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(IAR-Noticias)
26-Dic-05
La afirmación de que la elección presidencial de Evo Morales significa un golpe
al imperialismo americano y un triunfo histórico del pueblo boliviano no pasa de
ser una especulación sin ningún fundamento político dirigido a encubrir la
verdadera naturaleza política del flamante régimen de Bolivia.
Por Luis Arce Borja
Es un error
caracterizar el futuro político de un gobierno a partir del origen social y
racial de sus líderes o de sus grandes discursos electorales. Ni el discurso
político ni el origen racial es lo que determina las ideas, la ideología y la
posición de clase.
Lo único que determina la esencia
clasista de un partido, un régimen o un individuo, sea este chino, cholo, indio,
negro o blanco, es su práctica y su posición política frente al Estado y al
sistema de explotación.
Lo determinante es también la
posición que se adopta frente a las transnacionales, frente al régimen de
propiedad de la tierra (la semifeudalidad), frente a los grupos de poder locales
(burguesía y terratenientes), frente a la deuda externa, frente al Fondo
Monetario Internacional (FMI), y frente a las reaccionarias fuerzas armadas, y
todas esas instituciones (partidos políticos, iglesia, etc.) que sustentan el
régimen de explotación y de dominación imperialista.
José Carlos Mariátegui decía en 1928,
refiriéndose a la mutación del indio de oprimido en cómplice de los poderosos
que “el indio analfabeto se transforma en un explotador de su propia raza porque
se pone al servicio del gamonalismo”. (1).
Los discursos antiimperialistas durante las campañas electorales, la fisonomía
racial y la extracción social pobre de algunos líderes políticos han servido de
instrumentos esenciales de la estrategia de la burguesía y el imperialismo
utilizada para sofocar las rebeliones populares y salvar la integridad del
Estado y el sistema.

Como una secuencia histórica social
se puede ver que en los países con más intensas luchas de clases y rebeliones
populares siempre han aparecido los “salvadores” supuestamente revolucionarios,
antiimperialistas, nacionalistas y hasta socialistas.
En la década del 60 el Perú ingreso a
una etapa de aguda crisis y de intensa lucha de clases. Se multiplicaron las
rebeliones populares y estallaron diferentes frentes guerrilleros.
Inmediatamente, en 1968, como por
arte de magia, apareció el general Velasco Alvarado, y desde el poder se declaró
antiimperialista, tercermundista, humanista y socialista. Como la historia lo ha
mostrado severamente, con el velasquismo los pobres siguieron tan pobres como
antes y los ricos siguieron enriqueciéndose aún más.
En Ecuador fue el “indio” Lucio
Gutiérrez quien se disfrazó de antiimperialista para estafar a las masas. En
Perú Alejandro Toledo, “cholo” de “todas las sangres” que cuando niño lustraba
zapatos para poder comer, ha devenido en el Atila de los pobres.
En Brasil, el “proletario” y
“antiimperialista” Lula, elegido también por las grandes masas campesinas y
obreras, es ahora el principal responsable del hambre y la miseria en este país.
En Argentina, Kirchner peronista y
antiimperialista de pacotilla ha puesto en marcha un gobierno que sirve a los
intereses del imperialismo americano y los grandes grupos de poder de este país.
En Uruguay, el régimen de Tabaré
Vásquez y de los ex guerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional (MLN),
“Tupamaros” esta bien enrumbado en un régimen más derechista que los anteriores
gobiernos reaccionarios.
La emergencia de esta gama de “antiimperialistas” y “revolucionarios” de todas
las razas y colores, hay que analizarlo en función de la nueva estrategia de
dominación americana en Latinoamérica.
La misma que esta estructura para
hacer frente a la grave crisis del sistema y del Estado, a la descomposición de
los grupos de poder y al desarrollo creciente de las luchas populares de
carácter espontáneo que en muchos países (Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú,
etc.), amenazaron peligrosamente la estabilidad del sistema y del Estado.
En décadas pasadas (antes de 1990) la
estrategia y planes de dominación yanqui en la región se sostenían
fundamentalmente en la presencia militar o en la exclusiva participación
política de los grupos y partidos políticos de la burguesía y terratenientes.
Dos o tres partido elitistas cubrían
la escena política durante decenios, y sin discusión alguna se turnaban cada 5 o
10 años en el manejo del Estado. Se imponían dictaduras militares o civiles de
“seguridad nacional” y se reprimía violentamente cualquier protesta popular bajo
el pretexto de lucha contra la amenaza comunista.
Ahora se trata de la “aperturar la democracia” y “fortalecer el Estado de
derecho” vía elecciones presidenciales. En este terreno se organizan estafas
electorales cuyo sustento político es el circo y el engaño. En su aplicación se
transgrede la conciencia social, las leyes y los derechos más elementales de la
población.
Para este fin los grupos de poder
buscan sus aliados en el mismo seno de los pobres y más precisamente en esas
fuerzas políticas que se autoproclaman socialistas y revolucionarias y que están
incrustadas como alimañas en el seno de los pobres.
Ya sea como autores principales o
como socios menores, esta izquierda se convierte en la principal defensora del
sistema de opresión y del Estado. Como se vio en Argentina, Ecuador, Bolivia,
Perú, y otros países fueron estos grupos los que infiltraron las grandes lucha
populares, y después de desactivarlas las puso en bandeja en los planes de los
grupos de poder locales y del imperialismo.
El éxito electoral de estas fuerzas
(Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Uruguay, etc.), no se relacionan a un
cambio de la naturaleza política en los grupos de poder ni nada parecido. No es
que la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, se hayan vuelto buenos y
de la noche a la mañana respeten las decisiones de las masas, y que sin pestañar
admitan los gobiernos “antiimperialistas”, “socialistas” y “revolucionarios”.
