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(IAR-Noticias)
Por Manuel Freytas
Las claves del futuro iraquí
La guerra
civil
y la "madre de todas las guerras"
Imaginar
comicios electorales en Irak, un país sometido a una
ocupación militar sangrienta, con 140.000 soldados invasores patrullando sus
calles, con decenas de ataques y atentados por día, con ciudades demolidas
por la aviación norteamericana (como es el caso de Faluya), con su
infraestructura destruida, con emergencia alimentaria y sanitaria, con
hospitales colapsados, con niños muriendo como moscas por epidemias y
desnutrición, con millones de desocupados y marginales tirados y excluidos por
las periferias, con más de 100.000 personas asesinadas por los efectos de la
ocupación militar, imaginar comicios en Irak, es, simplemente, ingresar a
una pesadilla surrealista digna de una creación de Hollywood, o de la
Casa Blanca.
S i
ya de por sí la metodología capitalista de robo organizado con la
"democracia" y la farsa electoral en cualquier país dependiente (donde los únicos que acceden a las candidaturas son los partidos políticos
protegidos por el poder económico y sus estructuras mediáticas) es un absurdo,
en un país masacrado como Irak eso reviste características demenciales.
Los medios, los periodistas, los
intelectuales asalariados, protegen y elogian esas prácticas morbosas (donde los
sometidos eligen periódicamente a sus verdugos en la urnas) por medio de
las cuales el sistema "legaliza" tanto gobiernos títeres en
Latinoamérica, o en cualquier otra parte, o las utiliza en países ocupados
militarmente, como ya sucedió en Afganistán, Palestina, y ahora se la quiere repetir en
Irak.
La fijación con la farsa
electoral en Irak no es un capricho artístico de Washington, ni nada que se
parezca a un acto de generosidad "democrática" por parte del Imperio genocida de
Bush.
Las elecciones en Irak están
pensadas como una estrategia política para lograr lo que los jefes militares
norteamericanos no pudieron conseguir matando a 100.000 iraquíes: el control
político y social por medio de un gobierno títere "legitimado" en la
urnas, y que sirva para darle un rostro "democrático" al genocidio
militar.
Y para ese proyecto en el corto
plazo los estrategas de la Casa Blanca cuentan con un aliado privilegiado: el
"gran ayatolá" Ali Sistani y su corte de clérigos chiíes "leales" a
Washington y a su política de ocupación militar en Irak.
Los clérigos y políticos chiíes,
financiados y protegidos por EEUU, quieren cobrarse las tres décadas de
poder político hegemónico que gozaron los suníes con el régimen de Saddam
Hussein, al cual contribuyeron desde el exilio a derrotar con los marines
estadounidenses y los misiles de Rumsfeld.
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Ayatolá
Alí Jusseini al-Sistani,
la columna vertebal de la farsa electoral en Irak |
Sistani, el más firme aliado
de Bush en Irak, lidera una poderosa coalición electoral llamada "Alianza
Unida Iraquí" (AUI), que incluye a 22 partidos y grupos, representativos
-según el "gran ayatolá"- de la gran mayoría chií en el país estimada
en el 60 por ciento de la población de Irak.
Esta herramienta, agregada al
apoyo financiero de la mayoría de las empresas transnacionales que lucran
con la "reconstrucción de Irak", le asegura a Sistani una victoria
electoral abrumante ante las minorías kurdas y suníes, divididas y sin
chance frente a la poderosa maquinaria electoral oficial de los chiíes.
El
"negocio" electoral
Si se llevan a cabo los comicios,
y aunque en el mismo día de su realización mueran centenares de personas por
bombas y ataques rebeldes, Sistani, de la mano de Washington, cumplirá su
sueño: convertirse en el nuevo Saddam Hussein de Irak, con los votos
chiítas y con el apoyo de la maquinaria militar de EEUU.
Teóricamente, un negocio
cómodo y rentable para Bush: Sistani controla el "orden" social y político con
la mayoría chiíta, y EEUU lo controla a Sistani con los tanques Abrams
y los 140.000 soldados estacionados en Irak.
