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(IAR-Noticias)
13-Dic-05
Las cifras dadas a conocer de las elecciones del domingo 11 de diciembre
muestran lo ya conocido: el capital se reordena para afirmar el modelo mientras
casi la mitad de la población (ya está llegando al 40%) se orienta hacia fuera
de las instituciones.
Por Profesor J - La Haine
Si bien antes lo hacía en la fuerte organización sindical y al apoyo hacia los
partidos de izquierda, hoy, ante el nuevo comportamiento del capitalismo y el
papel subsidiario del estado, las alternativas populares pasan por reordenar la
sociedad por fuera de ambos, lo que poco a poco se está haciendo entre las
comunidades mapuche, caletas de pescadores artesanales, barrios, deudores
habitacionales, juventud y estudiantes, etc.
El decano de la prensa chilena, el ultra conservador diario El Mercurio
anunciaba el sábado que la abstención presentaba tendencia a la baja (lo que
resultó falso), mostrando así cual es la preocupación principal del
establishment: el apartamiento de los ciudadanos de las gestas electorales y la
severa crítica-protesta de la abstención, el voto nulo, el voto blanco y la no
inscripción en los registros electorales.
El mismo medio desinformativo anuncia el domingo, día de las elecciones, en su
editorial que “Cualquiera que sea el resultado, lo más probable es que se
observen cambios en el próximo gobierno, lo que puede traer un aire renovador al
país, dentro de un contexto de estabilidad capaz de sostenerlo”.
Donde dice “aire renovador al país” debe leerse “Renovación Nacional”, nombre
del partido del candidato empresarial Piñera, con el que el capital aspira a
superar la experiencia pinochetista representada por Lavín, el candidato de la
UDI, el gran perdedor de la jornada, que cae estrepitosamente arrastrado por la
caída del general Pinochet, aquel Capitán General que masacró al pueblo en
defensa de las instituciones y de la ganancia mientras se llenaba los bolsillos
como un sátrapa cualquiera, pero que el sistema ha desnudado lentamente para
evitar darle la razón a los muertos, a los presos, a los torturados,
desempleados, exiliados y desaparecidos. Lavín, una vez clara la tendencia de su
derrota, ha anunciado el fin de su vida política, como que fuese un acto de su
voluntad y no el desastre electoral.
Ha sido sumamente hábil la sacada de escena del delfín de Pinochet, Lavín, pues
de esa manera aparece siendo sustituido por la mano directa de los empresarios,
que trasladaron su apoyo progresivamente a uno de sus principales socios, el
dueño de LAN Chile, la línea aérea que antes era del estado, para colocarlo
junto a Bachelet en la segunda vuelta.
Si hubiese sido Lavín el electo para esa segunda vuelta, de seguro importantes
sectores anti pinochetistas habrían asegurado la base electoral de Bachelet,
pero al ser Piñera su contendiente, el empresariado jugará al quiebre de la
Democracia Cristiana, en especial habida cuenta de su baja en el parlamento
junto al ascenso del partido socialista. Ya Piñera declaró después de ver los
resultados que quiere "ir mucho más allá, porque vamos a seguir convocando a la
gente de centro, independiente y que comparte nuestros valores del humanismo
cristiano". El llamado a la democracia cristiana es explícito.
El pequeño pero contundente aumento del voto nulo en comparación con las
elecciones anteriores expresa esta contradicción, donde el pueblo ha pasado la
cuenta a la izquierda formada por el PC y sus aliados. La no inscripción, la
abstención y el voto protesta representan la voluntad popular de apuntar con el
dedo a todos ellos. Algunos aducen que falta afinar el discurso, la propuesta y
la propaganda de la izquierda, con lo que demuestran que no han aprendido nada.
En la primera vuelta de 1999 el voto nulo alcanzó 2,19%. Hoy está en 2,50%. El
voto blanco estaba en 0,78% y ahora en 1,17%.
Muchas veces se ha visto a las elecciones de la Federación de Estudiantes de la
Universidad de Chile como el termómetro indicador de lo que puede suceder con la
izquierda en las elecciones estatales. La última elección estudiantil sacó del
medio a la izquierda pro PC y dio la victoria a la alianza de simpatizantes de
la Fuerza Sindical con la Surda y colectivos autónomos, todos ellos en búsqueda
de alternativas diferentes, los dos primeros en dirección de las instituciones
por vía de una reformulación de las actividades burocráticas y los últimos
intentando desplegar la práctica del asambleismo y la horizontalidad del
protagonismo social.
