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(IAR-Noticias) 30-May-05
Informe Especial
De
acuerdo a una orden impartida el jueves pasado, el personal
diplomático "no esencial" de Estados Unidos deberá abandonar
Haití debido al alto nivel de inseguridad que reina en
la capital, Puerto Príncipe, y a la "ineficacia" del gobierno
interino para contenerlo, informó la agencia AFP.
Pese al anuncio de retirada de sus
ciudadanos, EEUU reiteró que está comprometido en su misión de "asegurar unas
buenas elecciones en 2005" y de "promover la seguridad y la estabilidad en
Haití".
Pero en Puerto Príncipe, sumido en un contexto de violencia y anarquía, dominan
la duda y el temor a un mayor desborde, no sólo entre los funcionarios
haitianos, sino también en la comunidad internacional, la ONU y los países
occidentales involucrados en la llamada "reconstrucción del país" tras la
destitución por un golpe de Estado del presidente Aristide.
La
capital haitiana -según los observadores- se encuentra atenazada por dos
fenómenos convergentes: 1) el estallido social y los robos provocado por
la hambruna colectiva, y 2) los desórdenes y enfrentamientos violentos
provocados por partidarios del ex presidente Aristide que desbordan la capacidad
de contención de los cascos azules de la ONU.
Aunque la orden de evacuación de los estadounidenses tiene más un peso
simbólico, dado el bajo número de familias implicadas, a juicio de funcionarios
y observadores occidentales es "una mala señal" en el presente escenario
de violencia y saqueos que vive el país.
A cinco meses de las elecciones generales, la administración haitiana
emergente del golpe Estado contra Aristide intenta sobrevivir con ayuda
internacional de la ONU, y atraviesa "momentos difíciles" en su relación con
Estados Unidos como lo revelan las duras críticas de los funcionarios a la
partida del país de familias estadounidenses.
"Es un duro golpe el que los estadounidenses nos han dado (...), no comprendo el
juego que están jugando", declaró el viernes a la AFP el primer ministro
haitiano, Gérard Latortue, colocado en el poder por Washington tras el
derrocamiento de Aristide.
"Es una decisión lamentable en este momento cuando necesitamos a los amigos",
agregó el mandatario haitiano.
Las elecciones en Haití se realizarán
el 9 de octubre, el 13 noviembre y el 18 de diciembre de 2005, según lo
anunciado por el Consejo Electoral Provisional de Haití.
El 9 de octubre se llevarán a cabo
las elecciones municipales; el 13 de noviembre la primera vuelta de las
legislativas y las presidenciales, y el 18 diciembre la segunda vuelta en el
caso de que se presente una elección cerrada.
Durante más de un año, partidos políticos,
funcionarios de la ONU y "expertos" extranjeros han planeado los comicios de
octubre y noviembre en Haití. Pero el proceso electoral parece muy
endeble e insostenible en el tiempo dentro del actual escenario de caos y
enfrentamiento que vive el país.
Uno de los principales partidos, el Lavalas del
depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide, se mantiene al margen de la puja, y
convoca permanentemente a protestas con miles de simpatizantes para
cuestionar la legitimidad de las elecciones previstas.
Aristide fue derrocado y puesto en un avión militar de EEUU el 29 de
febrero del año pasado, luego de dos años de manifestaciones opositoras y una
breve rebelión armada protagonizada por paramilitares y mercenarios, según los
expertos, dirigida desde el exterior por la CIA y el departamento de Estado
norteamericano.
El ex sacerdote y dos veces presidente dejó el
país a custodiado por un grupo de marines que lo condujo a África, y horas
después Haití fue ocupado por una fuerza multinacional encabezada por Estados
Unidos.
Aristide dijo posteriormente haber sido secuestrado tras caer en un ”moderno
golpe de Estado” patrocinado por Estados Unidos y Francia.
Pero la oposición de Lavalas no es el único escollo para las elecciones. El
Consejo Electoral Provisional (CEP) tiene apenas tres meses de plazo para
registrar a 4,2 millones de votantes, en un proceso que incluye tomarles
fotografías y huellas dactilares, a un pueblo donde campean por doquier el
analfabetismo y la pobreza extrema.
Además, la "seguridad" parece ir de mal en peor, sobre en la capital,
Puerto Principe, donde los asesinatos y secuestros son el pan de cada día, en
medio de una guerra de pandillas y ataques frecuentes contra policías y
militares de las fuerzas de paz de la ONU.
