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(IAR-Noticias)
19-Dic-05
La gran deuda del PT no es financiera: es política y ética. Los
acontecimientos ocurridos en los últimos meses, que involucraban una sofisticada
corrupción en el grupo de dirección del partido, han tenido un efecto devastador
en la población, especialmente en aquellos que alimentaban un sueño histórico de
cambios de rumbo.
Por Leonardo Boff
(*)
Estaba en vigor la gran
despolitización, como en el resto del mundo. Pero con el advenimiento del PT y
con la irrupción carismática de Lula, se encendió la llama de la liberación tan
ansiada.
El eslogan de campaña «ahora le toca
a Lula», quería decir: ahora ya no hay marcha atrás, ahora es la hora de otro
sujeto histórico en el poder, la hora de otra política, de otro proyecto de
Brasil, de otra vía para la inclusión y la sostenibilidad del desarrollo
nacional.
Todo se haría bajo la hégida de la
ética, de la tansparencia y de una articulación orgánica y dinámica del Gobierno
con las bases de la sociedad. Toda una generación se movilizaría.
Después de dos años y medio no ha sido eso lo que ha ocurrido. No cabe aquí
analizar las presiones sistémicas, las fragilidades personales de los actores
políticos, la falta de osadía, aquello que Maquiavelo llamaba con razón
«virtud»: la capacidad de captar el sentido profundo de la historia e intervenir
en ella para inaugurar un nuevo rumbo. Ha faltado todo eso, infelizmente.
Pero lo que duele más es la repetición simplista de la caída original. Estratos
importantes del partido sucumbieron a las ilusorias cantinelas del gran
tentador: el poder como ventaja personal y partidaria a contramano de la ética
del interés gneral y del bien común.
Cambiaron la perla más preciosa que
poseían, la ética, por baratijas. La decepción provocada es, en términos
políticos, irremisible. Exige reparación. En caso contrario, los dirigentges
recibirán la maldición del pueblo y el desprecio de los militantes.
¿Por qué esta defección grave? Porque en el actual contexto brasileño y mundial
la vuelta de la ética era la forma de llenar el vacío de la utopía.
Ésta se encuentra en baja en el mundo
entero. La ética rasgaba un horizonte de esperanza de que un pacto alrededor de
valores podría suplir las deficiencias de la práctica política, viciada por
intereses clasistas y por ideologías de baja intensidad.
La ética en la política movilizó los
actores más generosos y comprometidos como Betinho y el Lula de las luchas
sindicales y de la nueva democracia participativa.
La traición de la ética hizo que la política volviese a ser vista nuevamente
como mundo de lo sucio, de los propósitos inconfesables, de las negociaciones y
de la corrupción.
Esta lectura es injusta para con los
políticos serios dentro del PT y dentro de otros partidos. Ella induce a tomar
la política por su parte mala, por su lado patológico, lo que es erróneo, porque
la política en sí misma no es eso. Lo patológico siempre remite a lo sano, que
es la referencia de base.
Corresponde al PT rescatar su opción originaria. El PT nació y se estructuró
durante más de dos décadas con esta intención: la de ser el conducto de las
transformaciones necesarias.
Un pecado no puede hacerle perder
toda la gracia acumulada. La gracia tiene más derecho directo que el pecado. El
partido puede volver al primer amor madurado por la humillación.
El PT debe pagar la deuda ética con la moneda de la humildad y de la coherencia.
Los valores que propone debe también vivirlos y testimoniarlos en todos los
niveles. Por ahí comienza el rescate y se renueva la esperanza. Ahora lo que
hace falta es mirar al frente y caminar.
(*) Koinonia
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