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(IAR-Noticias) 19-Abr-05
La poderosa Iglesia
Católica es una estructura de poder milenario que reclama la vigencia de
la sucesión apostólica, así como la infalibilidad de su máximo líder;
algo que sólo pocas de las otras organizaciones religiosas se atreverían a
afirmar.
Es la única
iglesia que puede mirar atrás en su pasado histórico, consciente de la
influencia doctrinaria, política y cultural
que ha proyectado sobre la civilización occidental, habiendo
ejercido durante muchos siglos el destino de naciones y
gobernantes.
La figura del Papa se ha ido forjando con el paso de los siglos
exclusivamente por la mano del poder del hombre, ya que
en la Biblia no existe ninguna referencia sobre la forma en que los
Pontífices deberían ser elegidos o la vida ejemplar que deberían llevar.
Guerreros, ambiciosos, polígamos, infieles, mafiosos y conspiradores: como el
resto de los mortales, los Papas del pasado sucumbieron a las tentaciones y sus
vidas no recuerdan en nada a la imagen de santidad que se intenta dar a los
modernos Pontífices de hoy.
Todo indica que cuando Jesús habló de la
"Iglesia de Pedro" no estaba pensando
en las intrigas del poder trasnacional que hoy elige a un nuevo
jefe detrás de un escudo contra espías informáticos.
El propio Pedro, escogido por Jesucristo para ayudarle en la tarea de
"edificar la Iglesia", era un pescador, un hombre simple que dejó "todo"
para seguir a su Maestro pero que tuvo al menos una hija. A partir de ahí, las
historias se multiplican.
La lista oficial de Papas mantenida
por la Iglesia Católica se inicia con San Pedro y se extiende en una sucesión no
interrumpida hasta
el reinado del desaparecido jefe del
Vaticano, el polaco Wojtyla
Nicolás II, 1059-61, bajo cuya
administración la elección de los Papas se le quitó al Emperador y se puso en
manos de los cardenales (desde entonces todos los Papas, con pocas excepciones
tales como los de Avignon, han sido nombrados de entre el clero Italiano).
En estos días en que 115 cardenales se reúnen para elegir al sucesor de Juan Pablo II, se multiplican las historias sobre los Papas que sobornaron,
corrompieron, engañaron e
incluso asesinaron por el "trono de Pedro".
Gregorio VII (Hildebrando) 1073-85, se
propuso como objetivo reformar al clero. Los dos pecados
prevalentes del clero eran la inmoralidad y la simonía.
Para combatir la simonía (la compra
de puestos eclesiásticos con dinero), combatió el derecho del emperador de
nombrar a dignatarios eclesiásticos. Prácticamente todo
obispo y sacerdote había comprado su puesto, pues la iglesia era dueña de
la mitad de las propiedades y tenía grandes rentas y el sacerdocio era un buen
medio de vivir, lujosamente.
Los reyes solían vender los puestos
eclesiásticos al más alto postor haciendo caso omiso de su idoneidad y carácter.
Esto llevó a Gregorio a una lucha acerba contra Enrique IV, emperador de
Alemania. Finalmente el emperador
depuso a Gregorio, quien a su vez lo excomulgó y depuso a Enrique. Sobrevino la
guerra, y por fin Gregorio fue arrojado de Roma, y murió en el exilio.

Pero había hecho el Papado en gran
parte independiente del poder imperial. Repetidamente se había llamado a si
mismo, "Señor de reyes y príncipes". y había hecho valer sus pretensiones.
Es sabido que los papas Juan XIX y el español Alejandro VI, llamado el Papa
Borgia, pagaron una fortuna por sus nombramientos. Más astuto, Sixto V fingió
estar enfermo hasta que los cardenales, que deseaban un pontificado corto, lo
eligieron Papa a finales del siglo XVI, cargo en el que se mantuvo durante años
con un vigor inusitado.
Bonifacio VII, asesinó al Papa Juan
XIV, y se mantuvo sobre el trono papal mediante el reparto pródigo del
dinero robado entre sus cómplices del poder.
Benedicto IX, 1033-45, fue hecho Papa
siendo niño de 12 años, mediante convenio monetario con las poderosas familias
reinantes en Roma. Según los eruditos, sobrepasó en
maldad a Juan XII, durante su reinado se
incrementaron los asesinatos y adulterios.
Clemente II, 1046-7, fue nombrado
Papa por el Emperador Enrique III de Alemania, por cuanto no se hallaba a ningún
clérigo romano que fuera exento de la contaminación de simonía y fornicación.
El obispo de Orleans,
refiriéndose a Juan XII, Leo VIII y Bonifacio VII, les llamó "monstruos de
culpabilidad, llenos de sangre e inmundicia anticristos sentados en el templo de
Dios."
