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(IAR-Noticias)
28-Jun-05
El secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, reconoció el domingo en una cadena televisiva que
militares norteamericanos se reunieron en "secreto" con líderes de la
resistencia iraquí.
"Yo no le daría tanta importancia a eso. Nosotros nos reunimos con la gente con
bastante frecuencia", afirmó irónico Rumsfeld a la cadena Fox (de
conocida postura pro-Bush), en alusión a la "revelación" formulada este
domingo por el diario británico The Sunday Times.

En posteriores declaraciones a la ABC, el jefe del Pentágono se negó a
precisar la fecha y lugar de las entrevistas, y si militares norteamericanos
participaron de la supuesta reunión con jefes rebeldes.
"Los iraquíes tienen un gobierno soberano y decidirán qué relaciones tener con
ciertos elementos de la insurrección. Nosotros las facilitamos de tanto en
tanto", expresó Rumsfeld.
De acuerdo con The Sunday Times,
se han realizado al menos dos reuniones entre oficiales estadounidenses y varios
jefes de los grupos de la resistencia iraquí.
El primer contacto, señala el diario británico, que cita "fuentes iraquíes",
tuvo lugar el 3 de junio pasado en un lugar cercano a Balad, 65 kilómetros al
norte de Bagdad, mientras que la segunda reunión se habría celebrado 10 días más
tarde en un lugar no especificado.
En un comunicado divulgado este
domingo por Internet, Ansar al Sunna, considerado responsable de decenas de
atentados y secuestros de extranjeros en Irak, desmintió "categóricamente" que
hayan existido reuniones entre sus miembros y funcionarios estadounidenses.
"Desmentimos categóricamente que
se haya producido alguna negociación entre el ejército Ansar al Sunna y
cualquier cruzado o apóstata", señala el comunicado firmado por emir Abu
Abdallah al Hassan Ben Mahmud.
Por otra parte, portavoces de los combatientes suníes negaron en distintos
medios árabes haber participado de las reuniones y conversaciones citadas por el
periódico londinense.
En general, en todo el espectro
vinculado a la resistencia iraquí se cita a la versión de la supuesta reunión de
los jefes rebeldes con los militares invasores como una maniobra divisionista
orientada, en el plano interno, a crear fisuras entre los distintos grupos
combatientes que integran el mosaico de rechazo armado a las fuerzas ocupantes
estadounidenses.
En el plano externo, señalan,
buscan minimizar y desnaturalizar la escalada ofensiva y sin tregua
que viene realizando la resistencia desde las elecciones, y en cuyo desarrollo
han muerto más de 350 soldados de EEUU y 2000 policías y soldados
colaboracionistas iraquíes.
Solamente en la jornada sangrienta
del domingo los ataques y atentados rebeldes dejaron 41 policías muertos, 25 de
ellos en tres atentados contra las fuerzas de seguridad iraquíes en la región de
Mosul (unos 400 km al norte de Bagdad), y el viernes 6 mujeres marines
norteamericanas murieron durante un ataque a un convoy militar.

En este contexto se interpreta a la versión del encuentro entre rebeldes y
militares norteamericanos como una movida de acción psicológica orientada a
"descomprimir" la polémica que generaron en la opinión publica norteamericana
las versiones contrapuestas sobre Irak de la Casa Blanca y sus funcionarios, por
un lado, y del generalato y de la CIA por el otro.
La semana
pasada The New York Times reveló un
documento clasificado de la CIA donde se indicaba que las tropas
estadounidenses en Irak " están enfrentando un enemigo cada vez más numeroso
y peligroso".
Y
señalaba que ese cuadro de situación "podría prolongar la guerra" por
mucho tiempo o, incluso, asestar un duro revés al ejército invasor de EEUU en
suelo iraquí.
Pero lo que más conmocionó a
la prensa y al establishment norteamericano fue la afirmación de la CIA de que la resistencia
iraquí está
adquiriendo una serie de técnicas de conflicto urbano que van desde la
fabricación de coches bomba hasta la planificación de ataques
simultáneos en diferentes partes, además de tácticas pulidas de
asesinato selectivo de figuras políticas y militares.
