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(IAR-Noticias)
15-Ag-05
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Fidel
Castro después de derrotar a los mercenarios de la CIA en Bahía Cochinos |
El Nuevo Herald, producto
periodístico de la misma "línea ideológica" que los autores de la novela,
describe a sus autores como "académicos y diplomáticos, conocedores de los
entresijos del poder en La Habana, que han llevado a la ficción uno de los
desenlaces imaginables que se darían en Cuba tras la desaparición de Castro:
la fractura del Ejército entre reformistas y seguidores del sucesor
designado, Raúl Castro, actual ministro de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias y segundo secretario del Partido Comunista".
Editada por Benya Publishers, en Miami, la novela, tal como dicen sus autores,
representa un escenario posible, aunque no necesariamente el más
probable, menos aún el deseable', agrega el Nuevo Herald.
Luego puntualiza que Benemelis, nacido en Manzanillo en 1942, es graduado en
Historia y Derecho Diplomático y Consular. Antes de exiliarse en Estados Unidos
trabajó en representaciones diplomáticas cubanas en varias naciones. Es autor de
"Las guerras secretas de Castro", y "Castro:
subversión y terrorismo en Africa", entre otros.
En cuanto al otro autor, Yáñez, es descripto por la publicación como "Doctor
en Economía y licenciado en Ciencias Políticas, especialista en estrategia que
enseñó durante 14 años en la Universidad de La Habana y el Instituto Superior de
Dirección de la Economía. Nació en La Habana en 1945 y entre sus obras se
cuentan "Cuba: Miseria de la Ideología ", y "El 18 de Brumario de Hugo
Chávez".
Como se verá, ambos autores acreditan
curriculum y producción bibliográfica para emprender una aventura literaria con
la muerte y sucesión de Fidel Castro, vista desde la óptica de Otto Reich
y de la mafia cubano-americana de Miami.
En esta entrevista con difundida por el Nuevo Herald, Benemelis
desarrolla su visión de lo que puede ser el futuro del gobierno castrista
y ofrece -según el diario- "interesantes aportes" sobre la reciente historia
cubana.
¿Cómo surge la idea de Secreto de Estado ?
Aparece con una conversación de este tipo sobre los medios o instrumentos que
pueden llevar a la sucesión en Cuba. La idea básica era presentar en forma no
académica una alternativa que no ha sido considerada hasta el momento. Y que es
la posibilidad de que en la élite en los primeros momentos se dé la
transferencia de poder en un sector específico que son las Fuerzas Armadas, y no
como se ha previsto en forma de la aceptación de Raúl Castro, sino con un
cuestionamiento del poder.
Porque sencillamente la sucesión no ha sido instrumentada. Raúl Castro no ha
tenido tiempo de establecer su estructura para una alternativa a la muerte de
Fidel Castro.
La hipótesis es que hay gente que responde a Fidel pero que no va a responder a
Raúl.
Históricamente se ha visto a la élite como monolítica detrás de Fidel y que va a
transferir su lealtad a Raúl. Pero, quien haya estado en esta élite y la conoce,
sabe que es fragmentada, compuesta por grupos en pugna, donde la autoridad de
Raúl está dada por su cargo, no por su liderazgo. Es uno más, tal vez el grupo
más poderoso, pero uno más.
¿Esta fractura que usted describe, cuánto tiene que ver con la ejecución del
general Arnaldo Ochoa en 1989?
Es una muestra de que la élite no era monolítica y que dentro del ejército
existen facciones de los generales que estuvieron en campaña, como los
africanos, con generales que proceden de la lucha guerrillera y con generales
que estuvieron en cargos administrativos, lo que se ha dado en toda guerra
colonial. Los ejércitos coloniales han tenido una visión diferente cuando
regresan a sus países.
Acá estamos hablando también, de gente que además de sus intereses y lealtades
ve la necesidad de un cambio.
Es cierto, hay un elemento de supervivencia no solo política. Algo que Castro no
ha hecho, ligar su destino en el poder político con el desarrollo de la nación.
