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(IAR-Noticias)
09-Jun-05
Informe
Especial

Según
fuentes bolivianas el pedido de Carlos Mesa a Hormando Vaca Diez de que
"renuncie" a la asunción de la presidencia de Bolivia (que le corresponde
por línea sucesoria) por el riesgo de "guerra civil" que produciría,
evidencia una fractura en el frente oligárquico que detentara el poder
con el gobierno de Sánchez de Lozada en el 2003.
Mesa -señalan las fuentes- fue el
trasmisor (durante un mensaje por la CNN) de la postura del sector
"moderado" del establishment y de la embajada norteamericana en Bolivia que
impulsan una estrategia "divisionista" para fracturar a los sectores
combativos (sin represión militar) y desarticular la protesta social que desde
hace cuatro semanas tiene paralizado al país.
"Este
es un tiempo de renunciamientos en el que el país no puede seguir apostando a la
locura —dijo Mesa—. Si Hormando Vaca Díez insiste en ser (...) quien se haga
cargo de la Presidencia, vamos a tener el jueves un Congreso bloqueado, vamos a
tener el jueves posiciones imposibles de resolver".
Es el mismo sector que, desde el
poder político y económico, está impulsando una "salida democrática"
articulada alrededor del diputado de "izquierda democrática", Evo Morales, quien
controla el 20% de las dos cámaras en el Congreso y se proyecta como el
candidato favorito en caso de llamarse a elecciones
(Ver:
Evo Morales:
el "Lula" boliviano de Washington y las petroleras).
Este sector oligárquico, a diferencia
del lobby petrolero que se encarama detrás de Vaca Diez, tendría
fuertes intereses en el sector financiero, comercial y de servicios, y
propiciaría una salida sin intervención militar-represiva, a diferencia
de los halcones "gonistas" que estarían conspirando para colocar un gobierno
de "mano dura" con estado de sitio y detenciones.
Allegados
a los canales de la embajada estadounidense afirman que en las últimas horas
arreciaron las presiones para que Vaca Diez desista de asumir la presidencia
(que por ley le corresponde) y permita que asuma el presidente de la Corte
Suprema (tercero en la línea sucesoria) para llamar a elecciones anticipadas,
tal cual como lo piden Morales, y los sectores "moderados" del establishment.
Los planes inmediatos de Vaca Diez de
asumir la primera magistratura (apoyado por el grueso del lobby petrolero
y por la coalición de partidos políticos que apoyaron y sostuvieron a Sánchez de
Lozada, el MNR, MIR y NFR), sería la implementación de un Gobierno cívico
con fuerte respaldo militar que echaría mano de la represión para
despejar las rutas y los accesos controlados por los manifestantes combativos.
Precisamente ese es el punto donde el
proyecto de los "gonistas" se enfrenta con el sector "moderado" del
establishment y con el reformista Evo Morales, para quienes la presencia de Vaca
Diez en el gobierno puede precipitar una represión con intervención de
parapoliciales de la derecha, que generaría una inmediata réplica violenta de
los grupos radicalizados que hoy conducen la protesta popular.
Medios
y analistas bolivianos sostienen que, en las últimas horas, se habló incluso de
una fractura en el ejército, entre el sector moderado que propicia una
"salida pacífica" (influenciada por la Iglesia) y la logia militar que se
inclina por la represión violenta, incluido el golpe de Estado.
Sin embargo -señalan las fuentes-
no hay "clima" en Bolivia para un golpe militar tradicional, sobre todo
porque el Departamento de Estado desecha esa salida y no hay "luz verde"
de la embajada local para una aventura castrense de corte setentista.
Por lo tanto el plan de los "gonistas"
sería el de un gobierno que aplique al máximo la "mano dura" amparado en
la Constitución, y cuyo accionar se fundamente en la defensa de la "seguridad
nacional" de Bolivia amenazada por el "terrorismo callejero" de la
COB y la organizaciones populares de El Alto.
No obstante, la polémica sobre
"qué hacer" para detener la oleada de protestas que tiene paralizada a
Bolivia se agudiza, según pasan las horas, en el propio corazón del
establishment que no ha conseguido su objetivo de detener las movilizaciones con
la renuncia de Mesa y la apelación a la "paz" y a los peligros de una "guerra
civil".
Por su parte, fuentes de El Alto
señalaron que la COB y los sectores combativos están dispuestos a no
permitir una nueva maniobra "continuista" de la coalición política que tras el
derrocamiento de Sánchez de Lozada logró imponer a su segundo, Carlos Mesa, en
el gobierno de las petroleras.
Hay disposición de lucha "a muerte"
-señalan- para impedir que los 157 represeentantes del establishment oligárquico
(incluido el grupo de Evo Morales) impongan un nuevo pacto de poder
oligárquico a espaldas de las mayorías en el Congreso.
Fuentes parlamentarias ligadas a los
partidos "gonistas" sostienen que Vaca Diez ya consiguió la mayoría para
consagrarse como nuevo mandatario de Bolivia.
En cambio, voceros de Evo Morales
(cuyos partidarios van a rodear el lugar de la sesión del jueves en
Sucre), afirman que la alianza de los "moderados" ya tiene los votos necesarios
para impedir el acceso de Vaca Diez a la presidencia y convocar a elecciones
anticipadas.
Bolivia, por estas horas, es un caldo
de rumores y de teorías conspirativas.
La CIA y la embajada norteamericana
-según las versiones que circulan en estoss momentos- permanecen a la "espera" de
la movida parlamentaria de mañana para definir como continúa la estrategia de
"ordenamiento democrático" de Bolivia.
En ese sentido, los expertos que
conocen a fondo las "ideas predominantes" en el Departamento de Estado
ven como "poco viable" la asunción presidencial de Hormando Vaca Diez.
Sería como echar nafta al fuego,
agregan.
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