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(IAR-Noticias)
11-Oct-05
El primer ministro Tony Blair espera que la ley antiterrorista, que apunta
principalmente a los clérigos islámicos extremistas, sea aprobada antes
de fin de año.
Previo a los atentados del 7-J,
24 hs. antes, Tony Blair había presentado un nuevo proyecto de "ley antiterrorista"
que endurecía la legislación británica y otorgaba poderes especiales a las fuerzas
de seguridad y a los servicios de inteligencia.
Una semana después, en oportunidad de
los sucesos "terroristas" del 21-J en Londres, el Congreso de EEUU aprobó la
renovación de la Ley Patriota, un instrumento legal, nacido después del 11-S,
que otorga superpoderes e inmunidad represiva al FBI y los servicios de
inteligencia en su persecución de activistas "anti-Bush" y de ciudadanos
musulmanes "sospechados de terrorismo".
Toda esta maniobra política de
aprovechamiento de los atentados terroristas se dió en el marco de una
encarnizada psicosis de "miedo al terrorismo" promovida por la prensa británica
y recogida por las grandes cadenas de la prensa internacional.
Esta fiebre
editorialista de los medios británicos con la conspiración "terrorista"
coincidía
con la distintas maniobras del gobierno de Blair para conseguir una legislación
interna que le posibilite detener masivamente a ciudadanos sospechados de
vinculación con el terrorismo y expulsar a extranjeros -principalmente de origen
musulmán-.
A pesar del fuerte consenso entre los principales partidos políticos
inmediatamente después de los ataques de julio, el gobierno enfrenta ahora oposición,
sobre todo a su proyecto de detener a presuntos terroristas durante tres
meses sin formularles acusaciones, en lugar de los 14 días actuales.
Es probable que el nuevo proyecto de ley domine el debate de la sesión
parlamentaria, que comenzó el lunes tras un receso veraniego de 80 días.
El portavoz oficial de Blair defendió la extensión del período de
detención de sospechosos, expresando que la propuesta responde a un pedido
directo de importantes funcionarios policiales.
Enfatizó que el poder sólo podrá ser
utilizado en casos excepcionales y será supervisado por jueces.
Tanto la policía como los fiscales sostienen que se necesita más tiempo para
interrogar a los presuntos terroristas en casos complejos, en los que con
frecuencia tienen varios apodos y almacenan información en computadoras
codificadas, o en los que es necesaria la cooperación de agencias extranjeras.
El ministerio del Interior publicará el proyecto de ley el miércoles.
Deberá ser aprobado por ambas
cámaras del Parlamento, la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores,
antes de convertirse en ley.
Desde los ataques dinamiteros del 7 de julio al sistema de transporte de Londres
que mataron a 52 pasajeros, y los fallidos atentados de dos semanas después,
Blair ha alentado medidas para reforzar las leyes antiterroristas y
perseguir a los extremistas islámicos.
En agosto pasado, el primer ministro, Tony Blair, anunció una serie de propuestas
"antiterroristas" que incluían la posibilidad de deportar o denegar la entrada
en el país a quienes hacen apología del terrorismo, así como el cierre de
mezquitas y otros centros donde se propague el "extremismo fanático".
Esta nueva cacería mediática de los "profetas del odio musulmán", coincide, como
se puede apreciar a simple vista, con los planes de convertir a Gran Bretaña en
el "nuevo Guantánamo" del occidente cristiano
Si es aprobada por el parlamento, la iniciativa prohibirá la "incitación
indirecta" al terrorismo, apuntando a clérigos islámicos extremistas
responsabilizados de incitar a jóvenes musulmanes.
Tras
los ataques del 7-J en Londres, Tony Blair, se perfiló como el más claro beneficiario político
de la "psicosis terrorista" producida en Gran Bretaña después de los ataques
terroristas y de los atentados "fallidos" del 21-J.
Esta
evidencia probatoria se reflejó en una encuesta del diario The Times publicada a
fines de julio, y según la cual, tras
los atentados y las amenazas de nuevas bombas, el índice de popularidad de Blair
aumentó
hasta los 5,55 puntos, el segundo índice más alto de sus tres mandatos, el
que, en enero pasado, por ejemplo, se situaba en 5,07.
Este
último resultado sólo fue superado por una encuesta del pasado mayo de 2003,
cuando su popularidad se cifró en 5,75, coincidiendo con la caída de Bagdad a
manos de las tropas aliadas.
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