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(IAR-Noticias)
27-Ag-05
El pastor Pat Robertson
calificó a Chávez como un "terrible peligro" para su país. (AP)
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Informe especial
Según
la agencia AP, "el llamado del líder evangélico a
asesinar a Hugo Chávez podría beneficiar políticamente al
presidente venezolano, pues le da mayor credibilidad a sus
denuncias de una conspiración en Estados Unidos para
eliminarlo, lo coloca en el centro de atención internacional y
lo ayuda a ganar popularidad en su país".
El grotesco pastor evangelista, con
sus palabras que parecen emerger más de un neuropsiquiátrico que de una
conspiración política, produjo un rechazo inmediato en la comunidad
estadounidense, a niveles tales, que la Casa Blanca tuvo que salir a tomar
"distancia" inmediatamente del absurdo pedido de asesinato, formulado
desde una de las principales cadenas televisivas de EEUU.
El magnicidio permanente
Chávez, su vicepresidente, y los
principales funcionarios de su gobierno vienen denunciando, casi periódicamente,
que existe una conspiración de la CIA para terminar con su vida, cuyas
usinas y redes operativas se encuentran en Miami.
Las denuncias del posible asesinato
de Chávez, por efecto de la repetición, se han convertido en casi una "rutina
informativa" de la prensa internacional, y sus enemigos le reprochan que
nunca el gobierno bolivariano presentó "pruebas" fehacientes de los
planes y conspiraciones, que dice poseer.
En la visión de los expertos, pedir
"pruebas" de una conspiración de la CIA para asesinar a un presidente
resulta absurdo y carente de sentido, dado que la agencia norteamericana -como
cualquier otro servicio de inteligencia del mundo- opera en la clandestinidad y
en el más absoluto secreto, y sus operaciones son solamente conocidas por
los que eventualmente están a cargo de realizarlas.
Por otra parte -y de acuerdo a los
decálogos operativos de la inteligencia moderna- si los servicios venezolanos
detectaran evidencias de un posible magnicidio contra el presidente
tomarían recaudos para protegerlo, y tenderían sus redes para desactivarlo y
apresar con pruebas a los conspiradores antes de que realizaran el ataque.
De cualquier manera, si los planes de
magnicidio de la CIA fueran fácilmente "detectables", ni para adelante ni para
atrás de Kennedy, la Agencia no hubiese asesinado a tantos presidentes a
lo largo de la historia de todos los continentes.
Considerando la cantidad de veces que
Chávez y su gobierno denunciaron haber detectado planes para asesinarlo,
hay que suponer que en todas esas oportunidades los estrategas y operativos de
la Agencia vieron su operación abortada y desactivada, con lo que hay que
concluir que Chávez dispone de un "súper-servicio" de inteligencia
superior a la CIA.
No obstante hay quienes le creen a
Chávez, y otros que piensan que sus constantes denuncias son un "show
mediático" montado con la intención de "victimizarlo" y convertirlo
en el "enemigo público número uno" del Imperio norteamericano en la
prensa internacional.
De cualquier manera, y más allá de
sus seguidores en Venezuela, a Chávez le pasa lo mismo que al pastor de ovejas:
denunció tantas veces la llegada del lobo, que el día que llegó de verdad
y se comió a su rebaño, nadie le creyó.
Hay quienes sostienen que Chávez
"abusa" de sus denuncias, y hay otros que piensan, que si bien no tiene pruebas
ni fundamentos concretos, forma parte de una estrategia "preventiva" con la que
el presidente bolivariano desactiva y disuade operaciones que se estarían
gestando en su contra desde Miami.
No faltan los que se preguntan -sobre
todo los especialistas- para qué querría EEUU asesinarlo a Chávez, dado
que, más allá de su discurso antiimperialista, es muy poco lo que consigue para
alinear a los gobiernos de la región en un frente operativo contra los intereses
estratégicos de Washington.
El
"peligro Chávez"
Salvo Cuba, ningún gobierno, pese a
que muchos realizan acuerdos de segundo nivel con Venezuela teniendo como eje el
petróleo, se planteó romper sus compromisos con la estrategia y los programas de
la administración Bush, en el plano económico, político o militar.
Desde el punto de vista económico
todas las administraciones aceptan sin chistar los monitoreos y los
programas del FMI impulsados desde el Tesoro norteamericano, además de
legislar y gobernar en favor de los intereses de los bancos y transnacionales
que permanecen bajo la "protección" de las embajadas norteamericanas locales.
Desde el punto de vista político, y
después de discusiones y oposiciones formales, la mayoría de los gobiernos
regionales terminan suscribiendo en la OEA las iniciativas del Departamento de
Estado, salvo las de aislar y condenar al gobierno de Chávez, como
sucedió con la última movida de Condoleezza Rice.