Pero las estrategias de
Washington en Irak, por más que "cierren" en los papeles, siempre se encuentran,
inevitablemente, con los laberintos, misterios y contradicciones de la
nación iraquí inundada por los cuatro puntos cardinales por esa maldición
bíblica lanzada por Saddam Hussein: "Irak es la madre de todas las guerras".
Medios y
observadores árabes, jefes militares norteamericanos, y ahora hasta el propio
"gobierno" iraquí, siguen sosteniendo que las bombas y los ataques rebeldes
-ahora extendidos contra dirigentes chiiítas- impedirán la participación
masiva en los comicios, lo que frustraría la "legitimación" de los mismos.
El propio jefe militar de la
coalición multinacional en Irak, general Thomas Metz, advirtió la semana
pasada, que en cuatro regiones claves (que incluyen a Faluya, Mosul, Samarra y
Tikrit) los comicios difícilmente se puedan realizar, agregando que las zonas
"en riesgo" representan más de la mitad de la población iraquí.
Otras
opiniones en el mundo árabe, este jueves, señalaban que el asesinato del
colaborador de Sistani, así como los atentados en Nayaf y Kerbala del mes
pasado, inician un peligroso camino hacia la guerra civil en Irak,
un proceso que fue advertido varias veces por la propia inteligencia
norteamericana y que la Casa Blanca no tomó en cuenta.
Tanto la CIA, como el resto de
las agencias nacionales norteamericanas, advirtieron a Washington sobre el
agravamiento de los conflictos armados tras las elecciones en Irak, cuyo "peor
escenario" da como desenlace una guerra civil entre suníes y chiítas, y
con probable implicación de los kurdos en el norte.
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Dos policías colaboracionistas muertos por una bomba
en una comisaría de Bagdad el 3 de diciembre de 2004
(Foto Reuters)
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Si se mira la
historia reciente de Irak, en la cual los dirigentes y clérigos chiítas apoyaron
y colaboraron con la invasión y ocupación militar del país por EEUU, se torna
lógica la hipótesis de que un gobierno chiíta, si asumiera, se convertiría en
rápido blanco de las bombas y los ataques de la resistencia iraquí de origen
sunita.
Pero tampoco
se descarta que, tras un posible fracaso de la estrategia electoral, sean
Washington y la CIA quienes impulsen un proceso de guerra civil en Irak con
la finalidad de dividir al país mediante un conflicto entre chiíes, suníes y
kurdos, que colocaría al ejército norteamericano en el papel de "árbitro"
y no de "fuerza ocupante".
Tanto fuentes de la resistencia
iraquí como de la inteligencia estadounidense "anti-Bush" han alertado
sobre la formación de "escuadrones de la muerte", entrenados por
oficiales israelíes y norteamericanos, e integrados por chiítas y kurdos,
cuyo objetivo sería el asesinato "selectivo" de los jefes políticos y militares
de la resistencia suní.
Hasta ahora la
confrontación armada entre suníes y chiítas se evitó por las expectativas que
los líderes y clérigos depositan en las elecciones, que piensan ganar
cómodamente por su condición de mayoría electoral en un país donde la comunidad
chiíta conforma más del 60% de la población.
También es
lógico pensar que un gobierno chiíta, munido del extremismo fundamentalista de
los clérigos, iniciaría de inmediato una cacería despiadada contra la
resistencia suní, en cuyo seno predomina el ex aparato militar y de
seguridad del régimen de Saddam Hussein cuyo bastión principal se encuentra en
la región del triángulo suní.
La guerra civil
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Video del atentado con coche bomba en la ciudad
chiíta de Nayaf, el 19-Dic-04 (Al Jazeera)
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La guerra
civil, paradojalmente, aparece como el emergente "más lógico" tanto para
EEUU como para los rebeldes suníes excluidos, o autoexcluidos, de cualquier
negociación política con los ocupantes norteamericanos.