Esta es una élite donde la selección de Fidel no fue en base a su ideología ni
mucho menos. Está hecha en base a una lealtad personal y, en el caso del
ejército, de individuos que se han destacado en campañas militares.
Desde el punto de vista global, viendo el proceso desde la guerra de la
independencia donde el nacionalismo cubano tiene una fuerte presencia, ¿cómo
puede ver ese nacionalismo un país destruido y su gente en la máxima pobreza?
Hay un fracaso. El mensaje con el cual se integró esta élite no ha dado fruto.
El nacionalismo del principio de este proceso tiene raíces no sólo en Cuba sino
en toda América Latina. El peronismo con su populismo, Arbenz en Guatemala. El
peronismo afectó a Fidel y a lo más alto de la dirigencia.
El populismo se desvirtúa en Cuba. Se injerta en un estado totalitario y
entonces el proceso económico pasa a ser secundario. Todo se subordina a la
política. De ahí el gran fracaso económico de Fidel con esta élite. Pero esta
élite se siente insegura ante este fracaso, como sucedió en la Unión Soviética.
¿Cómo ve la negativa de Castro a implementar reformas que han sido exitosas
en otros sitios? ¿Cuál es la raíz de su negativa?
Tiene que ver directamente con el poder político. Allí radica la matemática de
esta ecuación. En primer lugar en Cuba se intentó una reforma entre los años 72
y 74. El 70 fue en Cuba un año muy caótico. Nunca Fidel estuvo en una situación
más difícil que entonces, donde hubo un cuestionamiento directo a su dirección
económica.
Este compromiso mayor con la Unión Soviética le impone cambiar el modelo
económico. La tecnoburocracia cubana por primera vez se plantea la posibilidad
de controlar al gobernante totalitario con un sistema económico controlado de
abajo hacia arriba. Esto se llamó el nuevo sistema de planificación y dirección
de la economía, muy parecido a una glasnost o una perestroika. Conllevaba una
apertura en los sindicatos, que fue el XIII Congreso. En los centros de trabajo
comenzaron a discutirse abiertamente los problemas. Se creó malestar político
pero a la vez con una cierta apertura política para buscar una apertura
económica.
Es sintomático que cuando Fidel anuncia en el año 1975 el nuevo sistema, la
Asamblea y el Partido como instituciones y un nuevo plan quinquenal, una semana
después, en la Plaza de la Revolución, plantea la invasión a Angola. Este hecho
militar trastornó totalmente este intento y él lo dijo después: ``Aquí la
burocracia trató de controlarme''.
Se percató de que la delegación de poder, político o económico, implicaba un
camino en el cual él terminaba perdiéndolo. Eso lo aprendió en ese momento y de
allí en adelante no hay posibilidad de ninguna apertura. Aprendió la lección muy
rápidamente, mucho antes de que sucediera en Europa Oriental.
Cae el imperio soviético y años después parece ser que la alternativa es la
muerte de Castro. Un pueblo con una tradición de lucha, no se puede sacar a este
hombre de encima. ¿Esto se explica sólo por el aparato policíaco?
No, se explica por un factor de lealtad de la élite. En Europa del Este se
fragmenta la élite del poder y no hay un diseño defendido por todos y hay una
gran presión de popular. Esta combinación no se da en Cuba, por un temor hacia
lo que vendrá. Estados Unidos nunca le dio seguridad a la élite de que en caso
de una transformación sería apoyada. Uno de los factores es que Fidel le ha
vendido a esta élite la idea de que si lo derriban lo que viene es soga y cebo
contra ellos.
En su libro, los actores son los militares cubanos y Washington. No aparece
la disidencia como protagonista del proceso. ¿Usted no cree que hoy la
disidencia sea un actor del escenario político de la isla?
Sí veo una gran presión popular, en el momento que se produzca la muerte de
Fidel. Hay un período en el que los sindicatos serán una fuerza fundamental.
Dentro del proceso castrista hay pruebas de su fuerza. La disidencia, si logra
engarzarse con esta manifestación popular. Y en tercer lugar la capacidad de
pactar que pueda tener la disidencia con los grupos en el poder.