El senador demócrata Edward Kennedy (el primero que alertó sobre el peligro de
un "síndrome Vietnam" en Irak) le recordó a Rumsfeld los “graves errores y
equivocaciones” en la planificación de la guerra y la posguerra en Irak, que se
ha convertido en “un atolladero”, donde han muerto casi 1.730 soldados
estadounidenses.
“¿No ha llegado el momento de que usted dimita?” preguntó Kennedy a Rumsfeld
durante una reunión en el Congreso.
El informe de la CIA difundido por el
Times -al igual que otros documentos elaborados por la inteligencia
norteamericana durante el año- esboza un cuadro de situación completamente diferente
al que describen con
frecuencia los funcionarios políticos en Bagdad y Washington cuando
aseguran que la resistencia se está quedando sin aliento.
En las semanas anteriores -y en coincidencia con los informes de la
inteligencia- los
máximos jefes militares jefes de la administración Bush expresaron una
visión sobre Irak radicalmente opuesta a la expresada oficialmente por
Washington.
El
vicepresidente Dick Cheney había asegurado el jueves pasado, en una entrevista
con la cadena CNN, que la resistencia iraquí "está en el último
suspiro". Y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dijo ante un comité del
Senado que "los que dicen que estamos perdiendo la guerra se equivocan".
También el jefe del Pentágono calificó como "un error" el intentar establecer un
plazo de repliegue de las tropas "porque eso daría ventaja al enemigo".
En su informe, la CIA sostiene que "el nuevo tipo de combatiente islámico que se
está entrenando" en las calles de Irak "es más letal que los que salieron de
los campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán" y que "muy pronto
podrían desestabilizar a países vecinos como Arabia Saudita y Jordania".
Medios norteamericanos -entre ellos The Washington Post- citaron otro
informe de un agente de contraterrorismo que llegó a las manos de varios
senadores, donde aparece un alerta roja aún más inquietante. "La insurgencia
iraquí se está transformando en una amenaza internacional y podría
convertirse en una amenaza directa para el territorio estadounidense".
La semana pasada un grupo bipartidista
de congresistas estadounidenses llamó a Bush a establecer antes de fin de año un
plan de retiro de las tropas de Irak, en tanto que altos oficiales del
Pentágono se opusieron a fijar un cronograma de retirada.
El pronunciamiento se conoció cuando
las encuestas mostraron la erosión del apoyo público a la guerra en Irak,
y en un día que Bush rindió homenaje a los soldados hispanos que "dieron su vida
por la libertad" y se sacrificaron por "amor al prójimo".
Los legisladores opositores a la
ocupación señalaron que esperan que los líderes del Congreso reciban con
frialdad su propuesta, pero aspiran a estimular un debate público sobre las
metas de Estados Unidos en Irak.
Las demandas de retiro de soldados se
siguen suscitando cuando hasta los partidarios de la administración Bush
"cuestionan el curso de la guerra"
en el país árabe, donde hasta ahora han muerto
1.730 soldados estadounidenses.
Un sondeo de
New York Times/CBS
le dio en junio a Bush uno de los más bajos índices de
aprobación de su presidencia, y al Congreso, un índice inferior aún.
El cuarenta y dos por ciento de las personas que respondieron a la encuesta
dijeron que aprobaban la gestión de Bush, lo que significa una disminución
considerable en comparación con el 51 por ciento alcanzado después de las
elecciones de noviembre, cuando inició en un ambicioso programa para su
segundo período.
A esto hay que sumarle las constantes presiones y las marchas de las
organizaciones sociales solicitando que EEUU retire sus tropas de Irak que
comienzan a extenderse por todo el planeta.
En todo este contexto, con Bush y sus funcionarios acorralados por los
cuestionamientos, a ningún experto sorprendió que Donald Rumsfeld saliera en la
cadena FOX (llamada la "cadena de Bush") a apuntalar la versión divisionista del
"diálogo" entre combatientes rebeldes y militares invasores
norteamericanos.
La misma táctica (y versión) fue utilizada en diciembre pasado, cuando la
opinión pública norteamericana se vió sacudida por el ataque con mortero que
dejó más de 22 soldados norteamericanos muertos en una base militar de Mosul.
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