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(IAR-Noticias) 12-En-05 Informe especial
A menos de tres semanas de las elecciones en Irak,
Washington y el Pentágono enfrentan una situación límite, donde los sangrientos atentados y ataques comando de la resistencia
iraquí golpean con una dureza feroz, tanto a las fuerzas norteamericanas como a
sus colaboradores locales.
Atrás quedaron las declaraciones "triunfalistas", el
"vamos ganando" de Rumsfeld y los generales del Pentágono, que hoy deben
asumir que, pese al genocidio de Faluya, a las matanzas indiscriminadas
en las ciudades del triángulo suní, sus fuerzas son impotentes para
contener a las hordas fantasmas de los combatientes suníes que se reproducen por
todos lados.
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Un
policía iraquí inspecciona los restos de un coche
bomba que que mató a siete policías en Basora, el
martes 11 de enero de 2005 (Reuters) |
En este contexto, marcado por las críticas y los pedidos de
renuncia a Rumsfeld por parte de las principales cadenas y diarios
norteamericanos, comienzan a surgir versiones, cada vez más nítidas, de que el
gobierno de Bush, empantanado en el infierno iraquí, estudia fórmulas
alternativas para subsanar su derrota estrepitosa en el terreno militar.
El diario The Washington Post, en su edición del martes, señalaba que
Washington y el Pentágono estudian tres opciones estratégicas en Irak a
partir de las elecciones:
1) reducir la presión militar sobre las ciudades rebeldes, con
la esperanza de que la comunidad sunita "moderada" acepte la integración
política dentro de un posible gobierno chiíta salido de los
comicios.
2) rediseñar nuevas operaciones militares a gran escala en el
área rebelde del triángulo suní, y dedicar todo el esfuerzo económico y
trabajo de la "reconstrucción" en el sur chiíta y en el norte kurdo, integrados
tras los comicios en un gobierno "legitimado" por el voto.
3) montar una brutal operación de "contrainsurgencia" masiva, y
a la vez selectiva, de fuerzas especiales con modalidades operativas donde
todavía no están bien delimitado el rol que jugaría el aparato
"colaboracionista" del ejército y la policía iraquí, integrado con kurdos y
chiíes y entrenado por oficiales norteamericanos.
El diario señala que si el peso de las operaciones especiales contra los
rebeldes suníes recayera en kurdos y chiítas, tendría como efecto el
levantamiento de peligrosas tensiones étnicas de difícil solución.
Puntualiza que,
contrariamente a la opción ofensiva desarrollada hasta ahora por la
secretaría de Defensa conducida por Donald Rumsfeld, la sociedad
estadounidense se inclina más a encontrar una estrategia de salida, como
forma de terminar con el "el sindrome Irak" que padecen sus
soldados.
En otro artículo, el martes,
The Washington Post señala que los rebeldes han trabajado para
infiltrar los servicios de seguridad iraquíes, y que sus comandantes
reconocen abiertamente que la resistencia llega fácilmente con sus ataques y
atentados contra las sedes policiales.
Según el Post, en octubre arrestaron a un alto funcionario en la
oficina del primer ministro interino, Ayad Allawi, bajo sospecha de
proveer a los insurrectos de direcciones caseras y otros detalles personales de
los empleados del gobierno y de la policía que eran señalados como blanco de asesinatos.
El punto de la "infiltración" revelado por el Post y otras fuentes
estadounidenses, invalidaría, por peligrosa y pasible de un efecto boomerang,
cualquier hipótesis de operación de contrainsurgencia con los efectivos
chiíes y kurdos que hoy integran el aparato de seguridad iraquí, dado que
cualquier movimiento sería conocido de antemano por la inteligencia rebelde.
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Video del atentado con coche bomba en la ciudad de
Nayaf, el 19-Dic-04 (Al Jazeera)
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Por su parte, el semanario estadounidense, Newsweek, señala en su
última edición que el
Pentágono estudia la posibilidad de crear "escuadrones de la muerte",
similares a los que utilizó en Centroamérica hace más de 20 años, con la misión
de colaborar con el Ejército estadounidense y con la Policía iraquí en la lucha
contra la resistencia iraquí.