No es así. El triunfo electoral de
esta izquierda se relaciona fundamentalmente a la crisis del sistema y a la
necesidad que tienen las elites políticas de proteger el Estado y el sistema de
opresión que ellos mismos se ven impedidos de hacer con sus propias fuerzas como
lo hacían hace 50 años atrás.
Para este propósito recurren a esos
grupos y partidos que se autoproclaman revolucionarios, pero cuya razón
existencial es el electorerismo y servir a los grupos de poder.
Morales, las petroleras y la sagrada propiedad privada.
Es en medio de este cuadro político que hay que analizar el triunfo electoral de
Evo Morales y su organización llamada Movimiento al Socialismo (MAS). En
política adoptar conductas de vulgares hinchas de partidos de fútbol es una
ceguera que no aporta nada al debate político y menos a la lucha
antiimperialista. No hay ninguna prueba, ni siquiera en la suposición teórica,
que con el triunfo presidencial de este líder, salen ganando las masas pobres de
Bolivia.
Por el contrario hay abundante
información que muestran que el nuevo régimen boliviano constituye una nueva
estafa electoral del pueblo, y que los únicos beneficiarios serán las grandes
transnacionales, los grupos de poder locales, y en general el Estado y el
sistema en descomposición.
Por ejemplo al siguiente día del
triunfo electoral, Morales proclamó que su gobierno “no confiscará ni
expropiará” los bienes de las compañías que están operando en el país, pero en
cambio les ofrece “contratos de servicios petroleros”. Agregando que “Vamos a
hacer respetar el derecho a la propiedad, nuestro gobierno estará dedicado a
respetar la ley, pero que las petroleras también la respeten”.
Hay
que recordar que Morales, durante su campaña electoral y en su programa de
gobierno, se comprometió a otorgar nuevos privilegios y compensaciones económicas
a las transnacionales petroleras, las mismas que tienen el monopolio de los
hidrocarburos de este país.
Como señala un diario boliviano, el capital de estas
empresas, en las que se encuentran las petroleras extranjeras como Repsol, Petrobras, Total, British Petroleum, Enron, Shell, Panamerican Energy,
Pluspetrol, Vintage, etc., suman 100 mil millones de dólares de capital.
Por su parte Álvaro García Linera vicepresidente de Evo Morales que funge de
ideólogo y teórico del nuevo gobierno, salió a la palestra para anunciar lo que
será la línea maestra del programa del gobierno. El martes pasado (20 diciembre)
a dos días del triunfo, dijo que el nuevo gobierno “va a gobernar para toda
Bolivia, no para un sector o una clase social.
Se van a instalar negociaciones
directas con los empresarios y de ellas vamos a recoger recomendaciones, las
cuales vamos a implementar como medidas. Ningún sector del país debe sentirse
excluido y mucho menos el sector empresarial”. Anuncio también que “como
gobierno garantizamos: seguridad en el ámbito del negocio, la recuperación de
sus inversiones, y que tengamos una ganancia a medias”. (2). Hay que recordar
que el brazo derecho de Morales pretende desde hace tiempo pasar gato por liebre
en torno al desarrollo de un “capitalismo andino”, en Bolivia, como paso previo
al socialismo.
“El capitalismo Andino es un régimen que se funda en la realidad
de Bolivia donde las potencialidades indígenas, campesinas, familiares se
articulan en torno a un proyecto de desarrollo nacional y de modernización
productiva”, ha dicho. (3).
El respeto a la propiedad de las trasnacionales petroleras, y de la propiedad
privada en general proclamada por Morales. El gobierno de todas las clases (de
“todas las sangres” decía Toledo), además del “capitalismo andino, como paso
previo para el socialismo, que propone el vicepresidente boliviano, son
sufrientes argumentos de la miseria política y de la estafa que una vez más ha
sido víctima el sufrido pueblo de Bolivia.
Los gritos antiimperialistas y la
publicidad en torno al “primer presidente indígena” de este país, o el “comienzo
de la historia de Bolivia”, son simples taparrabo para encubrir el carácter
reaccionario y proimperialista de los nuevos inquilinos del palacio de gobierno
de este país.
Los campesinos, los obreros, los cocaleros y demás sectores pobres
de Bolivia, no deben esperen nada, ni siquiera hacerse ilusiones, de esta nueva
administración, que ya se alinea con los intereses de los grupos de poder y del
imperialismo.
Respeto de la propiedad privada, gobierno de “todas las clases”, “desarrollar el
capitalismo”, y después pensar en el socialismo, son viejos elementos de un
discurso arcaico que desde hace mas de medio siglo han utilizado los peores
grupos y gobiernos en América Latina para defender el Estado y el sistema de
opresión.
Por ejemplo, la seudo teoría revolucionaria de desarrollar el
capitalismo para llegar al socialismo, que con tanto cinismo propagandiza el
vicepresidente de Evo Morales, no es una invención de él. Esta “tesis”
reaccionaria y pro gobierno yanqui fue estructura y publicitada en 1928 por el
derechista Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del partido aprista. Este
líder de la gran burguesía peruana y del imperialismo pretendió cobrar
notoriedad con su “tesis revolucionaria” en torno a desarrollar el capitalismo
en Perú para después llegar al socialismo bajo un régimen de “trabajadores
manuales e intelectuales” de todas las clases.
Notas:
1. Siete Ensayos de Interpretación de la realidad Peruana, José Carlos
Mariategui, Lima, 1928.
2. Diario Correo del Sur, Martes 20 de diciembre del año 2005 Sucre – Bolivia.
3. Entrevista de Pablo Jofré Leal, de Adital en Chile.
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