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(IAR-Noticias)
13-Dic-05
"Hundir a la OMC" pedían los
manifestantes.
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Encaminada hacia lo que puede ser su inevitable tercer fracaso
multilateral —quizá resulte peor disimulado que los anteriores—, la Organización
Mundial de Comercio (OMC) realizará en Hong Kong, una nueva sesión de la
denominada Ronda Doha que a esta altura casi desespera de su objetivo: una
significativa liberalización del comercio mundial.
Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín
Los dos intentos anteriores en Seattle (1998) y Cancún (2003) culminaron en
sendos fiascos, antecedentes estos que hacen que algunos expertos arriesguen el
pronóstico de un inminente final para la OMC, el cuerpo que con 149 naciones en
su seno es la encargada, desde su creación en 1995, de gobernar el comercio en
el planeta. Este vaticinio muy probablemente no se concretará —las naciones
ricas no dejarán que suceda— pero el ya diluido atractivo del foro se verá aún
más afectado si sucede en Hong Kong lo que casi todos los expertos en la materia
están anticipando en las horas previas.
Las competencias de la OMC en materia comercial casi no reconocen límites
—producción agrícola, industrial, servicios, propiedad intelectual, etcétera—,
lo que hace que los obstáculos que parecen infranqueables hoy resulten casi
ridículamente fuera de proporción con la idea de prosperidad global, en juego.
Consideremos por ejemplo el amargo debate principal en el cual naciones ricas,
en vías de desarrollo y pobres no pueden ponerse de acuerdo: la liberalización
del comercio agrícola que representa apenas el tres por ciento de la producción
mundial. Este único capítulo de la Ronda Doha puede representar el fracaso
general de este tercer intento negociador.
Tanto Estados Unidos como la Unión Europea (UE) insisten en demandar al resto
del planeta que abra sus fronteras comerciales a todos sus productos, mientras
que se resisten a la idea de abandonar la aplicación de tarifas a las
producciones del subdesarrollo y de subsidiar, de modo insensato dicen los
economistas, a sus propios productores incurriendo en lo que en el lenguaje
técnico se califica como "dumping" (facilitar la venta por debajo de los costos
reales de mercado).
De modo económicamente insensato, la denominada Política Agropecuaria Común
—sombrilla proteccionista de la UE— absorbe el 42% de los recursos
presupuestarios de la Unión. Si Hong Kong culmina con algún acuerdo menor en
materia de comercio del algodón los observadores creen que los negociadores
deberían sentirse satisfechos.
Estados Unidos realizó de modo ampuloso una nueva oferta de reducción de
subsidios agrícolas en octubre pasado, pero esta parece tener más la intención
de dejar a la UE en el lugar más incómodo de la negativa a liberalizar ese
sector que a producir una auténtica transformación del comercio internacional.
Las tribulaciones de la OMC están haciendo que se desluzca el principio clásico
—más comercio libre equivale a más prosperidad—, abriendo espacio nuevamente al
ideario proteccionista y al agrupamiento en bloques comerciales por región antes
que seguir imaginando lo que algunos llaman ya "la falacia del libre comercio"
como horizonte.
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