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(IAR-Noticias)
13-Dic-05
Estados Unidos pierde aceleradamente influencia en el sudeste asiático
ante China, a causa de su obsesión con el terrorismo y de su tendencia a ubicar
lo bilateral por sobre lo multilateral, según expertos de ambos países.
Por Tim Shorrock - IPS
"China acertó al tratar con Asia sudoriental como región y con su muy dinámica
política de relacionamiento con la ASEAN", dijo Catharin Dalpino, experta en
asuntos asiáticos de la estadounidense Universidad de Georgetown y funcionaria
del gobierno de Bill Clinton (1993-2001).
"Esto también la ayuda muchísimo en sus relaciones bilaterales con el sudeste
asiático", agregó Dalpino.
La ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) está integrada por
Birmania, Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur,
Tailandia y Vietnam.
Frente al enfoque regional de China, Estados Unidos es "notoriamente y casi
gratuitamente bilateral en Asia sudoriental", sostuvo Dalpino. De hecho,
recordó, no habrá representantes de Washington en la primera Cumbre de Asia
Oriental, que se realizará el próximo miércoles en Kuala Lumpur.
Además de los países de Asean, China, Corea del Sur y Japón, participarán en la
cumbre Australia, India y Nueva Zelandia.
Al convertir el sudeste asiático en su segundo frente en su guerra mundial
contra el terror, el gobierno de George W. Bush dejó en claro que "se preocupa
menos en otras áreas de la política", consideró Dalpino, en un foro sobre China
y la región patrocinado por la filial estadounidense de la Fundación Sasakawa
para la Paz.
Minxin Pei, director del Programa Chino del estadounidense Fondo Carnegie para
la Paz Internacional, coincidió con Dalpino en que Washington "ha cedido la
región a la iniciativa china".
La política militarista de Estados Unidos tras los atentados que el 11 de
septiembre de 2001 dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington fueron
fundamentales en su pérdida de influencia en el sudeste asiático.
Pero Minxin remontó el inicio de esta tendencia a la crisis económica que desde
la región se propagó a todo el mundo en 1997 y 1998. El gobierno de Clinton usó
entonces su poder en el Fondo Monetario Internacional (FMI) para imponer a los
países asiáticos soluciones que contemplaban, más bien, los intereses
estadounidenses.
Durante la crisis, "Estados Unidos le demostró a los países de Asia oriental
que, realmente, no le importaban", sostuvo el experto.
A la inversa, la misma crisis fue el punto de encuentro de China con el resto de
Asia, según Ren Xiao, director del Departamento de Estudios sobre Asia-Pacífico
del Instituto para Estudios Internacionales de Shangai.
Luego de décadas de ajenidad, coincidentes con la guerra fría, China y Asean
comenzaron a enmendar sus vínculos a comienzos de los años 90. Desde entonces,
sus "necesidades recíprocas" de seguridad económica y militar "se convirtieron
en la fuerza motriz de la relación", dijo Ren.
Para mediados de los 90, China ya se había convertido en miembro del Foro
Regional de la Asean, un influyente grupo de discusión sobre seguridad en que
oficiales militares de toda la región deliberaban sobre defensa misilística,
piratería y otras cuestiones.
Pero el hito fue la decisión de China, en 1997, de no apreciar su divisa, el
yuan, lo cual "ayudó a estabilizar el orden económico regional", sostuvo Ren.
Poco después, comenzaron las reuniones anuales del "Asean más tres", a las que
se incorporaban a los 10 países del bloque China, Corea del Sur y Japón. "Fue
entonces que comenzó el proceso de cooperación de Asia oriental", consideró el
experto chino.
Estados Unidos y China alcanzaron en 1999 el acuerdo que permitió al gigante
asiático ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los gobiernos
de la Asean comenzaron a temer por el impacto del comercio chino-estadounidense
en la región.
Pero China resolvió aventar esos temores al proponer un acuerdo de libre
comercio con el bloque, que a la postre se firmó en 2002.
En los últimos tres años, las epidemias del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)
y gripe del pollo y el acelerado aumento del comercio intrarregional acercaron
aún más a China con el sudeste asiático.
El proceso culminó en 2003, cuando China se convirtió en la primera nación fuera
de la región en firmar el Tratado de Amistad y Cooperación de la Asean. Luego,
le siguieron Japón y Rusia. Mientras, Estados Unidos se negó a integrarse por
sus objeciones al proceso político en Birmania.
Hoy, China es el segundo socio comercial de la Asean, y el intercambio bilateral
podría alcanzar los 200.000 millones de dólares para 2010. El comercio ya creció
40 por ciento desde 2002, y alcanzó 106.000 millones de dólares en 2004.
Pero la política exterior china tiene poco que ver con el altruismo, según Ren.
"Su modo de pensar tiene mucho que ver con su ubicación geográfica. Es decir,
debemos tener una vecindad estable y pacífica", explicó.
Pero Pei sugirió que la intención de Beijing es menoscabar el papel de
Washington como superpotencia en la región.
"China tiene mucho temor de que Estados Unidos desarrolle alianzas estratégicas
que puedan ser utilizadas para contenerla", consideró. Pero hoy, con Japón de
capa caída, "China es indiscutiblemente la potencia regional en la percepción
del sudeste asiático".
De todos modos, los países de Asean no quieren ser vistos como satélites de
China. En ese sentido, esgrimen sus vínculos con China para promover alianzas
con otras grandes potencias, según Pei. Ésa es, para él, la razón por la cual
India ha estado tan activa en la región en los últimos años.
En ese contexto, la decisión de la secretaria de Estado (canciller) de Estados
Unidos, Condoleezza Rice, de no asistir a la cumbre de Asean en julio "fue un
gran error", afirmó Dalpino. El gobierno de Bush "no está interesado en
participar en el proceso regional", añadió Ren.
La última declaración oficial estadounidense sobre el sudeste asiático fue
pronunciada en octubre, cuando la prensa le preguntó a Eric John, un funcionario
en la cuarta fila de las jerarquías del Departamento de Estado (cancillería),
por qué este país estaría ausente en la cumbre de Kuala Lumpur.
"Es lo que nos preguntan todo el tiempo: ¿cuál es nuestra política sobre la
cumbre de Asia oriental? Con toda franqueza, no hemos determinado una política
porque la cumbre de Asia oriental, si se la analiza, es una caja negra... Nadie
sabe qué es la cumbre de Asia oriental más allá de una reunión de líderes."
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