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(IAR-Noticias)
28-Nov-05
Da
gusto ver cómo los países del Cono Sur empiezan a manejar estupendamente sus
cartas petrolera, gasera y cuprífera (v.g Venezuela y Chile) para posicionarse
en el tablero geopolítico del ajedrez mundial y diversificar sus clientes de
acuerdo al diapasón del nuevo orden hexapolar, con el fin de mejorar la vida de
sus ciudadanos descuartizados por el modelo neoliberal y su nefario decálogo del
"Consenso (sic) de Washington" en agonía y que subsiste todavía en México y
Centroamérica (ni siquiera en Estados Unidos (EU), donde ha surgido el
"patriotismo económico": un disfraz neoproteccionista después de haber sido
vapuleado militar y comercialmente).
Por Alfredo Jalife-Rahme - La
Jornada
Contra la nueva
realidad geopolítica en Latinoamérica, da lástima ver cómo el totalitarismo salinista de un cuarto de siglo de duración (desde el co-gobierno
con De la Madrid Hurtado que ejerció desde la Secretaría de Programación y
Presupuesto el ilegítimo ex presidente bajo sospecha de varios crímenes en su
inconsciencia, hasta ahora en su nuevo co-gobierno con Fox), que pretende
perpetuarse otros seis años más con el castañedista Calderón para superar la
marca de la tiranía de Porfirio Díaz, se ha arrojado a los brazos del
unilateralismo bushiano en plena caída libre, lo que ha depreciado y despreciado
la "carta petrolera" de México todavía sin usar.
Mas allá de los espectaculares gasoductos de alcances estratégicos que ha
operado Venezuela (primera potencia mundial de petróleo cuando se suman el "oro
negro" convencional y no convencional, es decir, ligero y pesado (Financial
Times, Richard Lapper, 2 noviembre 05) con Argentina y Chile, fue el zar ruso
Vladimir Putin quien inició la gran revolución energética mundial, al jugar por
nota su carta geoestratégica y haber resucitado a Rusia entre los muertos (en
imitación a una novela dostoievskiana), después del extravío neoliberal de dos
super-ingenuos: Yeltsin y Gorbachov.
Sin desdeñar los gasoductos sudamericanos, el impacto en Eurasia de cuatro
gasoductos rusos (con Alemania, Turquía, Japón y China) trastoca la
geoestrategia mundial debido a la talla de los actores en juego, a grado tal que
habría que acuñar un nuevo término: "rusoducto", en lugar de gasoducto.
Peak Oil (24 noviembre 05) aduce que "Rusia construye lenta pero seguramente su
mundo multipolar basado en el petróleo y el gas", mientras Peter Lavelle
entroniza a Putin como "zar de la energía", en referencia al posicionamiento
global de Gazprom, principal gasera del planeta (UPI, 22 noviembre 05).
Inclusive, Putin colocó a Dimitry Medvedev, anterior mandamás de Gazprom, como
viceprimer ministro, y no faltan quienes lo vean como su probable sucesor: "dos
de las recientes visitas foráneas de Putin, a Alemania, en octubre, y a Turquía,
esta semana, así como su actual visita en Corea del Sur, demuestran claramente
la parte foránea de la agenda de Gazprom y de la petrolera estatal Rosneft, como
parte de la estrategia energética integral (sic) del Kremlin".
Con antelación habíamos abordado la construcción del gasoducto ruso-alemán, que
"cambiará la geopolítica de Europa" (Bajo la Lupa, 6 noviembre 05) y ahora, en
Turquía (único miembro islámico de la OTAN), Putin inauguró el gasoducto
Corriente Azul, en el que participan en forma equitativa, a un costo de 3 mil
400 millones de dólares y una capacidad de 16 mil millones de metros cúbicos, la
petrolera italiana ENI y la gasera rusa Gazprom, que se insinúa como cuña entre
dos aliados de EU (Turquía e Italia). Al respecto, es factible que el gasoducto
ruso-italiano-turco (que sin mucho ruido ganó la partida geopolítica en el
transcáucaso al oleoducto estadounidense-británico Baku-Tblisi-Ceyhan), sea
extendido hasta el puerto israelí de Ashkelon (Debka, 24 noviembre 05), lo que
demuestra por enésima vez la proclividad de Putin a buscar convertirse en
"potencia pivote" de Eurasia.
Según Lavelle, en Corea del Sur, Putin prosiguió las negociaciones para
construir el "gasoducto petrolero del este", de 2 mil kilómetros de extensión
hasta la costa del Pacífico: un "compromiso para satisfacer parcialmente las
necesidades energéticas de China y Japón". En su primera fase, China obtendrá
las tres cuartas partes y Japón la tercera parte de los 600 mil millones de
barriles diarios que serán prácticamente triplicados a partir del año 2010.
Japón invertirá 18 mil millones de dólares y otros 8 mil millones de dólares en
los proyectos gaseros Sajalin I y II. Se nota que Rusia juega como potencia
pivote y no desea inmiscuirse en el contencioso de China y Japón, que deja
satisfechos a cada uno con su "rusoducto".