En Europa del Este la disidencia ha pactado con los reformistas de la élite. La
capacidad de pacto que pueda tener determinará si puede o no desempeñar un rol
político. La sociedad civil no es un instrumento de la transición, sino para la
democratización, que son dos cosas diferentes.
¿Factible una explosión popular como en Rumania?
Es un escenario considerado por Castro y ha pensado en contramedidas. El
resultado depende de la posibilidad de que esto se conozca a nivel nacional. La
compartimentación que hay entre Manzanillo y Güines es brutal.
Brotes se han dado y se seguirán dando. En el año 70, hubo huelgas que
paralizaron los puertos de Matanzas y La Habana. El caso de Rumania fue que la
élite lo tomó para virarse contra Ceausescu.
Al plantear el esquema de tres ejércitos que tiene el libro, vemos que no es
fácil que un levantamiento, por ejemplo, del ejército oriental, pueda ser
aplastado fácilmente por los otros.
Está el factor geográfico, montañas por medio; la aviación, si va, no puede
regresar.
¿El ejército cubano dispararía contra el pueblo si hay una protesta general?
Castro tiene otras fuerzas para esto.
Pero si fueran superadas las brigadas de respuesta rápida y la Seguridad del
Estado.
Me resulta difícil pensar de que el ejército asuma este rol represivo.
¿Qué pasa si Raúl muere primero?
Mi criterio es que Fidel favorecería a Ramiro Valdez. Entonces esta pugna sería
más encarnizada. En la medida en que Fidel pierde su capacidad operativa, el
poder va cayendo en manos de estos grupos. Pero también puede ser que se
facilite más el pacto de la transición con estos grupos. Yo veo, desde la caída
de Fidel al inicio de la transición, una pugna de grupos militares y civiles por
el poder.
¿Cuál es el futuro mediato, con el deterioro que se le nota a Castro?
Las flaquezas de Fidel van a estar en relación directa con el control del
Ministerio del Interior y el ejército. En la medida en que se mantenga como un
vencedor [. . .], que mantenga convencida a la élite de que cualquier escenario
donde él no esté termina con soga y cebo para todos. El deterioro físico se ha
reflejado en lo operativo, no en lo estratégico. El MINFAR no tiene poder sobre
las tropas, lo tiene Fidel y mientras mantenga ese control es muy difícil que
pierda el poder.
En política exterior, ¿cuáles son las áreas más sensibles para Castro?
Estados Unidos. Si logra implementar una política coherente hacia Cuba, que
nunca la ha tenido. Una política coherente conlleva en primer lugar tener una
visión de la política exterior de Fidel Castro. En los 60 y parte de los 70 se
pensaba en términos latinoamericanos cuando Fidel había abandonado América
Latina y estaba en Africa y Medio Oriente.
Cuando se pensaba que está muy deteriorado económicamente, he allí que aparecen
Chávez y Venezuela. Hay una falta de ver la capacidad de maniobra que tiene el
aparato de inteligencia y política exterior. En segundo lugar, se implementan
medidas incompletas. Presión económica hasta un punto, la presión política se ha
derivado hacia los derechos humanos, que está muy bien pero no es la única que
se puede ejercer sobre Cuba.
Hay algunas más poderosas desde el punto de vista político. Cuba sigue siendo
influyente en los foros internacionales. [. . .] Fidel Castro no está aislado
internacionalmente y hay que aislarlo. También hay que reconocer todas las
opciones de cambio posibles en Cuba. Hacer una estrategia en base a una sola
opción es un error. Por ejemplo, nunca se le ha enviado un mensaje por parte de
los actores internacionales más poderosos a la élite de Cuba.
Por lo tanto, es una opción que no se pone en funciones. Y yo pienso que una
política de mayor información hacia dentro de Cuba, más aguda. Las transmisiones
que realizan hacia Cuba no tienen efectividad. Hay un abanico de opciones, como
el que se utilizó contra Sudáfrica, que no fue sólo económico. Fue diplomático,
fue una presión general. No se ha logrado montar una política de ese tipo hacia
Cuba. Ni se ha convencido a un actor fundamental que es América Latina.
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