El atentado, ocurrido cerca del hotel
cinco estrellas St. Georges, en una zona de gran afluencia comercial cercana al
puerto de Beirut, dejó ardiendo 20 automóviles y destrozó las ventanas de los
edificios aledaños, y se cree que otros miembros de
la comitiva de Hariri
también perdieron la vida en el atentado.
Un portavoz del del "grupo Al
Nasir (victoria) y Yihad (guerra santa) en los países de Al Sham (Siria, Líbano,
Jordania y Palestina)" ha reivindicado, en una llamada telefónica a la oficina
en Beirut de la cadena de televisión Al Jazeera, el atentado con
bomba que causó esta mañana la muerte del ex primer ministro libanés, y a otras
nueve personas.
La persona que llamó por teléfono
anunció que su grupo había cometido "el justo castigo al infiel agente Rafik
Hariri", según informó Al Yazira en su página de Internet. El interlocutor
añadió que se ha tratado de una "operación de martirio" de cuyos detalles
informará posteriormente
Hariri gobernó el país desde
comienzos de los '90 hasta octubre del año pasado. Su renuncia, por
diferencias con el presidente pro-sirio Emile Lahoud, en
relación al pedido de retiro de las tropas sirias del Libano por EEUU y la
ONU sacudió a todo el ámbito político libanés.
Durante su mandato
Hariri cultivó relaciones privilegiadas con Washington, e hizo uso de sus
relaciones para incentivar la inversión estadounidense y europea,
y coordinó personalmente las concesiones a compañías
para la remodelación del centro financiero de Beirut, lo que
le convirtió en el favorito de las transnacionales que operan en el Libano.
Esto le posibilitó
convertirse el el hombre más rico e influyente del Líbano con una fortuna
estimada e U$A 2.000 millones.
Elogiado por sus
dotes de "pragmático" por los centros financieros internacionales,
Hariri endeudó por millones al país y su salida del gobierno, por
diferencias con el presidente Emile Lahoud, dividió al sector político
libanés entre pro-sirios y anti-sirios pro-EEUU.
De inocultable
tendencia anti-Siria, el ex primer ministro se había unido en
los últimos tiempos a los llamados realizados por políticos de la oposición para
que Siria retire a sus tropas del Líbano.
Hariri presentó su renuncia el 6 de septiembre,
junto con cuatro ministros más: Maruan Hamde, titular de Economía,
Ghazi Aridi (Cultura), Abdalá Farhad (Asuntos de Desplazados) y Fares Buez
(Medio Ambiente).
Basaron
su renuncia en un desacuerdo con la aprobación de una enmienda
constitucional que permitió al
presidente Emile Lahoud mantenerse en el poder por tres años más,
que el Parlamento había votado bajo
supuesta presión Siria.
Orgulloso de
reinsertar al Líbano en el mapa financiero internacional, Hariri fue
criticado por su programa económico por los sectores populares
mientras recibía elogios del FMI y del Banco Mundial.
Por el otro, fue el responsable del
incremento de la deuda pública y déficit en el presupuesto, lo cual impulsó un
alza en los intereses y la paralización de la economía,
arrojando a los más bajos niveles de pobreza a los sectores más humildes del
país.
Mientras sus
opositores destacaban su responsabilidad en la crisis económica del país,
para sus seguidores, Hariri era elogiado por Washington,
los organismo de créditos, y el presidente francés Jacques Chirac,
que comenzaron a ver en el primer ministro libanés un
reaseguro contra la influencia de Siria y de las organizaciones armadas
que combaten el expansionismo israelí en la región.
La identificación de Siria
como un país "terrorista"
que brinda asilo y protección
a las organizaciones islámicas que, según EEUU e Israel, "desestabilizan a
Medio Oriente", fue
lanzada por Washington a
solo una semana de la ocupación militar de Irak.
Después que sus tanques ingresaran
a Bagdad el presidente norteamericano George W. Bush intensificó
su presión sobre Siria para que se abstenga de ayudar a integrantes del
régimen iraquí de Saddam Hussein.
Bush
le advirtió entonces que "coopere con la Casa Blanca",
quien había acusado al gobierno sirio de apoyar a
grupos extremistas y de tener armas químicas.
En septiembre de 2004 Rafik Hariri
,
en forma encubierta apoyó la operación diplomática de EEUU,
Gran Bretaña y Francia realizada -como siempre- con la
complicidad del Consejo de Seguridad de la ONU,
que
solicitaba el retiro de las tropas Sirias del Líbano.
El Consejo de Seguridad de la ONU, mediante la
resolución 1559, firmada por todos los países europeos (que
paradojalmente) "cuestionan" la
política de Bush en Irak, también pidió el retiro de todas las tropas
sirias en Líbano, y
el enviado especial de EEUU al Medio Oriente, William Burns, le pidió a Siria que ponga fin a lo que llamó
"interferencia en los
asuntos internos del Líbano".
EEUU y Francia (que hizo
nuevamente gala de su "doble discurso") redactaron la resolución 1559 del
Consejo de Seguridad después de que Siria, con unos 17.000 efectivos
en Líbano, pidiera a altos cargos de ese país que ampliaran el mandato del
presidente Emile Lahoud, cercano aliado de Siria, pese a la oposición local.
El hoy asesinado ministro
Rafik Hariri
encabezó las posturas de los sectores
anti-sirios, y renunció cuando la maniobra fracasó en el Parlamento que consagró
la continuidad del presidente libanés pro-sirio
Emile Lahoud.
El Parlamento libanés
rechazó la resolución, que también pedía que los "ejércitos extranjeros"
abandonaran el Líbano, y enmendó la Constitución para permitir a Lahoud
seguir en el cargo tres años más.
Retirado del gobierno, Hariri
continuó utilizando su
peso político para movilizar a los sectores opositores
contra la influencia Siria en el gobierno del Líbano, en coincidencia con las
amenazas de Washington y de sus funcionarios
de lanzar un ataque
militar
contra a ese país.
En este contexto, un coche bomba
terminó
el lunes con la carrera del millonario
Rafik Hariri, y seguramente su
muerte marcará
el principio de una etapa de grandes conflictos en
el Líbano y en Siria, además de una nueva ofensiva de la Casa Blanca en la
región.