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(IAR-Noticias) 19-Mar-05
Por Vladimir Simonov -
Agencia RIA "Novosti"
Edificio de la petrolera
Yucos.
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Cuando se vive bien, es especialmente
amargo pensar que la vida de uno puede terminar. Precisamente este sencillo
pensamiento incita a muchos de los nuevos ricos de Rusia, o oligarcas, según los
suelen llamar aquí, gastar respetables cantidades de dinero para todo tipo de
tratamientos de rejuvenecimiento y financiar las búsquedas científicas de un
"elixir de juventud".
Las personas que tienen de todo -desde castillos en Escocia hasta garajes con una decena de "Ferrari"- ansían
encontrar la alegría absoluta de la vida en su propia inmortalidad.
Vladimir Brintsalov es uno de ellos.
Es más, el rey farmacéutico de Rusia quiere asignar 2 millones de dólares para
crear su propio laboratorio de rejuvenescencia. El millonario acaba de pasar un
tratamiento en que se le inyectaban células madre y se siente como un joven de
20 años, aunque su edad biológica es de 60.
Yo tenía arrugas profundas en el
rostro, que han desaparecido, dice Brintsalov, acariciándose las mejillas. - Las
inmensas cicatrices que había en mi cuerpo desde infancia tampoco se ven ahora.
Las células madre se extraen de la
capa grasosa del propio paciente bajo anestesia local (ello se llama trasplante
autógeno) o del embrión humano abortado. En ambos casos el tejido se desmenuza
en "shaker" y luego se pone en incubadora. En ésta las células se multiplican
vertiginosamente durante varias semanas, luego la valiosa substancia obtenida se
inyecta en la vena del paciente. También se suele hacer inyecciones en el cutis,
para lograr un milagroso efecto cosmético, según creen muchos.
El tratamiento no es de los baratos:
en clínicas de Moscú puede costar de 10 a 20 mil dólares, depende de la duración
de la aplicación. Pero pese a ello goza de mucha demanda tanto entre la élite
financiera como entre estadistas.
En muchos países de Occidente con
sólo abrir tal clínica sus puertas, la visitaría la policía. El presidente
George Bush en una de sus recientes intervenciones calificó de "impía" tal
terapia. La Administración de EE UU, al igual que los Gobiernos de otros muchos
países industrializados, se niega a financiar del presupuesto nacional
semejantes investigaciones. En algunas partes éstas están prohibidas
simplemente. En Rusia la terapia con el uso de células madre tampoco está
autorizada, pero ello no les impide a unas dos docenas de médicos practicarla
abiertamente en Moscú.
Las ventas de la juventud compiten
por su rentabilidad, al parecer, con las de petróleo crudo. El doctor Alexander
Tepliashin, uno de los especialistas muy de moda en materia de rejuvenecimiento,
posee dos cínicas, en la parte céntrica de Moscú y en la prestigiosa zona
residencial de la carretera de Rubliovskoe. La arquitectura modernista de los
edificios en que se ubican las clínicas podría servir de adorno a cualquier
capital europea. Tepliashin está muy solicitado por los ricachones dispuestos a
revertir el proceso del envejecimiento.
Siempre aconsejo a mis pacientes que
reserven un poco de dinero para sí mismos, no para adquirir aviones o yates,
sino para sí mismos, dice él.
Muchos de los oligarcas ya desde hace
tiempo ignoran la necesidad de elegir entre lo uno y lo otro. En Rusia aumenta
el número de las personas que pueden permitirse comprar a un mismo tiempo avión
personal, club de fútbol británico y la no tan fantástica ya esperanza de ser
inmortal.
Según datos recientes que ofrece la
revista "Forbes", Rusia ocupa el segundo lugar en el mundo, después de EE UU, en
cuanto al número de multimillonarios. La fortuna de 27 rusos excede mil millones
de dólares (un capital así lo poseen 69 estadounidenses), los haberes de los
multimillonarios rusos suman en total 90,6 mil millones de dólares. El tercero
en la lista de los hombres más ricos de Rusia elaborada por "Forbes" figura Oleg
Deripaska, un magnate de aluminio, con 5,5 mil millones de dólares.
Tampoco él quiere soltar de las manos
los frutos de su trabajo cuando toque su hora de abandonar este mundo de pecado.
