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(IAR-Noticias) 08-Mar-05 Por
Manuel Freytas
La
misma Giuliana Sgrena relató a la prensa que las fuerzas estadounidenses
que acribillaron su auto tenían orden de no dejarla salir de Bagdad:
"Tenía informaciones y los
militares estadounidenses no querían que saliera viva", dijo la
periodista a los medios italianos.
El relato de Sgrena ha impactado a los
italianos. (AP)
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Giuliana señaló que sus
secuestradores le advirtieron antes de liberarla que en el trayecto hacia el
aeropuerto de Bagdad
ella y sus acompañantes (tres agentes secretos italianos) corrían el riesgo de
ser asesinados.
A 700 metros
del aeropuerto de Bagdad, y cuando habían sorteado "todos los controles",
al tomar una curva, una patrulla les iluminó con un faro y a continuación
comenzó una lluvia de proyectiles (se habla de 300 ó 400), que perforaron el
vehículo.
La periodista salió ilesa gracias a que el jefe de los agentes secretos
italianos se arrojó sobre su cuerpo recibiendo todos los disparos que se
dirigían hacia ella.
La industria del secuestro
Berlusconi exigió a EEUU que explique
el incidente. (AP)
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Informes de la última semana que circulaban en Bagdad señalaban que el secuestro
de la periodista italiana no obedecía a motivaciones políticas sino a objetivos
de extorsión económica, a diferencia de otros casos en los cuales se combinan ambos
factores o son exclusivamente de índole política.
Los expertos coinciden en que, bajo el ala de la "guerra contraterrorista"
de Bush,
en Irak se ha creado un
mercado floreciente de la industria del secuestro en cuya ejecución se
mueven tanto la CIA, las diversas redes de la comunidad de inteligencia
estadounidense, el M-16 británico y el Mossad israelí quienes se
encuentran detrás de todas la operaciones.
La presencia de agentes de
inteligencia israelíes en Irak está largamente documentada en las
investigaciones llevadas a cabo por los casos de torturas a presos iraquíes,
particularmente en la prisión de Abú Ghraib en Bagdad.
Este proceso se mueve en dos niveles
simultáneos: el "oficial", que cuenta con el conocimiento de Washington y
las autoridades del Pentágono, y el "clandestino", conformado por
operaciones paralelas que no son comunicadas al Pentágono ni a las distintas
autoridades de inteligencia.
Los secuestros "oficiales",
por decirlo de alguna manera, se inscriben dentro de objetivos de la "guerra
contraterrorista" y se orientan a dar réditos políticos a la administración
Bush recreando el "peligro del terrorismo islámico" que azota Irak.
En julio pasado, el
líder espiritual de Irán, ayatolá Alí Jamenei, denunció que agentes
estadounidenses e israelíes estaban detrás de los secuestros y ejecuciones de
extranjeros en Irak.
En general
todos las organizaciones islámicas niegan que los secuestros y las
decapitaciones a rehenes extranjeros tengan que ver con sus creencias o su
metodología operativa, y señalan que los mismos son ejecutados por
mercenarios al margen de los grupos que integran la resistencia iraquí
contra las fuerzas invasoras de EEUU.
Diferentes
fuentes, tanto árabes como occidentales, comenzaron a situar esas operaciones en
el marco de una maniobra de inteligencia orientada a "sacar de escena" la
ocupación militar de EEUU e instalar la "guerra contraterrorista" de Bush en
el escenario mediático internacional.
Su objetivo mediático busca
desplazar de la escena informativa a las fuerzas de ocupación militar y a todo
el
emergente de la invasión: el caos social, la desocupación, la emergencia
sanitaria, y el hambre, la corrupción, la droga, y la prostitución extendidas como una lacra por todo el territorio.
Según la cadena
BBC "las
imágenes de rehenes aterrorizados, atados a los pies de hombres armados y
enmascarados, en un anárquico país extranjero, tienen la cobertura
garantizada en todos los noticieros y en las primeras planas de todos los
periódicos y sitios web".
Coincidentes con la estrategia
de la Casa Blanca, las grandes
cadenas informativas comenzaron a destinar más espacio a las imágenes y videos de los
secuestrados o "ejecutados" que a las coberturas de las
masacres norteamericanas o los
ataques y atentados de la guerrilla iraquí.
