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(IAR-Noticias) 10-Feb-05
Por
por Jeffrey Steinberg - Resumen Ejecutivo
El
senador demócrata estadounidense Richard Durbin resumió las reacciones de una
mayoría de sus colegas en ambos partidos el 12 de mayo, luego de ver una
proyección privada de las fotografías de las torturas de iraquíes en la prisión
de Abu Ghraib en Iraq a manos de soldados estadounidenses: "Se sintió como si
uno fuera descendiendo a uno de los círculos del infierno y, tristemente, era
nuestra propia creación".
Las
palabras del senador Durbin se hicieron eco de las denuncias de los folletos del
comité de la campaña presidencial de Lyndon H. LaRouche, "Children of Satan I" y
"II" (Los hijos de Satanás I y II), que pusieron al descubierto la ideología y
políticas fascistas y premeditadamente bestiales del vicepresidente
estadounidense Dick Cheney y sus socios neoconservadores straussianos en la
burocracia del Departamento de Defensa y otros centros de poder en Washington.
Este es el aparato responsable de la tortura
inhumana ocurrida en Abu Ghraib.
En una declaración el 10 de mayo, titulada "La marca de la bestia", LaRouche
subrayó que los guardias de la prisión y los interrogadores acusados en Bagdad
no actuaron por cuenta propia, sino que su proceder fue producto de una
geometría política que ha subvertido, de arriba a abajo, toda acción importante
del Gobierno de George Bush y Cheney, en particular toda su política bélica
hacia Iraq.
El folleto "Los hijos de satanás II: El
hombre-bestia" le advierte a la población del carácter asesino de Cheney: "Dick
Cheney no es una copia de Adolfo Hitler, sino que desciende directamente de las
mismas raíces que Mussolini, Hitler, Franco y los de su calaña, de las páginas
de 1922–1945 de la historia moderna.
Pertenece al mismo estereotipo psicopatológico que
en la historia se remonta al antiguo Dionisio frigio, del cual el principal
fundador intelectual de todos los movimientos facistas modernos, el padre
intelectual de la tradición fascista moderna, Joseph de Maistre, deriva los
modelos del gran inquisidor de España y del Terror jacobino de Francia.
La conexión de Cheney, Strauss y los nazis con De
Maistre es clara y decisiva para entender la amenaza mundial de corte nazi que
Cheney, en su calidad de Vicepresidente de EU, representa para el mundo hoy".
Joseph de Maistre, un actor importante en el
Terror jacobino y en la posterior tiranía del prototipo del hombre–bestia,
Napoleón Bonaparte, se hizo famoso escribiendo acerca de la función vital del
verdugo en mantener el orden social a través de la bestialización y el terror.
"Toda la grandeza, todo el poder, toda la
subordinación a la autoridad reside en el verdugo; él es el horror y el lazo de
la asociación humana. Remuévase este agente incomprensible del mundo, y al
instante el orden cede ante el caos, los tronos se tambalean, y la sociedad
desaparece".
¿No reflejan estas palabras de De Maistre los
infames pronunciamientos de Dick Cheney sobre el peligro que representaba para
toda la civilización el permitirle a Saddam Hussein que tuviera éxito en su
supuesta búsqueda de crear la bomba atómica, una búsqueda que probó ser
ficticia? ¿No se reduce la "Doctrina Cheney" de guerra nuclear preventiva contra
futuros adversarios potenciales al mismo nivel del verdugo de De Maistre?
Cuando se publicó por primera vez "Los hijos de
satanás II" en enero de 2004, muchos en el Washington oficial consideraron que
esta caracterización del vicepresidente Cheney, el secretario de Defensa Donald
Rumsfeld, su subsecretario Paul Wolfowitz, etc., como los "hombres bestias"
maistrianos, era "extralimitada", "exagerada" y "mera propaganda". Después
aparecieron las fotografías de Abu Ghraib, y la realidad del descenso al
infierno propiciado por Cheney se hizo palpable y clara.
Desde el alto mando
Todavía
no se conoce la historia completa de Abu Ghraib, pero las audiencias en el
Congreso de EU ya han confirmado que el alto mando conocía perfectamente y
aprobaba las técnicas de tortura ahí empleadas.
En agosto de 2003, cuando la fuerza de ocupación
estadounidense en Iraq enfrentaba una creciente insurgencia de guerra
asimétrica, y con las pruebas al descubierto de que Saddam Hussein no poseía los
arsenales de "armas de gran poder destructivo" que Cheney citó como la razón
para lanzar la guerra preventiva, el secretario de Defensa Rumsfeld despachó al
general Geoffrey Miller a Bagdad para determinar y modificar las técnicas de
interrogación empleadas con prisioneros iraquíes clave.
El general Miller era el comandante de la prisión
militar de EU en la bahía de Guantánamo, Cuba, donde ya empleaba técnicas que
estaban específicamente prohibidas por la Convención de Ginebra. (En marzo 2004
transfirieron a Miller a Iraq, y lo pusieron al mando de todo el sistema
carcelario de la ocupación estadounidense).
