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(IAR-Noticias)
05-Dic-05
Denunciar la política imperialista debe complementarse con la crítica a
los Estados, ya sean socialistas o capitalistas. Por tanto, la participación del
movimiento anarquista en los procesos de lucha antiimperialista se advierte
indispensable.
Por Pablo Moras -
La Haine
1) CNT y CGT en Salamanca
¿Qué posición debemos defender los anarquistas ante movimientos y conquistas
populares que no son específicamente anarquistas? ¿Cuál debe ser nuestra postura
frente a procesos como el cubano o el venezolano?
Desde un sector del movimiento anarquista la cosa está clara. En la
manifestación de CNT contra la cumbre de Salamanca el pasado 15 de octubre se
gritaron consignas sobre Cuba y Venezuela como “Chávez y Fidel la misma mierda
es” y “lo llaman socialismo y no lo es”.
La CNT de Salamanca señalaba en una nota de prensa que “La situación en Cuba y
Venezuela tras la implantación de los regímenes castrista y chavista
respectivamente, no ha mejorado mucho respecto a la anterior. Ambos países
siguen siendo paraísos turísticos de los países occidentales mientras la miseria
sigue afectando a gran parte de la población; y para colmo se ha generado una
gran casta política que parece indestructible”.
En una entrevista en esa manifestación, un portavoz de CNT definió a Cuba y
Venezuela como “dictaduras camufladas”.
En la misma jornada de protesta, la anarcosindical CGT y Ecologistas en acción
repartieron en su manifestación conjunta un texto con las consignas: “La lucha
armada no sirve de nada”, “Cuba libre de todo tirano, Vista verde olivo o kaqui
tejano”.
Este sector libertario forma parte de una tendencia que entiende que la única
revolución es la anarquista, y no reconoce el carácter revolucionario al resto
de procesos de liberación no específicamente anarquistas. Para estos compañeros,
cualquier avance popular en el mundo que no consiga hacer desaparecer el Estado
no supone ventaja alguna.
2) Imperialismo, antiimperialismo y anarquismo
Desde los planteamientos citados, la lucha antiimperialista no tiene ningún
sentido. Algunos compañeros anarquistas van más allá y plantean que no existe el
imperialismo, que eso es una invención de los marxistas, olvidando que la
dominación de empresarios sobre obrerxs no es la única en el mundo aunque sea la
más decisiva: también hay un norte que oprime al sur, países que oprimen a
países, hombres que oprimen a mujeres…
Por desgracia, analizar la realidad de América Latina sin el concepto de
imperialismo es imposible. ¿Cómo definir, entonces, la estrategia de EEUU en
América? ¿Cómo definir la estrategia de la UE cuyo puente es el Estado español y
las multinacionales españolas?
Es imposible entender lo que pasa en el mundo sin el concepto de imperialismo,
por eso hasta la internacional obrera anarquista AIT lo utiliza:
Hace un año vimos el montaje de la guerra de Irak y las riñas en el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas con relación a las inspecciones de armamento. Estos
desacuerdos entre los USA y Rusia, Francia y Alemania eran sólo la tapadera de
las raíces subyacentes del conflicto: la batalla imperialista sobre recursos
petrolíferos presentes y futuros, el control de los competidores, el mecanismo
de precios, y las divisas de transacción de petróleo e inversiones.[1]
La tendencia libertaria que niega la validez de la lucha antiimperialista y la
entiende como específicamente marxista, puede debilitar al anarquismo ya que
olvida la lucha de miles de militantes anarquistas contra el imperialismo de
desde hace 150 años en todos los rincones del mundo:
En la Europa de 1873, los anarquistas tuvieron un papel destacado en las
insurrecciones de Bosnia y Herzegovina contra el imperialismo Austro húngaro y
30 años después en Macedonia, esta vez contra el imperio Otomano.
La tradición anti imperialista del anarquismo continuó quince años más tarde con
el movimiento Makhnovista que organizó una revuelta campesina para derrotar a la
ocupación alemana de Ucrania y de los distintos ejércitos rusos hasta ser
vencidos en 1921.
En Egipto el movimiento anarquista impulsó la lucha contra el colonialismo
británico y en Argelia, se opuso por todos los medios al dominio francés.
En Francia y España, los sindicatos anarquistas lanzaron insurrecciones en
contra del imperialismo de estos países en el norte de África, durante los
primeros años del siglo XX.
