
Según el diario Corriere della
Sera, las distintas
informaciones cruzadas sobre la salud de Papa en los últimos días
provendrían de los intereses de las facciones de poder de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor
cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su
poder.
El
Corriere
señala que los cuatro cardenales más importantes e influyentes habrían
hecho un pacto de mutua no agresión para garantizar el status quo
de sus respectivos poderes personales
más allá de quién sea el sucesor de Juan Pablo II .
"Nada se debe mover ni remover, todo debe ser visto y controlado",
sería el axioma de los principales protagonistas: el cardenal
Joseph Ratzinger, el "ministro" que maneja el látigo
doctrinario; el cardenal Antonio Sodano, secretario de Estado; el "ministro"
para los obispos, cardenal Giovanni Battista Ré, y el vicario del Papa en Roma,
cardenal Camillo Ruini.
Los cuatro fueron los actores
principales de la Semana Santa encargados por el
Papa a representarlo en las liturgias principales.
A estos personajes se suma el secretario personal del Papa, que lo acompaña desde hace más de 40 años, cuando
era un joven obispo de Cracovia. Monseñor Estanislao Dziwisz tiene un poder
enorme por su íntima relación con el Pontífice, de quien es una especie de
hijo espiritual.
A Dziwisz le asignan el rol de jefe del "partido polaco", o
sea de los purpurados de la misma nacionalidad de Karol Wojtyla, que formarían
de hecho un clan juramentado para protegerlo de las insidias de la Curia Romana
y hacer respetar sus deseos.
Il Messaggero entrevistó al cardenal polaco Zenon Grocholewski,
"ministro" para la Educación Católica,
quien se mostró indignado y
asegura que el "partido polaco" no existe.
"No somos un clan de conspiradores",
señaló el cardenal. "Este pontificado ha dado fastidio a algunos. Pero no podía no dar
fastidio un Papa que lucha por el respeto de las personas",
añadió.
Luigi Accatoli, el principal
experto en Vaticano del Corriere della Sera,
afirmó que el cardenal Sodano no será pronto sustituido por el cardenal
Ré, como aseguró la semana pasada en Il Messaggero de Roma el prestigioso columnista Orazio Petrosillo.
Accatoli sostuvo que el pacto
existente en
el informal Consejo de Cardenales contempla dejar de lado el llamado inmediato a un Consistorio para
crear nuevos
cardenales electores, menores de 80 años, que participen de la elección del
futuro Papa en el Cónclave.
Tras la muerte de
Juan Pablo II la estructura de poder más antigua del mundo queda
automáticamente "descabezada".
Sólo tres
cardenales se mantendrán en sus cargos. El argentino Leonardo Sandri
(ministro de Interior) y los italianos Giovanni Rajolo (secretario de
Relaciones para los Estados) y Camilo Ruini (vicario general del Papa
para la Diócesis de Roma) no cesarán en sus funciones.
El funcionario eclesiástico
que tendrá la máxima autoridad durante los días hasta que haya un nuevo sucesor
será el actual camarlengo del Pontífice, Martínez Somalo.
Entre 15 y 20 días
después de la muerte del Papa, arrancará un cónclave secreto en la
Capilla Sixtina que designará oficialmente al nuevo Santo Padre.
Este será el momento donde los
poderes intrigantes del Vaticano, principalmente centralizado en la troyka de
los "cuatro cardenales" intentarán torcer la votación a su favor influenciando
la voluntad de los electores.
Todos los expertos coinciden en que
en la milenaria interna del Vaticano se disputa poder sín límites y sin
escrúpulos, habiendo llegado muchas veces al terreno del asesinato para
dirimir quien se queda con la porción mayoritaria del control sobre la Iglesia
Católica.
Al conclave
secreto, presidido por Joseph Ratzinger, acudirán 117 cardenales, (58 son
europeos, 14 norteamericanos, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y
dos de Oceanía).
En el cónclave
estarán presentes todos los cardenales, pero sólo tienen derecho al voto los
menores de 80 años. La mayoría necesaria en esta votación ha de ser de dos
tercios.
Antes de
constituirse el cónclave, el colegio cardenalicio se reunirá para analizar el estado
de la Iglesia, pero en esos encuentros ningún cardenal se puede postular para suceder
al Papa.
Las listas de los futuros purpurados serían manipuladas por
las
facciones intrigantes de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor
cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su
poder.
En Il Messaggero, el
columnista Petrosillo señaló que en el Vaticano hay
"desconcierto y grave embarazo" por la presunta revelación del Corriere della
Sera de la existencia del "consejo de los cuatro
cardenales" que se reparten el núcleo central del poder
de la Curia.
Petrosillo, que se había jugado en la versión del reemplazo de Sodano por Ré en
la secretaría de Estado, admite que la sustitución no tendrá lugar porque el
agravamiento de la salud del Pontífice ha hecho imposible una decisión que
-según Il Messaggero- se había tomado entre la primera y la segunda
internación del Papa, en febrero.
La agonía de Juan Pablo II puso al rojo vivo la
"interna de los cardenales" que compiten por heredar su legado y el enorme poder
político de la Iglesia Católica en el mundo.