Casi
en soledad y
todavía sin reconocimiento internacional, el vicepresidente Alfredo
Palacio saltó de categoría al tomar posesión de la presidencia
de Ecuador, después de haber sido proclamado entre gallos y
medianoche por un golpe parlamentario del Congreso.
Los analistas
quiteños coinciden a esta altura, que si bien la embajada norteamericana dio
"luz verde" al golpe, lo hizo sin mucho convencimiento y forzada por las
circunstancias que se vivían el miércoles en Ecuador.
Apenas dos horas
antes, y en medio de una batalla frontal entre partidarios de Gutiérrez con los
agitadores de la alianza izquierda "democrática"-ultraderecha cristiana, la embajadora
de EEUU, Kristie Kenney, estuvo en el palacio presidencial dialogando con Gutiérrez, en una
aparente búsqueda de "acuerdo" entre los golpistas y el entonces presidente.
Horas antes las
fuerzas armadas ecuatorianas habían dado su apoyo a Gutiérrez, y todo
indicaba -según los medios ecuatorianos- que la "sucursal" del Comando Sur en
Ecuador sostenía al presidente.
Otro detalle relevante estaba constituido
por la presencia hace dos semanas del jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU,
general Richards Myers, quien vino a dar su apoyo explícito a Gutiérrez, uno de
los más
fervorosos aliados del Pentágono en la región.
Si a escasas hora
del golpe parlamentario todo estaba ok para Gutiérrez ¿que pasó camino del foro?
Los analistas
quiteños barajan dos teorías:
A) la embajada norteamericana recibió "órdenes superiores" (o sea del
Departamento de Estado),
B) tomó la decisión de quitarle el apoyo a Gutiérrez después de evaluar la
situación que había tocado un pico límite de violencia a causa de los
enfrentamientos entre los partidarios de Gutiérrez y los militantes golpistas.
Ya no se trataba
solamente de la represión policial, sino de enfrentamientos que podrían poner al
Ecuador en los umbrales de una guerra civil callejera, sobre todo teniendo en
cuenta que seguían convergiendo en Quito más ómnibus de militantes oficialistas
procedentes de las provincias, y el clima de choques seguía creciendo.
El
otro punto "critico" que pudo apurar la orden de jubilarlo a Gutiérrez, estuvo
-en eso también coinciden los analistass- precipitada por la decisión del alcalde
golpista de Quito, Paco Moncaya, de bloquear con militantes las rutas de
acceso a la capital a los ómnibus que transportaban a activistas
pro-Gutiérrez, principalmente indígenas, que venían armados con machetes, armas
de fuego, y objetos punzantes de todo tipo.
Paco Moncaya es un
general retirado, no bien visto por el Pentágono y enfermizo opositor de
Gutiérrez, que estuvo al frente del Comando Conjunto durante el golpe
parlamentario que terminó con la presidencia de Bucaram.
El clima, como
dicen los expertos "estaba de carnicería", dado que también comandos
parapoliciales -supuestamente respondiendo a la derecha cristiana- se
encontraban infiltrados entre los manifestantes golpistas, lo que predecía un
cuadro de difícil retorno si seguían llegando más partidarios del gobierno.
Por otra parte la
radio golpista La Luna seguía atizando con sus llamamientos a la
"movilización espontánea" acatada masivamente por los sectores de la clase
media y la izquierda "democrática" que atronaban el aire con ruidos y bocinazos
que otorgaban más "dramaticidad" a la situación.
Precisamente se
señalaba que la embajadora norteamericana, en uno de los puntos que planteaba
para un acuerdo de "parar la pelota" entre el gobierno y los diputados
golpistas, ponía la condición de que Gutiérrez retirara a sus activistas del
teatro de los enfrentamientos capitalinos.
En este punto hay
también dos teorías:
A) Gutiérrez, envalentonado por el apoyo del ejército y por haber retomado el
centro de la acción con sus partidarios, se negó a dar la orden de retiro de los
mismos;
B) los hechos se sucedieron tan rápido, que luego de acceder al pedido de la
embajada, Gutiérrez no tuvo tiempo de parar la violencia dando justificación a
los diputados golpistas que lo derrocaron.
Palacio, asumió el gobierno después del
golpe parlamentario y ordenó el arresto de Gutiérrez.
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Sea como fuere, la
carrera presidencial de Gutiérrez terminó cuando las fuerzas armadas -que no dan
un solo paso sin la orden de la delegación local del Comando Sur- le retiraron
públicamente el apoyo.
El jefe del Comando Conjunto de las
Fuerzas Armadas, almirante Víctor Hugo Rosero, anunció que los militares le
retiraban su apoyo para "salvaguardar" la paz del país.
Simultáneamente, el comandante en Jefe de la Policía, Jorge Poveda,
renunció a su cargo, pidió disculpas por las acciones policiales contra las
manifestaciones y se mostró contrario a seguir reprimiendo a los opositores.