El fracaso de la estrategia
militar norteamericana (tal como lo anticipó IAR-Noticias), estadísticamente
demostrada con su falta de control en regiones claves de Irak, como el
triángulo suní, está aceptada (menos por Bush y sus asesores) por el
conjunto de los comandantes en terreno, quienes se ven impotentes para enfrentar
a los rebeldes en la modalidad de la guerrilla urbana, que, solamente en
lo que va del 2005, ya mató a 25 marines y más de 130 "colaboracionistas"
iraquíes. (Ver:
La modalidad de guerra que enfrenta
EEUU en Faluya).
Los estrategas
rebeldes saben que si los clérigos y dirigentes chiíes cómplices de Washington
son legitimados en las urnas, se complicaría el cuadro de la resistencia a los
norteamericanos, dado que un gobierno chiíta contaría con mayores
posibilidades, en lo social y político, que lo que cuenta el gobierno sin
ningún sustento de Iyad Allawi.
Por lo tanto,
estratégicamente a los rebeldes, de no poder detener las elecciones del 30 de
noviembre, les conviene promover una guerra civil con los chiíes antes de los
comicios, cuando todavía sus dirigentes se encuentran divididos y sin el
poder político.
Esto implica que a los
atentados contra Nayaf y Kerbala, y al asesinato del secretario de Sistani de
este jueves,
seguirán, en los días que faltan para las elecciones, nuevos ataques y
atentados contra instituciones y dirigentes chiítas.
En cuanto a
Washington, no le conviene de ninguna manera una guerra civil entre suníes y
chiíes antes de las elecciones, dado que lo obligaría a postergar los
comicios por tiempo indefinido, y el proceso de legalización política de la
ocupación militar quedaría abortado y sin posibilidades.
El "aprovechamiento"
de Washington
En cambio,
para Bush y los halcones un proceso de guerra civil resultaría viable y
provechoso si no pudieran implementarse las elecciones el 30 de enero, dado
que permitiría a sus fuerzas de ocupación salirse del blanco de los rebeldes
iraquíes cuyas energías estarían canalizadas en un enfrentamiento con los
chiíes.
Otro punto de
"aprovechamiento" de una guerra civil en Irak para Washington se
encuentra en el impacto que la misma produciría en el plano internacional.
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Una
formación de tanques avanza contra los rebeldes en Faluya, el
viernes 12 de noviembre (Reuters) |
Con Irak
sumido en un conflicto armado entre suníes, kurdos y chiítas, a la
administración Bush le sería relativamente fácil operar en el Consejo de
Seguridad de la ONU la intervención de una "fuerza multinacional de paz"
que tenga a la OTAN como sustento militar.
Ni Francia, ni
España, ni Alemania, hoy países "críticos" a la política militar de ocupación de
Irak, podrían negarse a integrar una "coalición de paz", aún sabiendo que detrás
de ella se encuentra la mano de Washington y del Pentágono.
En ese
escenario, con la guerra civil como telón de fondo, Bush y los halcones
seguirían controlando la administración, el petróleo, y los negocios de Irak,
mediante un gobierno títere y la supremacía de su fuerza militar sobre la OTAN y
las potencias "aliadas".
Por lo tanto,
la guerra civil es la carta en la manga con que cuentan Bush y el Pentágono para
evitar la exposición directa de sus tropas al fuego de la resistencia iraquí, y,
consecuentemente, parar la muerte de sus soldados cuyos féretros conducen a
un síndrome Vietnam a corto plazo en EEUU.
La reacción rebelde
En este
contexto, se hace probable que nuevos ataques y atentados explosivos sean
dirigidos contra dirigentes, entidades y mezquitas chiíes antes de la fecha de
las elecciones, lo que seguramente detonará respuestas violentas parecidas
del lado de los chiíes que cuentan con el aparato del ejército norteamericano
y la policía "colaboracionista", integrada en sus cuadros de oficialidad por
chiíes entrenados por norteamericanos e israelíes.