Gladys Marín había conseguido poco más del 3% de los votos a la presidencia en
las elecciones pasadas. La diferencia obtenida hoy por el candidato del Podemos
es irrisoria, lo que podrá llevar al PC y sus satélites, entre ellos un grupo
escindido del MIR, a apoyar a Bachelet con la idea de conquistar espacios y
amistades para continuar sus actividades organizativas de aparato. Junto al 45%
de Bachelet, el 5% del Podemos será fundamental para las aspiraciones
continuistas de la Concertación.
Si bien el pobre resultado de la izquierda resulta triste para sus seguidores,
pensamos que deberían estar optimistas al ver el grado de rechazo popular a la
institucionalidad y sumarse a esa oleada que viene desde abajo, para contribuir
a la construcción del poder popular que se anuncia potente.
En las presidenciales del año 1993, Max Neef y Pizarro, ambos candidatos de
izquierda, sumaban el 10,25% de los votos emitidos. El año 1999, los votos de
izquierda emitidos para Sara Larraín, Gladys Marín y Hirsch llegaban apenas al
4,14%. El PC tenía con Pizarro el año 1993 un 4,70% y con Marín el año 1999 un
3,19%. Hoy Hirsch llega rasguñando al 5%, lejos del 9,17% alcanzado por la
izquierda en el 2004 para concejales y del 5,89% para alcaldes del mismo año.
El año 1993 la izquierda representaba el 10,25% con 714.504 electores, cayendo
estrepitosamente a 292.778 el año 1999, con el 4,02%. Hoy aumenta poco más de 70
mil votos con la miserable cifra de 5,39%. En las próximas podrá caer nuevamente
al 3% o tal vez conseguir otros 70 mil y acercarse al 6%. Y si todo va bien, en
las siguientes lo más seguro es que si no vuelve a caer al 4%, quizás llegue
cerca del 7%, y así por delante, intentando majaderamente ponerse contra la
corriente popular que paso a paso, dando olímpicamente las espaldas a las
elecciones, organiza una nueva institucionalidad en los barrios, comunidades
mapuche y otros lugares. La “vanguardia” se aleja del topo de la historia, no
hacia adelante, sino hacia arriba, hacia el aparato, consolidando su vocación
“dirigente”.
Los votos para diputados muestran para la izquierda la siguiente distribución:
Partido Comunista: 330.282 votos con el 5,12%
Partido Humanista: 100.280 votos con el 1,55%
Independientes: 44.994 votos con el 0.69%
Y si lo comparamos con los votos a diputados del año 2001
Partido Comunista: 320.688 votos con el 5,22%
Partido Humanista: 69.692 votos con el 1,13%,
observamos que el PC aumenta 9 mil votos cayendo su porcentaje de 5,22% a 5,12%,
y el PH sube alrededor de 30 mil subiendo levemente el porciento de votos
emitidos de 1,13% a 1,55%.
Mientras disminuye o se mantiene muy bajo el porcentaje de votos a la izquierda,
aumenta notablemente la no inscripción electoral. El 70% de los jóvenes menores
de 30 años – alrededor de 2 millones y medio de personas - no están inscritos
actualmente en los registros electorales. Por otra parte tenemos que las cifras
de las recientes elecciones municipales del 2004 muestran una abstención de
1.465.851 personas que estando inscritos no concurrieron a votar. A ello debe
sumarse cerca de 700.000 que anularon su voto o le dejaron en blanco. Agregando
los mayores de 18 años de edad que no se inscribieron para votar, la suma de
estas cifras equivale aproximadamente a 4.600.000 personas que se abstuvieron de
emitir un voto válido, representando un porcentaje muy próximo a la mitad del
universo electoral, de unos 10 millones y medio de personas. Si en 1999 habían
8.084.476 inscritos y hoy solamente 8.220.897, resulta irrisorio ver sólo 140
mil nuevos a pesar de la intensa propaganda para que vuelvan al redil.