Ello significa que la hora no debe tocar. Deripaska ha donado 120 mil dólares
para el trabajo de creación del "elixir de juventud", que está desarrollando el
Instituto de Biología Físico-Química de la Universidad Lomonosov de Moscú. La
donación fue recibida por el académico Vladimir Skulachev, director del
Instituto. Su idea de eterna juventud puede parecer no muy original, pero él ha
avanzado más que otros en su realización, al parecer.
El envejecimiento es un programa
biológico, en el que como el "killer" principal de las células actúa el oxígeno,
afirma Skulachev. Pero igual que todo programa, puede ser desconectado. Se debe
crear un potente antioxidante que proteja el organismo contra la destrucción.
Mijail
Jordorkovsky, ejecutivo de Yucos, el hombre más rico de Rusia
encarcelado por fraude y malversación.
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El dinero de Deripaska y largos meses
de ataques cerebrales le aportaron, al parecer, un éxito sensacional al equipo
de Skulachev. En el frigorífico del académico se guarda una probeta llenada en
una tercera parte de una sustancia viscosa de color de ámbar. Es el elixir que
quizás podrá obsequiar a alguno de los rusos con el destino de Peter Pen.
El propio Skulachev prefiere hablar
de ello en tono más moderado. No le he prometido vida eterna a Deripaska. Pero
por lo menos su nombre podrá figurar en los anales de la ciencia como el de un
hombre que donó cuantiosos recursos para la realización de unos estudios únicos,
dice el profesor. Según Skulachev, el sentido de las investigaciones consiste en
comprobar la hipótesis del envejecimiento y las probabilidades de alargar la
vida.
De momento los experimentos se montan
en los ratones. Dentro de un año se sabrá qué perspectivas tienen los roedores
de ser eternamente jóvenes. Para proseguir la labor, Skulachev necesita que se
le den otros 500 mil dólares para 5 años, y su equipo confía en que el
entusiasmo de Deripaska no se agote próximamente.
Por lo menos la Fundación "La ciencia
de la longevidad", instituida por el más eletista club ruso "Monolito", está
llena de entusiasmo. Es club lo integran las familias de la cúpula financiera
del país. No hay nada de extraño en que esa gente quiere prolongar hasta lo
infinito la bienaventuranza que descendió sobre ella tras la ruina del
comunismo.
El consejo de directivos de la
Fundación, entre cuyos patronos figuran el presidente de la Academia de Ciencias
de Rusia, Yuri Osipov; el presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Yuri
Pokrovski, y el ex ministro de Salud Pública, Yuri Shevchenko, ha exhortado a
los científicos de Rusia a participar en el certamen "por el mejor programa de
prolongación de la vida del ser humano". Ya se han recibido más de 300
sugerencias y proyectos.
Pero en la sociedad rusa, una tercera
parte de la cual vive por debajo del nivel de la pobreza, hay opiniones muy
variadas respecto a la aguda necesidad de garantizarles inmortalidad a los
oligarcas. Por ejemplo, Mijaíl Rechkin, conocido estudioso de fenómenos
paranormales, sostiene que Rusia no necesita tener nuevos ricos siempre jóvenes.
En el país hay un abismo entre los ricos y los pobres, y no se les permitirá a
los primeros vivir eternamente. Estallará una revolución, dice él.
Valery Poliakov, astronauta y asesor
del director del Instituto de Problemas Médico-Biológicos, expresó una opinión
más conciliante al rotativo "Komsomolskaya Pravda". Está bien que Deripaska haya
invertido dinero en investigaciones.
Quizás gracias a él científicos van a
encontrar cómo se puede prolongar la vida, y no solamente a los oligarcas, sino
también a otras personas. Y en cuanto a los oligarcas, ellos deben pensar no en
la inmortalidad, sino en cómo limpiar su conciencia de los negocios sucios del
pasado, dijo Poliakov.
Los propios seguidores rusos del
doctor Fausto a veces demuestran tener una noción bastante primitiva de la
inmortalidad. Quiero vivir más para ganar más dinero, dijo uno de ellos en el
quirófano, donde le efectuaban el trasplante de células madre.
Tales personas tendrían que escuchar
e intentar comprender la súplica de la persona más anciana de Rusia, la chechena
Pasijat Dzhukavleva, quien entre las explosiones y ruinas de Grozny ha logrado
cumplir 124 años. Antes yo vivía normalmente, pero me he demorado mucho en este
mundo. Estoy cansada de vivir. Perdónenmelo, susurra ella con labios exangües.
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