Tras la renuncia de Poveda, y en
perfecta sincronización, el Congreso Nacional convocó a una sesión
extraordinaria con las firmas de 60 diputados en la sede del Centro
Internacional de Estudios Superiores en Comunicación para América Latina (Ciespal).
Después de un "debate" para
guardar las formas, en solo media hora, aprobó una "moción" para destituir a
Gutiérrez por "abandono del gobierno". Curiosamente Gutiérrez se
encontraba en esos momentos en su despacho del palacio de gobierno.
En otro punto que coinciden los
analistas es en la retracción de los militares a retirarle el apoyo a
Gutiérrez, y cuando lo hicieron no se acercaron a darle el apoyo al
presidente golpista Palacio.
Medios de Quito consignaban que
Palacio intentó comunicarse con los integrantes la cúpula militar para
pedirles que lo rescataran del edificio de la Ciespal donde se encontraba
acorralado por una turba de manifestantes que le reclamaban que
no se traicionara la "voluntad
popular".
Finalmente Palacio -que según se comentó en la prensa quiteña debió salir
disfrazado de la Ciespal- dio una conferencia de prensa en la sede de Defensa
flanqueado por los comandantes militares a quien alguien de "más arriba" parece
haberles ordenado asistir al mandatario golpista.
Tampoco pusieron ningún empeño en
ayudarlo a que ingrese al palacio de gobierno, adonde recién pudo acceder el
jueves.
La OEA sin definición
Sea
cual fuere el origen de la decisión adoptada finalmente de derrocarlo, lo cierto
es que la voluntad de voltearlo a Gutiérrez no estaba en los planes
inmediatos de Washington, y su derrocamiento evidentemente le complica-por
el momento- la relación con sus aliados propulsores de las "formas
democráticas", hasta para los golpes de Estado.
En esa dirección, la OEA
suspendió para hoy una reunión convocada con urgencia, a la espera de tener
"mejores informaciones".
"Todavía estamos analizando lo ocurrido", señaló a la prensa un funcionario del
Departamento de Estado, que no quiso definirse sobre si la destitución de
Gutiérrez era constitucional. "Estamos estudiando la situación", agregó.
En el momento que se debatía el apoyo al nuevo gobierno, esto es, si la
destitución de Gutiérrez "era constitucional", el embajador de EEUU, John
Maisto, permaneció sin hablar.
Otras fuentes habían
señalado que Washington dejaría que fuese el Grupo de Río el que siente la
posición final sobre el reconocimiento o no del nuevo gobierno golpista.
Para la oposición demócrata estadounidense, la "crisis ecuatoriana" es una
prueba más de la negligencia de la administración Bush en la región.
"Ahora ya es demasiado
tarde. El momento para actuar era diciembre, cuando Gutiérrez decidió colocar en
la Corte Suprema a todos sus aliados políticos", manifestó a la prensa Michael
Shifter, del Diálogo Interamericano.
Evidenciando el
centro de la preocupación estadounidense,
la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, pidió ayer nuevas elecciones y
respecto al proceso constitucional señaló que no debe verse alterado
bajo ninguna circusntancia.
"No debe haber
violencia", dijo la funcionaria, llamando a los ecuatorianos a la "calma".
Ese es el punto que
-según los analistas quiteños- precipittó la santificación del golpe por parte de
la embajada norteamericana en Ecuador.
Los golpes parlamentarios
-o "golpes populares"- para ccambiar a un presidente-empleado por otro, se
realizan sobre la máxima de impedir el "derramamiento se sangre".
Cuanto menos
sangre fluya, menos problemas para Washington para conseguir apoyo
internacional.
El derrocamiento de
De La Rúa en Argentina, y el de Sánchez de Lozada en Bolivia,
fueron marcados por el mismo modus operandi: las respectivas embajadas
norteamericanas les retiraron el apoyo después de que
decenas
de manifestantes murieran a causa de la represión policial.
Según los
observadores ecuatorianos, estas experiencias habrían precipitado la decisión de
retirarle inesperadamente el apoyo a Gutiérrez, impidiendo que se sumaran los
muertos y los problemas internacionales para EEUU.
Medios
norteamericanos señalaban que, a la luz del traspiés de la OEA,
George
Bush no sabía aún anoche si reconocería formalmente al nuevo presidente,
Alfredo Palacio, ni si la OEA apoyará la aplicación del artículo 20 de la Carta
democrática del organismo en Ecuador, si es que algún país la propone
formalmente.
Seguramente, y como
lo hacen siempre, los gobiernos de la región terminarán reconociendo al gobierno
golpista de Ecuador.
Como dice un
experto: simulan un poco de "oposición" para que la subordinación a EEUU no sea
tan alevosa. Hay que cuidar las formas.