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(IAR-Noticias)
03-Jun-05 /
Econoticias
Bolivia
El
arrinconado presidente de Bolivia, Carlos Mesa, convocó por decreto a una
Asamblea Constituyente y a un referéndum autonómico para el próximo 16 de
octubre en un nuevo intento por sofocar la imponente rebelión social que se ha
desatado durante las últimas tres semanas por la nacionalización del gas y el
petróleo.
En un mensaje televisado al filo de la medianoche de este jueves, Mesa
convocó a la pacificación y a la suspensión de las protestas, pocas horas
después de que el Congreso de Bolivia se diera un nuevo plazo hasta el próximo
martes para frenar la ola de protestas sociales.
Ese mismo día, los parlamentarios
deben evaluar el decreto de Mesa y, en su caso, legalizarlos y operativizarlos.
La falta de un acuerdo pleno entre las brigadas parlamentarias de neoliberales y
de sectores reformistas e indigenistas impidió hasta ahora que el Parlamento
aprobara la convocatoria a la Asamblea Constituyente y a un referéndum
autonómico, medidas con las que se intenta desactivar la ofensiva popular.
En el Congreso aún no hay la certeza de que estas medidas sean suficientes
para apagar las multitudinarias protestas de trabajadores, campesinos y vecinos
de los barrios más pobres de las principales ciudades de Bolivia, tal como
prometen los congresistas del Movimiento al Socialismo (MAS), del diputado
cocalero Evo Morales, desesperados por encontrar acuerdos que pongan fin a la
rebelión social que pone en riesgo la democracia neoliberal y sus
posibilidades para llegar a ser gobierno, a través de las elecciones del 2007.
El tema de la nacionalización de los hidrocarburos, consigna enarbolada ya por
cientos de miles de bolivianos no sólo en el Altiplano sino también en los
valles y el oriente del país, no se toca en las acaloradas reuniones de
parlamentarios.
Allí, sólo se debate sobre la
intención de sectores oligárquicos del oriente y del sur del país que quieren, a
través de un referéndum autonómico, preservar el gas, el petróleo, los
bosques y la tierra para beneficio exclusivo de las transnacionales y de las
burguesías regionales.
Otro tema en cuestión es la convocatoria a una
futura Asamblea Constituyente, que sería constituida bajo los moldes de la
democracia formal, y que intentará conciliar los intereses contrapuestos de
empresarios y trabajadores, de latifundistas y campesinos sin tierra, de
minorías blancoides enriquecidas sin trabajar y millones de indígenas excluidos
y hambrientos, de explotadores y explotados. Y es en esta Asamblea, según dijo
en su mensaje el presidente Mesa, que se debería definir si se nacionalizan o no
los hidrocarburos.
A espaldas del pueblo
Pero
en el Congreso nadie quiere oír y mucho menos hablar de la nacionalización de
las reservas de gas y petróleo. Y es que nadie quiere recuperar los más de
cien mil millones de dólares en reservas que los gobiernos neoliberales
entregaron a cambio de nada a las transnacionales como Repsol, Petrobras, Total,
British Petroleum, Enron y Shell.
Las pugnas entre los representantes de la oligarquía, que intentan priorizar
el tema de las autonomías por encima de la Constituyente, y los
parlamentarios del MAS, que buscan realizar simultáneamente ambos procesos, son
hasta ahora muy duras, por lo menos verbalmente, a pesar de los iniciales
avances que se dieron desde la noche de este miércoles, cuando la directiva del
Poder Legislativo, jefes de bancada y presidentes de brigada firmaron una
Declaración en la que se comprometen a realizar los mayores esfuerzos para
garantizar la realización del referéndum sobre autonomías regionales y la
elección de representantes para la Asamblea Constituyente. Este documento fue
patrocinado y presentado por el MAS.
Aparentemente, en el Congreso ya se ha disipado el temor ante su posible cierre
y clausura, amenaza lanzada por la Central Obrera Boliviana (COB) y otros
sectores radicalizados que realizan gigantescas manifestaciones en La Paz y El
Alto desde hace tres semanas consecutivas. El aval del MAS para defender ante
todo al Parlamento y al presidente Carlos Mesa parece tener su peso.
La realidad de la calle
Fuera
del Parlamento, sin embargo, la dinámica es otra. Este jueves, los informes del
Comando General de la Policía daban cuenta que la rebelión popular por
nacionalizar los hidrocarburos se extendía por toda la geografía nacional.
Dos de cada tres caminos y carreteras
del país están bloqueadas por campesinos, indígenas, maestros rurales y
colonizadores; ocho de los nueves departamentos de Bolivia presentaban
conflictos con manifestaciones y cortes de ruta; y tres de las 10 principales
ciudades (La Paz, El Alto y Potosí) están virtualmente paralizadas, aisladas e
incomunicadas con el resto del país.
Las protestas se expanden y aunque hay una creciente coordinación entre los
sectores, son evidentes por lo menos dos líneas: una la activada por la COB, los
mineros, maestros, universitarios y organizaciones de El Alto que priorizan la
lucha revolucionaria por la nacionalización, y la otra orientada por el MAS, que
lanza nuevos contingentes de campesinos y colonizadores al bloqueo de caminos
para presionar por la Constituyente.
La táctica del MAS es potenciar ahora
las protestas, para desinflarlas apenas se apruebe la convocatoria en el
Congreso y así tratar de arrastrar al resto de los sectores al apaciguamiento
y a la conciliación.
Los activistas de ambas líneas
trabajan en el seno de las masas movilizadas, unos para radicalizar aún más a
las bases, para que rebasen a sus direcciones medias y no se dejen engañar con
la Constituyente, otros para consolidar el control dirigencial.
En la ciudad de La Paz y El Alto, donde está el eje de la rebelión popular, la
balanza parece inclinarse hasta ahora del lado de los activistas
revolucionarios, excepto entre los contingentes de campesinos y cocaleros leales
al MAS.
En las carreteras y caminos,
especialmente en Cochabamba, Potosí y parcialmente en Oruro, ocurre a la
inversa, aunque esto puede cambiar en la medida que el Congreso no avale la
salida planteada por Evo Morales y los suyos, y más contingentes de trabajadores
se sumen a la lucha popular, que crece aceleradamente.
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