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(IAR-Noticias)
06-Jun-05 /
Econoticias
Bolivia

Desde todos los rincones de La Paz
y El Alto, miles y miles de trabajadores y vecinos, hombres y mujeres,
niños, jóvenes y viejos, avanzan hacia la Plaza de San Francisco, en el centro
de la ciudad, al Cabildo abierto convocado por la Federación de Juntas
Vecinales, la Central Obrera de El Alto y la Central Obrera Boliviana (COB).
Todos van al cabildo para tratar de definir el rumbo de la gigantesca
ofensiva popular desatada hace tres semanas en demanda de la nacionalización
del gas y el petróleo.
Los sectores más radicalizados y revolucionarios pugnan por encauzar la lucha
popular hacia el derrocamiento de la burguesía y a la estructuración del
gobierno de obreros, campesinos y clases medias empobrecidas.
En cambio, los más moderados, militantes del movimiento al Socialismo (MAS) del
diputado cocalero Evo Morales, trabajan para impedir el cierre del Congreso y
la inminente caída del presidente Carlos Mesa, porque a su juicio eso
supondría que no se convoque a una Asamblea Constituyente y se alejen tanto las
perspectivas de realizar la Asamblea Constituyente como sus fundadas ilusiones
de ser gobierno a través de la vía electoral el 2007 .
Los seguidores de Morales no hablan, en términos reales, de la
nacionalización de los hidrocarburos que es demandada por más y más
bolivianos y, por el contrario, plantean modificaciones a la nueva Ley de
Hidrocarburos para que las transnacionales sigan operando en el país a cambio de
pagar el 50% de regalías.
Los más radicales, atrincherados en la dirección de la COB y en las
Federaciones de mineros, maestros urbanos de La Paz y Central Obrera de El
Alto, exigen la expulsión de las petroleras como Repsol, Total, Pterobras,
British Petroleum, Enron, Shell y otras que se han apoderado, sin mucho esfuerzo
ni inversiones, de más de cien mil millones de dólares en reservas de
hidrocarburos.
A través del Cabildo abierto, al que
quieren convertir en un germen del nuevo poder, pretenden llenar el vacío de
poder que vive Bolivia.
En
lo formal, Mesa sigue siendo presidente de Bolivia, pero no gobierna ni tiene
el control de grandes regiones del país. En los hechos, la ciudad de El
Alto, las laderas y barrios más pobres y gran parte del centro de La Paz están
virtualmente en manos de las organizaciones sociales y populares.
Lo propio acontece en muchos de los
caminos y carreteras bloqueadas en el Altiplano y los valles. En la ciudad de
Santa Cruz, el gobierno de Mesa tampoco tiene el control, que es ejercido por
los sectores oligárquicos latifundistas y pro petroleros que, con el apoyo del
Ejército, impiden las marchas, manifestaciones y protestas de los
sindicatos y organizaciones populares e indígenas.
El vacío de poder se hace cada vez más evidente y en las últimas horas la
Iglesia buscaba una salida a la crisis, tratando de articular a los poderes
públicos en torno a la renuncia formal de Mesa y a la convocatoria a nuevas
elecciones generales.
Esta opción aún no pudo
materializarse por la falta de un acuerdo entre los representantes de la
oligarquía cruceña y del MAS sobre la futura Asamblea Constituyente y la
realización de un referéndum autonómico, pero sobre todo por la creciente
movilización social que lucha por la nacionalización y que madura aceleradamente
para comprender que la solución de fondo a los grandes y pequeños problemas
nacionales está en manos de los propios trabajadores.
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