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(IAR-Noticias) 19-En-05
Analizando
el carácter "conspirativo" que adquirió el caso del secuestro de Granda,
James Petras, por medio de un escrito publicado en el periódico Rebelión, señala que "los intelectuales han escrito y firmado peticiones, viendo
algunos el secuestro como un complot de la CIA para desestabilizar a Chávez,
mientras otros contemplan el reciente suceso y hallan un complejo cuadro de
maniobras estratégicas colombianas y de errores en la seguridad interna
venezolana".
Según el prestigioso pensador "una importante controversia política está encolerizando los medios de
comunicación de Colombia y Venezuela, las páginas web izquierdistas y otros
sitios, en relación con el secuestro de líder de las FARC Rodrigo Granda. Cada
día ofrecen más declaraciones y revelaciones de ministros, militares y
funcionarios policiales, así como de congresistas y de líderes de los
movimientos sociales".
Refiriéndose al secuestro, Petras
señala que "Durante casi dos semanas, las autoridades venezolanas,
incluidos los Ministros de Defensa, de Interior y de Asuntos Exteriores,
estuvieron prácticamente mudas; incluso cuando los principales periodistas
colombianos y activistas venezolanos protestaron por el secuestro del prominente
revolucionario. Tras los llamamientos locales e internacionales de escritores,
periodistas, intelectuales y activistas, muchos de los cuales habían asistido a
las mismas conferencias internacionales en Venezuela que Granda, el Ministro de
Interior, Jessie Chacón, convocó una conferencia de prensa y anunció una
investigación sobre el presunto secuestro de Granda."
"Dos semanas son mucho
tiempo, bajo cualquier criterio, para empezar una investigación relacionada con
uno de los líderes revolucionarios más importantes de América Latina, sobre todo
en un país que afirma estar siguiendo un proceso revolucionario", subraya.
"El propósito de secuestrar a Granda era debilitar la
capacidad de las FARC para dialogar con gobiernos, movimientos, partidos
políticos y presentar sus puntos de vista sobre un acuerdo negociado a la guerra
civil de 40 años. El régimen de Uribe al capturar a Granda esperaba que mediante
presiones, torturas e interrogatorios Granda se derrumbara y obtendrían
información sobre la ubicación de los líderes de las FARC y sus movimientos
internos", añade Petras.
Al contrario de la creencia
generalizada entre los intelectuales y medios de izquierda James Petras afirma
que "El propósito del gobierno de Uribe no
era crear dificultades al gobierno de Venezuela sino aplastar a las FARC".
Luego se refiere a las
"buenas relaciones" existentes entre el gobierno de Chávez y el de Uribe,
recordando que "los
ministros de defensa de Colombia y Venezuela firmaron, varios días después del
secuestro, un importante acuerdo de cooperación militar bilateral por el que
compartirían operaciones de espionaje así como operaciones de adiestramiento
conjunto".
"Explicablemente -señala
Petras- los ministros de defensa Venezolano y Colombiano no
estaban afectados por el secuestro. Además los Ministros de Exteriores de
Venezuela y Colombia poco antes del secuestro habían firmado una serie de
acuerdos económicos, comerciales y de oleoductos que, según nos dijo el
vicepresidente venezolano José Rangel, no se verían afectados en modo alguno por
el secuestro".
Contraponiéndose a los que defienden
públicamente desde la izquierda y el progresismo a Chávez, Petras sostiene que
"Afirmar, como muchos escritores firmantes de una carta dirigida “A la Opinión
Pública Internacional”, que el secuestro de Granda fue pensado “para crear
dificultades entre ambos países (Venezuela y Colombia) y para debilitar al
movimiento bolivariano,... para disminuir el prestigio internacional del
presidente Chávez creando dudas sobre una posible implicación venezolana en el
secuestro...” no tiene ningún fundamento y se contradice con los hechos más
elementales relacionados con el secuestro".
"El
terco intento de los firmantes por salvar (?) el prestigio de Chávez negando
cualquier complicidad venezolana fue patentemente falso como ha quedado probado
por los mismos ministerios venezolanos involucrados en la investigación",
subraya.
Profundizando su crítica contra los
defensores de Chávez, James Petras sostiene que "el
fallo y/o la renuencia de estos extranjeros “Amigos de Venezuela” para ver que
el Estado Venezolano tiene oficiales y funcionarios que están dispuestos a
colaborar con el régimen Colombiano es parte de un problema más profundo y
continuado de la izquierda: Su tendencia a dar un cheque en blanco a cualquier
régimen progresista, a pasar por alto divisiones importantes dentro del régimen
y a entender que entre los funcionarios militares y civiles hay algunos que
valoran una cooperación estrecha con el régimen de Uribe por encima de y en
contra del respeto al derecho de un revolucionario a no ser deportado (o
secuestrado) a un sanguinario estado paramilitar donde no hay ninguna protección
judicial".
