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(IAR-Noticias)
28-Nov-05
Rusia es objeto de críticas
frecuentes por parte de Occidente en lo que respecta al problema de la piratería
informática.
Por Vasily Zubkov -
RIA Novosti
Pero cada fenómeno tiene sus rasgos distintivos, y cuando se habla de aquélla,
todo el mundo reconoce al mismo tiempo que hay muy pocas réplicas piratas de los
programas desarrollados en Rusia por encargo de empresas occidentales. Más de
30.000 entidades rusas agrupadas en la Asociación no comercial de proveedores
del soporte lógico son, en este sentido, más escrupulosas tal vez que sus
colegas de Occidente, dedicados a la práctica de externalización de servicios
informáticos.
El incumplimiento del contrato explícito con un cliente extranjero que paga por
el producto final, la defraudación de su confianza y el latrocinio directo
representan en el extranjero la más grave infracción de los derechos de
propiedad intelectual. Ese delito de piratería, rayano en el espionaje
industrial e intelectual, se castiga con fuertes sanciones en muchos países
desarrollados.
Las empresas que encargan el desarrollo de productos a los programadores rusos
ni siquiera mencionan la protección de la propiedad intelectual entre los diez
problemas más importantes, según los datos del profesor Erran Carmel, quien hace
referencia a un estudio realizado por la American University de Washington. Y
como son gigantes del nivel de Dell, Siemens, Motorola, Boeing, GE, Microsystems
o Samsung Electronics, es evidente que los clientes tienen mucha confianza.
¿Cómo es posible entonces que las copias piratas representen un 87-88% de los
programas usados en Rusia? A modo de comparación: en Europa Occidental es un
37%, en EE.UU. un 30% y en la Europa del Este, un 67%. Afortunadamente, Rusia no
es la primera en la difusión de programas piratas. Malasia y China están por
delante, según los datos de Entertainment Software Association correspondientes
al año pasado.
La mayoría de las empresas rusas - hasta un 90%, según algunas evaluaciones -
usan programas piratas, principalmente, las copias casi gratuitas de Microsoft
Office, admiten los representantes del Departamento "K", estructura del
Ministerio del Interior ruso que se encarga de luchar contra los delitos en el
terreno de las altas tecnologías. Un producto con licencia, por ejemplo, Windows
XP Professional, cuesta entre 130 y 150 dólares, precio que parece desorbitado
tanto a los clientes corporativos como a los particulares.
Los intentos de combatir el problema organizando redadas o en los mercadillos
callejeros o destruyendo las copias piratas con la ayuda de las excavadoras han
surtido escaso efecto, y las mociones legislativas en esta materia han
demostrado su inviabilidad. El consumidor aún vota con su dinero por los
productos baratos: el pasado año, los rusos pagaron casi US$1.400 millones por
las réplicas piratas de programas informáticos. El mercado global del software
facturó en el mismo período un total de US$90.000 millones y por lo menos un
tercio de esta suma, según los datos de Business Software Alliance e IDC, fue a
parar al bolsillo de los fabricantes y vendedores de réplicas piratas, las
cuales representan un 35% de los programas informáticos comercializados en el
planeta.
Rusia e Indonesia comparten el quinto lugar del mundo en cuanto a la difusión de
copias piratas, siguiendo a Vietnam (92%), Ucrania (91%), China (90%) y Zimbabwe
(90%). La situación no cambia a pesar de las redadas policiales y la creciente
propaganda contra la piratería informática. Tampoco es algo sorprendente, puesto
que las versiones licenciadas cuestan varias veces más que las copias ilegales.
La licencia para el uso de 1S Contabilidad vale alrededor de dos mil dólares, y
la réplica pirata, apenas cien dólares, así que el consumidor pocas veces se
pregunta cuál de las dos opciones le conviene más. Al propio tiempo, muchos
usuarios de productos piratas reconocen que se pasarían gustosamente a las
versiones oficiales, si los fabricantes vendieran sus programas a un precio de
entre cuatro y once dólares.
En el moscovita Gorbushka, popular mercado de ordenadores y programas
informáticos donde los turistas europeos y americanos, por cierto, representan
una cuarta parte de la clientela, el 90% de los usuarios admite que es poco
ético comprar las copias piratas pero no les queda otra opción: los productos de
licencia se venden a un precio francamente prohibitivo. Y algunas personas
entrevistadas por el autor de estas líneas han salido al paso con la pregunta de
si es ético o no pagar a los empleados públicos, médicos, maestros y científicos
un sueldo mensual de US$100-200, o las pensiones de cincuenta dólares.
Claro que uno podría cuestionar la legitimidad de esas preguntas y acatar la ley
pero en este caso el ordenador en su escritorio no pasará de ser una decoración
metálica, y sus hijos no tendrán acceso a los conocimientos ni podrán
comunicarse con los amigos.
El académico Serguei Kapitsa, quien lleva varias décadas como presentador de un
popular espacio televisivo de divulgación científica, ha calificado una vez el
Gorbushka como "el lugar más progresista de Rusia", porque las masas pueden
comprarse a un precio módico la herramienta necesaria para acceder a la
información sobre la ciencia, la técnica, el arte y la cultura.
Los expertos en la lucha contra los delitos informáticos auguran que en el
futuro, a medida que vayan incrementando la asequibilidad de Internet y la
velocidad de conexión a la red, será innecesario pagar siquiera por las copias
piratas. Un sinfín de programas ya pueden descargarse desde los servidores u
ordenadores remotos a través de las redes locales de peering, o de intercambio
de tráfico en Internet.
¿Deberíamos cruzarnos de brazos y dejarlo todo como está? Creo que la mejor
manera de combatir el latrocinio informático es garantizar la continua subida
del nivel de vida en Rusia. Solamente una persona pudiente acatará la ley en lo
que respecta al uso de los programas. La aparición de portátiles modernos de
alta calidad priva de sentido el uso de discos piratas. Los propietarios de
muchas empresas privadas empiezan a darse cuenta finalmente de que el aparente
ahorro en programas informáticos no se justifica. Primero, porque la nueva
versión del Código de infracciones administrativas contempla la confiscación de
los equipos informáticos como sanción por el uso de programas piratas. Segundo,
porque el artículo 273 del Código Penal castiga con prisión de hasta cinco años
la creación y el uso de los 'crackers', o sea, programas desarrollados para
romper licencias. Y tercero, porque cualquier fallo en una red informática
implica el riesgo de pérdidas incalculables, y en el caso de una versión pirata,
no habrá nadie para pasar la factura.
Esas sanciones ya se han usado en múltiples ocasiones a lo largo de toda Rusia.
En cuanto al uso de licencias, los líderes incuestionables en esa materia son
las numerosas instituciones públicas, que no se preocupan demasiado por la
austeridad en el gasto, y las operadoras privadas de telefonía móvil que tienen
recursos suficientes y confían exclusivamente en los programas legales.
Próximamente, Rusia tiene previsto adherirse a la OMC y uno de los principales
requisitos para el ingreso es asegurar la protección de la propiedad
intelectual. El Gobierno ruso está dispuesto a hacer lo posible para reducir el
nivel de la piratería informática por lo menos hasta la cota civilizada del
60-70%, que es la media registrada en la Europa del Este.
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