En la guerra colonial de Cuba (1895-1904), los anarquistas cubanos y sus
sindicatos confluyeron con las fuerzas armadas independentistas, mientras sus
compañeros españoles realizaban propaganda contra el imperialismo. Cuando el
anarquista Michele Angiolillo ajustició al presidente del gobierno español
Cánovas en 1897, declaró que lo hacía como respuesta a la represión contra los
anarquistas hispanos y como respuesta a las atrocidades cometidas en las guerras
coloniales.
En la Italia de finales del siglo XIX, el más duro oponente al imperialismo
italiano en el este de África no era otro que el movimiento anarquista. Cuando
Italia entró en la primera guerra mundial en 1915, los anarquistas impulsaron
una gran campaña anti imperialista que continuó en 1920 con la oposición a la
invasión de Albania y a la intervención militar contra la revolución rusa.
A principios del siglo XX, con Japón expandiéndose por China y Corea, el
movimiento anarquista coreano declaraba que “las políticas de saqueo de Japón
constituyen el enemigo de nuestra nación y es nuestro derecho expulsar al Japón
imperialista por todos los medios necesarios”. A renglón seguido señalaban que
la solución al imperialismo japonés no pasaba por la creación de un Estado
coreano sino de la revolución social de pobres y campesinos. [2]
Como muestra el ejemplo del anarcosindicalista irlandés James Connoly, el
antiimperialismo que desarrollaban los anarquistas se negaba a dejar de lado la
lucha de clases. Es decir, la participación en las luchas de liberación nacional
se hacía desde una perspectiva propia, libertaria, basada en que sólo se logrará
el fin de la opresión nacional y el imperialismo con la destrucción del
capitalismo y el Estado. Los anarquistas han participado en la lucha anti
imperialista oponiéndose a aquellos nacionalistas que tratan de ocultar el
antagonismo de clases para fundar un Estado independiente.
El antiimperialismo, aún pudiendo conllevar mejoras para los pueblos dominados,
tiene el peligro de que por sí sólo no amenaza la perpetuación del capitalismo.
Por eso es tan necesaria la participación de los anarquistas en las luchas
contra la dominación de los estados sobre los pueblos: ¿unidad antiimperialista
con tendencias capitalistas? No. Más bien defensa de la autodeterminación de los
pueblos, denuncia frontal al imperialismo y lucha desde una independencia
política que nos permita impulsar la acción contra el capital y el Estado.
3) Las otras tendencias revolucionarias
Una vez repasadas algunas razones que tenemos los anarquistas para participar en
luchas justas y necesarias aunque con claras limitaciones como el
antiimperalismo, conviene hacer una reflexión sobre la postura de algunos
sectores libertarios con relación a otros sectores revolucionarios.
Una posición bastante extendida se basa en no reconocer el resto de tendencias
revolucionarias, no reconocer los avances positivos de los procesos
revolucionarios en América Latina y no reconocer los logros de determinadas
políticas antiimperialistas. Desde estos planteamientos, si no se logra la
destrucción del Estado, la lucha no vale de nada.
¿Es la revolución anarquista la única revolución posible? Veamos qué plantea
Enrico Malatesta sobre este mismo problema en la Italia de principios del siglo
XX:
Suceden, han sucedido y sucederán revoluciones independientes de la voluntad y
de la acción de los anarquistas, puesto que los anarquistas no son más que una
pequeñísima minoría de la población y la anarquía no es una cosa que se pueda
hacer por la fuerza, por imposición violenta de algunos.
No podemos hacer la anarquía, o por lo menos la anarquía extendida a toda la
población y a toda las relaciones sociales, porque hasta ahora ninguna población
es totalmente anarquista y no podemos aceptar otro régimen sin renunciar a
nuestras aspiraciones y a perder toda la razón de ser como anarquistas. Y
entonces ¿qué podemos y debemos hacer?[…]
Con frecuencia se repite la frase: “La revolución será anarquista o no será”. La
afirmación puede parecer muy revolucionaria, muy “anárquica”, pero en realidad
es una tontería, cuando no es un medio peor que el mismo reformismo para
paralizar las buenas voluntades e inducir a la gente a permanecer tranquila,
soportando en paz el presente esperando el paraíso futuro.
Evidentemente, la “revolución anarquista” o será anarquista o no será. ¿Pero
acaso no hubo revoluciones en el mundo cuando aún no se concebía la posibilidad
de una sociedad anarquista? […]
La verdad es que la revolución será lo que pueda ser y nuestra tarea es
acelerarla y esforzarnos para que sea lo más radical posible. Pero entendamos
bien. La revolución no será anarquista si, como verdaderamente ocurre
actualmente, las masas no son anarquistas. Pero nosotros somos anarquistas,
debemos seguir siéndolo y obrar como tales antes, durante y después de la
revolución.