Sergio III, (904-11 D.C.) tenía una
concubina, Marozia, quien junto a su
madre Teodora (esposa o viuda de un senador romano) y su hermana
"llenaron la silla papal de sus amantes e hijos bastardos, e hicieron del
palacio papal una cueva de ladrones." En la
historia este periodo se denomina la "Pornocracia", o "Reinado de las Rameras"
(904-963).
Leyenda
o realidad, estas historias muestran que el reinado "espiritual" del
Vaticano se ha modelado durante siglos por la ambición de los hombres en
su búsqueda insaciable del poder terrenal.
Alejandro VI envenenaba
sistemáticamente a los cardenales, tuvo 9 hijos ilegítimos y cometió incesto con
su hija Lucrecia. Adriano II fue nombrado Papa pese a estar casado y tener una
hija. Ambas fueron decapitadas.
Esteban VI, Papa de 896 a 897, hizo exhumar a uno de sus predecesores, Formoso,
para juzgarlo post mortem, mutilar su cadáver y arrojarlo al río Tíber.
La leyenda dice también que una mujer ocupó el trono de Pedro en el siglo X.
La papisa Juana se hizo pasar por hombre y habría sido elegida como Juan VIII.
Una versión dice que murió dando a luz en una procesión en la que la multitud la
apedreó, encolerizada por la mentira.
En la Edad Media, casi ningún Papa falleció de muerte natural y la mayoría
sucumbió en guerras, envenenados, muertos de hambre en prisión o quemados vivos.
Otros tuvieron muertes terriblemente
banales: Benedicto XI murió en 1304 comiendo higos y Pablo II, en 1471, por una
indigestión de melones.
Los Papas de hoy no libran cruzadas ni son polígamos, pero la Iglesia es
víctima de otros escándalos que enturbian su imagen de igual manera, como la
pederastia en el caso de sacerdotes estadounidenses o el olvido del voto de
pobreza.
Los Cónclaves también están llenos de historias y anécdotas. El nombre de esta
reunión nació en el siglo XIII, cuando los cardenales se reunieron en la ciudad
italiana de Viterbo durante tres años sin llegar a un acuerdo.
Cansados de esperar, los fieles y
autoridades los encerraron bajo llave ('cum clave' en latín) y comenzaron a
recortar los suministros de comida. Muertos de hambre y frío, eligieron a
Gregorio X en 1271.
Pese a que la historia está llena de intrigas para ser Papa, también hay casos
de cardenales que intentaron evitar esta responsabilidad. Es el caso de Pío XII,
quien tras ser elegido pidió a los cardenales que repitieran la votación por si
se habían equivocado.
Desde que Juan II eligió su propio nombre en el 533
-en verdad se
llamaba Mercurio-, todos pueden hacerlo. Juan, Gregorio y Clemente son los más
recurridos desde entonces y ninguno se ha vuelto a llamar Pedro, tal vez
por no considerarse dignos de llevar el nombre del elegido por Jesucristo.
Los doctrinarios católicos sostienen que la tradición de la iglesia es más importante que
la Biblia.
Para ellos la "Tradición de la
Iglesia" es el "sentir" o el "criterio" de la iglesia a través de los siglos,
incluyendo los escritos de sus doctores, "padres", teólogos, así como sus
decretos conciliares, libros litúrgicos, y encíclicas papales.
Creen además, que esta tradición en
realidad no se opone a la Biblia, sino que más bien la complementa.
Pero en la realidad del mundo
capitalista globalizado de hoy, el poder terrenal de la Iglesia católica,
sus tramas y redes de influencia, no tienen límites ni fronteras y se
proyecta por todas las esferas de la realidad internacional nivelada por la
comunicación mediática.
Eso hace que el Cónclave para la
elección de un nuevo Pontífice en sustitución del fallecido Juan Pablo II, se
convierta -más allá de las sonrisas y de las bendiciones- en una feroz
competencia política por el control del Vaticano, uno de los poderes
claves del sistema de dominación mundial liderado por EEUU.
Nada más alejado que el Vaticano de
la Iglesia de Pedro y de los votos de pobreza de ese hombre legendario llamado
Jesús, que supuestamente fue torturado y crucificado por los mercaderes
que con el correr de los siglos inventaron las delicias del sistema capitalista.
El mismo que -según la ONU- mata
de hambre a un niño pobre cada tres segundos, y mantiene en condición de
marginalidad, pobreza o subnutrición a 3.000 millones de seres humanos.
Centenares de millones de
ellos, comulgantes y creyentes de la Iglesia de los Papas, que dentro de algunas
horas batirá sus sacras campanas celebrando el advenimiento del nuevo
"representante de Dios en la tierra".
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