En forma por demás interesante, Gazprom discute la factibilidad de desarrollar
una terminal en Murmansk (en el polo ártico) para abastecer a EU (¡super-sic!)
con gas natural licuado cuando Washington busca independizarse del petróleo del
Medio Oriente para consagrarse más al gas: "el arrecife Shtokman, en la costa
rusa del Pacífico, tiene 3.2 billones de metros cúbicos de gas probado" y su
localización lo convierten en candidato para abastecer con gas natural licuado
las necesidades energéticas de EU por un periodo de 50 años (sic)". Se dice
fácil, pero cuando el "rusoducto" de Murmansk se conecte a Canadá y EU, la
geoestrategia mundial habrá cambiado significativamente. ¿A qué precio soltará
Rusia sus reservas gaseras de Murmansk a EU, que se antojan como los cuatro ases
de las cartas geoestratégicas del Kremlin?
A Lavelle no se le escapa la dimensión geoestratégica en la que juega Rusia:
"con excepción del proyecto Corriente Azul, los otros gasoductos forman parte de
la estrategia de Putin para situar a Rusia de nuevo como un jugador mayor (sic)
en el mundo". A propósito, en un extenso análisis con ocho expertos en
geoestrategia, bajo la coordinación de Peter Lavelle (Rusia, una superpotencia
energética; Perfil Ruso, 25 noviembre 05) destacan tres frases: una del mismo
Lavelle, "Putin ha posicionado los recursos energéticos estatales en el centro
de su política exterior. ¿Será su objetivo colocar a Rusia como 'gran potencia'
mediante la energía?"; otra del académico Gordon Hahan, especialista en Rusia y
su periferia, "el arsenal nuclear ruso y su posición geoestratégica como pivote
(sic) son igualmente (sic) responsables del estatuto de Rusia como potencia
regional (sic) e importante jugador en el escenario global gracias a sus
recursos energéticos", y otra de Eric Kraus, estratega de Sovlink Securities de
Moscú, "el apoyo de EU a Mijail Khodorkovsky se debió a la promesa del oligarca
de entregar los yacimientos petroleros de Rusia a manos estadunidenses, mediante
la venta notable de 50 por ciento de Yukos a ExxonMobil". ¿Cuál es la diferencia
entre el entreguismo del oligarca apátrida y amátrida Khodorkovsky con sus
clones de México condensados en Comexi y en el ITAM (ver Bajo la Lupa, 16
noviembre 05)?
¡Cómo hace falta un Vladimir Putin en México, secuestrado por presidentes
convertidos en agentes de las trasnacionales texanas desde hace un cuarto de
siglo!
Federico Bordonaro, un excelente geopolitólogo de Power and Interest News Report
(22 noviembre 05), sustenta que el gasoducto Corriente Azul "abre nuevo
horizontes a Rusia" que "usa sus vastas reservas energéticas como fuerte carta
geopolítica" en una "competencia geoeconómica compleja que involucra a Rusia, la
Unión Europea (UE), EU y Turquía en la región del sur de los Balcanes, el mar
Negro y el mar Caspio". ¡Nada más!
Insolvente en petróleo y gas, en forma paradójica, Turquía ha emergido como
"puente energético" al formar parte de dos gasoductos: el
estadounidense-británico
de Baku-Tblisi-Ceyhan, y el ruso-italiano Corriente Azul. Lo más importante es
que Rusia, mediante su "carta energética, vuelve a obtener influencia y protege
sus intereses en el sur europeo (...) lo que incrementará más su poder
financiero y político".
Ron Synovitz, un propagandista de EU, resalta que "Putin juega a la política de
los oleoductos con Japón" (Asia Times, 23 noviembre 05) y amarrar navajas entre
China y Japón (una clásica perversión anglosajona) quienes, a su juicio, "desean
la exclusividad" del gas y el petróleo ruso, cuando Putin piensa en toda la
región de Asia-Pacífico como su clientela plural. A juicio de Synovitz, "Rusia
desea que las firmas japonesas inviertan más dinero en la infraestructura
petrolera de Siberia como en el creciente sector manufacturero ruso y el
segmento de alta-tecnología".
Sudhir Chadda (India Daily, 23 noviembre 05) aduce que se cocina una "alianza
comercial estratégica" entre Rusia y Japón, pero que un escollo mayor se centra
en la negociación escurridiza sobre la cesión de las islas Kuriles de Rusia a
Japón.
Dave Ernsberger, director editorial para Asia de Platt's (servicio informativo
global de la industria petrolera), lo ve al revés: "Rusia enfrenta a Japón
contra China" sobre el trayecto del gasoducto, por lo que usa su petróleo y gas
como "arma estratégica" para otras agendas, ya que "para Japón, arrancar de
Moscú el compromiso de un abasto seguro de petróleo ruso en el largo-plazo es un
tema de la mayor trascendencia de su política exterior. Japón es el tercer
consumidor de petróleo, detrás de China y EU".
No todo el mundo sensato de la geopolítica actúa en forma entreguista o suicida,
como la fauna neoliberal mexicana desde hace un cuarto de siglo, y es previsible
que Rusia vaya a sacar el máximo de ventajas de su venta energética tanto a
China como a Japón, ya no se diga a la UE y a EU. ¡Es un juego de ligas mayores
que no entienden el aldeano Fox ni su tutor, Salinas, a su vez títere de la
dinastía bushiana!
El juego geoestratégico no queda enfocado únicamente a la energía. A su retorno
de su triunfal periplo asiático, desde Magadán, un feudo aurífero, Putin amagó
lanzar una bomba que puso a temblar a Greenspan y Bernanke juntos (a estos
niveles, el insignificante cordobista Ortiz Martínez del Banco de México, ni
pinta): "incrementar el porcentaje de oro en las reservas" de Rusia (Pravda, 23
noviembre 05). ¿Junta Putin el oro con los energéticos para sepultar al dólar?
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