El plan del Pentágono,
denominado "Opción Salvador", se basaría -según el semanario- en
las operaciones que la administración Reagan-Bush (padre) lanzaran contra la
guerrilla salvadoreña a principios de los 80, y en el cual el padre del hoy
presidente de EEUU tuvo un protagonismo relevante.
Por esos años, el
actual súper-embajador en Irak, John Negroponte, era embajador en
Honduras, y el operativo de contrainsurgencia (considerado "exitoso" por
Washington y el Pentágono) fue una extensión del "contra-gate", con
paramilitares armados y entrenados por la CIA dedicados a cazar y/o asesinar a
los jefes guerrilleros hondureños.
Para poner en marcha la "Opción
Salvador" el Pentágono enviará equipos de las fuerzas especiales para
"aconsejar, apoyar y entrenar" a los iraquíes, de forma especial a los
combatientes Peshmerga kurdos y a los milicianos chiíes, y creará también
centros secretos de interrogatorios, asegura Newsweek.
El informe publicado hoy en la
página de Internet del semanario puntualiza que no está claro si lo que pretende
el Departamento de Defensa de EEUU es poner en marcha una "política de
asesinatos" o de operaciones de secuestros y capturas.
Los oficiales estadounidenses, citados en el informe, puntualizan que esos grupos
especiales o "paramilitares" iraquíes podrían operar también del otro lado de la
frontera de ese país, es decir, en territorio de Siria.
Esto implicaría que las fuerzas especiales
podrían actuar dentro de
Siria contra ex dirigentes del Partido Baas,
que proyectó su poder hegemónico durante el régimen de Saddam
Hussein, y al que Washington y el Pentágono consideran el principal sostén
político y logístico de la resistencia iraquí que opera en el triángulo suní.
El primer ministro interino de
Irak, Iyad Allawi, se encuentra entre los partidarios de la fórmula de "escuadrones
de la muerte", así como sus principales colaboradores militares, entre ellos
el general Mohamed Abdullah al Shahawani, jefe de la inteligencia, quien se
habría reunido en los últimos 15 días con funcionarios estadounidenses, afirma
Newsweek.
"Debemos encontrar la manera de
tomar la ofensiva contra los insurgentes. Ahora mismo, estamos a la defensiva, y
estamos perdiendo", señaló un alto
jefe militar del Pentágono no identificado por Nesweek.
Newsweek
aclara que las fuentes
del Pentágono han insistido en que aún no hay una decisión tomada sobre el envío
de los escuadrones especiales a Irak. El Departamento de Defensa
-todavía- no ha hecho
comentarios sobre el artículo del
semanario estadounidense.
Advertencias a Washington

En la
primera semana de diciembre pasado, The New York Times publicó parte de
un informe clasificado elaborado por el jefe de la CIA en Bagdad,
advirtiendo que la situación en Irak
se estaba deteriorando y que
podía agravarse en cualquier momento
El
informe, titulado en primera plana del Times,
mostraba un panorama sombrío y negativo sobre Irak contrapuesto al presentado por Bush y La
Casa Blanca, cuyo portavoz declinó opinar diciendo que
Washington "no comenta informes de inteligencia".
Las
estimaciones sobre la situación iraquí reflejadas en el informe de la CIA,
marcadas por el pesimismo, se contraponen con el cuadro de situación
optimista difundido públicamente por la administración Bush antes de las
elecciones programadas en Irak para enero, señalaba
el Times citando opinión de funcionarios en Washington.
El
documento de la estación de la CIA en Bagdad señalaba
que la violencia en Irak había aumentado, y que
podía complicarse con la participación de
la milicia chií que fue creada para realizar ataques contra los
combatientes de la resistencia suní.
