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(IAR-Noticias)
15-Ag-05
Por
Marcelo Acevedo
Redacción IAR-Noticias
La temperatura del
escándalo por sobornos en que está sumergido el gobierno brasileño aumentó
notablemente el viernes cuando sus ondas avanzaron directamente hacia el
presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
El mandatario pidió "perdón"
por los pecados de su Partido de los Trabajadores, involucrado cada día más en
nuevos y más chocantes escándalos de corrupción que están terminando con la
cuota de credibilidad de su gobierno que alguna vez se proclamó como de
"izquierda".
Pero no le bastó a Lula pedir
perdón por los errores de su gobierno; y por los de muchos de sus ex ministros
que contribuyeron de modo notorio a montar una amplia red de financiación
ilegal para solventar gastos de las campañas electorales.
Según analistas brasileños, el
escándalo ha llegado a tales extremos que el supuesto pacto que había
establecido el establishment y la oligarquía financiera para "sostener y
preservar" a Lula de la salpicadura de los sobornos pareció estallar esta
semana cuando nuevos casos comenzaron a apuntar directamente al presidente.
Poco a poco, y antes los hechos
consumados de la corrupción, el hombre que accedió a la presidencia del Brasil
con más de 50 millones de votos debió resignar su postura de "no conocimiento
de los hechos" para asumir que su Partido es una "cueva de corruptos" como
señaló un diputado de la oposición.
Coima
En
una entrevista periodística publicada el viernes, el ex diputado brasileño Valdemar Costa Neto, presidente del Partido Liberal, afirmó que esa fuerza apoyó
a Luiz Inácio Lula da Silva en los comicios de 2002 por dinero y que éste
conocía el negocio, indicó
El dirigente, quien el pasado 1 de agosto renunció al mandato de diputado
federal por su implicación en el escándalo de corrupción que sacude a Brasil,
dijo a la revista Epoca que en junio de 2002 el Partido de los
Trabajadores de Lula aceptó pagar diez millones de reales (4,2 millones
de dólares de hoy) al Partido Liberal (PL) por el apoyo al actual presidente.
Según el dirigente político, Lula y el actual vicepresidente, José Alencar, que
pertenece al PL, sabían del arreglo, pues permanecieron en una sala
esperando la conclusión del acuerdo, que fue negociado por Costa Neto con el ex
ministro jefe de la Casa Civil José Dirceu y el ex tesorero del PT Delubio
Soares.
"El (Lula) sabía. El Presidente sabía lo que estábamos negociando. El y José
Dirceu construyeron el PT juntos. Lula sabía lo que Dirceu estaba haciendo. Lula
fue allá (a la reunión) para dar el martillazo (cerrar el negocio). Todo lo que
Dirceu hizo fue para construir el partido", dijo el ex diputado a Epoca
en la edición que salió este viernes a la calle.
El presidente del Partido Liberal afirma que la cita para cerrar el apoyo
del Partido Liberal a Lula se hizo el 18 de junio de 2002 en Brasilia, en el
apartamento del diputado Paulo Rocha, del PT, y ante las dificultades para
llegar a un acuerdo financiero, Lula entró en la reunión, según el
político.
Agregó que en determinado momento las
negociaciones entre él y Dirceu llegaron a un punto muerto, y entonces Alencar
le dijo por teléfono que esperara un poco antes de dar por terminados los
contactos. "Quince minutos después él (Alencar) llamó y dijo que Lula vendría
al día siguiente a Brasilia para resolver el asunto".
Al día siguiente, el 19 de junio, Lula, Alencar, Dirceu, Costa Neto y Soares se
encontraron en el apartamento en Brasilia y los dos primeros decidieron esperar
en una sala al lado mientras los otros tres negociaban el acuerdo, agregó
el ex diputado.
"Lula y Alencar se quedaron en la sala y fuimos para el cuarto Delubio, Dirceu y
yo", dijo Costa Neto, quien afirmó que inclusive Lula le comentó a Alencar:
"vamos a salir porque esta conversación es entre partidos, no entre candidatos".
El ex legislador refirió luego que el dinero se usaría para gastos de campaña
del PL y no para pagar sobornos a diputados, y que de los diez millones de
reales prometidos, el PT sólo le entregó, después de muchas idas y venidas, 6,5
millones de reales (unos 2,8 millones de dólares de hoy).
Costa Neto sostuvo que el dinero le llegaba por medio de las agencias de
publicidad del empresario Marcos Valerio Fernandes, acusado de ser el eje del
sistema de corrupción montado por el PT .
De acuerdo con la entrevista en Epoca, el presidente del PL e reclamó
varias veces ante Dirceu, entonces ministro de Gobierno, que el dinero lo estaba
recibiendo a cuenta gotas y con mucho atraso, y éste le pidió mantener la calma.