Su principal objetivo hasta ahora, coinciden los expertos, se orienta a presentar a Irak como un campo
de operaciones de secuestros del "terrorismo internacional" en el que se presenta con
toda crudeza la "barbarie criminal del fundamentalismo islámico"
"Se cree
que hay grupos muy diferentes operando en el país árabe
con motivos variados", señaló hace poco una corresponsal de la
cadena BBC en Irak.
"Algunos son bandas
criminales que simplemente secuestran para conseguir rescates, otros lanzan
demandas políticas. También se piensa que grupos criminales secuestran
algunas veces a extranjeros para vendérselos a otros grupos", añadió la
enviada de la cadena británica.
Rumsfeld reiteró las disculpas de Estados
Unidos. (AP)
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La periodista italiana habría sido
víctima de la modalidad "no oficial", el secuestro "clandestino"
con fines extorsivos económicos, que grupos operativos de la CIA y el Mossad
ejecutan paralelamente y sin rendir cuenta a sus jefes o al mando militar
norteamericano.
Informaciones que circulan
por Bagdad desde hace meses, dan cuenta que los servicios de inteligencia
anglo- estadounidenses e israelíes, utilizando de cobertura a empresas privadas de seguridad, se
infiltran y reclutan jóvenes en el submundo del hampa y de las drogas que
se instaló tras la ocupación del país por
los marines estadounidenses.
La figura del "marginal"
o lúmpen surgió como consecuencia de la desocupación que afecta
masivamente a la población iraquí, y está alimentada por el precepto
individualista del "sálvese quien pueda" que torna vulnerables y pasibles
de ser corrompidos por los dólares estadounidenses a amplias franjas de la
población iraquí, sobre todo a los más jóvenes.
Drogas, armas,
prostitución, dinero negro, los clásicos condimentos de infiltración de la CIA
en el mundo islámico, estarían jugando un papel fundamental para la constitución
de nuevos grupos operativos que, disfrazados de organizaciones
fundamentalistas dedicadas al "secuestro terrorista", sirven a
los objetivos de la CIA y el Mossad en Irak.
En este contexto, los
"robos de prisioneros" , las "mejicaneadas", las venganzas y los ajustes de
cuenta son constantes y forman parte de las leyes del juego que se han
establecido a partir de la industria del secuestro.
Escribía la propia
Giuliana Sgregna en noviembre de 2003: "En un país sin ley, la violencia se
extiende: robos, homicidios, violaciones, secuestros son sucesos diarios. Falta
añadir el ajuste de cuentas con los militantes del ex partido único, el Baath, y
los asesinatos de tintes religiosos o causados por rivalidades
político-religiosas".
El entonces
subdirector de operaciones de la CIA, James L. Pavitt,
señaló el año pasado que
"Bagdad es el hogar de la mayor base de la CIA desde la guerra de Vietnam",
con 500 a 600 agentes.
Tras el
secuestro de los periodistas franceses, cuando en Irak se habla de secuestros
extorsivos económicos todos las miradas se dirigen hacia el primer ministro iraquí, Iyad Allawi,
un ex doble agente operativo de la CIA y del M-16 británico.
El hoy primer ministro interino
iraquí, durante su exilio en Londres y en Estados Unidos, trabajó con el
M-16 y
la CIA en operaciones especiales para asesinar o derrocar a Saddam Hussein,
y tras la ocupación de Irak se convirtió en el enlace clave entre la
inteligencia militar estadounidense y los grupos operativos que trabajan en la detección
y el asesinato de los dirigentes
de la resistencia iraquí.
Los expertos señalan que desde el bunker del
gobierno iraquí, situado en la amurallada Zona Verde de Bagdad, se manejan todas
las líneas de control operativo de los secuestros extorsivos "comerciales", por medio de los cuales grupos marginales infiltrados
por la inteligencia estadounidense, británica e israelí, lanzan diferentes
demandas de dinero a gobiernos y empresas extranjeras para la liberación de los rehenes.
En algunos medios se señala que, además de las decenas de
secuestros políticos conocidos, más de un centenar de capturas de rehenes con
pedidos de dinero a cambio de su liberación se han realizado en la
misma fecha, y sin que trascendiera a la prensa.
De acuerdo a estas versiones esos secuestros (generalmente
de familiares de empresarios o ejecutivos residentes en Bagdad) se realizan en
"zonas liberadas" por las fuerzas norteamericanas e iraquíes.
Escribía Giuliana Sgregna en noviembre de 2003:
"Un alto muro ha encerrado al Hotel
Bagdad (en la Zona Verde) que hospeda a la mayoría de agentes de la CIA y del
Mossad, y a otros hoteles, como el Palestina y el Sheraton, todos posibles
blancos a causa de la presencia extranjera.
