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(IAR-Noticias)
16-Dic-05
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Policías inspeccionan el
vehículo del periodista asesinado. (Foto: AFP) |
"¿Quién sigue?", preguntaba uno de los carteles junto al cortejo de Jibran
Tueni, periodista, editor, diputado de la oposición, hombre reconocido, otra
joven vida perdida en Líbano. Y por supuesto, todos se hacen la misma pregunta.
Por Robert Fisk - The
Independent / La Jornada
La banda militar tocaba sus pomposas trompetas, los sudorosos policías con sus
boinas rojo amapola, los soldados mandones que trataban desesperadamente de
consolar a las multitudes, pero todos ya están acostumbrados a esta rutina.
¿Fue hace mucho que estuve en esta misma Plaza de l'Etoile, por el cuerpo de
George Hawi, el viejo ex líder comunista asesinado, quien recibió los últimos
ritos en la misma iglesia greco ortodoxa?
Aún así, cuando llegó el ataúd aterradoramente liviano de Tueni -¿acaso fue
posible encontrar algo de él que pudiera meterse al féretro tras la devastadora
bomba del lunes?- la banda tocó El último puesto y el himno nacional libanés con
un remordimiento doloroso; los policías rojo amapola se pusieron en posición de
firmes al igual que los soldados, al tiempo que rosas rojas y flores amarillas
caían sobre la tapa de madera del ataúd. Sí, los libaneses saben hacer
funerales.
"Es un día tan hermoso", dijo una joven libanesa. "Siempre hay días hermosos
cuando hacemos funerales, es para recordarnos la juventud de los que estamos
sepultando. Justo cuando llegan a sus años de mayores logros, los derriban". En
efecto, es así.
Ghassan Tueni, el gran padre y propietario de An Nahar, el diario que su hijo
editaba, fue recibido por la multitud con repetitivos aplausos como si fuera su
cumpleaños en lugar de un día para observar la muerte.
Ahí estaba también el líder druso, Walid Jumblatt, pidiendo a gritos a sus
simpatizantes no gritar su odio por el presidente de Siria Bashar Assad. "Fuera
Bashar, es una mierda", coreaban. Durante diez minutos, Walid Jumblatt trató de
aleccionarlos. Les decía, sin mucho éxito, que no gritaran esas consignas.
Debían recordar a quién se estaba sepultando.
¿Se dan cuenta los libaneses de los caminos que están tomando? Fouad Siniora
emergió del edificio del Parlamento que está enfrente de la iglesia donde se
llevó a cabo el funeral de Jibran Tueni. Siniora es el joven e inteligente
primer ministro libanés -joven e inteligente sobre todo en estos días oscuros-.
Alzó los brazos en el aire como si fuera un campeón de boxeo. ¡Cómo rugió la
multitud su aprobación! Cómo aplaudieron todos a rabiar cuando ese ataúd
terriblemente ligero pasó por donde ellos estaban.
Como tantos árabes en todo Medio Oriente, han perdido el miedo. Es maravilloso
ser testigo de algo así, pero también es aterrador. ¿Quién será el siguiente en
sufrir? ¿Walid? ¿Fouad?
Los diputados de Hezbollah aparecieron ante el Parlamento sólo para ser
abucheados. ¿Por qué? ¿Por seguir apoyando a Siria? ¿O porque declinaron darle
protección a Walid Jumblatt cuando éste la solicitó en una llamada telefónica
que salió al aire durante un programa de televisión el fin de semana pasado?
Hay otras preguntas perturbadoras. Repetidamente, el embajador estadunidense en
Beirut ha advertido a Siria de no generar violencia en Líbano, sin que esto haya
tenido efecto alguno. Recordemos que fue Estados Unidos quien de manera absurda
dijo al valiente Fouad Snionra -antes de que éste se convirtiera en primer
ministro- que tenía prohibido ingresar a Estados Unidos por haber hecho un
donativo trivial a una organización humanitaria de Hezbollah hace cuatro años.
Así que el primer ministro -que estudió economía en Estados Unidos y representa
fielmente los más rescatables valores estadunidenses-, aún no puede volar a
Nueva York. Pero en estos días, se vale atacar a quien se pueda.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
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