Juicio político
Mientras
los sondeos le daban el viernes por primera vez perdedor a Lula si
hubiera elecciones presidenciales ahora ,y mientras el escándalo repercutía en
la Bolsa de Valores que cayó casi 5% para luego rebotar (el real también bajó
frente al dólar), Lula intentó nuevamente ganar protagonismo mediático.
Luiz Inácio Lula Da Silva pidió
perdón y dijo sentirse "traicionado" por la agrupación que él fundara
hace 25 años, en plena dictadura militar, junto a obreros e intelectuales de
izquierda.
"No tengo ninguna vergüenza en decirle al pueblo brasileño que
tenemos que pedir disculpas", afirmó. El PT debe pedir disculpas«... Y el
Gobierno también".
En su mensaje, difundido por la televisión al inicio de una reunión de su
gabinete, Lula se declaró "indignado" por supuestos casos de corrupción de
miembros del PT y ex funcionarios de su administración, pero negó que tuviera
conocimiento de los hechos.
El mensaje de Lula -según la prensa brasileña- que llevó un cierto alivio a los
mercados financieros, que mostraron nerviosos movimientos antes del discurso.
Para Adauto Lima, analista del West B do Brasil citado por Reuters, "el mensaje de Lula fue
adecuado para el momento. El mercado temía una radicalización, una línea
populista y no hubo eso".
Tras el discurso presidencial, la
Bolsa de Valores de Sao Paulo (BVSP) revirtió
gran parte de la trayectoria de pérdidas con la que inició la jornada del
viernes, apoyada
por órdenes de compra lideradas por inversores extranjeros.
En este contexto algunos periodistas
y legisladores de la oposición comenzaron a agitar nuevamente el fantasma de la
destitución del presidente, un escenario considerado hasta ahora poco
probable por analistas y observadores.
Una gran parte de los analistas
brasileños consideró al discurso de Lula en TV como un "recurso gastado", ya que
el presidente lo usó demasiadas veces a lo largo de la crisis política que
atenaza a su gobierno.
También se interpretó como una
estrategia para conseguir que establishment lo siga "preservando" las palabras
de Lula pidiendo a la oposición que cuide de no afectar la economía, para
que "Brasil continúe andando para adelante".
Pero lo más sobresaliente fue que,
entre rumores de juicio político y destitución, desde legisladores del
propio PT hasta los de socios políticos como el Partido Liberal y el Partido
Progresista sin ambigüedades ni mayores cuidados calificaron el discurso de
"irrelevante" y "tardío".
Como sostiene la corresponsal del
diario Clarín en San Pablo: el juicio político "es un fantasma que empieza a
corporizarse". Y no es posible pensar que se lo pueda enfrentar sólo con
pedidos de disculpa".
Con cada día que pasa, y con nuevos
escándalos de sobornos pendiendo sobre su cabeza, se hace muy difícil
considerar que Lula desconocía por completo la existencia de la red ilegal de
financiación enquistada en su partido y también en su gobierno, donde se
manejaba recursos ilegales, provenientes incluso de paraísos fiscales, para
"comprar" aliados o solventar el gasto de sus campañas electorales.
Para los expertos en Brasil, el destape de la olla de la
corrupción llegó a tales grados que hoy un juicio político contra Lula pondría
en riesgo a todo el sistema político brasileño involucrado -como todo el
resto de las administraciones latinoamericanas- en una red de coimas y de
enriquecimiento a cambio de administrar el Estado y legislar para los grandes
intereses de los bancos y transnacionales.
Pero no hay que
olvidar que esa red de
sobornos a legisladores sirvió, entre otras cosas, para que con leyes del
Parlamento el gobierno de Lula aplicara los programas del FMI y a aprobara
las leyes que exigían los bancos y corporaciones que controlan la economía
capitalista de Brasil.
Todas las
evidencias de las últimas semanas -y con el agravamiento de la crisis-
demuestran que la oligarquía brasileña teme que una caída de Lula, un
juicio político que le impida terminar el mandato, provoque la desestabilización
del sistema y condene al país ( y a los negocios capitalistas) a un proceso de
caos e "ingobernabilidad".
A ese
objetivo apuntaron las declaraciones públicas del presidente del Supremo
Tribunal Federal, Nelson Jobim, quien advirtió a los líderes políticos
sobre el peligro de poner en marcha un proceso para destituir a Lula en el
Parlamento.
El alto funcionario judicial advirtió que la remoción
del presidente mediante juicio político en el parlamento fomentaría un
clima de confrontación y de crisis institucional que "haría ingobernable al
país por muchos años".
El punto está en saber, dicen algunos
analistas, si el establishment de poder brasileño y la propia embajada
norteamericana serán capaces de sostener y "preservar" a Lula de los nuevos
casos de sobornos que seguramente se irán presentando, y que ya empiezan a
complicar el forma directa al mandatario.
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