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(IAR-Noticias) 06-Abr-05
Los
llamados "expertos en asuntos vaticanistas" señalaban que el control del
Vaticano, en las últimas horas de agonía del Papa, se encontraba en manos de una
troyka de poder
compuesta por cuatro cardenales, quienes aspiran a seguir manteniendo su
status de poder tras la sucesión del Papa moribundo.
Las informaciones
cruzadas sobre el estado del Papa, los diversos desmentidos y rumores que se
tejieron durante su agonía, fueron acomodados a las necesidades estratégicas de
ese lobby curial, que según se dice, controló la mayoría de la decisiones
políticas del Papa desde que fuera instalado al frente de la Iglesia Católica en
1978.
En los círculos del
poder italiano se habla del "cuadrilátero vaticano"
para definir a esa troyka de poder interno que controla
la "Santa Sede", cuyas infinitas redes
políticas y financieras son asociadas con Washington y el
Opus Dei.
El "cuadrilátero" está compuesto por el secretario particular, el arzobispo
polaco Stanislaw Dziwisz (señalado
como el jefe del "grupo polaco" que rodeaba a Wojtyla)
, y por tres cardenales: el alemán Joseph Ratzinger
(prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), el italiano Angelo
Sodano (secretario de Estado, y segundo en la estructura del
poder) y el español Julián Herranz (presidente del
Pontificio Consejo para los Textos Legislativos). Muchos también
agregan a esta logia al
cardenal Giovanni Battista Ré.
Sobre Dziwisz, la revista
italiana L'Espresso dijo hace poco: "Los historiadores de la Iglesia
contemporánea no conocen secretarios que hayan tenido un peso tan desmesurado".
Antes de la enfermedad terminal de Wojtyla, Josué Tinoco, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
(UAM), señalaba que en el Vaticano "teólogos
y analistas dudan del poder real de Juan Pablo II, denuncian un vacío de poder,
y aseguran que sus más cercanos colaboradores se están aprovechando de la
debilidad del Pontífice para imponer en la Iglesia una tendencia
ultraconservadora".
Según el diario Corriere della
Sera, las distintas
informaciones cruzadas sobre la salud de Papa en los últimos días
provendrían de los intereses de las facciones de poder de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor
cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su
poder.
El
Corriere
señala que los cuatro cardenales más importantes e influyentes habrían
hecho un pacto de mutua no agresión para garantizar el status quo
de sus respectivos poderes personales
más allá de quien sea el sucesor de Juan Pablo II .
"Nada se debe mover ni remover, todo debe ser visto y controlado",
sería el axioma de los principales protagonistas: el cardenal
Joseph Ratzinger, el "ministro" que maneja el látigo
doctrinario; el cardenal Antonio Sodano, secretario de Estado; el "ministro"
para los obispos, cardenal Giovanni Battista Ré, y el vicario del Papa en Roma,
cardenal Camillo Ruini.
Los cuatro fueron los actores
principales de la Semana Santa encargados por el
Papa a representarlo en las liturgias principales.
A estos personajes se suma el
ex secretario personal del Papa Juan
Pablo II, que lo acompañó
durante más de 40 años, cuando
era un joven obispo de Cracovia. Monseñor Estanislao Dziwisz
cosechó un poder
enorme por su íntima relación con el Pontífice, de quien era una especie de
hijo espiritual.
A Dziwisz le asignan el rol de jefe del "grupo polaco", o
sea de los purpurados de la misma nacionalidad de Karol Wojtyla, que formaban
de hecho un clan juramentado para protegerlo de las insidias de la Curia Romana
y hacer respetar sus deseos.
A la cabeza del
"cuadrilátero" se
encuentra el cardenal italiano
Angelo Sodano (1927), actual secretario de Estado (número dos del Vaticano), ex nuncio en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, con quien entabló relaciones muy amistosas.
A la troyka se suma el llamado "grupo latinoamericano",
compuesta por
los cardenales colombianos
Alfonso López Trujillo (presidente del Pontificio Consejo para la Familia) y
Darío Castrillón Hoyos (presidente de la Congregación para el Clero), y el
chileno Jorge Medina, un ultraconservador y público defensor de Pinochet.