Desde el punto de vista militar,
todos los gobiernos regionales han adherido a los programas de lucha contra
el narcotráfico, el crímen organizado, y el terrorismo impulsados por EEUU a
través del Pentágono, la DEA y el Departamento de Estado.
Todos los ejércitos, policías y
servicios de inteligencia regionales tienen como "hipótesis" de conflicto
-interno y externo- a la "guerrra contra el terrorismo", y sus manuales
operativos, ejercicios y sistemas organizativos son elaborados a partir de
planes y cursos dictados por oficiales del Comando Sur, de la CIA o el FBI.
La mayoría de esos gobiernos -con
mayor o menor acercamiento a gobierno venezolano- se han planteado una
estrategia de "convivir con Chávez" pero manteniendo distancia de
su discurso y accionar político anti-EEUU, por lo que, de hecho, los planteos
nunca son llevados al terreno de la ejecución práctica.
Quien estudie y analice atentamente
la política de Kirchner en la Argentina -un supuesto aliado de Chávez-
comprobará que su accionar a nivel económico, político o militar, es de total
sumisión a los intereses y a la estrategia de Washington en la región.
Ninguna administración política -sea
"neoliberal" o "progresista"- piensa seriamente en desafiar o enfrentarse a EEUU
para hacer la "revolución socialista" que plantea Chávez en sus
discursos.
Por otra parte, las administraciones
"progresistas" de Chávez, Lula o Tabaré Vázquez, solo difieren en algunos
aspectos del "discurso" político con gobiernos considerados
"neoliberales" como el de Uribe en Colombia, o el de Fox en México.
Sus niveles de ejecución política y
sometimiento a la estrategia regional estadounidense siguen el mismo programa y
modus operandi, son exactamente lo mismo.
Y basta observar lo que pasa con el
mensaje de los medios de comunicación masivos, el consumismo y la alienación
individualista impuestos como "estilo" de vida, la profunda carencia de
conciencia y valores sociales colectivos, y la nivelación cultural
"pronorteamericana" impuesta mediáticamente en todos los países de la región,
para comprobar la imposibilidad que tiene de prender la "revolución socialista"
de Chávez en las grandes mayorías latinoamericanas.
Por otra parte, hay pensadores de la
izquierda, como James Petras, que sostienen que Chávez, más allá de su discurso
antiimperialista y de corte "socialista", no ha roto ningún eslabón de la cadena
de dependencia venezolana a las petroleras, los bancos y trasnacionales
norteamericanos que siguen controlando su sistema económico-productivo.
En la visión de Petras, Chávez está más cerca del "New
Deal" de Franklin D. Roosevelt que de la revolución socialista de Fidel Castro,
quien lo decretó su "heredero.
"Tras las tres crisis políticas –el fallido golpe militar, la derrota del lock-out
ejecutivo, y la derrota de la oposición en el referéndum– el presidente ha
ofrecido diálogo y ha propuesto alcanzar un consenso con los principales
"barones" de los medios de comunicación y los autócratas de las grandes empresas
y del Gobierno estadounidense, consenso basado en las actuales relaciones
de propiedad, la propiedad de los medios de comunicación y la ampliación de las
relaciones con Washington", señala el pensador.
Después del
golpe de abril de 2002,
las principales compañías petroleras y los bancos
estadounidenses y europeos han seguido manteniendo relaciones económicas
estables y provechosas con el Gobierno venezolano.
Los acreedores extranjeros han recibido puntualmente pagos de miles de
millones de dólares y no han hecho nada por interrumpir estas lucrativas
transacciones.
Mientras Chávez denunciaba planes y
conspiraciones de la CIA para matarlo, su embajador en la OEA declaró, el
19-02-05, a la agencia ABN
que Venezuela se convirtió en
el primer proveedor de petróleo
a EEUU, por encima de Canadá, Arabia Saudita y México, que son abastecedores
tradicionales.
¿Cómo se entiende eso de que la CIA
asesine a un presidente que está negociando y dando prioridad sobre su
principal recurso estratégico al gobierno de EEUU?
¿Para qué
matar a Chávez?
En las hipótesis de los expertos
"cierra más" un plan de desestabilización económica para derrocarlo, que
un plan de inteligencia para asesinarlo, para el caso de que el presidente
venezolano rompiera "en serio" con los lazos de la dependencia económica con el
Imperio norteamericano.
Petras dice que
"Ni la derecha ni la izquierda han sabido
reconocer las diferentes tácticas empleadas, de una parte, por un Washington
dominado por la ideología y, de otra parte, por un Wall Street pragmático".
