|
(IAR-Noticias)
07-Nov-05
La glamorosa apariencia de la ciudad de Gurgaon, en el
noroccidental estado indio de Haryana, esconde una historia de
trabajadores explotados y protestas silenciadas.
Por Raji Lakshmi
- IPS
Quien observe los edificios de cromo y cristal que pululan en esta
urbe puede caer en la fácil tentación de creer que la globalización
llegó a este lejano rincón del mundo, donde apenas una década atrás
araban los campesinos y pastaban los búfalos.
Hoy, gracias a gran cantidad de cuestionadas concesiones ofrecidas
por el gobierno local a inversores transnacionales, Gurgaon aparece
en la dirección postal de muchas marcas de ropa, automóviles y
aparatos electrónicos más conocidas del mundo.
Puneet Kumar se muestra satisfecho. El gerente general de WIPRO
Technologies --empresas líder del mercado del diseño de teléfonos
celulares-- se acaba de mudar a una lujosa residencia en Gurgaon
para vivir cerca de su oficina.
"Necesitamos vivir y trabajar en un ambiente equiparable con los
mejores del mundo", opinó.
Su salario carece de cualquier relación con el ingreso anual por
habitante de India, que asciende a apenas 800 dólares anuales en
India. En ese caso, no podría llevar el estilo de vida que lleva,
comparable al de cualquier profesional del Norte industrial.
Pero no todos están igual de satisfechos. Los brillos en la fachada
de esta ciudad, construida sobre la base del comercio y el éxito
exportador, ocultan una historia de explotación laboral y protestas.
"¿Qué tipo de vida cree usted que vivimos?", respondió Sunita,
obrera en una fábrica de ropa de una marca de renombre, cuando IPS
le preguntó acerca de la situación de los trabajadores en Gurgaon.
Sunita trabaja 12 horas por día de pie y su función consiste en
cortar hebras ininterrumpidamente. Almuerza en su único descanso, de
15 minutos. Cada visita al baño motiva la mirada de desaprobación y
malestar de su supervisor, asegura.
El trabajo, que unas veces consiste en cortar hebras y otras veces
en cortar telas o coser botones, es mecánico y fragmentado, de modo
que la participación del obrero en el producto final es ínfima.
Las prendas que fabrica Sunita están destinadas al mercado europeo.
Las mujeres con bebés pequeños afrontan un momento duro. Deben
apresurarse para llegar a casa --habitualmente chozas de un barrio
cercano, invisible desde la página--, alimentar a sus hijos y
volver, también apuradas. "No hay otra opción que trabajar así",
dijo Mohsina, otra obrera.
Los problemas de salud y psicológicos son abundantes entre las
mujeres, pero a nadie parece importarle.
El inspector que supervisa las condiciones laborales en la planta es
tratado como un invitado por la administración, afirmó su colega.
"Apenas nos enteramos (de antemano) cuándo viene y cuándo se va",
agregó.
La frialdad del gobierno hacia la apremiante situación de los
trabajadores quedó en evidencia en julio, cuando obreros de una
fábrica subsidiaria de la gigante automotriz japonesa Honda fueron
brutalmente golpeados por la policía local por ir a la huelga y
manifestarse cerca del lugar.
Alrededor de 63 personas fueron encarceladas y muchas resultaron
heridas. La policía identificó a los dirigentes sindicales.
Lo que salvó a los obreros fue la intervención de los partidos
comunistas de India, de los que depende la coalición gobernante
--encabezada por el centroizquierdista Partido del Congreso-- para
permanecer en el poder.
Los comunistas lograron la liberación de los trabajadores bajo
fianza, pero el gobierno del estado de Haryana aún no retiró las
acusaciones pendientes contra ellos. Los sindicalistas sienten que
las autoridades locales han estado abiertamente del lado de las
empresas exportadoras.
"Apenas hay una señales de formación de un sindicato, el gobierno
toma medidas drásticas. Tratan de crear una fobia, insinuar a los
trabajadores que algo les podría pasar si se les permitiera unirse",
dijo Satbir Singh, secretario del Centro de Sindicatos de India, en
Haryana.
Según el presidente del Centro, M. K. Pandhe, los empleados de
servicios sobre tecnologías de la información y similares --como los
"call centers", centros de atención telefónica para usuarios de
productos radicados en el exterior--, son más vulnerables a la
explotación porque las leyes laborales vigentes no se aplican a
ellos.
"Esos obreros trabajan extenuantes turnos de 12 horas, y se les
muestra la puerta si hablan sobre sindicatos", afirmó.
Se espera que las ganancias de India procedentes de los programas
informáticos y los servicios en 2005 asciendan a unos 17.900
millones de dólares. Además, India exporta cada año 7.000 millones
de dólares de ropa.
Las exportaciones de vehículos automotores entre abril y octubre de
2005 superaron 33,4 por ciento las del mismo periodo del año
anterior, según la Sociedad de Manufacturadores Automotrices Indios
(SIAM).
El gobierno considera que la industria es clave para el crecimiento
económico, pero poco puede esperarse de la en términos de mejora de
las condiciones laborales.
Un proyecto de ley a estudio del parlamento, por ejemplo, prevé
eliminar las visitas de inspectores estatales e introduce, en su
lugar, un mecanismo de autocertificación por parte de los
propietarios de las unidades de producción.
Detrás del brillo, la agitación crece en varias partes de Gurgaon.
Los trabajadores se agrupan cada vez más y demandan el derecho de
asociación.
"Queremos que las leyes laborales sean uniformes y no que se
apliquen selectivamente a una industria en particular, ya sea que
esté orientada a las exportaciones o no", dijo D. Raja, secretario
nacional del Partido Comunista de India (CPI), refiriéndose al
"asunto Honda".
|