Sin los anarquistas, sin la obra de los anarquistas, la revolución podrá
malograrse y hacerse estéril. La revolución necesita de nuestro impulso. […]
Nosotros debemos actuar y permanecer en medio de las masas, impulsarlas a la
acción directa, a la toma de posesión de los instrumentos de producción y a la
organización del trabajo y de la distribución de los productos, a la ocupación
de los edificios habitables, a la ejecución de los servicios públicos sin
esperar deliberaciones ni órdenes de autoridades superiores. [3]
La cuestión está en cómo se logrará destruir el Estado: ¿con una huelga general
revolucionaria? ¿Con una insurrección como la que recientemente golpeó al Estado
francés? ¿Acaso una revuelta consigue una transformación tan radical de la
mayoría de las personas para poder vivir sin Estado de un día para otro?
Porque el problema, como planteaba Enrique Malatesta en una sociedad mucho menos
compleja que las actuales, es que hasta que el pueblo organizado no esté
preparado y sea capaz de asumir las tareas estatales distintas a la represión y
a la dominación, no desaparecerá el Estado.
Ahora bien, tampoco podemos limitarnos a construir organización popular sin
preocuparnos por el Estado, como si éste fuera un agente neutral en la lucha de
clases. Aunque el Estado garantice en algunos casos ciertos servicios y
funciones sociales (arrancados por las luchas de las generaciones anteriores),
su función esencial es garantizar la desigualdad y la sumisión de la sociedad.
El Estado no se va a extinguir sólo, hace falta la voluntad de combatirlo y
destruirlo. En este sentido, los anarquistas debemos mantener intactas nuestras
ideas y pelear por ellas porque siguen siendo más válidas que nunca y tienen
mucho que aportar a los procesos revolucionarios en todo el mundo. Pero eso no
puede hacerse sin reconocer los avances que logran otros movimientos y
organizaciones. No debemos imponer nuestra concepción de la lucha social y
global sino construirla desde la base, de la mano del resto de sectores sociales
oprimidos. Somos anarquistas, no autoritarios ni dictadores.
4) Cuba y Venezuela: ¿qué estrategia anarquista?
En el estado español varios grupos anarquistas se agarran, para analizar la
realidad venezolana, a la visión del colectivo "El Libertario". Vaya un saludo
afectuoso a este colectivo, coincidamos o no en todos los planteamientos, porque
por lo menos ellos luchan con sus propias ideas en las tripas del sistema.
Pero mientras en el estado español, en el día a día los anarquistas sabemos muy
bien diferenciar entre CNT o CGT (por poner un ejemplo), esta precisión no se da
con un grupo de exiliados que se autoproclaman "movimiento libertario cubano".
Más que anarquistas nos recuerdan a los soviéticos, ya que los movimientos no se
decretan, se construyen. Mientras vemos que durante las dictaduras más feroces
que ha habido en el continente, como la chilena o la argentina, financiadas por
EEUU, los movimientos anarquistas han resistido desde dentro de los países junto
a los oprimidos, en el caso cubano casualmente no ocurre lo mismo. No existe un
movimiento libertario en Cuba, pero eso no significa que no existan anarquistas,
con quienes he hablado y, textualmente, reconocen que "los comunistas nos
cierran las puertas pero no nos persiguen, porque en Cuba no se persigue a
nadie, sólo a la gusanada pro-imperialista".
Lo que existe es un grupo que desde México se llama a si mismo “movimiento
libertario cubano”, un grupo que es ensalzado por revistas y publicaciones
abiertamente oligárquicas y neoliberales, como "Carta de Cuba" o "La Nueva
Cuba". ¿Hay alguna revista burguesa que en el estado español difunda a los
anarquistas revolucionarios? ¿los burgueses son nuestros amigos o nuestros
enemigos?
