esde
su levantamiento armado contra el invasor norteamericano, en abril del año
pasado, y después de enfrentarse ferozmente en Nayaf con las tropas
norteamericanas, Moqtada al Sadr se llamó a una "tregua", que parece
haber roto en los últimos días.
El clérigo rebelde comenzó nuevamente a movilizar a sus partidarios contra el
proyecto de Constitución exigido por EEUU y acordado entre chiíes y kurdos, las
dos facciones que se reparten el poder en el gobierno y en el parlamento,
sin el acuerdo de los suníes, la otra gran comunidad iraquí.
Los simpatizantes del
líder combatiente Moqtada al Sadr, se enfrentaron en la madrugada del
jueves con la policía colaboracionista iraquí y otros grupos rivales chiíes progubernamentales en Bagdad y varias ciudades más.
Mientras, el Gobierno
dirigido por chiíes, básicamente por políticos y clérigos cómplices de
Washington, que intenta cerrar la aprobación del texto en el Parlamento,
intentó rebajar la tensión, que tiene nuevamente al combativo clérigo como
protagonista central.
A la violencia entre el Ejército del Mahdi de Al Sadr, la policía iraquí y
los grupos rivales chiíes se suma también la sangrienta demostración de fuerza de
los rebeldes suníes que tuvo lugar el miércoles en la capital, y supone
rebajar un poco más las esperanzas de que la Constitución se apruebe sin
problemas en el referéndum que se celebrará en octubre.
Hay
que recordar que en abril de 2004, los rebeldes chiíes dirigidos por Moqtada Al
Sadr convergieron en un mismo frente armado con la resistencia suní
contra las tropas norteamericanas.
La convergencia de ambos
frentes entre los dos rivales históricos, suníes y chiíes, convirtió a Irak en
una gigantesca hoguera rebelde que obligó a los jefes militares
norteamericanos a imponentes movilizaciones de tropas y ofensivas militares a
gran escala, sobre todo en Faluya y Nayaf, bastiones de la
resistencia suní y chií, respectivamente.
Finalmente, los clérigos
y políticos chiíes, con el ayatolá Alí Sistani (el más importante aliado de
Washington) , consiguieron una tregua del clérigo rebelde y de sus combatientes
que habían sido diezmados por los los bombardeos norteamericanos en Nayaf.
En los últimos días,
Moqtada Al Sadr y sus milicianos volvieron a tomar nuevamente las calles
y, en alianza con los sectores rebeldes suníes, coincidieron en una ofensiva
contra la llamada "Constitución de Bush", un engendro jurídico mediante
el cual el imperio invasor trata de legitimar un statu quo "democrático" para su
política de ocupación militar.
La aparición del clérigo
rebelde en acción hace sobrevolar nuevamente los fantasmas de "guerra civil"
que los expertos y la inteligencia norteamericana vienen vaticinando que va a
ocurrir.
Al amanecer del jueves,
los habitantes de varias ciudades chiíes del sur del país informaron de sedes
políticas quemadas y de violentos combates en las calles.
Moqtada lidera un
decidido grupo de combatientes chiíes opuestos al establishment de poder del
ayatolá Sistani y otros clérigos en su comunidad, por lo que el riesgo de una
fractura violenta, y consecuentemente de enfrentamientoas armados entre
chiíes, se hace cada vez más factible.
El proyecto de constitución podría ser
aprobado este jueves en el Parlamento.
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Si se tiene en cuenta
que los cuerpos represores del ejército y la policía iraquí están compuestos
mayoritariamente por kurdos y chiíes que responden al gobierno controlado por
Washington, queda en evidencia la problemática real de lo que los expertos
llaman "detonante de la guerra civil".
Al Sadr, un clérigo de apenas 30 años que tiene el apoyo de los chiíes más
pobres y de la reputación de su padre, un eminente clérigo asesinado por Saddam
Hussein en 1990, se ha unido a los líderes de la minoría árabe suní en
denunciar un borrador constitucional que dicen que es la receta para dividir Irak.
El propio Al Sadr pidió el jueves a su rival, el líder chií Abdul Aziz al Hakim,
del Consejo Supremo para la Revolución en Irak (SCIRI) - agrupación exiliada en
Irán y financiada por la CIA durante el régimen de Saddam - que condene la
actuación de sus seguidores y de su brazo armado, la milicia Badr.
Los enfrentamientos estallaron el
miércoles después de que las oficinas de Sadr en Nayaf fuesen atacadas por
partidarios del Consejo Supremo de la Revolución Islámica.
Los choques se extendieron por otras
ciudades del sur y centro de Irak, donde se vive una profunda brecha en el seno
de la comunidad chií, que representa al 60 por ciento de la población iraquí.
Los simpatizantes del joven clérigo dijeron que se atacó su despacho en Nayaf,
abierto tras un año de cierre desde que una ofensiva estadounidense acabase con
el segundo levantamiento de sus partidarios contra la coalición encabezada por
Estados Unidos.
Según uno de sus seguidores, ocho personas murieron en la oficina, y docenas de
personas resultaron heridas en los enfrentamientos posteriores, dijeron
autoridades hospitalarias.
Además el jueves seis
civiles murieron y otros tres resultaron heridos cuando hombres armados
irrumpieron en un popular café de la localidad de Abu Sayda, a unos 60
kilómetros al norte de Bagdad y tirotearon a los que estaban presentes, dijeron
autoridades sanitarias, sin que se sepa el motivo.
Autoridades parlamentarias han dicho que la Asamblea Nacional se reunirá el
jueves, cuando se sabrá si los suníes aprueban el borrador presentado el lunes
por kurdos y chiíes. La Constitución no entrará en vigor si es rechazada en tres
de las 18 provincias iraquíes, y los suníes son mayoría en tres.
Los suníes, que
apenas participaron en las históricas elecciones de enero, creen que un
sistema federal les privará de la riqueza petrolera, situada principalmente en
las regiones kurda y chií, al norte y sur del país, respectivamente.
Pero el
descontento y la rebeldía también crecen a pasos acelerados en el sur,
debido al desempleo, el colapso sanitario y de servicios públicos, además de la
pobreza, la marginalidad y la droga que hacen presa de los cinturones
marginales.
En ese ambiente recluta y prepara sus
milicias el clérigo rebelde chií Moqtada Al Sadr, a quien los jefes y soldados
norteamericanos temen debido a su demostrada ferocidad en el combate de
guerrillas, y a su carácter de líder "imprevisible" en el campo de
batalla.
En tanto,
Washington y Bush vienen presionando para que se adopte el texto de la nueva
Constitución, como parte de su estrategia de convertir a la ocupación militar en
un "régimen democrático".
Anticipando de
alguna manera lo que los jefes militares norteamericano se "ven venir" en Irak,
el miércoles el Pentágono anunció el envío de otros 1.500 soldados más, y
agregados a otras fuerzas operativas "extra", para controlar el referéndum
de octubre y las elecciones de diciembre.