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(IAR-Noticias)
29-Dic-05
El año económico de Brasil termina en decepción, con críticas
generalizadas a la gestión del ministro de Hacienda, Antonio Palocci,
y especialmente al Banco Central, acusado de exagerar con las altas
tasas de interés.
Por Mario Osava -
IPS
La caída de 1,2 por
ciento del producto interno bruto (PIB) en el tercer trimestre
frente al período anterior fue la gota que convirtió en críticos a
economistas que apoyan la política de metas inflacionarias, adoptada
por el gobierno anterior y extremada por los colaboradores del
presidente Luiz Inácio Lula da Silva desde 2003.
El estancamiento se reflejó en el desempleo invariable de 9,6 por
ciento durante los últimos tres meses, sin la reducción usual por el
aumento del consumo de fin de año. La expansión de la actividad
económica se limitaría a 2,5 por ciento este año y será un poco
mayor en 2006, según la mayoría de las estimaciones.
"Viejos críticos", como Fernando de Carvalho, profesor de la
Universidad Federal de Río de Janeiro, han condenado siempre la
política económica basada sobre metas inflacionarias como una
"trampa" que impide un buen crecimiento por muchos años.
Ese régimen concedió autonomía de hecho al Banco Central para
ejercer la política monetaria, como si elevar la tasa de interés
fuese una "decisión técnica" solo para contener la inflación, cuando
es una medida que también destruye empleos, y resulta "trágico que
Palocci y Lula parezcan desconocer ese hecho", afirmó el economista
a IPS.
Al menos, se abandonó la propuesta de formalizar por ley la
independencia del Banco Central, una iniciativa que "no volverá por
un buen tiempo", se consoló Carvalho.
Durante los últimos dos años y medio, el Comité de Política
Monetaria, conformado por el presidente y los siete directores del
Banco Central, se constituyó en una permanente fábrica de
frustraciones para el sector productivo, al fijar mensualmente la
tasa básica de interés siempre por encima de lo esperado, trabando
las inversiones destinadas a expandir la actividad económica.
La actual dirección del Banco Central empezó en 2003 elevando a 26,5
por ciento anual su tasa Selic (Sistema Especial de Liquidación y
Custodia) que remunera títulos de cortísimo plazo, para combatir una
inflación que había sido de 12,5 por ciento en 2002, y la
turbulencia generada por el ascenso, por primera vez en Brasil, de
un gobierno de izquierda.
La autoridad monetaria inició la reducción gradual de la tasa apenas
en junio de 2003, pese a la recesión económica que alejaba el riesgo
de un nuevo brote inflacionario por aumento de demanda. Se perdió
así una gran oportunidad de bajar más los intereses e impulsar la
economía, evaluó Joao Sayad, quien fue ministro de Planificación en
los años 80.
La tasa Selic bajó gradualmente hasta 16 por ciento el año
siguiente, para volver a elevarse a un máximo de 19,75 por ciento en
mayo de este año. Con ese vaivén de los intereses, el PIB se estancó
en 2003, cuando aumentó solo 0,5 por ciento, creció 4,9 por ciento
en 2004, y vuelve a un mediocre desempeño este año.
Mientras, la inflación bajó de 9,3 por ciento en 2003, a 7,6 por
ciento el año siguiente. Y todo el esfuerzo de 2005 buscó limitarla
a 5,1 por ciento, pero se estima que llegará a cerca de 5,7.
Además, los altos intereses contribuyen a sobrevaluar el real frente
al dólar, poniendo en dificultades a la producción exportable, pese
al abultado superávit comercial que sería de más de 44.000 millones
de dólares este año. En el sur del país, cerró una planta industrial
de calzados, y la producción agrícola retrocedió respecto de años
anteriores.
Este fue un año "absolutamente trágico", según Antonio de Salvo,
presidente de la Confederación de la Agricultura y la Ganadería de
Brasil. El PIB agrícola caerá 3,4 puntos porcentuales, debido a los
altos intereses, el cambio desfavorable y los créditos
insuficientes, además de la sequía experimentada en el sur,
describió.
"Hoy el diagnóstico casi consensual es que el Banco Central exageró
más allá de lo que sería prudente" y deberá reducir rápidamente su
tasa de interés, pero no es el único responsable del bajo
crecimiento, dijo a IPS Flavio Castelo Branco, coordinador de
Economía de la empresarial Confederación Nacional de la Industria.
El problema es una política económica con "inconsistencia entre sus
distintos instrumentos", que impone límites a la caída de intereses.
Brasil tiene, por ejemplo, una abultada deuda pública de corto plazo
que obliga a una refinanciación permanente y un Estado con
demasiados gastos corrientes, apuntó.
Para ejercer su función --defender el valor de la moneda y combatir
la inflación--, el Banco Central sólo cuenta con las tasas de
interés como instrumento, y "no puede hacer otra cosa", justificó.
La inflación brasileña sigue siendo más elevada que el promedio
mundial, destacó.
Pero Castelo Branco admitió que la autoridad monetaria se volvió
sorda a los reclamos y análisis del sector productivo, orientándose
por las expectativas de un círculo "muy cerrado" del mercado
financiero. "Eso aumenta el riesgo de equivocaciones, al demorar la
percepción de las tendencias y errores", explicó el economista.
Hay otra trampa en ese proceso. Al sentir la presión a favor de una
baja de los intereses, el Banco Central reacciona al revés. No puede
reconocer sus propios errores para no perder credibilidad, y actúa
como el padre que, al darse cuenta de que castigó con demasiado
rigor a su hijo, no retrocede pues cree que perderá autoridad,
ejemplificó Castelo Branco.
Ese parece ser el mecanismo por el cual el Comité de Política
Monetaria adoptó la semana pasada la decisión de bajar la tasa
básica de 18,5 a sólo 18 por ciento, cuando aun economistas
conservadores y banqueros estimaban conveniente una reducción más
acentuada.
Para el presidente Lula, la recuperación económica es vital para su
pretendida reelección en los comicios de octubre de 2006, después de
que su Partido de los Trabajadores (PT) perdió la bandera de la
ética.
El escándalo de corrupción que se prolonga desde mayo ha derrocado a
la dirección del PT y provocado la caída de unos 70 funcionarios del
gobierno y de empresas estatales, además de la inhabilitación de dos
diputados que fueron importantes sostenes del gobierno.
Con el Banco Central "aislado", sin la confianza de amplios sectores
de la economía, y el ministro de Hacienda debilitado también por
denuncias de corrupción contra él, Lula queda casi sin margen de
maniobra, señaló Carvalho.
La adopción de medidas que estimulen rápidamente la actividad
económica sería tildada de "populismo" y podría provocar
inestabilidad, al asustar al mercado financiero, explicó. Pero con
la economía estancada, la derrota es cierta.
El problema es el régimen de metas inflacionarias, y no el "exceso
de conservadurismo" en la gestión de esa estrategia, como argumentan
los "nuevos críticos" liberales, opinó Carvalho. Con la misma
política, el gobierno anterior sólo obtuvo resultados mediocres,
concluyó.
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