Conclusiones y proyecciones:
La izquierda no consigue avanzar en la captura de votos populares. Las
proyecciones e ilusiones les hacían imaginar alrededor del 10% de los votos
válidos. Después de los primeros cómputos el generalísimo de la campaña, Lautaro
Carmona, del PC, declaró que una cifra superior al 5% constituye una fuerza que
va a incidir en el proceso político del país, un 5% constituye un hecho de la
política nacional, somos una fuerza que va a avanzando en nuestro techo
electoral. Así es como se sacan conejos del sombrero. Poca disposición a
observar la realidad. Es claro que van a “incidir”, si esos votos son necesarios
para Bachelet…
La suma de los votos de los dos candidatos de la Alianza da un 48,67% de votos
emitidos a Piñera-Lavín contra 45,93% de Bachelet, por lo que la segunda vuelta
el 15 de enero del 2006 será sumamente reñida, al punto que el 5% de Hirsch será
la bisagra para negociaciones. Sabido es que parte importante del electorado de
la izquierda tradicional no votará en la segunda vuelta, por más que los
dirigentes convoquen a ello. Ello torna muy insegura la victoria de Bachelet, lo
que la obligará a izquierdizar el discurso con el temor de que votos DC emigren
a Piñera. Los malabaristas y equilibristas de circo podrán extraer serias
enseñanzas de los días que vendrán.
La voluntad popular se impuso. La primera mayoría la tienen los que no aceptan
seguir siendo dirigidos por las instituciones tradicionales, y es allí que se
está desarrollando la alternativa de la autoorganización social en pos del poder
popular. Veamos las cifras para argumentar esta aseveración:
La abstención:
1999:
Inscritos: 8.084.476
Emitidos: 7.055.128
Abstención: 1.029.348 12.73%
2005
Inscritos: 8.220.897
Votos emitidos: 7.104.134
Abstención: 1.116.763 13,58%
Blancos y nulos:
1999
Nulos: 159.465 2,19% de los votos emitidos
Blancos: 56.991 0,78% de los votos emitidos
2005
Nulos: 177.716 2,50% de los votos emitidos
Blancos: 83.270 1,17% de los votos emitidos
Suma de votos nulos, blancos y abstención con los no inscritos:
1999
Abstención: 1.029.348
Nulos y blancos: 215.456
Total parcial: 1.244.804
No inscritos 2.000.000
Total aproximado: 3.245.000
Total en edad de votar: 10.000.000
Porcentaje: 32,45%
2005
Abstención: 1.116.763
Nulos y blancos: 260.986
Total parcial: 1.377.749
No inscritos: 2.500.00
Total aproximado: 3.900.000
Porcentaje: 37,14%
Se verifica un notable aumento, de 32% a 37%
Posiciones de los contendientes:
Primer lugar:
No institucionales: 3.900.000 personas, el 37,14% de la población en edad de
votar
Segundo lugar:
Piñera-Lavín: 3.329.666 y el 31,71%
Tercer lugar:
Bachelet: 3.143.077 con 29,93%
Lejos al final de la carrera por el poder:
Hirsch: 369.405, el 3,51% He ahí la pretendida “representación popular”.
La tradición de los dos tercios
Tradicionalmente se había llegado en las elecciones a un tercio de la derecha,
otro del centro y el último de la izquierda. Hoy esas proporciones se conservan,
sólo que el tercio popular ha abandonado la estrategia electoral para los
cambios, frustrado históricamente por la derrota del gobierno de izquierda, la
insuficiencia de la construcción del poder popular, la mala conducción de la
izquierda vanguardista, electoral o no -más preocupada de instalar un proyecto
de nuevo estado dirigido por ellos que por los problemas de la gente, problemas
que sólo han servido de gancho para invitar a “la lucha”-, la traumática
experiencia de cientos de miles de asesinados, torturados, desaparecidos,
exiliados, desempleados, etc, la mentira de la actual izquierda en el gobierno,
todo ello está vivo y latente en la memoria histórica y se reproduce con fuerza
en la juventud y sectores marginados.
