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(IAR-Noticias)
29-Dic-05
Los
narcóticos procedentes de Afganistán siguen siendo un serio
problema para Rusia. Así, por ejemplo, solamente en 2005 se
retiraron de la venta cuatro toneladas de heroína, toda de
origen afgano. Cuatro toneladas de heroína equivalen a 40
millones de dosis. Y eso que para lograr que surja
narcodependencia bastan 2-3 dosis.
Por Piotr
Goncharov - RIA Novosti
Ya
a comienzos de los años 90 en Rusia no existía problema de
drogadicción como tal. En aquella época el número de quienes
consumían drogas apenas pasaba de 60 mil, que eran en su
mayoría personas enfermas que las necesitaban. Hoy día, en
cambio, se menciona una cifra de seis millones. Esta dinámica
de crecimiento del número de consumidores de drogas en un país
como nuestro puede calificarse catastrófica. Analizando las
causas y la cronología de este “salto”, volvemos a enfrentar
el factor afgano.
Desde luego que la rápida narcotización de Rusia se debe ante
todo al derrumbe de un sistema social hermético como el
soviético. Se trata más bien de un colapso sufrido por los
anteriores regímenes aduanero y fronterizo, así como la
destrucción del medio social anterior a que la gente estaba
acostumbrada. Y, como proceso paralelo, un rápido aumento de
la producción de drogas en Afganistán, país antaño vecino de
la URSS con una frontera común que se extendía a 2 mil 200
kilómetros, frontera que después de la desintegración de la
superpotencia socialista ya casi no existe.
Las drogas se producen en Afganistán tradicionalmente. Igual
de tradicional era su contrabando. Pero antes esto se hacía en
forma limitada y prácticamente bajo el control de los
servicios policiales de los países a que iban destinadas
clandestinamente. Mas, después de la entrada del contingente
militar soviético “limitado” en Afganistán la producción de
drogas, estimulada por la CIA, fue en aumento.
Luego, después de la retirada de las tropas soviéticas, con la
llegada al poder de los mojaheddines, que acusaban a los
anteriores dirigentes prosoviéticos de connivencia con los
narconegocios, la producción de opiáceos aumentó en flecha.
Mientras que en 1992 (año en que los mojaheddines llegaron al
poder) la producción global de opio se mantuvo a un nivel de
1800 – 1900 toneladas al año, lo que equivale 180 – 190
toneladas de heroína, ya en 1994 la cosecha de opio crudo
excedió 3400 toneladas.
Veamos cómo anda la situación ahora. Pues no es mejor que en
1994. Según datos en poder de la ONU, el año pasado en
Afganistán se produjo 4200 toneladas de opio crudo (cantidad
equivalente a 420 toneladas de heroína) y este año saliente,
algo menos de 4100 toneladas.
Para ser justos hemos de constatar que los propios afganos
jamás han admitido los datos presentados pro la ONU,
considerándolos algo exagerados. Ello se nota si se compara
los datos de la ONU con los datos, facilitados por, digamos,
la Comisión Suprema Antidroga de Afganistán. Hemos de admitir
que los datos presentados por la comisión afgana están mejor
argumentados que los de la ONU.
Pero eso son detalles. Lo más importante es otro, a saber:
¿existen mecanismos capaces de frenar el flujo de narcóticos
afganos, un tercio de los cuales (que, según datos de la ONU,
son 110 – 120 toneladas de heroína) todos los años siguen la
Ruta Norte (Afganistán – Asia Central – Rusia) hacia Europa?
Dentro de Afganistán estos mecanismos no existen. Hoy día
Afganistán no es capaz de resolver este problema ni
económicamente ni por la fuerza. Los reproches que a través de
los medios de comunicación rusos los servicios secretos de
Rusia dirigen a las fuerzas de la coalición antiterrorista al
mando de EE.UU. y hacia las fuerzas ISAF que operan en
Afganistán, acusándolas de que no destruyen sembrados de
adormidera opiácea, no parecen muy procedentes. Para realizar
operaciones de este tipo se necesita un mandato especial de la
ONU. Lo mismo se refiere a la misión ISAF (Fuerza
Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán)
cuyas actividades se ven limitadas a las funciones policíacas.
De momento ni EE.UU., que encabeza la coalición
antiterrorista, ni los dirigentes de la OTAN que encabezan la
ISAF, no han expresado mucho deseo de obtener ese mandato y
difícilmente lo expresarán. Y es lógico pues ¿para qué
complicar las ya de por sí difíciles relaciones con la
población local, sin disponer fuerzas suficientes para ello?
En Afganistán son de 3 a 4 millones de personas, incluidos los
que trafican con drogas y recogen opio, que se ganan la vida
gracias a las drogas. Añádase a este numeroso ejército las
bandas de los señores de la guerra que no todos andan
desarmados y que protegiendo estos negocios cobran su 10% que
les corresponde. Por lo tanto, en Afganistán hay quienes
podrán defender el negocio del opio, siendo imposible resolver
el problema de un hachazo.
Por otra parte, hay quienes piensan en Kabul que dentro de 10
ó, como máximo, 15 años Afganistán sí podrá resolverlo. Hace
poco, en una reunión del Gobierno de ese país se adoptó una
nueva ley de lucha contra el narcotráfico. La ley no sólo
define claramente el papel y las funciones de diversos
organismos estatales encargados de combatir el narcotráfico
sino que establece penas por la actitud connivente con los
narcotraficantes en los órganos de Estado. La ley le otorga a
la policía el derecho de escuchar, con autorización judicial,
conferencias telefónicas y ver mensajes electrónicos de los
sospechosos de narcotráfico. Según otro artículo de la ley,
los bienes adquiridos por el narcotráfico se confiscarán a
favor del Estado. La ley fue creada según el modelo
occidental, teniendo en cuenta las realidades locales, por
expertos de Afganistán, la ONU, EE.UU. y Gran Bretaña.
Pero la ley acaba de ser promulgada. Hoy día pueden
considerarse como único mecanismo activo destinado a poner
coto al narcotráfico los “cinturones antidroga” que se creen
en torno a Afganistán a iniciativa de Rusia y mayormente
gracias a sus esfuerzos. Al decir de Víctor Cherkasov,
director del Servicio Federal de Control del Narcotráfico en
Rusia, el “cinturón de seguridad” no supone cavar trincheras o
construir fortines o poner alambradas de púas alrededor de
Afganistán. Es, ante todo, un sistema de intercambio de
información a base de la cual actuarán los guardafronteras y
los servicios antidroga de los países que limitan con
Afganistán. Según él, estos últimos tiempos esta cooperación
se desarrolla con éxito. Así, por ejemplo, representantes de
Irán y Pakistán participaron en la operación especial
“Canal’2005” que se ha realizado este año.
También se desarrollan activamente los contactos que los
servicios antidroga de estos países mantienen con Rusia,
gracias a lo cual Rusia ha logrado disminuir en cierta medida
la penetración de narcóticos afganos en el mercado interno de
Rusia. Mas, en opinión de Cherkasov, ningún “cinturón de
seguridad” alrededor de Afganistán podrá resolver este
problema sin antes cambiar la situación dentro de ese país..
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