El más completo directorio en español

HOME| Titulares| Diarios| Radios| TV.| Buscadores| Economía| Mundo| Alternativos| Archivo| Mail

 

Latinoamérica

Argentina

Norteamérica

Europa

Medio Oriente

Irak

Asia

Africa

Medios

Internet

Autores

Especiales

Archivo

TITULARES
del Mundo

I Argentina I Brasil I
I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I

EN VIVO

Radios del
Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I 
I Medio Oriente I 
I Internacionales I

MEDIOS
ALTERNATIVOS


I Periódicos
 
y Redes
I
I
Agencias
 de Noticias I
I
Publicaciones
 
y Sitios I
I
Prensa
 
de Izquieda I

BUSCADORES

del Mundo


I América del Norte I
I América Central I
I América del Sur I
I Europa I España I
I Africa I Asia I
I Medio Oriente I
I Oceanía I
I Temáticos I
I Internacionales I 

TELEVISION

      del Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I 
I Medio Oriente I

ECONOMIA
MUNDIAL


I América Latina I
I Africa I Asia I
I España I EE.UU. I
I Europa I
I
Oceanía I  
I Canadá I 
I Medio Oriente I 
I Bolsas del Mundo I

MEDIOS

del Mundo


I Agencias
de Noticias I

I Diarios I 
I Revistas I
I Radios I
I Televisión I

 

Agregar 
a favoritos

Recomendar
 este sitio

 
 

SECCIONES

IRAK  

Un posible detonante de la guerra civil

Anticipan un "baño de sangre" durante el juicio a Saddam Hussein en Irak

Aún entre rejas Saddam, el gobierno iraquí compuesto por kurdos y chiíes (sus viejos enemigos ) así como los jefes militares norteamericanos siguen temiendo la influencia del ex presidente sobre los sectores más peligrosos de la resistencia iraquí, compuesta por ex militares de élite del régimen que manejó Irak antes de la invasión. La mayoría coincide en que sentarlo a Saddam frente a un tribunal -con una segura condena a muerte- es como encender la mecha de un polvorín.

(IAR-Noticias)  01-Ag-05                                                       

Informe especial

Saddam Hussein, el ex hombre fuerte de Irak que fuera destituido por la invasión militar norteamericana de marzo de 2003, ya en condición de preso de las fuerzas de ocupación, sigue protagonizando episodios que concitan la atención de la prensa internacional.

Versiones salidas de fuentes sunies -difundidas principalmente por las agenciaas Reuters y AP- vienen advirtiendo que el juicio -todavía sin fecha- del ex presidente, quien podría ser condenado a muerte, va a incrementar la ola de ataques rebeldes que ahora se sitúa -según los jefes militares estadounidenses- entre 50 y 60 acciones diarias.

Esos ataques están prioritariamente dirigidos contra el aparato militar y policial colaboracionista iraquí, que ha sufrido más de 2000 muertos en lo que va de 2005, y las fuerzas de ocupación norteamericanas que han perdido más de 370 militares en el curso de este año, según conteos de la prensa internacional.

Asimismo (y aquí reside el principal foco de una guerra civil en potencia), desde las elecciones de enero pasado, los rebeldes situaron como blanco de sus ataques diarios a entidades, políticos y personalidades de la comunidad chíita (60% de la población iraquí) que fueron muertos por centenares en atentados con explosivos y otro tipo de acciones.

Otro dato que tienen en cuenta los expertos y los oficiales norteamericanos, es que la mayoría de la policía y el ejército iraquí que colabora con las fuerzas de ocupación estadounidenses, son de origen chíita, en segundo lugar, kurdo, lo que genera conflicto con los sunies (25% de la población).

Además, y como efecto multiplicador del conflicto, los llamados "escuadrones de la muerte" (comandos entrenados por fuerzas especiales cuya misión es el "asesinato selectivo" de dirigentes y militantes de la resistencia suní), están integrados por chiíes y kurdos, que actúan como "torpedos" ejecutores y protagonizan el costado "sucio" de la represión.

 

 

 

 

 

 

 

 

Según los informes de inteligencia revelados por The New York Times, The Washington Post y Newsweek,  ya funcionan en Irak  brigadas especiales y "escuadrones de la muerte", formados por chiítas y kurdos, orientados a la "cacería permanente"  de combatientes y militantes rebeldes suníes.

Toda esta sumatoria de factores, agregado al ancestral conflicto étnico y religioso, lleva a los especialistas y a la propia oficialidad norteamericana a concluir que cualquier acción que ponga nuevamente la situación "fuera de control" (como sucedió en abril de 2003 con la confluencia de un levantamiento armado de chiíes) puede precipitar un cuadro indetenible de guerra civil.

Y en este contexto de apreciación, un juicio a Saddam Hussein, donde éste puede ser condenado a muerte, podría convertirse en  un detonante clave de un conflicto armado entre suníes y chiíes, que, para muchos, ya está en estado larval a raíz de los atentados y muertes diarias de políticos, clérigos y ciudadanos chiíes.

En noviembre del año pasado, medios y analistas norteamericanos lanzaron la versión de que la Casa Blanca y el Pentágono habían decidido convertir el juicio de Hussein en un "show mediático" que arrimara votos a la reelección de George W. Bush.

Saddam está acusado de "crímenes contra la Humanidad" por la utilización de gases contra los kurdos de Halabja (1988), el aplastamiento de la rebelión chiíta (1991), las fosas comunes (1991), la guerra contra Irán (1980-1988) y la invasión de Kuwait (1990), y el farsesco tribunal que lo juzgaría, compuesto mayoritariamente por chiítas, iba a pedir su condena a muerte.

