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(IAR-Noticias)
23-Dic-05
La Unión Europea (UE) recordará el año que concluye por los desacuerdos
políticos, los atentados, la protestas, los disturbios sociales y los desastres
naturales. Todos en el continente se preguntan si los hados se aplacarán.
Por Stefania Bianchi - IPS
En 2005, la UE no logró abrir caminos de consenso ante diversas
alternativas: abrir el bloque a más miembros o profundizar la integración,
efectuar reformas económicas o proteger los beneficios sociales y a los
productores internos ante la competencia externa.
Tampoco se logró conciliar la alternativa abierta sobre la inversión de los
fondos de pensión, entre investigación y desarrollo y la agricultura.
Sin acuerdos a la vista sobre el Tratado Constitucional del bloque --tras el
rechazo en los referendos de Francia y Holanda--, el ingreso de Turquía y el
presupuesto, la UE parece en una profunda crisis e incapaz de encontrar la
salida.
Pero los problemas que tiene por delante Europa son mucho más profundos que la
crisis constitucional.
Todos y cada uno de los países de la nueva UE --que ahora incluye 25 países--
tienen, además, sus propios problemas que resolver.
Los atentados con bombas en los trenes subterráneos de Londres del 7 de julio
fueron llevados a cabo por una organización islamista local conformada por
jóvenes ciudadanos británicos.
Los bosques de España y Portugal fueron arrasados por los incendios que ocasionó
un verano extraordinariamente caluroso y seco.
Los violentos disturbios callejeros iniciados en octubre en la periferia de
París son un toque de alerta por el conflicto étnico, cultural y generacional
que divide a los integrados y los excluidos de la sociedad de la abundancia, a
la vez que revela la pérdida de contacto con la realidad de las autoridades.
Las elecciones de septiembre en Alemania no dejaron contento a casi nadie, en la
medida que la conservadora Ángela Merkel preside una dispar "gran coalición",
integrada por su principal adversario. Mientras, la gente común quiere un cambio
de rumbo para una economía que flaquea.
La presidencia holandesa se pasó casi todo el primer semestre del año ocupada
apoyando el Tratado Constitucional de la UE, que resultó rechazado en referendo.
El proyecto propone crear un presidente permanente del bloque, un canciller
también permanente, así como ayudar a clarificar los principios, objetivos,
identidad y procedimientos para la toma de decisiones.
El proceso de ratificación del tratado tuvo un auspicioso comienzo. España,
Eslovaquia, Austria y Alemania aprobaron con rapidez la ratificación. El proceso
se agrió --y se empezó a despeñar-- cuando Francia y Holanda la rechazaron.
El referendo dio la oportunidad a millones de votantes de expresarse sobre el
rumbo del bloque --ampliado con el ingreso de 10 países--, el debate sobre la
admisión de Turquía e incluso sobre asuntos domésticos..
Los franceses, por ejemplo, aprovecharon el referendo para canalizar su
animosidad hacia el presidente Jacques Chirac.
El todavía más rotundo "no" de los holandeses, apenas tres días después, enterró
la cuestión.
Muy poco después de esta debacle, Gran Bretaña asumió la presidencia semestral
rotativa de la UE e imprimió un cambio de enfoque.
Desde el mismo comienzo del mandato, el primer ministro británico Tony Blair
prometió trazar "una nueva dirección de la economía" para ayudar a Europa a
"adecuarse al desafío de la globalización", y se comprometió a resucitar al
tambaleante bloque.
Pero fue en esos días que Londres fue sacudida por los atentados, que obligaron
a Blair a despreocuparse de los asuntos europeos y poner toda su atención en el
ámbito nacional.
En la segunda mitad de su presidencia de la UE, Gran Bretaña se las arregló, sin
embargo, para timonear importantes y agitados debates acerca de medidas
antiterroristas, inmigración, el uso de productos químicos, la membresía de
Turquía y el presupuesto comunitario.
El año parecía terminar de manera más o menos alentadora, debido al acuerdo
alcanzado acerca del presupuesto, pero ese paso no estuvo exento de fuertes
tironeos que insumieron más de 30 horas de negociaciones.
La discusión presupuestal, que debía haber finalizado en junio, concluyó en las
primeras horas del 17 de diciembre, gracias concesiones a último momento.
El meollo de la discusión fue, naturalmente, el nivel total del gasto, el monto
de los fondos asignados a Gran Bretaña, el de la ayuda para el desarrollo de los
nuevos miembros y el cronograma para la siguiente etapa de reformas de la
Política Agrícola Común del bloque.
Finalmente, Gran Bretaña renunció a fondos por 10.500 millones de euros
(equivalentes a 12.400 millones de dólares), y el presupuesto ascendió a 862.400
millones de euros (un billón de dólares), lo que permitirá financiar proyectos
de desarrollo en los países recién admitidos.
Como contrapartida, Francia accedió a revisar su presupuesto para 2008-2009, lo
que posiblemente implicará recortes en los subsidios agrícolas.
Si bien las cuestiones presupuestarias quedaron resueltas y aclaradas, en 2006
el bloque deberá enfrentarse con un desafío aún mayor: dar vuelta los problemas
y los fracasos del 2005.
La UE en su conjunto necesita apuntarse algún tipo de éxito para diluir el sabor
a crisis que dejó el rechazo de la constitución por parte de franceses y
holandeses, así como las amargas disputas por el presupuesto que echaron a
perder la última gran cumbre del bloque en junio.
También deberá volver a discutir hasta qué punto abrir a la competencia
internacional el mercado de servicios, sector al que la Comisión Europea (rama
ejecutiva de la UE) considera clave para el crecimiento económico.
El bloqueo constitucional sumergió a la UE en una crisis política de la que no
saldrá hasta tanto no se reformen las instituciones del bloque, sostuvo Antonio
Vitorino, ex comisario de Justicia e Interior y actual presidente del privado
Centro de Políticas Europeas (EPC).
"Todas las instituciones tienen problemas en comunicar lo que están haciendo de
una manera clara y transparente, quién hace qué y cómo lo que hacen afecta
realmente la vida cotidiana de los ciudadanos", dice un informe de Vitorino para
el EPC.
"En términos generales, los procesos de toma de decisiones carecen de
transparencia, un prerequisito clave para determinar responsabilidades y
evaluarlas", agregó Vitorino.
Además, dijo: "La composición de las instituciones de la UE tras su expansión a
25 países posa una serie de dudas acerca de la eficiencia y la capacidad de la
UE para tomar decisiones dentro de un marco de tiempo razonable".
Pero el bloque intentará actuar "como si nada inusual hubiera pasado", y Austria
y Finlandia ya se comprometieron, en sus respectivas presidencias rotativas de
la UE, a mantener el rumbo y el enfoque en la reforma económica que privilegió
la presidencia británica.
Un escollo a superar será cuando toque el turno a Austria, puesto que deberá
conducir el prometido debate sobre el futuro de las vetustas instituciones de la
UE y el margen de la próxima ampliación del bloque, aunque ya advirtió que no va
a forzar la adopción de la constitución.
El tema de la ampliación, y el de los Balcanes en particular, dominarán la
agenda de las relaciones exteriores del bloque.
La UE también comenzará a negociar con Bosnia-Herzegovina sobre el llamado
Acuerdo de Estabilización y Asociación, que podría ser el primer paso para la
futura extensión de la UE a la región occidental de los Balcanes.
Sin embargo, las negociaciones con Turquía y Croacia, que comenzaron en octubre,
difícilmente prosperen en el corto plazo en la medida que la UE se dispone a
inspeccionar de cerca la legislación de estos dos países.
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