Según los
informes de inteligencia revelados por The New York Times, The Washington
Post y Newsweek, hay brigadas especiales y "escuadrones de la muerte",
formados por chiítas y kurdos, con el objetivo de lanzar una cacería de
combatientes y militantes rebeldes suníes, antes o después de las elecciones.
Otro blanco
posible de los ataques y atentados explosivos orientados a promover una
guerra civil, de ahora en más, son los "colaboracionistas" kurdos.
Las diferentes
facciones kurdas, hasta ahora, apoyaron y colaboraron. lo mismo que los chiíes,
con la invasión y ocupación militar de Irak teniendo como perspectiva el proceso
electoral, mediante el cual ven potable conseguir su autonomía y el control
sobre el petróleo del norte iraquí.
Sin embargo,
un seguro triunfo chiíta en las elecciones no les aseguraría ese objetivo, dado
que los chiítas avanzarán sobre el control del territorio kurdo para asegurarse
una frontera segura con Irán en el norte, a cuyo gobierno fundamentalista
responden la mayoría de los clérigos y dirigentes con el ayatolá Sistani
a la cabeza.
Todo este
escenario de confrontaciones, hoy sólo atenuadas por la expectativa
electoral, romperán su corset y se desatarán en el corto plazo en la
medida que se aborten, o se realicen, las elecciones previstas para el 30 de
enero.
El emergente
La guerra
civil, por decirlo de alguna manera, es el "emergente natural" de las
contradicciones políticas internas y de las condiciones emergentes del proceso
de ocupación militar de Irak.
Su desenlace
(el de la guerra civil) es el "escenario natural" para todos los actores
en juego: ocupantes norteamericanos, suníes, chiíes y kurdos, cuyos intereses se
contraponen con la fuerza de un volcán a cualquier ecuación resuelta en forma
pacífica.
Los chiíes
quieren controlar hegemónicamente Irak por medio de un gobierno
fundamentalista pro-iraní, lo que los lleva a chocar simultáneamente con los
norteamericanos, los suníes y los kurdos.
Los suníes
intentan expulsar a los norteamericanos e instalar un régimen político
controlado por ellos, lo que los lleva a chocar simultáneamente con EEUU, y con
el proyecto político de los chiíes y de los kurdos.
El proyecto
político de los kurdos (autonomía y control del petróleo del norte iraquí),
choca simultáneamente con la política de ocupación norteamericana, con los
suníes y con los chiíes.
En un marco
estadístico de proyección estratégica todos estos conflictos, larvados o en
ebullición, convergen en el mismo punto: el enfrentamiento de "todos contra
todos", en una suerte de "afganización" o "iraquización",
donde la única opción posible es la guerra permanente.
En este escenario se verían
complicados directamente Irán (base logística de despegue del
fundamentalismo chií iraquí) y Siria (base logística de los rebeldes
suníes) dos países que figuran como prioridades en la agenda
intervencionista militar del Pentágono tras la reelección de Bush al frente de
la Casa Blanca.
Posibles ataques militares
preventivos contra Irán, a su vez, comprometerían la "seguridad nacional" de
China y de Rusia quienes mantienen negociaciones comerciales claves con Irán (lo
mismo con Arabia Saudita) en materia de petróleo y armamentos, que los
involucrarían directamente en un conflicto con EEUU.
Un escenario de guerra civil
en Irak, con suníes y chiítas como protagonistas centrales, por su
implicancia étnica y religiosa, arrastraría en su vorágine a todo el Medio
Oriente y a los países árabes y musulmanes del planeta.
Si se toma en cuenta que en esos
países (principalmente en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico) se encuentra el
grueso de las reservas petroleras y energéticas del mundo, se puede
concluir que una guerra étnica y religiosa en Irak, con EEUU en el centro del
escenario, convertiría el tablero estratégico mundial en un polvorín.
Un cuadro
muy aproximado a aquella sentencia bíblica que situaba a Irak como la "madre
de todas las guerras".
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