Todo
este grupo, junto con el cardenal alemán
Josef Ratzinger,
un abanderado de la lucha contra la Teología de
la Liberación, podría proponer
en el cónclavela
la candidatura del cardenal de Bolonia (Italia), Giacomo Biffi.El funcionario eclesiástico
que tendrá la máxima autoridad durante los días hasta que haya un nuevo sucesor
será el actual Camarlengo del Pontífice, Martínez Somalo.
Entre 15 y 20 días
después de la muerte del Papa, arrancará un cónclave secreto en la
Capilla Sixtina que designará oficialmente al nuevo Santo Padre.
Este será el momento donde los
poderes intrigantes del Vaticano, principalmente centralizado en la troyka del "cuadrilátero" intentarán torcer la votación a su favor influenciando
la voluntad de los electores.
Todos los expertos coinciden en que
en la milenaria interna del Vaticano se disputa poder sín límites y sin
escrúpulos, habiendo llegado muchas veces al terreno del asesinato para
dirimir quien se queda con la porción mayoritaria del control sobre la Iglesia
Católica.
Al Cónclave
secreto, presidido por Joseph Ratzinger, acudirán 117 cardenales, (58 son
europeos, 14 norteamericanos, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y
dos de Oceanía).
Sólo dos de los 117 cardenales electores no han sido designados por Juan
Pablo II, la
mayoría impulsados por la troyka del "cuadrilatero".
En el cónclave
estarán presentes todos los cardenales, pero sólo tienen derecho al voto los
menores de 80 años. La mayoría necesaria en esta votación ha de ser de dos
tercios.
Durante las feroces negociaciones por el "reparto de cargos"
se estima que las listas de los futuros purpurados serán
manipuladas por
las distintas
facciones intrigantes de la Curia Romana, que tratarían de conseguir la mayor
cantidad posible de electores en el Cónclave para asegurar la continuidad de su
poder.
Angelo Sodano ,
Josef ,Ratzinger,
Camillo
Ruini, debido a su incidencia en el nombramiento de
cardenales, tendrán la llave decisiva sobre los 47 electores
(sobre 117) llamados
“curiales” (los cardenales que ocupan puestos en el Vaticano)
cuyo lobby define generalmente la elección del nuevo Papa.
Por lo tanto, sea cual fuere el elegido, salga de las filas "conservadoras",
"renovadoras", o producto de una negociación entre ambas facciones, el nuevo
Papa deberá ajustarse al perfil y los nuevos requerimientos políticos de la
troyka de poder que controla al Vaticano.
Opus Dei: el poder detrás del trono

Los expertos coinciden en que
detrás del poder lobbysta del
"cuadrilátero", detrás de la movida de "construcción del nuevo Papa",
está el sector más
ultraconservador y poderoso de la Iglesia: el Opus Dei.
Sodano (el político) y Ratzinger (el
doctrinario) son señalados como las cabezas más visibles
del poder del Opus Dei en el Vaticano. Ratzinger,
un abanderado de la inquisición, ordenó el año pasado la reapertura del caso contra Galileo, condenado por
afirmar que la Tierra giraba alrededor del sol, para defender a la Iglesia pese
a que el Papa ya había pedido perdón en 1992.
Pero el misterioso poder del Opus Dei,
sus tentáculos en las sombras, es, según los expertos, el que impone la agenda
dentro del sinuoso mundo de los negocios y del control político sobre el
Vaticano.
Sus lobbystas
más representativos en la Santa Sede
son los cardenales Sodano y Herranz
(este último encargado de aplicar la ley en el Vaticano)
quienes proyectan su influencia sobre Dziwisz y el portavoz
oficial Navarro-Valls.
El Opus, gozó del apoyo incondicional del
Papa Juan Pablo II, y sus representantes se
encuentran infiltrados en
todos los escalones de la jerarquía católica, no solamente en el
Vaticano sino en el mundo. "¿Es el ejército secreto del Papa
en su tarea de reconquista católica? ¿O Juan Pablo II es un prisionero
inconsciente de esa "mafia blanca"?", se preguntaba un
experto con el Papa todavía vivo.
El Opus oculta celosamente el secreto
de sus orígenes, su estructura, y sus
estrategias funcionales insertadas dentro del Vaticano y del poder internacional.