El otro punto de convergencia de los secuestros extorsivos, los secuestros
"oficiales", se manejan, según los expertos, desde la también
súper-amurallada embajada norteamericana situada en el complejo de la Zona
Verde, hasta ahora conducida por el recientemente nombrado director nacional de
Inteligencia de EEUU, John Negroponte.
Por ejemplo: se señala que el secuestro de dos periodistas franceses, en
septiembre del año pasado, fue realizado originalmente por un grupo infiltrado
por la CIA, cuyo objetivo
apuntaba a obligarlo a Chirac a "negociar con el
terrorismo" y a apoyar militarmente la política de Washington en ese país
petrolero.
Días después, los secuestrados fueron "mejicaneados" (robados) por un grupo
infiltrado por la inteligencia israelí, quien tomó contacto con los servicios
secretos franceses y negoció su liberación a cambio de una millonaria cifra en
dólares con el gobierno de Chirac, según trascendió en medios árabes citando
fuentes de la estación local de la CIA en Irak.
Esto explica porqué el gobierno de Bush no pudo utilizar el secuestro para
presionar al gobierno de Chirac, quien se mantuvo "crítico" a la política de
EEUU en Irak.
El caso Sgrena
El cuerpo del agente Calipari permanecerá
en
la capilla ardiente en el complejo del Vittoriano. (AP)
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En el caso de la periodista italiana,
Giuliana Sgrena, del secuestro no habrían participado las instancias
oficiales de la inteligencia norteamericana, sino un grupo operativo que actuó
bajo imperativos del secuestro extorsivo comercial, que entabló
negociaciones con el gobierno italiano al margen de las autoridades
estadounidenses.
Fuentes árabes señalaban que, horas después del secuestro, la CIA local
detectó la operación y las negociaciones cuyo desarrollo y prolegómenos fueron
comunicados -vía jefatura- a Washington y al Pentágono.
Por orden superior, la CIA local no intervino y se dedicó a monitorear
los desplazamientos de las negociaciones orientadas a rescatar a la periodista
de Il Manifesto,
que en estos momentos se encuentra herida de bala en el hospital militar Celio de
Roma, tras ser salvada de la muerte por el agente de los servicios secretos italianos Nicola Calipari.
Posteriormente el gobierno de Berlusconi y su par de Washington, habrían
acordado la operación para rescatar a la periodista italiana sin el pago de
ningún rescate al grupo que la tenía de rehén, conviniendo en presentar el
caso a la prensa como un triunfo conjunto en la guerra contra el "terrorismo
islámico"
Según esta versión, el veterano agente de los servicios
secretos italianos Nicola Calipari, y dos compañeros más, habrían ingresado a
Bagdad con pleno conocimiento de la CIA y de las autoridades militares
norteamericanas.
Calipari, con luz verde de EEUU, ya
había actuado como mediador durante el secuestro de Simona Torretta, la cooperante humanitaria que
finalmente fue liberada
en Irak, y era perfectamente conocido tanto por la CIA local como por la
inteligencia militar en Irak, por lo que su presencia no pudo pasar
desapercibida.
A contramano de lo que sostienen las
autoridades de Washington, el mando militar norteamericano
habría tenido pleno conocimiento del desarrollo de las negociaciones. Las
autoridades estadounidenses, incluidas las militares, apuntaron sus
declaraciones hacia una responsabilidad de Italia en la muerte de Calipari.
Según un
responsable del Departamento de Estado citado por el diario The Washington
Post, las autoridades italianas no informaron ni a la Embajada ni al mando
militar estadounidense en Irak de la liberación de Sgrena, pese a que un
coordinador estadounidenses para secuestros había trabajado estrechamente con
ellos en el caso.
Fuentes del
gobierno italiano desmienten rotundamente esas afirmaciones sosteniendo que la
CIA local y el mando militar norteamericano estaban al tanto de las
negociaciones que durante un mes realizaron sus agentes para rescatar a la
reportera italiana.
La estrategia
-según las fuentes- era dilatar lo máss posible las conversaciones hasta que un
grupo especial estadounidense estuviera en posición para asaltar el lugar de
detención y matar a los secuestradores sin comprometer la vida de la rehén.
El punto de
quiebre en la relación se habría producido tras el último video grabado por
la rehén italiana, cuando los secuestradores detectaron la maniobra y
exigieron de inmediato el pago del rescate, bajo amenaza de ejecutarla.
