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(IAR-Noticias) 16-Abr-05
En
las últimas horas trascendió en medios romanos que El Vaticano
está preocupado por la posibilidad de a través de
las nuevas tecnologías informáticas se pueda revelar detalles del
desarrollo del cónclave secreto que, desde el
lunes, elegirá al nuevo Papa que suceda al fallecido Juan Pablo
II.
El
temor está alimentado por el desarrollo que
alcanzara en las últimas décadas
la tecnología informática, lo que acelera el
peligro de que, a través de micrófonos casi
imperceptibles o aparatos ultrasensibles a distancia,
se pueda captar parte o todo
el discurso de los cardenales
que hablarán durante el proceso eleccionario.
Fuentes de la curia romana -según trascendió
entre los periodistas acrediatdos- señalaron que ya
se instaló un escudo electromagnético contra
los espías electrónicos en torno a la capilla Sixtina, el
lugar donde se efecturá la votación y
la mansión "Santa
Marta" donde se alojan
los cardenales que participan en
el Cónclave.
Se
señala además que la barrera de protección electromagnética
evitará que los cardenales
se comuniquen por sus teléfonos móviles,
comunicación que podría ser interceptada por medios
electrónicos.
En
ese sentido, se señala que los purpurados,
por advertencia de los expertos en seguridad
informática, tienen prohibida cualquier
comunicación con el exterior, ya sea epistolar, telefónica o
por Internet.
De acuerdo con las
reglas vaticanas, todo el personal que esté en contacto con
los purpurados durante la elección del nuevo Vicario de Cristo
está obligado a hacer voto de silencio para resguardar
los secretos de la trascendental reunión.
Los purpurados
que preparan el cónclave que comenzará el próximo
lunes, repasaron el artículo IV de la Constitución Apostólica
Universi Dominici Gregis sobre la Sede Vacante y la
elección del Romano Pontífice, referido al secreto que
deben mantener todos los cardenales, así como asegurar que
no se introduzcan grabadoras u otro tipo de transmisión
audiovisual en la Capilla Sixtina donde se celebra el
cónclave.
El artículo IV contempla que mientras transcurra el cónclave
los cardenales electores están obligados a no mantener
correspondencia epistolar, conversaciones telefónicas o por
radio con personas no autorizadas en los edificios reservados
a ellos.

Durante el
cónclave, los cardenales electores no recibirán prensa
diaria, no escucharán programas
radiofónicos ni verán televisión.
Los purpurados tampoco podrán revelar noticias directas o
indirectas sobre las votaciones o lo tratado. Incluso una vez
concluido el cónclave y elegido el nuevo Papa tampoco deberán
contarlo, a no ser que el nuevo Pontífice haya dado su
aprobación.
En
los códigos de procedimiento oficial, Los cardenales
votarán bajo juramento de total y absoluta reserva de
por vida, salvo que el nuevo pontífice decida que se conozca
algún aspecto de su elección.
Pese a que no
podrán acceder a la capilla Sixtina, todos los que colaboren
con los purpurados durante los días del cónclave también
estarán alcanzados por esa exigencia.
Quien viole el
secreto sobre el cónclave incurre, según la normativa
vaticana, en la pena de excomunión.
Pero los
cardenales no son los únicos que están obligados a callar
como una tumba sobre el Cónclave en el que se elegirá al
nuevo Papa de la Iglesia católica.
También los
obreros de la limpieza,
mucamas, ascensoristas y choferes que entren en
contacto con los purpurados deberán guardar un voto de
silencio, informó la Santa Sede.
La
medida también afecta a médicos, enfermeras, así como personal
de hostelería, quienes tendrán que
hacer el juramento y firmarlo ante el tesorero de la
Santa Sede y dos maestros de ceremonias.
En las últimas horas -según lo que se informó
oficialmente- los cardenales reunidos en la
novena congregación analizaron la observancia del secreto
en lo relacionado con la elección
del próximo Papa y debatieron la situación general de la
Iglesia y del mundo.
El portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, informó
que a la reunión asistieron 140 purpurados de los 183 que
integran el Colegio Cardenalicio, señaló Efe.
Además, los cardenales recibieron al cuerpo diplomático que
les dio el pésame por la muerte de Juan Pablo II.
El decano del cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano,
Giovanni Galassi, manifestó que Karol Wojtyla fue en
sus casi 27 años de pontificado un constante "punto
de referencia para el mundo".
El diplomático resaltó que el Papa se opuso a las
"ideologías totalitarias"
y luchó por la defensa de la dignidad y los derechos del
hombre.
El cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio
Cardenalicio y uno de los favoritos en la
votación, agradeció el gesto de los diplomáticos y dijo
que Juan Pablo II introdujo a la Iglesia en el tercer milenio
e invitó a los creyentes a "llevar a
Cristo a todo el mundo"!.
Luchó por la paz y la solidaridad, añadió el purpurado alemán,
que agradeció a Dios "el gran pastor que nos dio" y al Papa
por sus acciones y sus enseñanzas.
Pese estas
referencias protocolares rimbombantes sobre el Papa fallecido,
y a las advertencias oficiales sobre la "violación del
secreto" del cónclave, los vaticánologos avezados
sostienen que, antes o después, la filtración de información
sobre la ceremonia de elección del nuevo Pontífice trascenderá
inevitablemente las paredes de la Capilla Sixtina.
Y
no precisamente a través de micrófonos imperceptibles o de
aparatos disimulados ultrasensibles -señalan los expertos- ,
sino de los propios protagonistas de la interna de poder
cardenalicio, generalmente los perdedores de la elección
interesados en revelar detalles que perjudiquen a la facción
que impuso a uno de los suyos al frente del poder del
Vaticano-
Las luchas
internas, la competencia por el poder, lleva en las mayorías
de las veces a que esa información sea "filtrada" por los
propios protagonistas de los hechos para perjudicar a un rival
o enemigo, o dar realce político al Papa
elegido en el Cónclave.
Como sucede en cualquier alta
esfera de poder" secreto"
la información confidencial del Vaticano,
sus conclves "secretos" trascienden
como cualquier otra, con investigadores
sagaces o con receptores de las
confesiones de los propios integrantes de su Cúpula,
a quién llaman graciosamente "alta fuente".
Como dicen los anticlericales fervientes: lo
del "secreto" confesional de los
purpurados es una formalidad oficial,
tanto como la mentirosa "santidad" de los Papas.
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