El informe fue elevado
a la jefatura de la Agencia luego de que los comandantes militares
norteamericanos describieran la toma de Faluya, principal bastión de la
resistencia iraquí, a mediados de noviembre, como una "victoria
significativa" de las fuerzas norteamericanas.
El documento de la estación local de la CIA fue
generosamente difundido entre los sectores del establishment norteamericano, y,
según un funcionario del gobierno, los que leyeron el documento lo elogiaron
como "inusualmente sincero".
Sus
conclusiones coincidían con la estimación nacional de inteligencia
preparada en julio y enviada a la Casa Blanca en agosto por servicios
norteamericanos. También presentaba un pronóstico oscuro para el futuro de
Irak para finales de 2005, señalaba el Times.
Entre los tres escenarios posibles descriptos en
ese documento, el mejor caso era una estabilidad precaria, en tanto que el "peor
escenario" describía una cadena de acontecimientos que conducirían a una
guerra civil.
El Times recordaba
que después de haber leído esos informes de la inteligencia nacional, y luego
de que estos trascendieran en los medios, el presidente Bush consideró sus
conclusiones como nada más que una conjetura.
A mitad de noviembre, en plena ofensiva militar contra Faluya,
The New York Times difundió un "documento secreto" de inteligencia
de los marines en el cual se advertía que -pese a ser derrotados en Faluya- los
rebeldes estaban en capacidad de contraatacar y retomar nuevamente ciudades
del triángulo suní como Faluya y Ramadi.
En la última semana del 2004, y tras el sangriento atentado a
la base norteamericana de Mosul, en medios norteamericanos comenzó a circular la
versión de que el alto mando militar en Irak le expresó a la Casa
Blanca sus temores de que la resistencia iraquí intentara tomar bases
militares estadounidenses, en operaciones sorpresa antes de las
elecciones.
La advertencia se habría realizado por las habituales
sesiones de video conferencia que funcionarios y asesores de la Casa Blanca
mantienen con los jefes castrenses norteamericanos, incluidos los del Comando
Central conducido por el general Abizaid.
Por su parte, la inteligencia militar norteamericana
-incluida la CIA- había advertido en la última semana de diciembre que la
resistencia iraquí estaba recibiendo provisión
logística y armamento de última generación suministrados por fuentes de
financiación árabe, tercerizada principalmente desde Siria.
No hay precisión de inteligencia si los rebeldes aumentaron
su número de efectivos, pero sí hay evidencias del incremento de sus acciones
contra las fuerzas militares estadounidenses revelando una mayor ambición de
objetivos en sus ataques, decían esos informes citados por varios medios
estadounidenses, incluido The Washington Post.
Otra certeza -según la inteligencia militar- es que parte de
la cadena de información y comando de los rebeldes que funcionaba en Faluya,
ahora se encuentra operando en Mosul, una ciudad de tres millones de
habitantes, casi diez veces superior a Faluya, donde se hace difícil la
detección de sus búnkeres operativos.
Al respecto, durante una conferencia de prensa en Bagdad el
viernes pasado, el comandante de la coalición multinacional en Irak,
general Thomas Metz,
advirtió
que 4 provincias de Irak, sobre un total
de 18, todavía no son bastante
seguras para que los ciudadanos voten.
Esas regiones "en riesgo",
que incluyen las ciudades de Faluya, Ramadi, Mosul y Tikrit, situadas en el
triángulo suní, suman más de la mitad de la población iraquí, señaló el
jefe militar norteamericano.
De esa región, y desde distintos
bastiones operativos, parten los comandos rebeldes que, en lo que va del año
2005, ya han matado a 21 soldados estadounidenses y a más de 130
"colaboracionistas" (entre soldados, policías y civiles), 10 de cuales
fueron muertos en ataques y atentados producidos este martes.
Estadísticamente, en los hechos,
Irak está fuera de control.
El punto a determinar es la
"opción" estratégica que elegirán Washington y el Pentágono para salir de una
situación que los conduce a un solo camino: el síndrome Vietnam.
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