"¿No están los firmantes de la
declaración exonerando de algún modo a los cómplices venezolanos que debilitan
la seguridad del régimen de Chávez? ¿Se defiende a una revolución negando sus
debilidades internas y sus enemigos? Después de lo que sucedió en el pasado,
sobre todo con los antiguos países socialistas, ¿tenemos que repetir los
mismos errores culpando a los críticos de sectores del régimen de Chávez de
preparar “el terreno para la intervención armada estadounidense”, para
acallarlos?", se pregunta Petras en su artículo.
En cuanto a la actitud del gobierno venezolano frente al secuestro,
Petras puntualiza que "en lugar de ver al
revolucionario Colombiano como una víctima de un crimen odioso (una víctima de
la lucha de clases internacional como habríamos dicho en los viejos tiempos),
fue criminalizado sobre la base de tecnicismos de inmigración, como cualquier
funcionario de inmigración de bajo nivel podría apreciar".
"¿Cuál fue el propósito
para distraer la atención de un importante delito político -secuestro- a un
asunto trivial de un visado caducado? ¿Había intención de decir que debía de
haber sido expulsado a Colombia y los secuestradores colombianos simplemente lo
hicieron de mala manera? ¿No quedaba el prestigio de Venezuela más empañado por
su tardía investigación y el subsiguiente cuestionamiento del derecho de Granda
a participar en una Conferencia Internacional en Defensa de la Humanidad que por
una denuncia directa de la violación del régimen de Uribe a su soberanía con la
complicidad de algunos de sus funcionarios policiales y militares?" ,
continúa preguntándose Petras.
"Es ya de conocimiento público en todos los medios de comunicación
colombianos más importantes (Tiempo) que los funcionarios venezolanos recibieron
millón y medio de dólares por secuestrar y entregar a Granda. Si los
secuestradores también estaban en la nómina de la CIA no se sabe, pero sus
interrogatorios y declaraciones no revelan tal conexión. Tenían el signo del
dólar, no las barras y las estrellas, en sus ojos", señala en otro tramo de
su escrito.
Para James Petras "La amenaza real a la
seguridad venezolana y al régimen de Chávez viene de los nuevos acuerdos de
defensa de Venezuela con Colombia - donde podemos estar completamente seguros de
que las Fuerzas Especiales norteamericanas, CIA y DIA que están trabajando con
los militares colombianos harán todo tipo de esfuerzos por reclutar oficiales,
conseguir datos para sus servicios de inteligencia y fomentar sentimientos anti
Chávez entre los oficiales de defensa menos comprometidos".
"Lo mejor para la salud y el futuro de una revolución venezolana
es declarar clara y francamente lo obvio - que Granda estuvo allí y que tenía
derecho a estar allí donde nosotros pudiéramos discutir y debatir nuestros
principios, nuestras diferencias, tal como otros líderes burgueses y regímenes
han hecho en otros momentos y en otros países", subraya el prestigioso
pensador.
A juicio de Petras
"el asunto de Granda no es
simplemente una provocación de los EE.UU. y de Colombia que puede minar las
relaciones bilaterales, sino un reflejo de la división interna de millones de
personas que desean profundizar en la transformación social y aquellos
funcionarios que desean reconciliarse con los EE.UU., Colombia y las élites
locales".
Al final de su artículo James Petras se refiere al presidente de Venezuela
diciendo que "aunque Chávez declaró una reforma agraria radical hace tres
años, ni un solo latifundio privado fue expropiado - los 100.000
beneficiarios de la reforma agraria recibieron únicamente terrenos públicos e
incluso sin créditos adecuados ni asistencia técnica debido a la incompetencia
burocrática o al sabotaje político".
"En diciembre del 2004,
Chávez ha renovado su petición a los gobernadores y a los campesinos sin tierra
para radicalizar el proceso de reforma agraria. Los gobernadores respondieron
entrevistando a varios terratenientes para estudiar si su tierra es productiva o
está en barbecho. Entretanto, miles de ocupantes sin tierra le han estado
tomando la palabra a Chávez e improvisaron su propio programa de distribución
de la tierra a pesar de la violencia de las impunes milicias que están
defendiendo a los latifundistas".
Finalmente, y dirigiéndose nuevamente
a los "defensores" progresistas de Chávez, Petras señala que "los
intelectuales occidentales, cualquiera que tenga duda de que la revolución
nacional se esté volviendo social; mejor sería que prestaran más atención a
las emergentes luchas internas de clase que a firmar peticiones tan mal
informadas".
Artículo completo de Petras
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