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(IAR-Noticias)
28-Nov-05
La escena no deja de tener su pimienta: Kirchner cierra un acuerdo con
Chávez, un enemigo político del gobierno de Bush, para seguir pagando la deuda
argentina con el FMI. El presidente argentino pretende continuar su
‘resistencia’ contra los dictados del Fondo pagando todo lo que debe, incluso
con una yapa.
Por Jorge Altamira -
Prensa Obrera
Porque la política
de emitir bonos para pagarle al Fondo, que son comprados, sea por Venezuela u
organismos del Estado argentino, como los fondos fiduciarios, sirven al mismo
tiempo para alimentar la especulación financiera internacional con la deuda
pública argentina.
Como los títulos de esta deuda
suben, ingresan capitales del exterior para participar de la calesita
financiera. Los parásitos de los ’90 se vuelven a llenar de plata a costa del
presupuesto nacional que sostienen 15 millones de pobres, que pagan los
impuestos al consumo.
De paso cañazo, el peso sube y el
dólar baja, lo que multiplica el beneficio de la especulación cuando se la mide
en dólares. Pero nadie se engaña: El Cronista y Ambito Financiero saludan en
primera plana la jugada de Kirchner en la patria de Bolívar. No en vano los
títulos en pesos, precisamente los que compra Venezuela, se han valorizado un
10% en menos de dos semanas.
Este culebrón ‘antiimperialista’ para pagarle al imperialismo no es algo que
deba sorprender a los argentinos. En 1979-80, el mismísimo Martínez de Hoz violó
un embargo comercial de Estados Unidos contra Rusia, con motivo de la invasión
rusa a Afganistán, para enriquecer a la ‘patria exportadora’ de cereales y a los
banqueros que la financian.
El negocio sirvió, en aquel
momento, para que el partido comunista justificara su apoyo a la dictadura de
Videla.
De acuerdo a las informaciones conocidas, Kirchner fue a buscar a Venezuela una
garantía de compra de bonos durantes dos años, o sea hasta las elecciones de
2007, para usarla como elemento en la puja con el FMI.
Semejante pedido entraña la
contrapartida de concesiones de Argentina que resulten necesarias para
Venezuela, pero no ha trascendido su naturaleza.
De cualquier modo, esto supone que
los precios del petróleo no sufrirán una caída importante en ese período; como
la operación no la hace el Banco Central sino la Tesorería de Venezuela, Chávez
deberá inscribir ese compromiso en el presupuesto del Estado.
¿Es posible que, como sugiere algún diario, Chávez haya comprometido a Kirchner
a respaldar una victoria electoral de Evo Morales en Bolivia a mediados de
diciembre próximo?
Algunos cables sugieren que
esto iría contra la política de Bush, quien incluso estaría dispuesto a apoyar
una secesión de Santa Cruz de la Sierra contra una presidencia de Evo Morales.
Sin embargo, todo indica que tanto
Kirchner como Lula ya han decidido que las elecciones bolivianas deben ir hasta
el final y que una victoria de Evo debería ir acompañada de un gobierno de
coalición que otorgue garantías suficientes y sólidas a las compañías
petroleras.
El propio Chávez es muy ducho en
el manejo con los pulpos del petróleo. Un ascenso de Evo Morales a la
presidencia agregaría un golpe más a la serie que está debilitando al gobierno
de la camarilla criminal norteamericana.
Para meter a Chávez en la ‘concertación’ internacional por Bolivia, Lula y
Kirchner admitirían incorporar de palabra a Venezuela al Mercosur, dejando que
las negociaciones económicas se tomen su tiempo.
El destino del Mercosur está
condicionado a las negociaciones internacionales que apuntan a ingresar al
mercado norteamericano en condiciones favorables respecto a China.
El Mercosur no es un proyecto
autáquico y su inviabilidad ya se ha demostrado en forma reiterada en los
últimos años. La integración latinoamericana debe ser antes que nada un planteo
político, para reorganizar al continente sobre nuevas bases sociales. Las únicas
clases históricamente interesadas en este proyecto son los obreros y los
campesinos.
Lavagna, de todos modos, o sea la burguesía interesada en el peso devaluado, ya
ha dejado entender que no lo entusiasma depender de una garantía venezolana.
Chávez puede comprar bonos por un tiempo, pero la burguesía necesita
financiamiento internacional.
De ahí que el ministro insistiera
con el objetivo de llegar a un acuerdo con el Fondo. Los ‘acuerdos
antiimperialistas’ pueden servir para la extorsión pasajera al imperialismo,
pero no representan los intereses de la ‘burguesía nacional’. Lo que al sector
contratista de obras públicas de esta burguesía sí le interesa es el flujo de
los petrodólares de Venezuela para trabajos de infraestructura.
En torno a este sector de
contratistas Kirchner y Lavagna han abierto una nueva disputa, con el ministro
tratándolo de coimero y el presidente por su lado caracterizándolo como la
representación misma de la burguesía nacional. El ministro De Vido es el agente
viajero de la patria contratista.
Que Chávez ofrezca plata a Kirchner para pagar la deuda externa de Argentina es
una elocuente manifestación de las limitaciones del nacionalismo burgués. Al
mismo tiempo, el gobernador Solá ha mandado a sus emisarios a hacer un canje de
la deuda externa de la provincia, que es un gigantesco negoción para los bancos
y fondos financieros internacionales.
Simplemente les reconoce como
deuda unos 800 millones de dólares de intereses impagos de la deuda en default,
entre 2002 y 2005, lo que convierte al compromiso externo de 2.300 millones de
dólares, a diciembre de 2001, en 3.100 millones al 2005.
A la ‘quita’ del 60% que exige
Solá hay que restarle el ‘agregado’ del 35% de los intereses usurarios impagos
–la deuda de 2.300 millones de 2001 baja a 1.850 millones. Pero los fondos
compraron la deuda a sus tenedores minoristas por mucho menos, digamos por unos
600 millones de dólares (un 75% de descuento), por lo que harán una ‘diferencia’
sencillamente fabulosa.
¿Puede un capitalista financiero internacional sentir alguna disconformidad con
el gobierno que le permite trapisondas de este tamaño?
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