Presionado por
las necesidades políticas de Berlusconi, el gobierno italiano resolvió pagar
el rescate ocultando la información al gobierno norteamericano.
Esta situación, según fuentes árabes en la
capital iraquí, enrareció y complicó la operación que tenía como objetivo
político principal presentar la liberación de la rehén italiana como un
triunfo del gobierno de Berlusconi con la mediación
de Washington.
Fuentes ligadas a
la resistencia suní en Bagdad, coinciden en que
Giuliana Sgrena (especializada en Medio Oriente) tiene conocimientos de la lengua árabe, y
que su
experiencia en Afganistán y en la guerra de Argelia le habrían permitido una
buena relación y comunicación con el grupo de los secuestradores.
También permite inferir -señalan- que
la rehén estaba al tanto de las negociaciones y el monto del rescate pagado,
lo que habría resuelto la orden de su eliminación por parte de la inteligencia
militar norteamericana que había quedado "desacomodada" y burlada tras la
concreción de la liberación de la reportera.
Tampoco se descuenta que -durante su
cautiverio de un mes- Giuliana hay tenido acceso, o se haya percatado de la
identidad del grupo que la tenía secuestrada.
Hay un dicho famoso en Bagdad:
todos los secuestros conducen al gobierno de Allawi, y Giuliana lo conoce
muy bien como periodista especializada.
La perspicacia de la veterana
reportera, su sapiencia del mundo árabe, puede haber detectado "señales" de la
procedencia del grupo de secuestradores y sus vasos comunicantes con el poder,
tanto iraquí como norteamericano.
De cualquier manera -sostienen las
fuentes de Bagdad- la inteligencia militar norteamericana captó algo irregular
en la relación de la periodista con sus captores, lo que la tornó "peligrosa"
para la operación
De ahí que tanto Giuliana como su
compañero italiano en Roma destacaron como causa del ataque al vehículo de la
periodista: "la información que los militares estadounidenses querían que no
se supiera".
Los grupos especiales que tenían
rodeados a
Giuliana Sgrena y a sus secuestradores los
habrían dejado escapar para posibilitar una eliminación "legal" de la
periodista casi al llegar al aeropuerto de Bagdad, simulando una operación
de "rutina" de una patrulla militar contra un auto que había "violado la
barrera de control".
La
muerte por "accidente" de Giuliana borraría toda huella del fracaso de la
inteligencia norteamericana y permitiría a la administración Bush manipular su
propia versión de los hechos.
De
no mediar la intervención del agente italiano para protegerla de la andanada de
balas, hoy la operación no contaría con ningún testigo y el gobierno italiano
-socio privilegiado de Washington en IIrak- seguramente habría ocultado el hecho
sumándose a la versión oficial de EEUU.
La reportera, que
permanece internada en un hospital de Roma recuperándose de una operación por
las heridas de bala que sufrió en un hombro, publicó este domingo su visión de
lo acontecido en el periódico en que trabaja, Il Manifesto.
En un artículo
titulado "Mi verdad", Sgrena insiste en que el coche en que iba junto a Calipari
no iba a gran velocidad, como afirma la versión oficial de EEUU.
También cuenta que
antes de que comenzaran los disparos, los soldados no lanzaron ninguna
advertencia.
La
frustrada operación de matar a la periodista creó una fisura importante
en la relación de Berlusconi con Bush, y el escándalo político-diplomático que
desató pone en riesgo la permanencia de las tropas italianas en Irak, a la vez
que potencia a los sectores que se oponen a la alianza con EEUU.
Berlusconi, sobrepasado por el escándalo, se encuentra cada vez más presionado
políticamente y trata de descargar todas las culpas en Washington.
De
todas maneras, en el mundo de la inteligencia, y a la luz de la experiencia con
otros rehenes, se cree que Giuliana Sgrena, pasado el rapto emocional del
episodio que le tocó vivir, difícilmente abra la boca frente a un
tribunal.
Por
otra parte, si Giuliana resolviera contar lo que sabe, es probable que sea
eliminada por los que fallaron en asesinarla camino al aeropuerto de Bagdad. La
reportera lo sabe.
Lo
que todavía no queda claro para ninguna fuente de inteligencia, es si la orden
de eliminar a Giuliana contaba con la aprobación del Pentágono, o si fue
realizada por exclusiva decisión del mando militar en Irak.
A
esta altura de los hechos, un detalle insignificante.
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