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ASIA  

 

Hacer parar el narcotráfico procedente de Afganistán

 
 

(IAR-Noticias)  23-Dic-05

¿Cómo se puede hacer parar la afluencia de los estupefacientes afganos a Europa y otras regiones del mundo y combatir el mal en el propio Afganistán?

Por Piotr Goncharov -
RIA Novosti

No es ninguna novedad que Afganistán es líder en la producción de narcóticos y su suministro a los mercados mundiales. Según expertos de la ONU, el narcotráfico mundial se sitúa en más de 600 mil millones de dólares al año, correspondiendo el grueso de esta cifra al opio afgano.

Por ejemplo, la heroína que se consume en Europa es de origen afgano casi al 100 por 100. También los narcotraficantes latinoamericanos aceptan gustosamente cooperar con sus consocios de Afganistán, adquiriéndoles opio crudo, que es más barato que el latinoamericano, y hasta la heroína ya elaborada.

En 1998, Afganistán marcó un récord habiendo recolectado 4700 toneladas de opio, lo que equivale a 470 toneladas de heroína pura. Aquel año, la adormidera se sembró en 60 mil hectáreas. Y hoy día, según unos datos, ya se cultiva en más de 80 o hasta 100 mil hectáreas.

En 1998, el poder en Afganistán estaba en manos de los talibán, y el famoso Osama bin Laden, siendo yerno del líder de éstos, el mulha Omar, cifraba muchas esperanzas en los estupefacientes afganos, equiparándolos por su eficacia a las armas de exterminio en masa. No obstante ello, la Asamblea General de la ONU en octubre de 2001 reconoció que Afganistán estaba desarrollando con éxito la lucha contra el narcotráfico durante el Gobierno de los talibán, por muy paradójico que ello sueñe hoy día. Es más, se trató de un éxito impresionante. Según valoraciones de la ONU, en 2001 Afganistán produjo sólo 185 toneladas de opio, contra las 3300 del año anterior, sin hablar ya de 1998.

Actualmente, al timón del país está una coalición antitalibán, por así decirlo, pero la producción de drogas, en vez de disminuir, crece. Es más, Afganistán de hecho se encuentra al borde de transformarse en un narcopaís. Ello sucede a pesar de que en su territorio se encuentra un contingente de casi 20 mil efectivos de la coalición antiterrorista, encabezada por EEUU, y otro, de 12 mil, de las Fuerzas de Seguridad Internacionales, las que a diferencia del primero actúan bajo la égida de la ONU.

En opinión de Anatoly Safonov, comisionado por el presidente de la Federación de Rusia para cuestiones de la cooperación internacional en la lucha contra el terrorismo y el crimen transnacional, las operaciones militares que las fuerzas de coalición realizan en ciertos distritos afganos no surten el resultado apetecido. No les resulta tomar bajo control ni impedir el narcotráfico. En cuanto al contingente de la ONU, su mandato no le permite desarrollar la actividad antiterrorista ni antidrogas, pues su tarea consiste en garantizar la seguridad de diversos objetivos y actividades oficiales. Es una situación que no es fácil comprender y menos aún aceptarla, máxime que hay pruebas convincentes de que existe vinculación directa entre el narcotráfico y el terrorismo.

De este parecer son la mayoría de los expertos rusos. Pero en Afganistán ven la situación de un modo algo distinto, sosteniendo que tanto el contingente de la coalición como las Fuerzas de Seguridad Internacionales difícilmente podrían desarrollar la actividad contra el narcotráfico, incluidas operaciones militares, sin disponer para ello de un respectivo mandato del Consejo de Seguridad de la ONU. Y tienen sus razones para afirmarlo. Hoy día en, más del 60 por ciento del PIB de Afganistán les corresponde a las drogas, éstas dan de comer no solamente a los campesinos y los narcotraficantes, sino también a un sinnúmero de desempleados. La recolecta de opio crudo se realiza en plazos mínimos, literalmente en horas contadas: es importante cortar oportunamente el fruto de la adormidera. Con este fin movilizan a cuanta gente esté disponible. En un jerib (cerca de una quinta parte de la hectárea) trabajan hasta 20 cosechadores. Del fruto sale "leche" durante tres horas después de cortado. En una hora de trabajo el cosechador gana hasta 20 dólares.

Es fácil contar cuántos puestos de trabajo da la adormidera en todo Afganistán, partiendo de que están sembradas más de 80 mil hectáreas: más de 8 millones, así como el dinero que circula en el país, dado que la operación de recolecta se repite cada 15 ó 20 días: 60 dólares (ganados en 3 horas) multiplicamos por 8 millones y la cifra obtenida la multiplicamos por 3, el resultado sería de casi 1,5 mil millones de dólares. Es el dinero al que corresponde el mencionado 60 por ciento del PIB afgano, lo que significa que el inmenso cuerpo de los "cosechadores" y sus familias viven a expensas de la recolecta del opio crudo solamente.

Hay que añadir a ello los intereses de los jefes troperos, los que no están desarmados ni mucho menos y reciben su 10 por ciento de los ingresos que aportan los terrenos sembrados de adormidera. Dadas estas circunstancias, las fuerzas de coalición y las de seguridad internacionales difícilmente se atreverán realizar operaciones de liquidación de la adormidera sin tener para ello el mandato de la ONU. Es fácil adivinar también cuál va a ser la reacción de la población afgana ante tales operaciones.

Pero la actual parálisis de la voluntad ante el problema de los estupefacientes afganos debe terminar tarde o temprano. Rusia, que a partir del 1-ro de noviembre preside el Consejo de Seguridad de la ONU, se ha visto en el epicentro de la explosión de esa arma de exterminio en masa afgana. Junto con las repúblicas de Asia Central, Rusia se ha convertido tanto en una vía de tránsito de drogas afganas a Europa como en una consumidora de ese producto exportado por Afganistán.

Parece que precisamente Moscú debería plantear el problema del narcotráfico afgano en el Consejo de Seguridad de la ONU, a la par con el de revisión de la misión de las fuerzas de coalición y la ampliación del mandato de las Fuerzas de Seguridad Internacionales en Afganistán en el contexto de la lucha contra los estupefacientes.

 

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