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(IAR-Noticias) 11-Mar-05
La
situación de Irak tomó el jueves un peligroso giro cuando un suicida con
explosivos adosados al cuerpo hizo estallar una mezquita chií matando a 47
personas en la ciudad de Mosul, uno de los vértices del triángulo
suní considerado bastión de la resistencia iraquí.
Sobre las 17.30 hora local (15.30
hora española), "un hombre que estaba en la fila de las condolencias hizo
estallar la carga cerca del imam de la mezquita," declaró uno de los
testigos.
Médicos del hospital general de Mosul
dijeron que en el depósito de cadáveres se han recibido 47 cuerpos sin vida, y
alrededor de 100 heridos, algunos de los cuales presentan un cuadro médico "de
extrema gravedad".
Mosul, la tercera ciudad iraquí, con
una población mixta de árabes suníes y kurdos, ha registrado un incremento en
la violencia desde el pasado noviembre, cuando los ataques coordinados de
las guerrillas contra la policía forzaron a los oficiales a desertar.
La resistencia iraquí, en la que
predominan los árabes suníes, realiza ataques cada vez más arriesgados contra
blancos chiíes y del Gobierno en su implacable campaña para derrocar al
Ejecutivo respaldado por Estados Unidos y estancar los esfuerzos de la mayoría
chií para formar un nuevo gabinete.

Tras el asalto
militar y el genocidio en Faluya
(hoy completamente destruida e inhabitable) las columnas rebeldes se replegaron,
desaparecieron, literalmente se "evaporaron", y comenzaron un contraataque feroz
contra dos blancos principales: las patrullas y convoyes norteamericanos y
las fuerzas colaboracionistas iraquíes.
Ya no hay una cadena
de mando rebelde centralizada en Faluya, sino unidades descentralizadas que se
sospecha tienen sus bases logísticas diseminadas en Mosul, Samarra, Tikrit, y
por toda la región que los marines -con razón- llaman el
"triangulo de la muerte".
El récord de muertos y heridos propios pone los pelos de punta a
los generales norteamericanos que casi no tienen respuesta para esa furia de
ataques "irregulares" en donde los combatientes "insurgentes" aparecen,
atacan, o se inmolan con coches bombas, sin dejar rastros, provocando sólo
destrucción a su paso.
De acuerdo a conteos realizados
por la agencia Associated Press y otros medios norteamericanos,
actualmente la cifra de soldados de EEUU que perdieron la vida en Irak ya
pasó los 1500. Estos números coinciden en general con el balance
proporcionado por el Pentágono.
Esto indica que, en solo
5 meses, la potencia invasora perdió 500 efectivos, la mitad de los que
había perdido en 18 meses de ocupación militar.
La cifra total de bajas en lo que
va del año 2005 asciende aproximadamente a 167 soldados de EEUU y más de 650
colaboracionistas iraquíes muertos (militares, policías y civiles) por
atentados y ataques de los rebeldes iraquíes, según el resumen de información
oficial registrado a diario por la prensa.
Esto revela la magnitud del accionar creciente y
mortífero de la guerrilla iraquí, y nutre la argumentación de la
organizaciones que en EEUU y en todo el mundo preparan gigantescas movilizaciones para reclamar
que las tropas norteamericanas regresen a casa.
El atentado de este jueves a la mezquita chií estaría indicando lo que
IAR-Noticias había anticipado antes
de la fecha de las elecciones: que los comandos suníes tras los comicios
iban a enfocar sus acciones
hacia los principales promotores y beneficiarios de la
elecciones, con la finalidad de provocar una respuesta violenta que
complique aún más a EEUU y su gobierno títere en Irak.
Si se mira la
historia reciente de Irak, en la cual los dirigentes y clérigos chiítas apoyaron
y colaboraron con la invasión y ocupación militar de Irak por EEUU, se torna
lógica la hipótesis de que un gobierno chiíta, si asumiera, se convertiría
en rápido blanco de las bombas y los ataques de la resistencia iraquí de
origen suní.
Fuentes
árabes venían previendo que los combatientes suníes se habían propuesto impedir
por todos los medios que los políticos y clérigos chiíes, ganadores del comicio,
se hagan cargo del gobierno haciéndose más fuertes .
La evaluación rebelde, según esas
fuentes, es que una escalada de atentados contra sedes chiítas en estos momentos
(que podrían abarcar, incluso, otras instituciones como blancos) podría dividir las filas
de los partidos chiíes complicando al snegociaciones que se llevan a cabo para
formar gobierno.
El otro punto en cuestión pasaría por
detonar una respuesta armada ( o explosiva) de algún sector chiíta,
cuyos dirigentes y clérigos se mantuvieron hasta ahora firmes en la postura de "no responder
a los ataques".
En este contexto, se apresura y se hace cada día más viable lo que los informes
de inteligencia viene advirtiendo a la Casa Blanca: una guerra civil disparada
por el conflicto insoluble entre suníes, chiíes y kurdos, acelerada por la
marginación de los suníes en los comicios.
En diciembre del año pasado la estación local de la CIA en Bagdad elaboró un
informe, difundido por el diario The New York Times, en el que se advertía a la
Casa Blanca sobre el agravamiento de la situación y un posible desenlace de
guerra civil a corto plazo.
El informe
presentaba un panorama sombrío y negativo sobre Irak contrapuesto al presentado por Bush y
la Casa Blanca, cuyo portavoz declinó opinar diciendo que
Washington "no comenta informes de inteligencia".
El documento coincide con estimaciones realizadas por la
comunidad nacional de inteligencia estadounidense que, en
el mes de agosto, señalaban que el curso de los
acontecimientos en Irak podría desembocar en una
guerra civil en el 2005.
El documento de la estación local de la CIA fue
generosamente difundido entre los sectores del establishment norteamericano, y,
según un funcionario del gobierno, los que leyeron el documento lo
elogiaron como "inusualmente sincero".
Para los expertos, la cuestión
ahora está en saber en qué medida se incrementarán los atentados provocadores
de la resistencia suní, y en qué medida los dirigentes chiíes podrán contener a
los suyos para que no caigan en la trampa de la "respuesta violenta".
Hasta ahora las operaciones de la
resistencia se orientaron hacia dos frentes: las fuerzas norteamericanas y el
aparato civil y policial de los colaboracionistas iraquíes, mayoritariamente de
origen chií, y ahora, según lo demuestran los hechos, se agrega un "tercer
frente" contra los clérigos, los políticos y los civiles de esa comunidad.
No hay precisión de inteligencia si
los rebeldes aumentaron su número de efectivos, pero sí hay evidencias del
incremento de sus acciones contra las fuerzas militares estadounidenses
revelando una mayor ambición de objetivos en sus ataques.
Otra certeza -según la inteligencia
militar- es que parte de la cadena de información y comando de los rebeldes que
funcionaba en Faluya, ahora se encuentra operando en Mosul,
una ciudad de
tres millones de habitantes, casi diez veces superior a Faluya, donde se hace
difícil la detección de sus búnkeres operativos.
Incluso, durante esta semana,
nuevamente
llegaron a manejarse versiones que indicaban que el mando militar estadounidense
en Irak estaba planificando una operación militar a gran escala en Mosul,
que incluirían bombardeos "selectivos" sobre posible refugios y bases rebeldes,
de la misma manera como se hizo en Faluya.
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