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(IAR-Noticias)
21-Jun-05
Citando fuentes
castrenses, el diario The New York Times informó el
lunes que la secretaría de Defensa norteamericana se
apresta a realizar cambios que involucran a importantes
jefes militares, incluido el general Ricardo Sánchez,
denunciado por casos de torturas mientras ejercía la
comandancia militar en Irak.
Según el Times,
Donald Rumsfeld, señalado como responsable principal de
los programas de torturas aplicados en los centros de
detención estadounidenses, estudia promover a Sánchez
a jefe del Comando Sur en reemplazo del general Bantz
Craddock.
El general George Casey, actual comandante de las tropas
estadounidenses en Irak, podría dejar ese puesto al
general Bantz Craddock, ex asesor militar de Rumsfeld y
actual jefe del Comando Sur.
De esta manera, Casey pasaría a dirigir el comando
conjunto de las fuerzas estadounidenses, en Norfolk
(Virginia), y Sánchez reemplazaría al general Craddok en
el Comando Sur.
El vocero del
Pentágono Bryan Whitman se negó a confirmar la
información aunque señaló que cualquier
movimiento dentro de la cúpula de las fuerzas armadas será
dado a conocer cuando sea necesario.
De cualquier
manera, antes de producirse estos cambios deben ser
aprobados por el Senado.
El más beneficiado por los nuevos nombramientos sería
Sánchez, quién fue acusado de participar en algunas de las
sesiones de torturas en la cárcel de Abu Graib cuando se
desempeñaba como el máximo jefe militar en Irak.
El ex jefe de las tropas estadounidenses en Irak ahora
revista como comandante del quinto cuerpo del ejército en
Alemania, y vio frenada su promoción el año anterior
debido a las investigaciones sobre el escándalo de las
torturas.
El general de las
torturas
En
lo que parecía ser la primera cabeza de un alto militar
estadounidense que rodaba a raíz de las torturas a presos
iraquíes, el general Ricardo Sánchez fue reemplazado en
sus funciones de comandante de las tropas invasoras
acantonadas en Irak.
Las
autoridades del Pentágono insistieron en que este cambio no tenía relación
alguna con el escándalo de los abusos a los prisioneros en la cárcel de
Abu Grahib, sino que era parte de la "rutina militar" que establece que debe
efectuarse un reemplazo después de un año en servicio.
Sugestivamente también el
Pentágono suspendió oficialmente de sus funciones a la brigadier general
Janis Karpinski, la mujer que se encontraba cargo de la unidad de policía
militar en la prisión de Abu Grahib y que se había convertido en la principal
protagonista del escándalo.
La Casa Blanca se adelantó a
aclarar que la remoción de Sánchez no estaba vinculada al tema de los abusos,
aunque tanto el alto jefe militar como la general Karpinski se han convertido
en los símbolos de la falta de "supervisión" en las prisiones iraquíes de
la ocupación estadounidense.
Aunque Bush elogió la
actuación de Sánchez diciendo que "Rick Sánchez ha hecho un trabajo fabuloso. Ha
estado allí por un largo tiempo. Sus servicios han sido ejemplares", es evidente
que el general fue tomado como "chivo expiatorio" para preservar la
responsabilidad de la cadena de mandos por arriba suyo.
El reemplazo adquirió
relevancia teniendo en cuenta que, desde algunos sectores del gobierno de
Washington, había una embestida orientada a pedirle a Bush la renuncia de Rumsfeld.
Esto le confirió al general Sánchez, y a su
reemplazo, un carácter de chivo expiatorio para aliviar en parte las
presiones sobre Rumsfeld señalado como el responsable principal de la aplicación
de los programas de tormento.
The Washington Post, el influyente diario
estadounidense, publicó, en mayo del año pasado, un testimonio según el cual el jefe de
las tropas invasoras en Irak estaba complicado directamente con el caso de las
torturas a presos iraquíes en la prisión de Abu Grahib.
La revelación de la
presencia del general Ricardo Sánchez, comandante de las tropas de EEUU en Irak,
en sesiones de torturas e interrogatorios a presos iraquíes agregó un
nuevo condimento al escándalo que el Pentágono trata de ocultar con distintas
estrategias mediáticas.
El
general Sánchez
junto a otros oficiales, había presenciado casos de
torturas,
según el capitán Robert Shuck, abogado del sargento Iván
Frederick, alias "Chip", uno de los acusados de
estas práctica, según el Post.
Según
el Post el abogado defensor Shuck afirmó que un oficial de la
penitenciaría de Abu Gharib le dijo que el general y otros oficiales estuvieron
presentes durante algunos interrogatorios y torturas contra los prisioneros.
El defensor militar indicó
que el mismo oficial le contó que tanto Sánchez como otros superiores estaban al
corriente de lo que pasaba en Abu Gharib, afirmaba The Washington Post.
La revelación de la
presencia del general Sánchez en las salas de torturas, rompió el argumento
lanzado por el Pentágono de que
las torturas fueron hechos aislados
cometidos por algunos soldados como diversión.
Finalmente Sánchez fue
reemplazado y destinado a una guarnición en Alemania, hasta que el lunes su
nombre empezó a ocupar el centro de la polémica en los medios estadounidenses.
Y no es para menos, el
general, de origen hispano, de ser confirmado su nombramiento al frente
del Comando Sur, pasaría a ocupar un puesto clave en la estrategia de guerra
contraterrorista en América Latina.
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