En abril de 2003 Miller solicitó permiso para
adoptar 20 métodos de interrogación en Guantánamo, que incluían la privación del
sueño, el sometimiento a temperaturas extremas, la desnudez forzada durante los
interrogatorios, el uso de perros y otras formas de "agresión sensorial". La
solicitud la aprobaron al más alto nivel del Pentágono y del Departamento de
Justicia encabezado por John Ashcroft.
Rumsfeld personalmente preparó el camino para el
uso de la tortura cuando públicamente se burló de la Convención de Ginebra,
afirmando que a los prisioneros en la bahía de Guantánamo no los protegía el
derecho internacional. Rumsfeld viajó a Iraq, cuando Miller cumplía la misión
que se le había encomendado, y el 6 de septiembre de 2003 visitó la cámara de
ejecuciones de Abu Ghraib.
En su pendenciero testimonio ante la Comisión de
Servicios Armados del Senado el 12 de mayo, el subsecretario de Defensa para
Asuntos de Inteligencia, Stephen Cambone, admitió que el general Miller había
regresado a Washington y le había dado un informe cabal a su segundo, el general
William "Jerry" Boykin, sobre la misión, y sobre sus recomendaciones para
aumentarle la presión a prisioneros claves usando técnicas de interrogación más
agresivas. Miller ya ha mejorado su lista, con 50 técnicas agresivas a usar con
prisioneros escogidos, y prácticamente todas violan los preceptos de Convención
de Ginebra e incluso el propio reglamento del Ejército que prohíbe la tortura.
El general Boykin sigue bajo investigación por las
afirmaciones desquiciadas que hizo en una iglesia fundamentalista, donde
equiparó la guerra contra el terrorismo del Gobierno de Bush con las Cruzadas, y
por sus denuncias perversas contra el islam y todos los musulmanes.
En una ahora famosa declaración, Boykin dijo que a
George W. Bush lo puso "Dios" en la Casa Blanca. A pesar de su mentalidad
maniquea, o quizás debido a ella, Rumsfeld insistió en que aceptara el puesto
como segundo de Cambone, y hasta hizo los arreglos para que Boykin obtuviera su
tercera estrella, como un incentivo para que aceptara el puesto. Boykin tiene un
viejo historial de ser una bala perdida de las Fuerzas Especiales.
Estuvo involucrado en un incidente terrible en
Mogadiscio, Somalia, que se hizo famoso en el libro Blackhwak Down (La caída del
Halcón Negro), así como en la muerte del jefe del cartel de Medellín, en
Colombia, Pablo Escobar.
El historial y la reputación de Boykin de "disparar primero" indican que los
escándalos de la "guerra sucia" en Iraq pueden ir más allá de las torturas en
Abu Ghraib.
Entre otras, la recién formada oficina de
inteligencia de Cambone y Boykin en el Pentágono está al mando de unidades de
Fuerzas Especiales, incluyendo el Grupo Especial 121 y "Zorro Gris", que
participan en misiones secretas de contraterrorismo.
Encubrimiento vertical
Según
informes noticiosos y testimonios ante el Congreso, altos funcionarios del
Pentágono, incluyendo a Rumsfeld y al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general
de la Fuerza Aérea estadounidense Richard Myers, fueron informados de la
existencia de fotografías y videocintas de las torturas en Abu Ghraib en una
llamada que les hizo por la línea confidencial el general John Abizaid, jefe del
Comando Central, a mediados de enero de 2004.
Ya desde el 1 de julio de 2003, cuando Amnistía
Internacional dio a conocer un informe en el que acusaba al Ejército
estadounidense de someter a los prisioneros iraquíes a condiciones "crueles,
inhumanas o degradantes", se sabía de las torturas.
Cuando el Pentágono nombró el 31 de enero al
general Antonio M. Taguba para que dirigiera una investigación formal sobre las
torturas en Abu Ghraib, altos funcionarios militares y civiles del departamento
de Defensa intentaron evitar que la historia llegara al público.
El general Myers admitió en audiencias del Senado
que él personalmente habló con ejecutivos del programa de televisión de CBS, 60
Minutos, y los convenció de posponer varias semanas la transmisión de un
reportaje denunciando las torturas, y que luego intentó, sin éxito, que
censuraran por completo todas las fotografías.
El 3 de marzo, un mes antes de que Taguba
concluyera su informe, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) le entregó
a las fuerzas de la coalición un resumen de 24 páginas de una investigación, en
la que se establece que se torturó a prisioneros hasta la muerte y que se les
sometió a formas de crueldad que violaban la Tercera y Cuarta Convenciones de
Ginebra.
