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(IAR-Noticias) 29-Mar-05
Por Jorge López Ave -
Insurgente
La
llegada de la socialdemocracia a los gobiernos europeos, suele abrir un espacio
de parálisis en todo lo que se mueve a su izquierda, suceda esto en el terreno
social, político, sindical o cultural.
La participación activa de este
sector social en el derrumbe de gobiernos de derecha (en su más plural pelaje,
esto es, democristianos, liberales, neoliberales, conservadores, fascistas
disfrazados...), casi nunca es correspondida con un buen resultado en las urnas.
El famoso e injusto voto útil hace
que la socialdemocracia engorde en diputados y senadores muy, pero que muy
encima, de los méritos contraídos por sus políticos y políticas cuando ejercían
de oposición, en claro detrimento de las organizaciones que lucharon más
abiertamente por derrocar a esas derechas.
El aparato mediático socialdemócrata
hace luego el resto, cuida con esmero a ese electorado que entra por su
izquierda, recordándole la utilidad de su decisión, la utopía absurda y
trasnochada de pensar en otra izquierda en estos tiempos de modernidad, y sobre
todo, azuzando con el recuerdo del anterior gobierno, como método infalible de
proteger con la actitud, pero sobre todo con el voto, al nuevo Gobierno que
llaman progresista, y que, de paso, posibilita pingües negocios a sus
afines.
Ante este panorama, buena parte de esa izquierda que no se presenta a la
sociedad como abiertamente socialdemócrata, llena sus realidades de pragmatismo
y aparca críticas, movilizaciones sociales y análisis sosegados de lo que
representa en realidad esa falsa izquierda en el Gobierno.
Quizás en este plegar de velas tenga
mucho que ver la enorme deuda económica que este tipo de organizaciones
arrastran, la necesidad de colocar a algunos de sus dirigentes que han hecho de
la política su único modus vivendi posible, y el convencimiento de que
fuera del Sistema hace mucho frío. Todo, vendido a su mermado electorado como
apoyo crítico a un gobierno de progreso.
Así las cosas, los gobiernos socialdemócratas se quedan sin oposición a su
izquierda, lo que desde el punto de vista táctico y estratégico resulta
perfecto para sus fines, ya que la ciudadanía media sólo identificará un falso
bipartidismo que en realidad defiende lo mismo. Es, para los regidores del
sistema, un escenario idílico, ver gobernando a la socialdemocracia y, cuando se
agote, los conservadores, y viceversa en la siguiente legislatura.
La izquierda real, la que no renuncia a sus ideas por prebendas, debería
enfrentar con el mismo énfasis las políticas de derecha cuando las practique
una cara de la moneda o la otra.
Vaciar las calles de
reivindicaciones, los muros de consignas, cambiar la verdad por táctica, el
discurso por monedas, lleva a sus practicantes al suicidio político, incluso al
electoral.
Por ello resulta imprescindible ir
tejiendo una izquierda combativa con gentes procedentes de las distintas
escuelas de pensamiento, pero también con la generosidad suficiente como para
crecer y que la socialdemocracia y sus afines se vean obligados a mirar a su
izquierda con preocupación.
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