Obviamente que
cuando Petras menciona a la "ideología" y al Wall Street "pragmático", se
refiere, por un lado, a los intereses de las corporaciones y bancos
trasnacionales de Nueva York (el poder real) que ejecutan lucrativos
negocios con Chávez, y , por el otro, a los funcionarios "anticomunistas" y ultraderechistas
que se manejan en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el
Pentágono, y que, por razones ideológicas y políticas, quieren derrocar a
Chávez.
¿Pero en qué
medida Bush, Cheney, Condoleezza Rice, Rumsfeld (gerentes eventuales del
Imperio) , tienen la facultad y el poder de decisión para ordenar el
asesinato de Chávez, una especie de "niño mimado" de las corporaciones y bancos
de Wall Street?
Un asesinato
de Chávez, por la conmoción y el escándalo internacional que produciría,
terminaría con Bush y su administración, de la misma manera que el Watergate
terminó con la presidencia de Nixon.
De tal manera,
que, y paradójicamente, los principales perjudicados con el asesinato de
Chávez serían Bush y su administración.
El
Departamento de Estado (eso se puede verificar en la prensa diaria) mantiene una
línea de ataque y desestabilización mediática permanente contra el
gobierno de Chávez, además de las incontables movidas políticas que realiza
contra el presidente venezolano a nivel de la OEA y los gobiernos regionales.
Sin embargo, a
ningún especialista le "cierra" que la Casa Blanca imparta una orden a la CIA
para asesinar a Chávez, cuando tiene otros medios más efectivos para
deshacerse de él, por ejemplo un boicot económico que paralice la
actividad de Venezuela y de pie a la oposición para terminar con su gobierno.
El control
real que tienen las petroleras, los bancos y las trasnacionales sobre la
banca, la industria y los servicios de Venezuela, hacen más práctico y viable
desestabilizarlo y convertirlo en cadáver político, antes que asesinarlo y
convertirlo en un mártir.
¿Acaso la CIA
y el Imperio norteamericano no aprendieron nada en sus andanzas por el mundo?
Hay teorías
que afirman que fueron la Casa Blanca y el propio Departamento de Estado quienes
resolvieron -tras el golpe de abril de 2002- restituirlo a Chávez a la
presidencia, motivados por el carácter de "impresentables" que ostentaban
Carmona y el grupo de golpistas que se apoderaron del gobierno.
Según esa
versión, ante la "desprolijidad" y la falta de un líder creíble para
sustituir a Carmona, sumado a la gran reacción internacional que había
generado el golpe militar, motivó la decisión de la Casa Blanca de reponer a
Chávez en el Palacio de Miraflores.
Esta teoría se
da de bruces con la que afirma que Chávez fue restituido en el gobierno
por la presión y la resistencia de un sector militar y la militancia
bolivariana en las calles.
El ejército
-según esa versión - ya estaba infiltradoo y corrompido por los dólares de la
CIA, y la militancia bolivariana sin experiencia en lucha armada hubiera
sido aplastada sin contemplaciones de mediar una orden militar.
El "falso
enemigo"
La secretaria de
Estado; Condoleezza Rice, apuntó a Chávez como un promotor de
"malas influencias" en la región.
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Tampoco faltan en el escenario
"conspirativo" de los que estudian el fenómeno Chávez, los que sostienen
que el presidente venezolano y su discurso antiimperialista es totalmente
"funcional" al desarrollo de la estrategia de control geopolítico y
militar de Washington en América Latina.
Según esa hipótesis, Chávez, con su
discurso antiimperialista y anti-EEUU despojado de acciones revolucionarias
concretas de toma del poder real (estructura económica y medios de
comunicación), resulta funcional al objetivo de construir un "enemigo" falso
que impida el desarrollo de una revolución verdadera en la región.
Como dicen los preceptos básicos de
cualquier libro de estrategia política: hay que inventar un enemigo falso,
maleable y controlable, que opaque y reste protagonismo al enemigo real
que pueda presentarse.
Chávez, en esta teoría, sería el
falso enemigo de una guerra simulada con la cual EEUU neutraliza la
aparición de enemigos verdaderos que son tapados por la fascinación masiva que
despiertan los discursos antiimperialistas de Chávez en las grandes cadenas
internacionales.
Con el presidente venezolano como el
cuco "comunista" regional, EEUU estaría compensando la falta del "enemigo
real" que en la época de la guerra por áreas de influencia con la URSS
estuvo representado por la Cuba de Fidel Castro, por entonces exportadora de
revoluciones armadas.