Con similar sorpresa, aunque ya menos, comprobamos como desde este grupo se
reclama a los zapatistas que abandonen las armas para caminar únicamente por el
sendero del pacifismo y se apoya a Frank Fernandez. Un compañero anarquista del
colectivo mexicano Axión Kritika Kolectiva (que de represión contra el
anarquismo saben bastante por lo que les toca), nos recuerdan que Frank
Fernández "tiene mucho de esos anarquistas de café; digo la verdad les guste o
no, que lo más importante de un movimiento social no es la propaganda así lo
haya dicho Kropotkin sino -y evidentemente- la construcción y defensa de las
bases del movimiento social, y como no soy comunista pues obviamente no me
refiero a las bases como gente seguidora de una dirigencia que encabeza
protestas sino y principalmente al sustento de él. Si en Cuba ha habido
revolución es precisamente debido al pueblo trabajador que mediante la
autogestión ha podido crecer y desarrollarse de una manera que no tiene igual
con los otros países de América y aún de Europa. Si Frank Fernandez es
anarquista entonces en lugar de exiliado deberia estar cortando caña,
organizándose autogestivamente con los cubanos, rompiendo la vieja
infraestructura estatal vanguardista de una idea de revolución, y creando
aquella que permita seguir viviendo libremente a los cubanos, claro sin pagar
impuestos. Asi que choros a la tira".
Represión es la que sufren los compañeros anarquistas colombianos, que lloran a
sus muertos asesinados por la policía en manifestaciones callejeras, como
denuncia El Piojo Editorial, y con todo, acto seguido levantan las ideas por las
que ellos lucharon para seguir combatiendo la dictadura capitalista de Uribe y
de cuantos sangrientos presidentes coloque allí EEUU para la defensa de sus
intereses.
Lejos de regalar legitimidad a determinados grupos que dicen mucho y hacen poco,
la validez y actualidad de los principios anarquistas nos sitúa ante la cuestión
de cómo intervenir (ya sea en América latina o en Europa) en realidades como la
revolución cubana o el antiimperialismo venezolano que nace en el pueblo.
¿Qué actitud debemos tomar los anarquistas respecto a revoluciones que no son
anarquistas como la cubana o procesos antiimperialistas que caminan con todos
sus titubeos hacia una sociedad más justa, como en Venezuela, aunque no supongan
por ahora la desaparición del Estado?
- No podemos dejar de reconocer los avancess revolucionarios o simplemente
democráticos y sociales, siempre que se demuestre que estos avances chocan con
los intereses del capitalismo imperialista, que es quien pretende adueñarse del
mundo a través de la sumisión y colaboración activa de los gobiernos locales del
llamado tercer mundo. Debemos respetar los procesos defendidos mayoritariamente
por los pueblos oprimidos, sin dejar de trabajar por nuestro proyecto. Reconocer
no significa aceptar sumisamente ni quedarse de brazos cruzados. Eso sí, tampoco
podemos olvidar que no actuamos en el vacío, sino en una coyuntura inestable en
la que el imperialismo yanki y en un segundo plano el europeo, realizan un
permanente trabajo de acoso con todos los recursos de desestabilización a su
alcance, que no son pocos.
- El indispensable aporte anarquista pasa ppor plantear que la lucha
antiimperialista es absolutamente necesaria pero insuficiente, que además de
ella, es la autoorganización popular quien debe asumir la gestión de la economía
y la sociedad y no el Estado, que debe debilitarse hasta desaparecer durante el
mismo proceso de lucha revolucionaria de masas.
- La participación en los movimientos revollucionarios en ningún caso debe ser
acrítica, en ese caso el anarquismo perdería su potencial liberador. Debe
impulsar la máxima descentralización, la máxima participación popular y la
mínima delegación.
Es decir, quedarnos en la posición de criticar a Cuba y a Venezuela tachándolas
de “dictaduras camufladas” no sólo dice muy poco del anarquismo a ojos de muchos
simpatizantes, además es un error. Lo primero es reconocer el valor del
antiimperialismo en un continente sometido política y económicamente por EEUU a
sangre y fuego. La UE quiere su parte y trabaja activamente por lograrlo con el
Estado español de punta de lanza: la pasada cumbre de Salamanca es una clara
muestra de ello.
No podemos ignorar el avance que para toda la humanidad supone cuestionar en la
práctica que el capitalismo no es “la menos mala de las soluciones” ni “el único
sistema posible” con el desarrollo de una economía y una cultura socialista en
Cuba y sus tímidos avances en Venezuela. Y es que aquí no estamos hablando en el
plano de las ideas puras. Estamos hablando, en el caso de Cuba, de un pueblo
culto, donde no les falta el pan cada día en la mesa, donde la atención médica
(desde la clínica barrial hasta el dentista) y la educación (desde el jardín de
infancia hasta la universidad), son gratuitas. Donde los que aquí entendemos por
diputados municipales (que en la mayoría de los casos no conocemos o a lo sumo
oímos hablar por la televisión), allí rinden cuenta a la población de la gestión
política local y nacional, barrio a barrio y manzana a manzana, cada seis meses
en asambleas vecinales abiertas. Quien firma este texto ha participado en ellas
más de una vez, comprobando con sus propios ojos que cuando hablamos de Cuba,
hablamos de un país donde el estado tiene estructuras de poder que ya han
desaparecido y donde no rige la lógica del máximo beneficio económico en la
mayoría de los pilares fundamentales que sostienen el modelo social. Si esto no
fuera así, entre otras cosas Cuba no podría hacer frente con éxito a los
destructivos huracanes caribeños. La gente moriría a puñados en la primera
ráfaga de viento, desorganizada e incluso enfrentada entre sí, como ocurre en
EEUU y en los países centroamericanos.