No obstante, las autoridades de Washington desistieron de la realización del juicio, principalmente por temor a que la presencia de Saddam Hussein ante un tribunal incrementara la escalada rebelde que había comenzado en los tramos decisivos de la elección presidencial en EEUU.

También por los mismo motivos, los altos mandos en Irak habían suspendido la planeada ofensiva militar a gran escala en Faluya -que se concretó este año- para horas antes de las elecciones buscando el objetivo de darle a Bush un "gran triunfo militar" antes de la votación en la urnas.

Aún entre rejas Saddam, el gobierno iraquí compuesto por kurdos y sunies (sus viejos enemigos) así como los jefes militares norteamericanos siguen temiendo la influencia del ex presidente sobre los sectores más "militarizados" de la resistencia iraquí compuesta por ex militares de élite del régimen que manejó Irak antes de la invasión.

Luego de replegarse, antes de que los marines ingresaran a Bagdad, Saddam Hussein se refugió en la región comprendida entre Ramadi, Faluya y Tikrit, el denominado triángulo suní (la región donde más bajas han sufrido las fuerzas ocupantes), lugar de su nacimiento en el cual reclutaba sus oficiales, policías, verdugos, guardaespaldas y funcionarios de más confianza.

Allí se refugiaron parte de los aproximadamente 50.000 agentes de los Servicios de Seguridad y fuerzas de élite que conformaban el núcleo estratégico de lo que se denominó el "Tercer Anillo" de la defensa de Bagdad, que abandonó la capital iraquí mucho antes de que las fuerzas militares de EEUU la tomaran.

Los comandantes norteamericanos temen más que a nada a esa fuerza de militares profesionales y de inteligencia estratégica (que conformó la vanguardia de élite del ejército de Saddam) y que pasó a desarrollar técnicas de guerrilla urbana tras su paso a la clandestinidad.

Parte de ese contingente, hoy planifica, organiza y coordina las acciones más peligrosas contra las fuerzas norteamericanas y sus colaboradores del ejército y la policía iraquí, y conforma el sustento propiamente militar de la resistencia.

 

 

 

 

 

 

 

Este circuito, sembrado cada vez más de cadáveres civiles, se reotroalimenta con el odio al invasor norteamericano que genera, y que arrima cada vez más militantes a la resistencia iraquí, cuyo número, según los propios militares norteamericanos, crece día a día.

Si bien no hay precisiones de inteligencia sobre el actual grado de influencia que ejerce Saddam sobre esa fuerza, los mandos y la inteligencia militar norteamericana en Bagdad consideran que los rebeldes van usufructuar la presencia de Saddam frente a un tribunal de enjuiciamiento, que tendrá un "show mediático internacional" como escenario predominante.

Sectores de la inteligencia militar "anti-Bush", utilizando a los influyentes The Washington Post y The New York Times, vienen alertando, desde fines de 2004, sobre una guerra civil en gestación promovida por dos factores principales: la exclusión de los suníes del proceso electoral y del nuevo gobierno, y los diarios ataques y atentados a que es sometida la comunidad chiíta por parte de la resistencia suní.

Estos mismos sectores son los que hoy advierten que el juicio y condena de Saddam podría desatar un "baño de sangre" sin parangones en Irak.

A estas advertencias se suman las agencias Reuters y Associated Press quienes reportan casi a diario la opinión de distintos sectores de la comunidad suní como de la chií, cuyas voces coinciden en que el juicio de Saddam Hussein puede detonar un  conflicto armado entre sunies y chiíes.

Este viernes decía Reuters: "la violencia ha continuado imbatible y la efervescencia árabe sunita continuaba en las calles de Bagdad el viernes en medio del temor de que los enfrentamientos entre comunidades chiítas y sunitas pueda derivar en una guerra civil".

Hay quienes sostienen, en el plano del análisis estratégico, que  para  Bush y los halcones un proceso de guerra civil resultaría viable y provechoso dado que permitiría a sus fuerzas de ocupación salirse del blanco de los rebeldes iraquíes cuyas energías estarían canalizadas en un enfrentamiento con los chiíes.

Otro punto de "aprovechamiento" de una guerra civil en Irak para Washington -según esa visión- se encuentra en el impacto que la misma produciría en el plano internacional.

Con Irak sumido en un conflicto armado entre suníes, kurdos y chiítas, a la administración Bush le sería relativamente fácil operar en el Consejo de Seguridad de la ONU la intervención de una "fuerza multinacional de paz" que tenga a la OTAN como sustento militar.

Ni Francia, ni España, ni Alemania, hoy países "críticos" a la política militar de ocupación de Irak, podrían negarse a integrar una "coalición de paz", aún sabiendo que detrás de ella se encuentra la mano de Washington y del Pentágono.

En ese escenario, con la guerra civil como telón de fondo, Bush y los halcones seguirían controlando la administración, el petróleo, y los negocios de Irak, mediante un gobierno títere y la supremacía de su fuerza militar sobre la OTAN y las potencias "aliadas".

Más allá de esta visión, los militares y la inteligencia norteamericana, sus más influyentes medios de prensa, vienen advirtiendo sistemáticamente a Bush y a la Casa Blanca que la presencia de Saddam Hussein en un estrado judicial sería como encender la mecha de la guerra civil.
 

 VOLVER A HOME

comentar esta nota

© Copyright 2003  iarnoticias.com | Derechos reservados | Director Rodrigo Guevara

 

Se autoriza el libre uso, impresión y distribución de toda la información editada, siempre y cuando no sea utilizada para fines comerciales y sea citada la fuente.

Resolución óptima: 800 x 600

contactos@iarnoticias.com