En su constitución (secreta) -según especialistas en el tema Opus-
redactada en 1950, el artículo 191 precisa que "los miembros numerarios y
supernumerarios sepan bien que deberán observar siempre un prudente silencio
sobre los nombres de los otros asociados y que no deberán revelar nunca a nadie
que ellos mismos pertenecen al Opus."
Esto posibilitó que
sus miembros se incrustasen no solamente dentro de la jerarquía católica (más
allá de órdenes o congregaciones) sino también dentro del mundo empresarial del
capitalismo, tanto en Europa como en EEUU, donde sus tentáculos se extienden
hasta la Casa Blanca.
En los años 70, mientras su fundador Escrivá de
Balaguer vituperaba a la "iglesia en descomposición", sus amigos organizaban la
red financiera que permitiría a la Obra manejar miles de millones de dólares.
La
institución más importante en ese terreno es la fundación Limmat, creada en
Zurich en 1972, vinculada con bancos o fundaciones de España (Fundación General
Mediterránea), de Alemania (Fundación Rin-Danubio o el Instituto Lidenthal) y de
América Latina (Fundación General Latinoamericana, en Venezuela).
La
nueva estrategia del Opus Dei consiste en infiltrarse en las organizaciones
internacionales, por
ejemplo las Naciones Unidas, la Unesco o la Organización para el Comercio y el
Desarrollo Económico (OCDE, integrada por los 21 países más ricos).
El
Parlamento Europeo en Estrasburgo y la Comisión Europea en Bruselas son sus
lugares preferidos. Varios parlamentarios europeos son miembros del Opus.
Durante la gestión de Juan Pablo II
el Opus adquirió un enorme
poder en Roma. Su ascensión se vio coronada en 1992 por la beatificación de
Escrivá de Balaguer por parte de Juan Pablo II -amigo de larga data de la
organización- apenas diecisiete años después de su muerte y luego de un proceso
expeditivo, donde sólo se tuvieron en cuenta los testimonios positivos.
Siendo
obispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla ya viajaba a Roma invitado por el
Opus, que lo alojaba en la bella residencia del viale Bruno-Bozzi N° 73, en
un elegante suburbio de Roma.
El Opus siguió mostrándose generoso con el
Papa polaco, participando -por ejemplo- en la financiación del sindicato
Solidaridad. El cardenal Wojtyla era el candidato papal del Opus y en su
elección cumplió un papel determinante el cardenal König, arzobispo de Viena y
hombre cercano a la organización.
La alianza del Vaticano con Washington
-impulsada por los lobbystas del Opus en la Casa Blanca-
ayudó a inclinar la victoria del capitalismo sobre la URSS.
Juan Pablo II fue el cruzado de la guerra contra el "ateismo
rojo" en los países bajo la órbita soviética y su prédica
contribuyó a legitimar "espiritualmente" la invasión
capitalista
a las regiones comunistas de la ex URSS.
Se afirma que
el Papa fallecido era depositario
de algunos de los secretos mejor guardados
sobre los
EEUU y su política de expansión hacia los
ex enclaves comunistas de Europa del Este, cuya primera fase
fue
la invasión y apoderamiento de Yugoslavia.
En términos políticos, el
sacerdote polaco Wojtyla, devenido en jefe de la Iglesia
Católica, representó el caballo de troya de occidente que vino a
preparar "espiritualmente" a los ex países comunistas de
Europa para un ingreso al capitalismo de mercado.
Los "vaticanistas" sostienen
que Juan Pablo II fue
una punta de lanza "espiritual" de Washington y de Occidente en las ex
repúblicas soviéticas, cuyo primer efecto paradigmático se
logró en Polonia, donde el socialismo de Walessa abandonó los
postulados pro-URSS y se plegó a las políticas de mercado
impulsadas por EEUU antes y después de la caída de la
burocracia soviética.
El reinado papal de Juan Pablo II, no por
casualidad, coincidió con el colapso del "comunismo ateo" como
sistema político en Europa del Este.
El hoy muerto y mitificado cura Wojtyla,
llegó a Roma de las manos de Washington y del Opus Dei, y fue
ungido jefe espiritual del Vaticano no por sus aptitudes de
actor, deportista, o "gran
comunicador", sino porque era el que
mejor se ajustaba a la estrategia en marcha de
destruir al comunismo e instalar el mercado capitalista en
las ex republicas soviéticas.
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