de hacer otro tanto con la embajada
norteamericana. Era un 27 de abril de 1975.
Los estrategas del Pentágono y los ejecutivos de las multinacionales aprendieron
mucho de todo aquello. Imagen y sonido juntos son muy peligrosos. El pueblo no
debe ver y oír ciertas cosas. No está preparado para ello. Hay que evitarle ese
sufrimiento.
La operación se completa, mejor dicho, va pareja, con un proceso de deseducación,
donde se trata, y se suele conseguir, la desaparición de todo tipo de ideales.
Lograr la uniformidad es la meta. Que todos vistan, consuman y se comuniquen a
través de una misma lengua.
A continuación viene la invasión -no siempre es física- con el "estilo de vida
americano", eslogan con el que Superman revoloteaba por el espacio mostrándonos
su poderosa fuerza. Las hamburguesas, cocacolas y revolver al cinto, se van
imponiendo después, poco a poco.
Pero la cruda realidad no se puede ocultar. Los ciudadanos se van dando cuenta
de lo que verdaderamente son y del rol que ocupan en esta sociedad.
El "Katrina", igual que lo fue Chernobyl y el "Muro de Berlín", en su momento,
ha venido a mostrarnos la fragilidad del Sistema.
El "Katrina" ha "desnudado" al sistema; y nos lo está mostrando toda la
debilidad de su andamiaje. La Gran América ha pedido ayuda a la Vieja Europa,
como el multimillonario acude con desasosiego al diván del psiquiatra. Creen que
lo tienen todo, pero carecen de lo más importante.
Fue el escritor Alexis de Tocqueville uno de los primeros en percatarse (1832)
de lo que se nos avecinaba. Y lo plasmó en La Democracia en América.
Tocqueville se percató que el régimen político y las condiciones de vida de
aquella sociedad iban a generalizarse, a extenderse, a la mayoría de los países,
comenzando por la Vieja Europa.
El escritor francés entendió que la propagación del "modelo democrático"
americano era imparable, y definió sus características, tratando de imaginar su
evolución.
Fruto de su análisis, nos previno del advenimiento de una sociedad
"igualitaria", fundada sobre el individualismo, la agitación y el aislamiento,
más marcados aún cuando, paradójicamente, "cada uno se volverá más similar al
prójimo".
Su visión fue la siguiente: "Veo una multitud innumerable de hombres semejantes
e iguales que dan vueltas sin descanso en torno a sí mismos para procurarse
pequeños y vulgares placeres".
Su visión sobre el futuro de la sociedad fue implacable: servidumbre y orden
apacible: "un poder singular, tutelar, todopoderoso, activado por una red de
pequeñas reglas complicadas, minuciosas y uniformes, que no quebranta las
voluntades, pero las aplaca, las doblega y las dirige; raramente fuerza a
actuar, pero se opone sin cesar a la acción; no destruye, impide nacer; no
tiraniza, molesta, comprime, enerva, apaga, embrutece, y, en fin, reduce a cada
nación a no ser más que un rebaño de animales tímidos e industriosos, donde el
gobierno es el pastor."
El peligro para los ciudadanos no es sólo externo, como dijo Tocqueville, sino
que es interno. Anida en nosotros, en lo más profundo de nuestro ser.
Es la inconsciencia de la servidumbre. Esa "servidumbre voluntaria", en la que
el hombre se encuentra cómodo y seguro.
El hombre actual no es ciudadano, sino simple siervo o súbdito. Pero lo peor es
que no se percata de ello. Vive envuelto en constantes "halagos
institucionales", envueltos en palabrería y aderezados con algunos pequeños
placeres.
Ya decía el escritor y ensayista Ángel Ganivet que "la furia con que el mundo
actual busca el placer prueba que carece de él.
El hombre actual es su propio opresor. No son los "neocon", ni su estrategia
mundial, a los que hay que echar la culpa de todo; que va.
La cosa viene de antaño... Es un proceso de aculturación mundial, sorprendente,
inédito en la Historia del mundo por su extensión, mimetismo y fuerza.
La solución posiblemente la propuso hace ya muchos años antes, entre 1500 y
1600, el jesuita español Francisco Suárez.
Él fue el que analizó con más profundidad el "origen del poder". Sin Poder no
hay posibilidad de influir.
Suárez es contrario a la teoría del origen divino de los reyes (Poder) que con
tanto ardor se defendió en los países protestantes. El "poder real" no viene
inmediatamente de Dios - de acuerdo con Suárez-, sino que el poder real tiene
que fundamentarse en el consentimiento del pueblo.
Es el pueblo quien tiene el Poder, la soberanía. Por eso el pueblo puede retirar
legítimamente su consentimiento a los soberanos indignos de ejercer el Poder que
él ha depositado en sus manos.
En esta teoría subyace un claro desarrollo de la soberanía popular que más tarde
se desarrollaría, adquiriendo nuevas fundamentaciones religiosas y laicas.
Las ideas de Francisco Suárez, unidas a las de otros pensadores españoles de la
época, fueron las que dieron origen a los movimientos independentistas de la
América Hispana.
No hay que buscar culpables en George Bush, en la Agencia Federal de Control de
Emergencias, ni en la CIA, ni airear las críticas que ha hecho el ex secretario
de Estado, Colin Powell, como si fuera el albacea de la moral, la honradez o la
libertad.
El germen, el gen, está dentro de todos nosotros. Incluso de los críticos a ese
sistema.
Porque lo que no sirve, lo que no funciona, es el propio Sistema...
* Eugenio Pordomingo
Sociólogo. Director de Espacios Europeos y colaborador de Rebanadas de Realidad
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