Esto no significa que debamos dejar de luchar contra las estructuras del Estado
que aún se mantienen en pie, todo lo contrario. Pero no empobrezcamos el
análisis. Una sanidad desmercantilizada salva vidas y garantiza una población
sana. Una educación desmercantilizada enriquece culturalmente y garantiza el
derecho al conocimiento. Si los anarquistas no tenemos esto en consideración
cuando elaboramos nuestra crítica a Cuba, jamás podremos situarnos correctamente
en el escenario de la lucha por la transformación social radical y global. Y de
la misma manera, si abandonamos la lucha por la desaparición total del estado
cubano, entonces estaremos traicionando nuestros ideales.
Y en el caso de Venezuela, si bien hasta el momento no podemos hablar más que de
un “debilitamiento del capitalismo”, tampoco podemos quedarnos al margen de todo
el llamado “proceso revolucionario bolivariano”. Hay obreros que siguen luchando
por mejoras laborales y con ellos debemos estar, al igual que con los campesinos
que luchan por sus tierras frente a la lentitud del burocrático “estado chavista”.
Pero en ningún caso podemos pasar por alto las reformas (en algunos casos en
paralelo al estado, por su incompetencia) en el ámbito de la educación, la
sanidad y la alimentación. Estas medidas son contrarias al actual desarrollo del
capitalismo y mientras en todo el mundo las sociedades caminan hacia la
catástrofe humana y social, en Venezuela los niños empiezan a comer, a leer y a
escribir, a recibir atención médica.
A día de hoy es ridículo plantear que existe algún tipo de “socialismo” en
Venezuela, sólo la socialdemocracia más reaccionaria puede lanzar tal
afirmación. Pero no podemos impulsar la lucha contra el estado venezolano
dándole la espalda a los amplios sectores empobrecidos que se están
autoorganizando, que trabajan para convertir el proceso bolivariano
socialdemócrata en un proceso verdaderamente revolucionario, que sin duda en su
mayoría están con Chávez (¡ojo! no con el sector chavista estatal y burocrático)
y que ya demostraron que darán la vida por defender este proceso "bolivariano"
abierto cuando el imperialismo orquestó un golpe militar en abril del 2002,
frustrado en buena medida por los pobres organizados.
Reivindicamos a los pueblos cubano y venezolano y no a sus estados, pero no
podemos estar al margen de los procesos que se están dando, en los cuales de una
forma u otra participa efectivamente el pueblo. Desde nuestros planteamientos
específicamente libertarios, debemos denunciar el acoso imperialista, saludar
las medidas que mejoran las condiciones de vida de la población, pero también
impulsar, con total decisión, la profundización y radicalización de los
procesos.
Desde aquí se deben criticar con contundencia aquellas políticas que no impulsen
la descentralización, la participación popular, el debilitamiento del Estado y
que el pueblo organizado asuma las tareas necesarias para la vida. En ese camino
debemos trabajar para construir alternativas anarquistas que acompañen el
fortalecimiento de la lucha de los pueblos oprimidos. Decir que en Cuba y
Venezuela existen “dictaduras” sobre la base teórica de que aún los Estados de
estos países no han desaparecido por completo, nos lleva al inmovilismo. La
desesperación de los pueblos no puede esperar. El comunismo libertario es la
única salida.
POR LA RADICALIZACIÓN DE LOS PROCESOS ANTIIMPERIALISTAS HACIA EL COMUNISMO
LIBERTARIO
ANARQUÍA O BARBARIE
Notas:
[1] AI : Circular 8/9/10 - agosto/septiembre/octubre 2003
http://www.iwa-ait.org/circular-8-9-10-03-es.html
[2] Hacia una historia del anti imperialismo anarquista
http://www.struggle.ws/issues/war/afghan/pamwt/antiimp.html
[3] Enrico Malatesta: Escritos. FAL páginas 55,56, 62 y siguientes.
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