El público en general no supo nada de estos
acontecimientos, hasta que se filtró una copia del informe del general Taguba a
Seymour Hersh, de la revista The New Yorker, junto con las ahora infames
fotografías de las torturas en Abu Ghraib que salieron al aire en 60 Minutos.
Las revelaciones de Abu Ghraib provocaron un
clamor inmediato exigiendo la renuncia del secretario de Defensa Rumsfeld. Como
ha sido el caso, una y otra vez, en el Gobierno de Bush, el vicepresidente
Cheney intervino —antes que el presidente Bush— y declaró que Rumsfeld era el
mejor secretario de Defensa en la historia de EU, y que contaba con todo su
apoyo.
En efecto, el hombre–bestia Cheney le ordenó
arrogantemente al Congreso el 7 de mayo no tocarle un sólo pelo a Rumsfeld, y
puso al presidente Bush en la poco envidiable situación de tener que apoyar a su
Vicepresidente, haciendo una visita al Pentágono al día siguiente para externar
en público su "yo también" apoyo la decisión de Cheney.
Muchas preguntas sin respuesta
Los esfuerzos de Cheney por ocultar bajo el tapete
los escándalos de la "guerra sucia" en Iraq no prosperarán. Hay muchas, muchas
preguntas sin respuesta que surgieron en los primeros días de audiencias en el
Congreso. El general Taguba dijo al Senado el 12 de mayo que, hasta donde él
sabía, había al menos dos "interrogadores de un tercer país" implicados en los
crímenes de Abu Ghraib.
De inmediato empezaron a circular especulaciones
de que pudiera haber interrogadores israelíes en Bagdad como subcontratistas de
empresas tales como CACI y Titan, que tienen un equipo de traductores e
interrogadores totalmente integrado a las unidades de inteligencia militar de
EU.
El periódico de Beirut Daily Star publicó el 11 de
mayo que Jack London, presidente de CACI, viajó a Israel en enero de 2004 junto
con una delegación de contratistas de defensa, congresistas y cabilderos. El
viaje lo financió en parte el Jerusalem Fund de Aish HaTorah, e incluyó una
visita a Beit Horon, "el campo principal de entrenamiento de las fuerzas
antiterroristas de la policía israelí y de la policía fronteriza" en la Ribera
Occidental.
Además, varias fuentes de inteligencia
estadounidenses e israelíes han señalado la increíble alianza empresarial de
Mark Zell, un abogado con oficinas en la Ribera Occidental, con Salem Chalabi,
un sobrino de Ahmed Chalabi, quien encabeza el Consejo de Gobierno Iraquí. Según
una fuente, el duo Zell–Chalabi tiene "amarrada" la mayoría de los contratos de
seguridad en el Iraq ocupado por EU. Zell es socio legal de Douglas Feith,
subsecretario de Defensa.
El mundo se le viene encima a Cheney
Como parte del alud de pruebas
incriminatorias contra el vicepresidente estadounidense Dick Cheney y su
pandilla de gallinazis neoconservadores, ahora se supo que su asesor general,
David Addington, fue el verdadero autor de uno de los ahora infames "memorandos
sobre tortura" de la Casa Blanca, en los que se afirmaba que el presidente
George Bush tenía la autoridad de violar las Convenciones de Ginebra sobre el
trato a prisioneros de guerra, en su mentada "guerra contra el terrorismo".
La revelación de que Addington fue el
autor del borrador del memorando del 25 de enero de 2002 dirigido al Presidente,
apareció el 3 de julio en un reportaje de internet de Newsweek. Un
asistente anónimo del abogado de la Casa Blanca, Alberto González, le dijo a
Daniel Klaidman de Newsweek que "el memorando en realidad no lo escribió
González, sino el principal abogado de Dick Cheney, David Addington, un halcón
muy agresivo".
El memorando que firmó Alberto
González decía que la lucha contra el terrorismo es una "guerra de nuevo tipo",
que "hace obsoletas" y hasta "peregrinas" las provisiones de Ginebra.
En otro flanco, el dictamen que
emitió el Departamento de Justicia de John Ashcroft el 1 de agosto de 2002,
sobre cómo tratar a los "combatientes enemigos" y a los prisioneros de guerra,
según los "memorandos de la tortura" que hiciera públicos el presionado Gobierno
de George W. Bush a principios de junio, reza: "Concluímos que para que un acto
constituya tortura como se le define en la Sección 2340, debe inflingir un dolor
que sea díficil de soportar.
Para que constituya tortura, el dolor
físico tiene que equivaler en intensidad al dolor que acompaña a una herida
física seria, tal como la paralización de un órgano, el deterioro de una función
corpórea, o aun la muerte"; de otra forma el dolor que se le inflinja a un
prisionero de guerra no es tortura.
He ahí el origen de las imágenes
bestiales de la tortura perpetrada contra prisioneros de guerra en la prisión de
Abu Graib y otras en Iraq, Afganistán, y Guantánamo, Cuba, e incluso el maltrato
contra ciudadanos de los propios EEUU.
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