A inicios de 2004, en la
víspera de la caída del derrocamiento del presidente Jean Bertrand Aristide,
cuando el país estaba convulsionada por una insurrección armada, Washington,
París y Ottawa, encabezaron la intervención de una fuerza internacional de "paz"
en el empobrecido país.
El actual presidente Latortue, quien en ese entonces vivía en Florida, fue
"escogido" por Washington que fundamentó su elección alegando su
"experiencia" en relaciones internacionales.
Según fuentes haitianas, hoy los funcionarios consideran que las relaciones con
los estadounidenses son "complicadas". "Al contrario de lo que sucede con los
canadienses o los franceses, ellos (los norteamericanos) no nos comprenden, se
paralizan rápidamente y los problemas son difíciles de solucionar", precisan
esas fuentes.
Pese a la
presencia de 6.000 cascos azules, la incapacidad del gobierno haitiano
en establecer la "seguridad" en Puerto Príncipe -donde desde hace unas
semanas se han multiplicado los secuestros extorsivos-, es esgrimida como
una de las razones de la "pérdida de confianza" por parte de Washington,
según la AFP.
El miércoles pasado, desconocidos armados tomaron como blanco a un vehículo de
la embajada estadounidense sin provocar víctimas.
Con oficinas dispersas en Puerto Príncipe, los estadounidenses son vulnerables
en un momento en que la "criminalidad está incrementándose". Por ello,
para no exponerse tanto, iniciaron la construcción, en un barrio excéntrico, de
una gran embajada que reagrupe todos sus servicios, señala AFP.
Pero mientras 91 partidos tratan de
atraer a un electorado que muestra desinterés e incluso sospecha, los
partidarios de Aristide siguen negando legitimidad al proceso electoral.
”No habrá auténticas elecciones hasta que Aristide esté de nuevo en Haití. Si
quieren seleccionar a uno de los mercenarios que trabajan para los
imperialistas, que lo hagan, pero no pueden llamar a eso elecciones”, dijo a la
prensa el viernes John Joel Joseph, integrante del comité político de Lavalas en
Cité Soleil, un costero y populoso barrio pobre de Puerto Príncipe.
Durante las últimas semanas varios miles de partidarios del ex presidente
marcharon por las calles de ese barrio y del de Bel-Aire, también pobre, para
demandar el retorno de Aristide.
Esas zonas de la capital han sido también escenario de violentas batallas
entre pandillas rivales, y también de policías contra "pandilleros" que se
declaran militantes de Lavalas.
Ese proceso ya ha causado
más de 400 muertes desde que comenzara el 30 de septiembre del año pasado.
”Sin Aristide no habrá paz, Aristide por cinco años”, corearon exaltados
manifestantes el 29 de marzo, en torno a una hoguera en la que quemaron
simbólicos ataúdes para el presidente estadounidense George W. Bush, el
embajador estadounidense en Haití, James B. Foley, y numerosos funcionarios
haitianos.
La semana pasada, el presidente
Latortue expresó ante la prensa su descontento y "frustración" ante el
desempeño de la misión de la ONU en el país.
”Oficialmente, la comunidad internacional está en Haití para ayudarnos, pero no
siempre los encontramos cuando los necesitamos”, comentó.
Según un estudio conjunto de activistas humanitarios brasileños y estudiantes de
derecho de la estadounidense Universidad de Harvard, la misión de la ONU ”ha
hecho poco para lograr estabilidad, proteger a la población o frenar las
violaciones de los derechos humanos”, de modo que ”Haití es tan inseguro como
siempre”.
Expertos y analistas creen que ,ante el fracaso de los cascos azules para
detener la violencia y las protestas sociales, escuadrones paramilitares de
ultraderecha controlados por la CIA (igual que lo hicieron durante el
derrocamiento de Aristide) podrían comenzar a actuar nuevamente en las calles de
Puerto Príncipe.
En este caso -señalan- esos
escuadrones de la muerte podrían iniciar una escalada de asesinatos
selectivos con la finalidad de disuadir a los seguidores de Aristide
de continuar con las protestas y los desórdenes violentos.
En tal contexto, las versiones sobre
una inminente intervención paramilitar resulta sintomático y demostrativo de
la "mala señal" que auguran los funcionarios haitianos tras el retiro de
los ciudadanos estadounidenses.
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