Hoy, como se sabe, Cuba ya no exporta
revoluciones armadas, ni menos aún Hugo Chávez, para quién la esencia del futuro
está en una "revolución en paz" construida dentro de los cimientos de la
democracia burguesa impulsada por el Departamento de Estado.
En la hipótesis del "falso
enemigo" Chávez cumpliría con la función de aglutinar las derechas en contra
del falso "peligro comunista", y, a la vez, servir de comodín funcional a la "guerra
contraterrorista" mediante su "vinculación" con las FARC y el narcotráfico.
Revolución mediática y poder
El otro "gran misterio" que subsiste
en torno de la figura "revolucionaria" de Chávez es porqué las grandes cadenas
informativas lo han convertido en objeto de consumo masivo, situación que no
sucede con líderes radicalizados que plantean la profundización de la toma del poder
para terminar con las oligarquías y las trasnacionales del Imperio.
Por ejemplo, no es "común" verlo a
Felipe Quispe en entrevistas o en titulares de la CNN, BBC, o el resto de las
cadenas norteamericanas, que han convertido a Chávez en uno de los íconos más
relevantes de la información masiva.
Hay quienes analizan el papel de
Chávez, remitiendo al ejemplo del Che Guevara, un líder de la revolución
armada, quien solamente después de su muerte -cuando ya no podía producir daño
al sistema- fue convertido en objeto de consumo masivo por la estructura
mediática del capitalismo.
Los militantes bolivarianos y sus
seguidores de otros países, piensan que Chávez es un líder revolucionario
que se está tomando el tiempo necesario y desarrollando una estrategia
"evolutiva" para expulsar a las trasnacionales, bancos y petroleras del control
de la economía venezolana.
En las antípodas, los que opinan que
Chávez es un títere conciente del Imperio norteamericano, piensan que el
presidente va mantener el poder hasta que las demandas populares no
lo presionen masivamente para llevar el lenguaje revolucionario a los hechos.
Esto es, que el gobierno bolivariano
decida expropiar los bienes, empresas y medios de comunicación de las
trasnacionales y la oligarquía venezolana, y comience construir un sistema de
reparto equitativo de la riqueza en Venezuela.
Hasta ahora, salvo Rusia y Cuba,
países donde se realizaron revoluciones armadas para la toma del poder, ninguno
de los que intentó arrancarle la propiedad privada al Imperio y a las
oligarquías por medios políticos, sobrevivió con vida al intento.
Están los que sostienen que la
experiencia chavista, por su enorme implicación de masas, por el fervor
combativo que despierta en amplios sectores de la militancia de izquierda,
podría desembocar en un proceso parecido al del peronismo del 55, o al de la de
la presidencia de Allende en Chile en la década del setenta.
En esos procesos, tanto Perón como
Allende, fueron desbordados por los cuadros más combativos de sus
movimientos que les reclamaban que abrieran los arsenales para proveerse de
armas y arrancarle el poder a la oligarquía por la vía violenta.
Perón -un burgués reformista- tuvo
que huir en una cañonera paraguaya, y Allende, un revolucionario tibio y sin
decisión, fue muerto por las balas del golpe militar encabezado por Pinochet.
Para otros, a Chávez, un político
demagogo que recita la Biblia y textos bolivarianos pasados de época y sin
aplicación práctica, no se lo puede equiparar ni al contexto histórico ni a la
dimensión política de Allende o de Perón.
Para la mayoría de los expertos, el
día que Chávez intente profundizar en los hechos su declamada revolución
(si es que resuelve intentarlo), sus amigos de Wall Street, las petroleras, los
bancos y trasnacionales (el poder real de EEUU) que hoy sacan réditos
capitalistas excepcionales con su gestión, darán luz verde a la CIA y a la Casa
Blanca para terminar con el reinado político del líder bolivariano.
Muchos analistas en Venezuela
-incluidos algunos disidentes del campo cchavista- coinciden en que la
administración de Chávez, sus funcionarios de primer nivel, están infiltrados
por los dólares de la CIA, y que la corrupción imperante los convierte en
maleables a cualquier tipo de presión proveniente del poder económico.
No faltan tampoco los que vaticinan
un final de Chávez "tipo Lula", si la CIA mueve sus usinas mediáticas
para destapar la olla de la corrupción "petrolera" en la administración de
Venezuela, cuya magnitud superaría a la de Brasil.
En general, la gran mayoría de los
especialistas que manejan información clasificada del Departamento de Estado
coinciden en que -salvo la desestabilización mediática y las operaciones
políticas- no hay un plan concreto para derrocar o asesinar al
presidente venezolano.
Por ahora -dicen- ¿para qué
terminar con Chávez?
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