La otra campaña
La otra campaña ya tiene lugar hace tiempo. No se manifiesta mediante un perfil
único ni con alguna agrupación más avanzada como el caso del zapatismo en
México. Ha huido de los partidos y de las viejas tradiciones de la izquierda. Se
expresa en cientos de experiencias de autoorganización social en los barrios,
comunidades y localidades. Allí se verifica la presencia de grupos
independientes de anarquistas, autónomos, miristas, culturales, rodriguistas,
lautarinos, mapuche, situacionistas, cristianos, comunistas o socialistas sin
partido, nueva izquierda y muchos otros que no mantienen redes ni lazos
orgánicos entre ellos y en ocasiones se encuentran para intercambiar.
Constantemente algunos de esos colectivos levantan la cabeza y convocan a
encuentros de afinidad con la idea de avanzar en la formación de lo que algunos
llaman la reconstrucción del movimiento popular. Cada cierto tiempo se realizan
encuentros de miristas, anarquistas, autónomos, etc. convocados por los que aún
no entienden ni quieren adaptarse a los nuevos tiempos, donde la diversidad se
opone de hecho a la búsqueda de coordinaciones o frentes. Algunos viejos
militantes se han instalado en barrios y desde hace años construyen fuerza
social local para volver a las andadas detrás de la toma del poder. El espectro
en sumamente amplio y la juventud barrial es proclive a aceptar y aún inventar
modalidades de organización compatibles con sus anhelos de protagonismo y de
libertad. De hecho hay una fuerte conciencia no sistematizada de pensar y actuar
de manera autónoma y libertaria.
También, aunque por fuera de las dinámicas de autoorganización social, está la
presencia de grupos de miristas, rodriguistas y otros, como troskistas y
maoístas, que se ocupan de consolidar aparatos y formación de cuadros que
reproduzcan la vieja orientación bolchevique, organizan y asisten a encuentros,
etc, pero su arraigo social está muy alejado del calor de sus discursos y
discusiones o actividades internas o de propaganda. Son los seguidores del “Qué
Hacer” de Lenin. Algunos intelectuales próximos a estos grupos ocupan cargos en
instituciones estatales, municipales, universidades y ONGs, desde donde dirigen
los hilos de la reconstrucción de una eventual vanguardia revolucionaria.
Normalmente se codean con la izquierda electoral, asisten a los mismos
encuentros o concentraciones y se distribuyen cargos en actividades electorales
entre estudiantes o trabajadores, así como en organismos de derechos humanos,
foros sociales o de solidaridad con la lucha de otros pueblos. Muchos de estos
sectores están analizando y madurando la necesidad de nuevas modalidades
organizativas, pero aún están prisioneros de la vieja estrategia de toma del
poder central y construcción del socialismo estatal, con lo que postergan
indefinidamente la construcción de la autonomía y la democracia directa
participativa en las localidades, priorizando el reclutamiento y la penetración
en medios estudiantiles y laborales. No han sido capaces de romper con la visión
macro del papel del estado, lo que les impide el trabajo en profundidad en las
localidades que permita el efecto multiplicador autónomo de las experiencias,
pues su idea es que las dinámicas que surjan lo hagan bajo su orientación. Han
tenido algunos pequeños avances en el reclutamiento de jóvenes universitarios,
lo que les ha acrecentado la ilusión de que puede haber crecimiento tipo
vanguardia, criterio que se fortalece haciendo actos conjuntos donde por lo
general asisten siempre los mismos, con algunas excepciones juveniles.
De todas formas es demasiado evidente el crecimiento sostenido de la primera
tendencia, que se manifiesta en el campo autónomo y libertario, por lo que es
dable esperar que haya en estos destacamentos vanguardistas una mayor discusión
y superación de las viejas tradiciones izquierdistas. Estos últimos meses ha
sido notable la llegada a organismos de dirección estudiantil de las corrientes
que impulsan la autonomía, lo que es un reflejo del avance social de la
autoorganización, y ese es el miedo de El Mercurio cuando se refiere a la
abstención.
Tanto el reordenamiento capitalista como la derrota de la izquierda electoral
son factores que apuntan a una mayor definición del terreno de la polarización
entre el capital y la gente de carne y hueso. Los mecanismos y prácticas de
intermediación entre ambos están destinados al fracaso, como ya es evidente
después de tantos años de farsa democrática.
El topo de la historia sigue su paso sin necesidad de las vanguardias.
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